{"id":53311,"date":"2024-03-30T14:34:21","date_gmt":"2024-03-30T14:34:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=53311"},"modified":"2024-03-30T14:34:55","modified_gmt":"2024-03-30T14:34:55","slug":"dedos-paganos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=53311","title":{"rendered":"Dedos paganos"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Florencio-1.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"768\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Florencio-1-768x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-53312\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Florencio-1-768x1024.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Florencio-1-225x300.jpg 225w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Florencio-1-1152x1536.jpg 1152w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Florencio-1-1536x2048.jpg 1536w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Florencio-1-113x150.jpg 113w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Florencio-1.jpg 1920w\" sizes=\"(max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/dedos-paganos.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" data-id=\"53313\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/dedos-paganos-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-53313\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/dedos-paganos-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/dedos-paganos-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/dedos-paganos-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/dedos-paganos-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/dedos-paganos-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/dedos-paganos.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Dedos-paganos-2.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" data-id=\"53314\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Dedos-paganos-2-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-53314\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Dedos-paganos-2-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Dedos-paganos-2-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Dedos-paganos-2-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Dedos-paganos-2-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Dedos-paganos-2-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Dedos-paganos-2.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Dedos paganos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;No hay m\u00e1s sonido que el de las cuerdas frotadas en una noche que se extiende m\u00e1s all\u00e1 del planeta. La m\u00fasica es una dimensi\u00f3n m\u00e1s que el hombre ha conquistado sin saber c\u00f3mo: espacio, tiempo, causalidad, m\u00fasica\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;Cualquier trastorno, sufrimiento, estado meditativo nos lleva hacia la dimensi\u00f3n musical, un mundo de triadas, de colores, de sabores expresados de maneras diferentes trastocando los sentidos. Pienso en mis dedos que se deslizan sobre las tripas del instrumento generando vibraciones que son las mismas del d\u00eda de la Creaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;Afino en la habitaci\u00f3n ba\u00f1ada por el sol de la ma\u00f1ana. La ciudad se despierta y los sonidos entran por la ventana incitando a la imitaci\u00f3n. Produzco una nota remedando el grito lejano de un vendedor, luego el sonido extra\u00f1o de una lona que se despliega para cubrir un tenderete de verduras. Todo es m\u00fasica y me ha tocado en suerte ser el int\u00e9rprete de toda esa sinfon\u00eda de colores que conforman la ciudad de G\u00e9nova.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>***<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Todo comenz\u00f3 una tarde escondido en un cobertizo en la parte baja de la casa, un edificio cochambroso que alguna vez hizo las veces de almac\u00e9n. En una ciudad portuaria abundan estas covachas en donde los mercaderes \u00e1vidos de monedas y de historias de ultramar construyen para proteger sus mercanc\u00edas. En la semipenumbra ensay\u00e9 los primeros movimientos con el arco, aventur\u00e9 mis primeras afinaciones para luego aprender a hacer la <em>scordatura<\/em>, el arte \u2014a veces siniestro\u2014 de cambiar las notas al aire de cada cuerda. Con el paso de los meses las manos y los hombros comenzaron a aflojarse para dar a luz a mis primeras interpretaciones: el movimiento lento de un <em>concerto<\/em> de Vivaldi o una tonadilla de esas que tocan los ciegos en la calle a cambio de un poco de piedad y nada de atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Pero mis esfuerzos no eran suficientes. Siempre hab\u00eda una nueva dificultad que superaba tras varios d\u00edas de trabajo arduo y agotador. Un trino rebelde, una melod\u00eda a dos cuerdas, un pizzicato saltar\u00edn que ca\u00eda a destiempo. Sufr\u00eda a pesar que ten\u00eda el talento suficiente para superar los escollos. Quer\u00eda aprender y estaba dispuesto. Necesitaba, si <em>necesitaba,<\/em> convertirme en un virtuoso del viol\u00edn para entrar al Mundo y no salir nunca m\u00e1s de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Una tarde agobiado por el estudio en el cobertizo entr\u00e9 a una iglesia. El padre oficiante, vestido en su ropa de celebraci\u00f3n de la misa hablaba a la feligres\u00eda con voz tonante y sentenciosa. <em>\u00abVosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre quer\u00e9is hacer\u00bb.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;<\/em>Esas palabras del Evangelio de Juan (me enter\u00e9 que eran de \u00e9l luego) me dejaron con la boca abierta por un buen rato. Cuando la gente comenz\u00f3 a salir de la iglesia qued\u00e9 parado mientras las filas pasaban a ambos lados mir\u00e1ndome con ojos extra\u00f1os, como si presintieran que estaba predestinado a estar all\u00ed solo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lentamente me dirig\u00ed al altar para hablar con el cura de voz grave y profunda que me hab\u00eda sentenciado con ese pasaje. Cuando estuve junto a \u00e9l, me mir\u00f3 seriamente y solo me dijo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014Hace tiempo que te espero.<\/em> <em>\u00bfYa est\u00e1s listo?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Lo mir\u00e9 a los ojos que ten\u00edan un dejo de locura. Una mirada vagarosa pero a la vez profunda y directa. Por las fosas nasales parec\u00eda salirle algo de humo cuando hablaba. Sonri\u00f3 mostrando unos caninos amarillentos que me infundieron un miedo espantoso, ancestral, at\u00e1vico.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014Quiero hacer los deseos de mi padre<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Fue lo \u00fanico que dije antes de cerrar el trato.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Mis interpretaciones mejoraron r\u00e1pidamente bajo mis dedos paganos.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda un transe\u00fante pas\u00f3 por la calle y me escuch\u00f3 tocar. No me acuerdo que pieza sal\u00eda de mi instrumento pero el hombre qued\u00f3 encantado. Me pregunt\u00f3 qu\u00e9 edad ten\u00eda y luego dijo que conoc\u00eda a personas que estar\u00edan dispuestas a pagar \u2014un poco al principio\u2014 para que sirva como m\u00fasico en su casa. Y as\u00ed fue como comenc\u00e9 mi carrera modesta hasta que, pasados los a\u00f1os y los sinsabores de ser un m\u00fasico llegu\u00e9 a ser un importante violinista.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;G\u00e9nova, Roma, Madrid, Londres. Asombr\u00e9 a los vieneses. Desfil\u00e9 por todas las casas y todas las testas coronadas me rindieron pleites\u00eda incondicional. Las familias reclamaban mi presencia casi pidi\u00e9ndome un favor, pues sab\u00edan que fuerzas superiores e inc\u00f3gnitas estaban de mi lado y no del de ellos. Habsburgos y Borbones, Los Nassau y los Hannover eran para m\u00ed solo caras y cabezas empelucadas que desde una primera fila, rodeados de canes y de ni\u00f1os consentidos y molestos mov\u00edan la vista, embobados ante la danza de mi arco. Llegu\u00e9 a la meca de lo imposible, San Petersburgo. Vestidos recamados, hombres con sacos ribeteados de hilos de plata y oro. El t\u00e9 humeante en brillantes samovares tra\u00eddos por sirvientes que me ten\u00edan ojeriza. La ciudad se congelaba tras los cristales mientras yo, un violinista soberbio y joven de G\u00e9nova, ilustraba a los grandes se\u00f1ores acerca del arte de so\u00f1ar y de deambular por ese mundo paralelo que es la m\u00fasica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s pod\u00eda pedir? Dinero. M\u00e1s que suficiente. El placer de la carne: demasiado. Ten\u00eda el mundo a mis pies y no exist\u00eda un contrincante digno que pudiera batirme.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Y as\u00ed envejec\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;La reuni\u00f3n no fue el producto de una cita ni&nbsp; acuerdo alguno.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Simplemente aparecieron los contrincantes en cada extremo de la larga calle cubierta. Los encuentros son precisamente eso. Intersecciones que uno no busca pero terminan aconteciendo de un momento a otro. Est\u00e1bamos predestinados a batirnos all\u00ed, en esa&nbsp; vieja recova de la ciudad, a la calurosa hora de la siesta cuando todos duermen.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Era delgado y de tez cetrina. Los ojos almendrados miraban directamente dentro de los m\u00edos. <em>S\u00ed, dentro<\/em>. A pesar de su extrema juventud, caminaba con un garbo se\u00f1orial y parec\u00eda que los pies no se apoyaban en el suelo. Era como esas bailarinas de los entreactos de \u00f3pera que recrean una leyenda griega vestidas con tules y con peinados aderezados con diademas de oropel. Portaba el estuche malgastado y a\u00f1oso de un viol\u00edn. Aparentaba unos doce a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Sab\u00eda que tarde o temprano tendr\u00eda que enfrentarme a \u00e9l y la hora se\u00f1alada hab\u00eda llegado. Con entereza afront\u00e9 el encuentro con este ser de procedencia imposible de determinar para un humano como yo. Asum\u00ed que iba a emprender una perorata con palabras dif\u00edciles y altisonantes para asustarme o destruirme con el simple acto de la oratoria pero, ante mi asombro, su alocuci\u00f3n fue muy simple.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014Tienes que levantar el pagar\u00e9 que le firmaste a mi hijo el cura.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Se qued\u00f3 mirando sin sonre\u00edr, la cara inexpresiva como una marioneta en su caja. Mostraba una tranquilidad fuera de lo real. Nadie de este mundo puede tener una impavidez de esa clase, sin alterarse por nada. El estuche del viol\u00edn descansaba en sus brazos como un ata\u00fad en miniatura, esa fue la sensaci\u00f3n que me dio.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;El ni\u00f1o comenz\u00f3 a abrir lentamente la caja de d\u00f3nde sac\u00f3 un viol\u00edn de madera muy oscura y con evidentes signos de manoseo y maltrato. Lo dio vueltas dej\u00e1ndome ver la parte trasera del instrumento. La caja estaba desgastada de una manera que conozco a la perfecci\u00f3n por a\u00f1os de profesi\u00f3n: eran las huellas dejadas por los golpes dados por el arco para marcar el comp\u00e1s de una danza. <em>Alguna vez ese instrumento perteneci\u00f3 a un gitano trashumante que hacia bailotear a un pobre oso<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014\u00bfEst\u00e1s listo?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Comenc\u00e9 con una extra\u00f1a sucesi\u00f3n de sonidos arrebatados al fondo de mi cabeza, una sucesi\u00f3n de escalas crom\u00e1ticas extens\u00edsimas seguidas por pasajes jugando con sucesiones de tonos completos. Buscaba amedrentar al contrincante con floreos y rarezas que pudieran confundirlo. Pero la suerte estaba echada y el ni\u00f1o parec\u00eda saber todo lo que yo iba a hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Arremeti\u00f3 con la m\u00fasica m\u00e1s dulce y extra\u00f1a jam\u00e1s o\u00edda. Una melod\u00eda que incitaba al llanto pero con un acompa\u00f1amiento de cancioncilla c\u00f3mica. Las dos fuerzas del universo en demonial contubernio estaban all\u00ed, entre sus cuatro cuerdas. Era asombroso que ese viol\u00edn castigado por el uso sonara as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Contest\u00e9 con una romanza en tono menor que evolucionaba hasta transformarse en una danza r\u00e1pida y en modo mayor que remedaba el baile de las bacantes. La pieza la hab\u00eda compuesto hacia a\u00f1os pero aqu\u00ed en este encuentro con el mal, cobraba una dimensi\u00f3n que nunca hab\u00eda imaginado. Los momentos de confrontaci\u00f3n suelen ser los mejores para ver cu\u00e1l es el arte que llevamos dentro.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;El ni\u00f1o se dio cuenta que yo no era f\u00e1cil y trat\u00f3 de impresionarme con una seguidilla espectacular de fusas y de trinos imposibles para las manos humanas. Tocaba como un <em>endemoniado<\/em> mientras pon\u00eda los ojos en blanco y daba saltitos de cabra sobre el empedrado. La ciudad era un silente espectador de nuestro encuentro y ning\u00fan vecino sali\u00f3 a vernos<em>.<\/em> <em>El tiempo se hab\u00eda parado y solo nosotros segu\u00edamos en movimiento<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Supe que ya estaba vencido. Y entonces se me ocurri\u00f3 la idea m\u00e1s grandiosa que pude tener: usar el recurso infalible para trastornar a un int\u00e9rprete arrogante y engre\u00eddo. Mientras el muchacho sonre\u00eda esperando mi respuesta le espet\u00e9 sin piedad en un franc\u00e9s que improvis\u00e9:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Pas mal, pas mal, mais \u00e7a pourrait \u00eatre mieux<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014\u00a1\u00bfC\u00f3mo que \u00abpodr\u00eda\u00bb estar mejor?!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014Deber\u00edas hacer m\u00e1s claros los trinos, adem\u00e1s la digitaci\u00f3n est\u00e1 muy bien pero habr\u00eda que reverla en algunas partes. Por otro lado la sucesi\u00f3n de acordes es un poco tonta y mejorar\u00eda agregando una s\u00e9ptima disminuida antes de la resoluci\u00f3n de la primera parte. Creo, adem\u00e1s, que hay cierta frialdad en la forma de atacar la primera fusa de cada grupo de ocho, lo que le resta cierta calidez expresiva a la din\u00e1mica. El recurso de introducir puntillos en la tercera corchea en el acompa\u00f1amiento de la segunda parte est\u00e1 bueno pero habr\u00eda que trabajarlo un poco m\u00e1s. En fin, buen intento\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Sonri\u00f3 mostrando unos caninos amarillentos y con un movimiento de la mano impidi\u00f3 que terminara la frase. Guard\u00f3 violentamente el viol\u00edn en su estuche-ata\u00fad y me mir\u00f3 con cara de odio mientras espetaba:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014Voy a sugerirle a<\/em> <em>pap\u00e1 que abra un nuevo c\u00edrculo en el Averno exclusivo para los cr\u00edticos musicales.<\/em> Escupi\u00f3 el suelo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Solo atin\u00e9 a decirle:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Se por viejo, pero m\u00e1s por\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Cort\u00f3 la \u00faltima palabra con un gesto de desprecio y se plant\u00f3 firme. Sac\u00f3 la lengua (negra) y me mostr\u00f3 el dedo medio de la mano derecha. Luego se fue.<\/p>\n\n\n\n<p>Suspir\u00e9 aliviado al saber que hab\u00eda recuperado mi alma.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 30 de marzo de 2024<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dedos paganos Especial para Eco Italiano &nbsp;No hay m\u00e1s sonido que el de las cuerdas frotadas en una noche que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4,17],"tags":[],"class_list":["post-53311","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","category-espanol-2"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/53311","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=53311"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/53311\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=53311"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=53311"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=53311"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}