{"id":57884,"date":"2024-06-29T13:45:05","date_gmt":"2024-06-29T13:45:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=57884"},"modified":"2024-06-29T13:45:05","modified_gmt":"2024-06-29T13:45:05","slug":"pietranela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=57884","title":{"rendered":"Pietranela"},"content":{"rendered":"\n<p><em>De Florencio Nicolau<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Pietranella-1.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Pietranella-1-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-57885\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Pietranella-1-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Pietranella-1-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Pietranella-1-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Pietranella-1-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Pietranella-1-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/Pietranella-1.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-1.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" data-id=\"57886\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-1-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-57886\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-1-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-1-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-1-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-1-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-1-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-1.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-2.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" data-id=\"57887\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-2-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-57887\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-2-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-2-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-2-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-2-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-2-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-2.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-3.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" data-id=\"57888\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-3-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-57888\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-3-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-3-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-3-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-3-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-3-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/06\/piet-3.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<p><strong>\u00a0El a\u00f1o que escuch\u00e9 hablar por primera vez de Pietranela sucedi\u00f3 una cosa extra\u00f1a.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;En las afueras de la ciudad aparecieron duendes. Nadie sab\u00eda exactamente de donde ven\u00edan ni que buscaban y toda la gente hablaba de ellos. La radio local se present\u00f3 una ma\u00f1ana para realizar una transmisi\u00f3n en vivo de lo que estaba pasando, ya que el \u00fanico tema del cual se hablaba en las oficinas, en los bares del centro, en los colectivos y taxis eran los duendes de las afueras de la ciudad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Las teor\u00edas que se manejaban eran diversas. Seg\u00fan algunos, (posici\u00f3n sostenida por los periodistas de la radio) el lugar en donde se los observ\u00f3 por primera vez era tan sucio que probablemente se trataba de ratas gigantes, arquet\u00edpicas y primordiales, una incursi\u00f3n del mundo antediluviano en el moderno. Para algunos, eran ni\u00f1os de barrios humildes que se escond\u00edan entre los pastizales altos para asustar a la gente por sencilla diversi\u00f3n y diablura infantil; otros sosten\u00edan que era una maniobra de distracci\u00f3n del gobierno, ya que era enero, hac\u00eda calor y una vez m\u00e1s enfrent\u00e1bamos una de las tantas crisis por cambios de bonos, vencimiento de intereses de la deuda y todo lo de siempre. Ven\u00eda bien que apareciera alg\u00fan que otro duende para hablar de otra cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Yo era un muchacho bien entretenido. Hab\u00eda terminado el curso escolar de mi ante\u00faltimo a\u00f1o de secundaria con notas entre m\u00e1s que aceptables y buenas \u2014e incluso un distinguido con reconocimiento p\u00fablico del profesor\u2014. Simplemente empezaba un nuevo verano, con libros de ciencia ficci\u00f3n usados, Queen y Beethoven en casetes y las primeras cervezas de la vida. Que m\u00e1s pedir para ese mundo de mediado de los ochenta que empezaba a globalizarse tard\u00edamente en esta ciudad de atrasos eternos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Por aquel entonces hab\u00eda empezado con el piano. La necesidad desesperante que ven\u00eda reprimiendo desde la escuela primaria de toquetear un teclado real, encontr\u00f3 su satisfacci\u00f3n en la casa de una vecina que ten\u00eda un piano abandonado en el living. Se arregl\u00f3 un pago m\u00e1s que aceptable y el piano pas\u00f3 de una casa a la otra en unos cuarenta minutos, un viernes a la tarde. El s\u00e1bado a la ma\u00f1ana vino el afinador y a la tarde estaba repasando en mi propio y primer piano, de marca ignota, una sonatina de Clementi que me hab\u00eda dado mi profesora. Hac\u00eda ya tres meses que estudiaba y dentro de todo me iba bien. Al menos me divert\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed, el a\u00f1o de los calores, de los intereses de la deuda y de los duendes o\u00ed hablar de Pietranela. Un vecino pas\u00f3 por la vereda y me escuch\u00f3 practicar al piano. Al otro d\u00eda me salud\u00f3 y celebr\u00f3 mis avances.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014Eso que estabas tocando ayer lo ense\u00f1aba Pietranela en la academia.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014 \u00bfQui\u00e9n?, pregunt\u00e9 extra\u00f1ado por el comentario.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;\u2014Cayetano Pietranela, un gran pianista que vivi\u00f3 en este barrio hace muchos a\u00f1os, un genio del instrumento y uno de los int\u00e9rpretes m\u00e1s c\u00e9lebres que ha dado esta ciudad. Era italiano, pero vino de muy chico. Deber\u00edas haberlo o\u00eddo, con qu\u00e9 habilidad le sacaba sonido al instrumento. Adem\u00e1s compon\u00eda un poco. Yo estudi\u00e9 con \u00e9l unos meses pero tuve que dejar.<\/p>\n\n\n\n<p>Tiempo despu\u00e9s una se\u00f1ora mayor que era amiga de mis t\u00edas me pregunt\u00f3 por mis estudios. Le coment\u00e9 que me iba bien ahora que ten\u00eda piano propio.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014 \u00a1Qu\u00e9 bueno, mozo, vas a ser el nuevo Pietranela del barrio!<\/p>\n\n\n\n<p>Indudablemente este gran int\u00e9rprete hab\u00eda dejado su huella en la gente y por eso me interes\u00e9 en su vida. \u00bfCu\u00e1les ser\u00edan sus compositores predilectos?, \u00bfQu\u00e9 hab\u00edan opinado sus colegas de \u00e9l? \u00bfEn qu\u00e9 lugares hab\u00eda tocado ante un p\u00fablico enfebrecido de pasi\u00f3n, aplaudiendo de pie desde la platea?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Con el paso del tiempo convers\u00e9 con otras personas que aseguraban haber conocido al pianista y hablaban de las dotes que pose\u00eda como maestro. Todos ten\u00edan palabras de elogios pero tambi\u00e9n\u2014confieso que esto me llam\u00f3 mucho la atenci\u00f3n\u2014 un dej\u00f3 de insatisfacci\u00f3n en los ojos cuando hablaban del m\u00fasico. La mayor\u00eda de ellos hab\u00edan iniciado estudios de piano con \u00e9l pero hab\u00edan abandonado o no llegaron a tocar bien ninguna pieza.<\/p>\n\n\n\n<p>La curiosidad me llev\u00f3 a realizar una indagaci\u00f3n m\u00e1s seria sobre este personaje. Busqu\u00e9 en peri\u00f3dicos viejos, de las fechas que me dec\u00edan sus admiradores, pregunt\u00e9 a empleados del teatro. Nada. Pietranela exist\u00eda para mis vecinos pero para el resto del mundo era un perfecto desconocido.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Visit\u00e9 una tarde a la vecina que hab\u00eda vaticinado que ser\u00eda el <em>nuevo Pietranela<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Era una casa vieja refaccionada. El piso de cer\u00e1micos desentonaba con las paredes y hab\u00eda cosas de mal gusto en las mesas del living: un ekeko, un gallito que cambiaba de color con el tiempo y un elefante de esos que se usan para ponerles billetes en la cavidad que forma la trompa al enroscarse. Contra la pared hab\u00eda un piano desvencijado, ruinoso.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;La mujer era la se\u00f1ora de la casa, la emperatriz de ese mundo. Una empleada dom\u00e9stica sonriente me hizo pasar a un patio interno donde estaba sentada junto a un enorme loro que caminaba nervioso en un aro de hierro colgante. Luego de los saludos de rigor y el consecuente elogio a su casa comenzamos a hablar.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014Cu\u00e9nteme alguna an\u00e9cdota de Pietranela\u2014&nbsp; dije.<\/p>\n\n\n\n<p>Se removi\u00f3 en el sill\u00f3n de mimbre y mir\u00f3 moviendo el cuello hacia atr\u00e1s mirando con una sonrisa de ni\u00f1a al loro.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014Laura Vano era una amiga. El padre fue uno de los primeros chapistas de la ciudad que amas\u00f3 una fortunita golpeando autos para remediar los efectos de los choques. Cuando se par\u00f3 quiso ser m\u00e1s que la gente como uno y le compr\u00f3 un piano a Laurita, que tocaba bastante mal. Estudiaba con Cayetano Pietranela y yo la acompa\u00f1aba a la siesta hasta la puerta de la casa del Maestro.&nbsp; Hab\u00eda empezado a estudiar un a\u00f1o antes pero no me gustaba practicar as\u00ed que dej\u00e9. Laurita era una engrupida que se cre\u00eda que era la reencarnaci\u00f3n de Mozart. Pat\u00e9tica, pobrecita. Muri\u00f3 el a\u00f1o pasado, d\u00edas antes de Navidad. Una tarde, por noviembre, Laurita avis\u00f3 a todas las amigas que est\u00e1bamos invitadas a su primer concierto que se iba a dar en el living de su casa. Interpretar\u00eda unas sonatinas y luego el maestro <em>brindar\u00eda una espl\u00e9ndida muestra de su virtuosismo<\/em> (us\u00f3 esas palabras). Se hab\u00eda agrandado demasiado la Lauri. Que Dios la tenga en su gloria.<\/p>\n\n\n\n<p>Jurar\u00eda que en el silencio posterior a su relato un ser peque\u00f1ito se asom\u00f3 por la puerta del patio. Tal vez un gato o un perrito. Me pareci\u00f3, sin embargo, de forma humana. La aparici\u00f3n <em>fue real<\/em>, puesto que el loro gir\u00f3 repentinamente la cabeza y se qued\u00f3 mirando en esa direcci\u00f3n, est\u00e1tico. Pasada mi sorpresa le pregunt\u00e9, ansioso de haber encontrado a un buen informante:<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014\u00bfLo escuch\u00f3?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Me di cuenta que no quedaba claro si preguntaba por la fugaz aparici\u00f3n o por el pianista. El loro rompi\u00f3 el silencio desde el aro y vocifer\u00f3 con claridad: <em>\u00a1Pie-trrra-nela\u2026Pie-trrra-nela!<\/em> La mujer sonri\u00f3 divertida girando la cabeza hacia abajo y atr\u00e1s levantando el dedo a modo de indicaci\u00f3n de la ocurrencia. La volvi\u00f3 despacio y me mir\u00f3 en silencio con los ojos cenagosos por las cataratas y el recuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014No.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;El monos\u00edlabo son\u00f3 lapidario y resentido.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014Jam\u00e1s me hubiera dignado a sentarme a escuchar a la hija de un chapista. No fui.<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Esta situaci\u00f3n de misterio que se tej\u00eda alrededor de la figura de Pietranela me acosaba d\u00eda y noche. Un pianista excelso, el m\u00e1s grande entre los grandes, admirado por una masa de aficionados y mel\u00f3manos. Sin darme cuenta de mi irresponsabilidad comenc\u00e9 a urdir una fantas\u00eda, una historia de fantasmas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u00bfExisti\u00f3 Cayetano Pietranela? \u00bfY si fuera solo una sombra, una sublimaci\u00f3n del inconsciente colectivo y barrial que deseaba (y necesitaba) tener un h\u00e9roe entre sus filas? Tal vez esa conciencia colectiva me hab\u00eda elegido a m\u00ed para construir ese deseo del pianista impar que hab\u00eda sido.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;La hip\u00f3tesis de la no existencia de Pietranela empez\u00f3 a cobrar forma en mi mente. Cualquier indicio de su existencia quebrar\u00eda esta concepci\u00f3n transformando mi aseveraci\u00f3n en la hip\u00f3tesis nula. Comenc\u00e9 a buscar indicios a trav\u00e9s de hechos que no involucraran a los supuestos amigos y gente que lo frecuentaba. Tal vez lo hab\u00edan visto, pero era la imaginaci\u00f3n en conjunto la que le hab\u00eda dado forma humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Si, estaba seguro, Pietranela no hab\u00eda existido. Pero viv\u00eda en la mente y el alma de todos aquellos que alguna vez quisieron tocar el piano y no pudieron, los que no ten\u00edan dinero para solventar las clases, los de dedos torpes, las ni\u00f1as bien que se aburrieron a la clase n\u00famero seis. Todos ellos eran el pianista que no hab\u00eda podido ser. La redenci\u00f3n la obten\u00edan por medio de este ser cuasi cabal\u00edstico, un g\u00f3lem que los representaba y que los dejaba bien parados ante la sociedad lavando en una melod\u00eda inexistente.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Cada una de las personas que conoc\u00ed y que me hablaron de Pietranela hab\u00edan tenido una experiencia particular con \u00e9l. La intensidad de los recuerdos y la pasi\u00f3n con la que lo evocaban <em>vindicaban la inexistencia<\/em> de este hombre, como si el deseo, el anhelo de haberlo tratado, conocido y admirado fuera la energ\u00eda que trocaba lo insustancial en una realidad paralela. Si, hab\u00eda un mundo en donde Pietranela exist\u00eda y brillaba en los escenarios m\u00e1s c\u00e9lebres y reconocidos. Pero aqu\u00ed era solo una inexistencia, un <em>duende<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u00bfQui\u00e9n era yo para contradecir a todas estas personas? Mi b\u00fasqueda infructuosa de una grabaci\u00f3n o de un programa que mencionara al pianista revelaban mi teor\u00eda, sin embargo su virtual presencia hab\u00eda marcado el rumbo de toda una masa de humillados y ofendidos por el arte de la m\u00fasica.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Todos ellos, los hombres y las mujeres, ni\u00f1as y ni\u00f1os <em>eran Pietranela<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>IV<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Pasaron los a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Eran las cinco y cuarto de la tarde de un noviembre clim\u00e1ticamente ambiguo y me sent\u00e9 a tocar la <em>Fantas\u00eda en do menor<\/em> de Bach cuando son\u00f3 el timbre. Una mujer nonagenaria pero saludable me sonri\u00f3 detr\u00e1s de unos anteojos oscuros, anacr\u00f3nicos. Se adivinaba una juventud bonita. Si Grace Kelly hubiera llegado a esa edad se parecer\u00eda a esta mujer, pens\u00e9.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014Toca bien\u2014 sentenci\u00f3 sin que mediara presentaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014Gracias, me esfuerzo. \u00bfEn qu\u00e9 puedo ayudarla?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014En nada, solo me gust\u00f3 o\u00edr un piano, hace a\u00f1os que no se escucha en las casas un sonido como ese. Siempre a\u00f1or\u00e9 tocar el piano porque mi esposo fue un gran pianista. <em>Al menos eso dec\u00eda todo el mundo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014\u00bfSu marido era de aqu\u00ed? Pregunt\u00e9 solo por compromiso. No quer\u00eda eternizarme en la puerta con una mujer que me contar\u00eda historias de su marido pianista.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014No, era&nbsp; italiano pero vivi\u00f3 desde los cinco aqu\u00ed. Se llamaba Cayetano Pietranela.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sent\u00ed que se me sub\u00eda el calor a las mejillas. Baj\u00e9 a saltitos las escaleras y abr\u00ed la reja de la casa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1ora, mucho gusto, un honor que me elogie. Cu\u00e9nteme de su marido, siempre lo he admirado y he escuchado hablar muy bien de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014Era un buen hombre y un gran artista. Todos lo saludaban en el barrio y lo admiraban; me sent\u00eda orgullosa de ser su esposa. Adem\u00e1s siempre lo apoy\u00e9 en su arte, ordenando las partituras, llamando al afinador, lustr\u00e1ndole el piano. Incluso yo le bord\u00e9 la funda que proteg\u00eda a su querido instrumento.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014Tengo entendido que tambi\u00e9n compon\u00eda\u2014 tir\u00e9 para soltarle la lengua.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014S\u00ed, pero no era lo suyo. Lo suyo era tocar\u2014 dijo levantando las manos&nbsp; para luego unirlas en un adem\u00e1n de rezo, mirando al cielo. \u2014<em>Lo suyo era tocar<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Esper\u00e9 unos segundos. Esper\u00e9 que bajara un silencio del cielo y nos miramos a los ojos, ella a trav\u00e9s de los anteojos. No mediaba un sonido, solo miradas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Esta mujer ten\u00eda algo de irreal, la imagen de una persona que no es de este plano. En un momento me percat\u00e9 de los ojos que se entreve\u00edan detr\u00e1s de las gafas. Eran extra\u00f1os, sobrenaturales; eran <em>los ojos de un duende<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Me sigui\u00f3 mirando como dos mil a\u00f1os m\u00e1s. Y luego me brind\u00f3 la sonrisa m\u00e1s extra\u00f1a que jam\u00e1s haya visto. Era la sonrisa de Dios y del Diablo que, en ese momento, <em>se divert\u00edan enga\u00f1\u00e1ndome<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;No dijo nada m\u00e1s y se fue. Se fue con el calor de noviembre y la m\u00fasica de las cinco y media de la tarde en el reloj de la iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Escuch\u00e9 una risita de ni\u00f1o que ven\u00eda desde la nada.<\/p>\n\n\n\n<p>V<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Me siento a estudiar el s\u00e1bado a la tarde, inspirado por la llegada del primer fresco del oto\u00f1o. Es una tarde espl\u00e9ndida de sol y brisa. Voy a escucharme plenamente as\u00ed que abro la tapa del piano y me siento. Quedo solo en la habitaci\u00f3n mirando el piano. El teclado brillando en un blanco y negro solicito, invit\u00e1ndome a que le saque sonido. Me acerco a la banqueta y me veo reflejado en la lustrosa madera de la caja. De repente, detr\u00e1s del piano comienza a asomarse una peque\u00f1a figura insustancial, elevada por una fuerza c\u00f3smica o un d\u00e9bil haz de energ\u00eda. Primeros son unos deditos luego la otra mano se apoya en la madera. Por \u00faltimo la cabeza a medias. Solo los ojos brillantes se dejan ver. Lo miro con tranquilidad y empiezo a tocar un <em>adagio<\/em> de Mozart, buscando el sonido, disfrutando, encontrando los detalles m\u00e1s nimios, como nunca lo he hecho.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Como lo hac\u00eda Pietranela.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 29 de junio de 2024<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De Florencio Nicolau Especial para Eco Italiano \u00a0El a\u00f1o que escuch\u00e9 hablar por primera vez de Pietranela sucedi\u00f3 una cosa [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17,43],"tags":[],"class_list":["post-57884","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-espanol-2","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57884","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=57884"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57884\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=57884"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=57884"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=57884"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}