{"id":54471,"date":"2024-04-27T14:12:30","date_gmt":"2024-04-27T14:12:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=54471"},"modified":"2024-04-27T14:12:30","modified_gmt":"2024-04-27T14:12:30","slug":"historia-sin-titulo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=54471","title":{"rendered":"Historia sin t\u00edtulo"},"content":{"rendered":"\n<p><em>De Florencio Nicolau<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Florencio-3.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"768\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Florencio-3-768x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-54472\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Florencio-3-768x1024.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Florencio-3-225x300.jpg 225w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Florencio-3-1152x1536.jpg 1152w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Florencio-3-1536x2048.jpg 1536w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Florencio-3-113x150.jpg 113w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Florencio-3.jpg 1920w\" sizes=\"(max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-1.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" data-id=\"54473\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-1-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-54473\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-1-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-1-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-1-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-1-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-1-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-1.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-2.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" data-id=\"54474\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-2-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-54474\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-2-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-2-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-2-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-2-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-2-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-2.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-3.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" data-id=\"54475\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-3-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-54475\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-3-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-3-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-3-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-3-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-3-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Historia-sin-titulo-3.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Historia sin t\u00edtulo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Especial para Eco Italiano<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfEs un recuerdo, una historia que aconteci\u00f3 hace mucho tiempo? \u00bfO acaso una imagen de un entresue\u00f1o, un delirio inexplicable, un retazo de irrealidad en la realidad? S\u00e9 qu\u00e9 hace mucho tiempo lo conoc\u00ed, esbelto, la piel oscura brillante por el sudor. El m\u00e1s extra\u00f1o de los hombres, el m\u00e1s curioso. Me ense\u00f1\u00f3 que las palabras son solo palabras y que las acciones son palabras en movimiento que cambian cosas. Me llaman Antonio, genov\u00e9s, marino. Nunca supe c\u00f3mo se llamaba \u00e9l.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;He vivido, he perdido.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Antonio fue de G\u00e9nova a Lisboa para enrolarse como marino de la corona.<\/p>\n\n\n\n<p>Era el hijo de un rico mercader y eligi\u00f3, tal vez acicateado por sus mayores, el camino inseguro y aventurero de la navegaci\u00f3n. Se relacion\u00f3 con los marinos avezados y se convirti\u00f3 en un nauta de talento envidiable. Conocedor de embarcaciones y de cartas, de estrellas y de los diferentes olores que ofrece el mar a quienes tengan el suficiente olfato para interpretarlos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Viaj\u00f3, aprendi\u00f3 cartograf\u00eda y astronom\u00eda. Un d\u00eda, buscando vientos favorables, particip\u00f3 del descubrimiento de todo un archipi\u00e9lago: una bien armada carraca de la flota se desvi\u00f3 y toc\u00f3 tierra volc\u00e1nica. El descubrimiento fue una bendici\u00f3n de Dios para los marinos y comerciantes de esclavos que fundaron un punto de encuentro al que llamaron Cabo Verde.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;En esos a\u00f1os la misi\u00f3n comercial que estaba en boga consist\u00eda en el mercado de carne humana. Portugueses, italianos y otras naciones buscaban fuerza bruta en las costas de \u00c1frica a trav\u00e9s de largas misiones de cabotaje que llegaban hasta un estuario imponente. Adentr\u00e1ndose, se llegaba a una red de afluentes del enorme r\u00edo Gambia que penetraba en el continente hasta tierras desconocidas. En una de las incursiones a las playas interiores del estuario una tripulaci\u00f3n de lusitanos dio con un grupo de lugare\u00f1os que se acercaron a curiosear a los seres que descend\u00edan del armaz\u00f3n de madera y telas blancas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;La cacer\u00eda fue de una violencia sin concesiones; gritos, golpes, persecuci\u00f3n y ni\u00f1os que quedaron tirados en el barro mientras las botas de los navegantes y cazadores de hombres corr\u00edan en procura de la preciada mano de obra barata. Uno de los capturados era un muchacho de unos trece o catorce a\u00f1os, de fortaleza impar y de mirada penetrante. Junto a ocho o nueve compa\u00f1eros de diferentes edades fueron como bot\u00edn a Europa. Aparentaba ser el menor y un marino amalfitano, con evidente socarroner\u00eda, propuso cristianizarlo Beniamino.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;En el mercado de esclavos, a\u00f1os despu\u00e9s, Antonio conoci\u00f3 a Beniamino y vio en el africano\u2014 Indistintamente de su aspecto o su cuna\u2014un <em>hombre<\/em>. Para el genov\u00e9s la gente inteligente no ten\u00eda color ni patria alguna, eran seres \u00fanicos y universales. Viendo la capacidad del joven compr\u00f3, ante el estupor de muchos, el alma del africano y lo liber\u00f3.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;La misma edad hizo que se sintiera acompa\u00f1ado de un amigo o del hermano que nunca tuvo en una familia donde las mujeres se duplicaban por arte de magia. Antonio le ense\u00f1\u00f3 los misterios de la navegaci\u00f3n. Beniamino le abri\u00f3 los secretos de la lengua mandinga y le habl\u00f3 sobre las aves y plantas de su tierra, de caravanas que se internaban en el continente hasta un lugar m\u00e1gico y plet\u00f3rico de riqueza donde se veneraban a trescientas treinta y tres v\u00edrgenes \u2014el Imperio de Tombuct\u00fa\u2014 en donde sabios insignes estudiaban las ciencias y los misterios de la naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Antonio y Beniamino forjaron juntos los eslabones de una amistad intensa pero no expresada. El italiano ten\u00eda la duda sobre sus espaldas de conferir el p\u00fablico reconocimiento a la amistad con un infiel de tierras desconocida para la mayor\u00eda de los europeos. Con el correr de los meses formaron una unidad en la cual cada uno era ep\u00edgono del otro, seres complementarios que generaban ideas nunca vistas en las artes de la mariner\u00eda y del trazado de cartas. La uni\u00f3n de las ciencias del italiano con el conocimiento del africano dio por resultado mapas que causaron la admiraci\u00f3n de los navegantes y tambi\u00e9n la envidia de cart\u00f3grafos incompetentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Beniamino observ\u00f3 por primera vez un mapa y entendi\u00f3 que los marinos intentaban hacer un inanimado mundo en miniatura. Le pareci\u00f3 que estas gentes extra\u00f1as de aspecto curioso y vestimentas absurdas ten\u00edan un ingenio singular, no muy diferente al de su gente que conoc\u00eda, algunos, de memoria el entramado de estrellas en los cielos nocturnos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Junto a Antonio, viajaron por Portugal para estudiar el arte de la cartograf\u00eda con Enrique el Navegante. Trazaron rutas, observaron aves. En noches de est\u00edo Antonio le ense\u00f1\u00f3 el arte de la bebida entre carcajadas irrefrenables. Cruzaron las fronteras y llegaron a Extremadura, donde el hombre de Gambia, conocedor de flores tropicales y gigantescos baobabs admir\u00f3 la belleza del rebollo extasi\u00e1ndose con la curiosa forma de las hojas y las bellotas.<\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;Para ubicarse en la tierra dependemos del cielo; para conocer las lluvias y las sequ\u00edas del vuelo de los p\u00e1jaros. El mundo es el r\u00edo que serpentea tierra adentro y se abre en un mar inconmensurable como gigantesco desierto de agua.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Los marinos le preguntaron sobre estrellas y demostr\u00f3 mediante sus primeras palabras en portugu\u00e9s e italiano que pose\u00eda conocimientos de cierta importancia. Cuando les indic\u00f3 con los dedos la posici\u00f3n de cuatro estrellas brillantes no lo entendieron. Hablaba de una constelaci\u00f3n no visible en Italia y Portugal.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;El don de lenguas no le fue ajeno a Beniamino que en poco tiempo hablaba correctamente los diferentes idiomas que se escuchaban en la escuela de Enrique el Navegante. Gracias a esto pudo aprender el arte del trazado de rutas en el mapa, el empleo de los portulanos y de la caligraf\u00eda apretada que indicaba los diferentes lugares de la costa, a pesar que nunca comprendi\u00f3 el entusiasmo de sus colegas con un papel que no era la realidad. \u00bfD\u00f3nde estaban en esa hoja los p\u00e1jaros, las plantas, los taimados animales del r\u00edo y, sobre todo, las estrellas? Se asombr\u00f3 cuando Antonio le cont\u00f3 que los astros tambi\u00e9n pod\u00edan dibujarse en un papel.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p><em>El mundo est\u00e1 en m\u00ed. Mi coraz\u00f3n es un animal de este r\u00edo que se mueve llamando a las fuerzas del agua y del cielo, de la tierra y del aire. Mi coraz\u00f3n es un pez que gira sobre s\u00ed mismo buscando salir del pecho para hundirse en el barro y surgir luego como miles de hermanos. Mi coraz\u00f3n contiene a todo mi pueblo, el canto de las mujeres, las palabras del brujo que conoce la tierra como nadie porque es un elegido. Mi coraz\u00f3n es de aqu\u00ed aunque puede ser llevado a todos lados.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>***<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Tempus fugit<\/em>. Los a\u00f1os han pasado Antonio y Beniamino conocen las costas de \u00c1frica como pocos, con todos los detalles de sus accidentes, presencias de \u00e1rboles, olores, nidadas, aves migrantes que confirman el paso exacto de los meses y los d\u00edas. Juntos han aprendido a leer y comentar entre ellos en un curioso cocoliche \u00edtalo-mandinga la geograf\u00eda del continente. Los comerciantes los contratan porque saben que son los mejores entre los mejores, una dupla inseparable de conocedores de cielo y tierra africana.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Capitalistas portugueses han decidido una misi\u00f3n comercial al r\u00edo Gambia. Contactos entre lenguaraces n\u00f3mades y avanzadillas portuguesas a trav\u00e9s de intrincadas redes de esp\u00edas y negociantes han concertado un encuentro con caravanas de Mali en la desembocadura del r\u00edo. Hay riquezas inconmensurables en juego y probables pactos comerciales que pueden dar cuantiosos dividendos. Lisboa, ni lenta ni perezosa, piensa en Antonio y Beniamino y se prepara una expedici\u00f3n de unas diez naves mancas, entre carracas y naos, ya surtas en el puerto.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Los marinos se re\u00fanen para concretar t\u00e9rminos de pagos, revisar cartograf\u00eda, comprobar el armado de los barcos. En Lisboa el traj\u00edn es interminable. Entre tantos preparativos surge una nueva relaci\u00f3n entre los amigos que se encuentran cada vez m\u00e1s unidos en el emprendimiento; se necesitan el uno al otro, toman decisiones de \u00faltimo momento, se leen el pensamiento. El criterio y la sabidur\u00eda est\u00e1n presentes en cada uno de ellos. Ocho lustros de trabajo conjunto han cimentado la relaci\u00f3n m\u00e1s fuerte que existe: la basada en la dualidad.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Zarpa la expedici\u00f3n. Es un d\u00eda de sol que se refleja en el oleaje mientras ven los edificios empeque\u00f1ecerse. El viaje es un camino hacia la riqueza pero tambi\u00e9n una lucha contra el tedio y la convivencia. Las estrellas del sur comienzan a elevarse cada d\u00eda m\u00e1s sobre el horizonte mientras que las constelaciones conocidas desaparecen tras el norte. La polar desciende todas las noches un poco m\u00e1s hasta alcanzar un peque\u00f1o \u00e1ngulo sobre el horizonte. Las cuatro estrellas de Beniamino suben gradualmente por el sur.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Los d\u00edas de navegaci\u00f3n se suceden sin accidentes ni percances, es un viaje lleno de buenos augurios, de esperanzas de riqueza. Sin embargo algo est\u00e1 sucediendo en la personalidad del africano que se muestra cada d\u00eda m\u00e1s introvertido y pensativo, mirando desde la borda hacia el destino. Piensa, tal vez \u2014supone Antonio\u2014 en el d\u00eda que fue capturado hace a\u00f1os por los traficantes de esclavos. \u00bfQu\u00e9 pensamientos horadan la mente de quien fue alguna vez un prisionero? Recuerdos que se presentan en el teatro de la mente para representar una obra llena de sentimientos de p\u00e9rdida y de nostalgia por los a\u00f1os no vividos en su tierra. \u00bfCu\u00e1ntas de las experiencias vividas por el africano junto al genov\u00e9s compensan la p\u00e9rdida de su olvidado en un rinc\u00f3n del alma por tanto tiempo? No se puede saber.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Llegan al destino y otean desde las naves un grupo cuantioso de gente que est\u00e1 cerca de la desembocadura de un afluente del gran r\u00edo. Son mercaderes ricos, con camellos enjaezados. &nbsp; Est\u00e1n orando en grupo hacia el este en actitud de humillaci\u00f3n al Dios se\u00f1ero, clemente y misericordioso. Algunas personas se han acercado a contemplar a los negociantes, lugare\u00f1os, con sus familias y sus peque\u00f1os hijos que corretean excitados por la aparici\u00f3n de gente tan principal y curiosamente vestida.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Beniamino reconoce entre la multitud a <em>su gente<\/em>. Los ni\u00f1os correteando y chapaleando en el agua gritan excitados, las mujeres y los ancianos parados en la ribera parecen ser parte misma de la tierra. Antonio comprende la mirada de Beniamino y apoya las manos sobre los hombros de su amigo. Inesperadamente, se ven retiradas violentamente por el africano que le espeta en la cara una palabra mandinga que Antonio nunca escuch\u00f3 en a\u00f1os de amistad. La tripulaci\u00f3n, un instante antes una masa bulliciosa, guarda un silencio sepulcral.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Beniamino se arroja por la borda, vestido, y va nadando hacia la orilla donde se queda parado delante de su gente, una mirada torva que se va aplacando con la cadencia de las olas golpeando la desembocadura del estuario. Luego como en un ritual pagano, misterioso y ancestral comienza a sacarse con una parsimonia hier\u00e1tica cada prenda que lleva sobre su cuerpo. Los zarag\u00fcelles, la gorra, la camisa, las botas. Queda el cuerpo, alguna vez esbelto, con marcas de la decadencia de un hombre de sesenta a\u00f1os.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El genov\u00e9s eleva la vista al cielo y contempla las aves volando en c\u00edrculo como ac\u00f3litos de la ceremonia. Luego vuelve la vista para contemplar a Beniamino completamente desnudo. Es una persona irreconocible sin los brocados y alamares de marino. Es un hombre nuevo, pero viejo, una contradicci\u00f3n que no puede definir. Los brazos con piel colgando, los rollos en el vientre, el pene fl\u00e1cido. Ve al ser que comparti\u00f3 cuarenta a\u00f1os de su vida con \u00e9l, que aprendi\u00f3 idiomas, que traz\u00f3 portulanos con envidiable precisi\u00f3n, que estudi\u00f3 junto a \u00e9l el mundo de las estrellas y le ense\u00f1\u00f3 en uno de los viajes que realizaron juntos un grupo de cuatro estrellas dispuestas en forma de cruz que siempre se mueve en el horizonte sur y que no es visible ni en Italia ni Portugal. Es un renacido de la tierra, de las aguas de ese brazo del rio Gambia. Ese hombre que conoci\u00f3 desde su juventud se lleva hacia el interior historias de mapas y portulanos, de br\u00fajulas y del arte de aparejar un nav\u00edo. <em>Sin embargo veo solo un hombre digno. Lo que ser\u00eda yo sin todo el bagaje de ciencia y navegaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Se queda mirando a Beniamino que se desplaza con un trote corto y seguro por la ribera del r\u00edo intern\u00e1ndose tierra adentro hacia uno vaya a saber d\u00f3nde. Es una historia que le parece no haber vivido, un sue\u00f1o con pinceladas de realidad, una historia que no tiene t\u00edtulo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Esa noche en la carraca Antonio contempla orando la Cruz del Sur y se siente la mitad de algo.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 27 de abril de 2024<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De Florencio Nicolau Historia sin t\u00edtulo Especial para Eco Italiano \u00bfEs un recuerdo, una historia que aconteci\u00f3 hace mucho tiempo? 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