{"id":51804,"date":"2024-03-02T13:32:42","date_gmt":"2024-03-02T13:32:42","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=51804"},"modified":"2024-03-02T15:18:46","modified_gmt":"2024-03-02T15:18:46","slug":"programacion-lineal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=51804","title":{"rendered":"Programaci\u00f3n lineal"},"content":{"rendered":"\n<p>de Florencio Nicolau <\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Florencio-en-El-Hermitage-scaled.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"768\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Florencio-en-El-Hermitage-768x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-51805\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Florencio-en-El-Hermitage-768x1024.jpg 768w, 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href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/San-Juan-Bautista.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"791\" height=\"1024\" data-id=\"51808\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/San-Juan-Bautista.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-51808\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/San-Juan-Bautista.jpg 791w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/San-Juan-Bautista-232x300.jpg 232w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/San-Juan-Bautista-768x994.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/San-Juan-Bautista-116x150.jpg 116w\" sizes=\"(max-width: 791px) 100vw, 791px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Programaci\u00f3n lineal&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Especial para <strong><em>Eco Italiano<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 es esa luz que surge desde aquel punto de la imponente sala palaciega, llena de gente an\u00f3nima que va y viene?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;De repente, como una epifan\u00eda, aparece la imagen de una mujer ni\u00f1a, entrando en la nubilidad, jugando con un ni\u00f1o que mira concentrado las flores que sostiene su madre. El sonido cesa de repente y todo se concentra en la belleza de ese cuadro, donde hay una ventana de curiosa factura que deja entrever un pedazo de cielo de la Toscana o Umbr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;La sonrisa de la mujer ni\u00f1a toma por sorpresa por la vivacidad y por el deseo de jugar con su hijo. Es una sonrisa aut\u00e9ntica pero beat\u00edfica, es la expresi\u00f3n humana m\u00e1s apreciable que tenemos pero transformada en un elemento espiritual. No en vano el artista es famoso por las sonrisas que cre\u00f3. El ni\u00f1o est\u00e1 celebrando una comuni\u00f3n, tal vez por primera vez, con la naturaleza a trav\u00e9s de esa peque\u00f1a inflorescencia que la madre sostiene para deleite del peque\u00f1o ensimismado.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u00bfQu\u00e9 pensamientos pasaron por la ni\u00f1ez de Jes\u00fas cuando Mar\u00eda le mostraba las primeras cosas? Nunca lo sabremos pero seguramente el ni\u00f1o descubrir\u00eda el mundo a trav\u00e9s de sus ojos y sus manos, escuchando reba\u00f1os en la lejan\u00eda \u00e1rida, oliendo el extra\u00f1o perfume de los paisajes de medio oriente.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Con la <em>Madonna Benois<\/em>, Leonardo inici\u00f3 la costumbre de representar a Mar\u00eda y Jes\u00fas como madre e hijos humanos, con caprichos y ternura. La mirada de Mar\u00eda adolescente hacia el ni\u00f1o es \u00fanica, subyace un acendrado naturalismo en el cuadro que nos lleva a pensar en una mujer Toscana jugando con su ni\u00f1o vista a trav\u00e9s de una ventana por Leonardo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Reflexionando sobre estas cosas miro embelesado la pintura protegida por fuerte seguridad. Quito la vista del cuadro y muevo lentamente mis ojos hacia el gran ventanal de la sala. All\u00ed, afuera con unos cinco grados de temperatura a comienzos de primavera, se extiende San Petersburgo.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre digo que Rusia es una de las maneras de conocer Italia.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Leonardo da Vinci es un pintor y hombre de ciencias controversial. Se dice que es un genio aunque la mayor\u00eda de las invenciones que hizo solo quedaron en el papel o simplemente no funcionaron. No soy quien para discutir estos aspectos. Pero est\u00e1 claro que fue uno de los italianos m\u00e1s c\u00e9lebres y uno de los grandes creadores de iconos. <em>La Gioconda<\/em> es un cuadro que dista de ser el mejor que pint\u00f3 pero es un s\u00edmbolo del arte en occidente, el referente obligado cuando pensamos en <em>pintura<\/em>. La sonrisa misteriosa de la retratada aparece de manera m\u00e1s cautivante en otra tabla que est\u00e1 a pocos metros. Se trata del extra\u00f1o y singular <em>San Juan Bautista<\/em>, una de sus mejores obras.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando me enfrent\u00e9 a este cuadro solo pude decir una palabra: <em>magn\u00edfico.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;Posa el hombre en actitud reflexiva simulando la sonrisa que el pintor ve por encima de la tabla de madera que sostendr\u00e1 la imagen de un santo, si lo quiere Dios. Un joven de pelo ensortijado, una colecci\u00f3n de rulos que semejan al Divino Cordero que alguna vez un profeta vez anunci\u00f3 en un r\u00edo que discurre en un pa\u00eds \u00e1rido. El pintor se sobrecoge ante la imagen beat\u00edfica y de ojos color miel que lo miran portando la sonrisa en ellos, no en los labios. Es dif\u00edcil resistir a la humanidad entera pensando en la divinidad. El pensamiento se asienta lentamente en la mente y el alma del hombre que pinta. El hombre que posa lo mira una vez m\u00e1s sintiendo, no solo oyendo, el pincel que se desliza sobre la madera.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;Desde ese momento se ha establecido una relaci\u00f3n binomial entre hombre que pinta y hombre que posa. La intersecci\u00f3n de las dos vidas dar\u00e1 un resultado que a\u00fan no conocemos, ni ellos ni nosotros separados por el tiempo, y que ser\u00e1 el mejor, el m\u00e1s perfecto de los posibles. El hombre que pinta piensa en su madre, esclava de alg\u00fan remoto pa\u00eds. El hombre que posa piensa en el devenir de la vida y de unas flores que colectaba en la Toscana ante la mirada sonriente de su madre ya anciana, pues fue v\u00e1stago que reto\u00f1\u00f3 de \u00e1rboles viejos.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;Pintor y modelo se miran un instante. Son dos l\u00edneas que se intersecaron en ese momento de la vida y saben que deben aprovechar el m\u00e1ximo beneficio para su existencia. Bajan al mismo tiempo la mirada. El artista mueve el pincel sobre la tabla de madera donde ha distribuido, un tanto desprolijamente, los colores que est\u00e1 usando para su creaci\u00f3n. Se pierde en el remolino de la pintura que gira, gira, gira a medida que las cerdas del pincel van mezclando los pigmentos con el aceite. La necesidad de levantar la vista es acuciante pero no se anima a hacerlo. Piensa en su madre, esclava, proveniente de tierras lejanas, poblada de b\u00e1rbaros y con costumbres asombrosas para la gente de aqu\u00ed. No tiene la culpa de llevar en la sangre la simiente de amores incomprendidos, de otras flores y p\u00e1jaros que sobrevuelan llanuras extensas. La m\u00fasica del viento, el sol en la nieve y tambi\u00e9n los balidos de los animales y graznidos de las aves de ese pa\u00eds poblado de gentes envueltas en pieles se confunden con el suyo, el que le toc\u00f3 en suerte pisar a diario como un predestino de Dios. Dios, esa es la palabra, el culpable de sus necesidades, de su condescendencia a lo diferente, a la creatividad, al dolor contenido por no poder manifestarse de la manera que quiere, al amor sin concesiones. Con todo esto en la cabeza levanta la vista para corroborar (lo sab\u00eda) que el modelo est\u00e1 sonriendo tiernamente y lo mira con esos ojos de miel enmarcados en la cabellera enrulada. El muchacho le se\u00f1ala el cielo como indic\u00e1ndole algo que nunca, nunca, sabr\u00e1n que es. En la vida no hay que saber que son las cosas, solo hay que experimentarlas. El pintor deja la tabla de colores y avanza con el pincel hacia el muchacho sonriendo que se mantiene est\u00e1tico con ese misterioso dedo elevado hacia el cielo. El pecho desnudo, las piernas expuestas imp\u00fadicamente. El pintor acerca el pincel al torso del muchacho y comienza a dibujarle figuras curvil\u00edneas con diferentes colores. Una l\u00ednea hacia arriba por sobre las tetillas que se prolonga hasta abajo del sobaco, luego el cuello, las mejillas los p\u00e1rpados que pinta exageradamente como una buscona de burdel. Luego los labios y la otra parte del cuello. Se abrazan lentamente esperando que el momento no termine nunca, luego los labios unidos y las impiadosas (s\u00ed, impiadosas), lenguas que viborean dentro de cada una de las bocas con sabor a \u00f3leo, ungi\u00e9ndose mutuamente en una comuni\u00f3n de amor y deseo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;El retozo en el sencillo t\u00e1lamo se prolonga por varios minutos, manos que buscan manos, las caricias en el vello p\u00fabico, las lenguas en las orejas, mordiscos en el cuello y el canto de los p\u00e1jaros que no cesa tras la extra\u00f1a ventana. Luego el mar y el sol, el primer d\u00eda de la creaci\u00f3n, el primer pecado, la expulsi\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;De repente el modelo observa en el entresue\u00f1o un rostro que surge de la nada. Del mismo aire se prefigura una cara de un hombre muy delgado y de barba gruesa que se acerca sin pedir permiso y dirige los ojos hacia los suyos y lo mira embelesado. Lleva una prenda que parece ser de piel de un animal, cubre sus piernas con unos calzones, o como se llamen, de material azul, algo basto pero elegante. Se acrecienta un murmullo de gentes. El extra\u00f1o lo mira a los ojos, a cent\u00edmetros de su nariz y exclama, algo extasiado, una palabra que le suena familiar por la similitud del idioma: <\/em>Magn\u00edfico. <em>&nbsp;El individuo delgado se retira, por un pasillo enorme \u2014ahora ve con m\u00e1s claridad\u2014 en cuyas paredes cuelgan centenares de cuadros.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;Amanece. El pintor tiene entre sus brazos al hombre que bautizaba con agua en las riberas del r\u00edo Jord\u00e1n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>***<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Los pasillos del Museo del Hermitage en San Petersburgo albergan sorpresas. Joyas del arte renacentista italiano que dejan a los visitantes boquiabiertos. El museo es una belleza en s\u00ed, un antiguo palacio de los zares convertido en Museo de Bellas Artes. En una de las amplias salas se exhibe otra de las curiosidades de Leonardo. La representaci\u00f3n es diferente a la Madonna Benois. Aqu\u00ed hay introspecci\u00f3n en la Virgen y un ni\u00f1\u00f3 Jes\u00fas de cabello fosco, mirando hacia fuera del cuadro. La <em>Madonna Litta<\/em> es otros de los trofeos que uno se lleva al visitar estas salas. Se la conoce tambi\u00e9n como la <em>Virgen de la Leche<\/em>, dado que Mar\u00eda est\u00e1 amamantando al ni\u00f1o quien, casi imperceptible a primera vista, est\u00e1 asiendo un pajarito.<\/p>\n\n\n\n<p>Han discutido la autor\u00eda de Leonardo y hay curadores que ven en los trazos la mano de otro grande: Giovanni Antonio Boltraffio.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Leonardo da Vinci es un icono en s\u00ed mismo. La historia urdida entre sus patrones y los personajes que lo conocieron, los amores apasionados con sus disc\u00edpulos lo han revestido de una p\u00e1tina de misterio, romanticismo y leyenda. Se han reconstruido sus dise\u00f1os y se ha estudiado su obra hasta l\u00edmites insospechados. Su rostro anciano y barbado es uno de los temas preferidos en las remeras que se venden en los tenderetes de la <em>Piazza della Signoria<\/em> en Florencia. En los \u00faltimos a\u00f1os se ha especulado con la posible ascendencia circasiana que ten\u00eda a trav\u00e9s de su madre. Escuch\u00e9 en Rusia una leyenda que habla de un extra\u00f1o italiano que trabaj\u00f3 en la construcci\u00f3n de una iglesia ortodoxa. Seg\u00fan el relato habr\u00eda sido Leonardo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sea como sea Leonardo da Vinci est\u00e1 en un sitial de honor en uno de los museos m\u00e1s importantes del planeta con dos de sus <em>Madonne<\/em>. Los rusos sienten un orgullo impar de llevarnos a los visitantes a ver estas dos joyas del Renacimiento al que tanto idolatran.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Camino por los grandes salones del Museo del Hermitage sintiendo los patines de tela sonar por el piso. Los rusos cuidan sus museos al grado tal de evitar que dejemos marcas en el hermoso parquet de abedul de Carelia que recubre el suelo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Miro los techos labrados de la galer\u00eda de los Uffizi en busca de una Anunciaci\u00f3n. Busco en el Louvre a San Juan Bautista. Imagino a Leonardo en una ma\u00f1ana de fr\u00edo caminando entre casas de madera en la lejana Mosc\u00fa del siglo XV, un hombre de barba so\u00f1ando las mil y una ideas \u2014posibles o no\u2014 mientras ve el humo de las chimeneas vestir a la primitiva ciudad. Leonardo est\u00e1 en todas partes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en alg\u00fan momento, nuestras l\u00edneas de vida se intersecan en el m\u00e1ximo beneficio posible.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 2 de marzo de 2024<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>de Florencio Nicolau Programaci\u00f3n lineal&nbsp; Especial para Eco Italiano \u00bfQu\u00e9 es esa luz que surge desde aquel punto de la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4,10],"tags":[],"class_list":["post-51804","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","category-italiano"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/51804","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=51804"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/51804\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=51804"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=51804"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=51804"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}