{"id":58988,"date":"2024-07-20T15:24:25","date_gmt":"2024-07-20T15:24:25","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=58988"},"modified":"2024-07-20T15:24:25","modified_gmt":"2024-07-20T15:24:25","slug":"el-armador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=58988","title":{"rendered":"El armador"},"content":{"rendered":"\n<p><em>De Florencio Nicolau<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_1.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_1-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-58989\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_1-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_1-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_1-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_1-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_1-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_1.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_2.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" data-id=\"58990\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_2-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-58990\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_2-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_2-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_2-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_2-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_2-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_2.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_3.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" data-id=\"58991\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_3-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-58991\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_3-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_3-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_3-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_3-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_3-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/El-armador_3.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<p><strong>El armador<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Llueve. La mente se diluye en el sonido de las gotas de este amanecer gris que vi tantas veces en los \u00faltimos a\u00f1os. Es un amanecer \u00fanico, arquet\u00edpico, que se reitera desde el origen de algo. \u00bfCu\u00e1nto m\u00e1s tendr\u00e9 que ver, antes del final?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;La noche anterior despu\u00e9s de un buen jarro de <em>ale<\/em> sent\u00ed que algo, m\u00e1s all\u00e1 del alcohol irresponsable, me convidaba al descanso. Una oleada de cansancio me condujo a mi cuarto de soltero, donde acumulo planos y varios textos de navegaci\u00f3n heredados de antiguos maestros. El sue\u00f1o, acicateado por la cerveza lleg\u00f3 de improviso: una gaviota negra volando sobre el muelle.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Horas antes en la taberna, mi socio que ya hab\u00eda bebido demasiado me dijo sin pre\u00e1mbulos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Est\u00e1s vieja, puta, dentro de poco dejar\u00e1s de parir barcos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;No me ofend\u00ed ni me disgust\u00e9. Al contrario sonre\u00ed festejando la ocurrencia. Fue suficiente para sentir que el cuerpo perd\u00eda peso. Me estaba sacando una obligaci\u00f3n de encima y mi amigo, mi socio, oficiaba de redentor.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 porque me lo dice. Recuerdo mi primer nacimiento, un bergant\u00edn de quinientas toneladas de desplazamiento, una nave marinera como no se ven con frecuencia. Entend\u00ed que mis manos hab\u00edan actuado de partera de ese ser de madera, metal y tela, destinado a unir continentes y llenarse las bodegas de riquezas. Fue cuando empec\u00e9 a decir que era un <em>partero de barcos<\/em>: mis manos hab\u00edan ayudado a salir esa creaci\u00f3n de un bosque.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Las manos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;La gente ha olvidado las manos. Un mundo sin trabajo manual es un percance, una desgracia para una naci\u00f3n y sobre todo para el intelecto. No puede haber un fil\u00f3sofo si antes no hubo un artesano. Descreo de los hombres de papel, filodoxos que apuran al pr\u00f3jimo con ideas que no tienen claras. Mi testamento es un documento escrito en el aire con las palabras de un armador, espec\u00edficas y certeras, imbuidas de la verdad de los vientos y de las rutas de la riqueza. No es un documento final, sino un libro abierto para todos los nautas del mundo, una historia construida con las manos y el recuerdo dedicada a quienes hayan vivido la experiencia de ser artesanos como yo, un hombre que ha aprendido a interpretar el deseo de la naturaleza y traducirlo en tablas y velas, en aparejos y jarcias.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Realic\u00e9 diferentes trabajos en el arte de la construcci\u00f3n naval. Cos\u00ed velas, trenc\u00e9 drizas y merlines. Aprend\u00ed a sentir la vida que late en cada uno de los materiales que transform\u00e9 con las herramientas. Cuando trabajaba en una tabla present\u00eda el esp\u00edritu del \u00e1rbol, un roble o encina, que en su copa frondosa cobij\u00f3 una vez p\u00e1jaros e insectos. Supe entonces que deb\u00eda respetar los materiales, ser digno de ellos. Entend\u00ed que estaba transform\u00e1ndolos en algo, buscando la esencia de la madera y la tela para darle un nuevo significado, un renacimiento en forma de un nav\u00edo. Muchos compa\u00f1eros no entendieron esta transfiguraci\u00f3n: vi perder manos y ojos e incluso la vida a un aprendiz bajo el peso de un madero. No comprend\u00edan que a la naturaleza hay que respetarla.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Sufr\u00eda en carne propia cuando me enteraba que un barco desaparec\u00eda. Supe de nav\u00edos que no volvieron nunca de La Habana o Botany Bay. <em>La navegaci\u00f3n es el arte de gestionar la incertidumbre<\/em>. Pienso en los griegos, en los trirremes romanos asolando las costas del Mediterr\u00e1neo, en busca de bienestar para las damas patricias que se regodeaban en una Roma de pan y circo. \u00bfCu\u00e1ntos fantasmas merodean las profundidades del mar, clamando por su salvaci\u00f3n y sus madres?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Afrontar a\u00f1os de trabajo arduo y comprender la religi\u00f3n de la construcci\u00f3n naval me llevaron a independizarme de mis patrones y encontrar mi destino, pasado los cuarenta, como armador. Aprend\u00ed a cerrar tratos, a elegir tripulaciones, a interpretar los movimientos de las cotizaciones y elegir cartograf\u00eda adecuada. No soy otra cosa m\u00e1s que mis barcos y mis conocimientos. Sin mis maderas y mis planos, sin mis compases y reglas no tengo una existencia real. <em>Soy una embarcaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la gaviota que vi desde la puerta de un taller hace cincuenta a\u00f1os?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Era el primer d\u00eda como aprendiz y vi moverse las alas del ave que pas\u00f3 rasante por encima m\u00edo cuando estaba trabajando en una cuaderna. Levant\u00e9 la vista y me qued\u00e9 unos segundos encantado con la imagen del ave en el cielo. Al instante sent\u00ed el golpe en la cabeza y la voz del patr\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Vamos!, \u00bfqu\u00e9 pretendes? \u00bfQue el barco no zarpe nunca?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Me di cuenta que no estaba solo. Alguien necesitaba de m\u00ed y me exig\u00eda responsabilidad por lo que me pagaba. Nuestra existencia est\u00e1 vinculada a la de otros, en un tejido que muchas veces no entendemos. Ese d\u00eda supe que estaba dentro de una historia cuyo argumento me era desconocido.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Solo vemos la miseria del presente. Un viajero del mundo me cont\u00f3 que los chinos han escrito un libro oracular, al que se accede por el extra\u00f1o arte de arrojar ramitas, que permite inferir el argumento de la vida. Sin embargo, no hay nadie que lo entienda cabalmente y a menudo contesta ambig\u00fcedades. Podemos calcular y distribuir con arte y maestr\u00eda los imbornales en un trancanil; pero la tormenta es la que decide si funcionan o no, y sin embargo nos empecinamos en demostrar que podemos armar y aparejar un nav\u00edo con ciencia. Es mentira, es solo un juego de vanidad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Camino por el patio del taller y contemplo al muchacho que hace unos d\u00edas contrat\u00e9. Es un irland\u00e9s, pelirrojo y engre\u00eddo, habilidoso con las manos y con la lengua. Lo puse bajo la tutela de los carpinteros. Est\u00e1 trabajando en una cuaderna con concentraci\u00f3n. Ser\u00e1 bueno.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;De repente se detiene y levanta la cabeza. Contempla embelesado una gaviota que gira en c\u00edrculos en una danza de una belleza superlativa, rodeada de sol y del aire del mar. Se incorpora y se queda un instante mirando hacia el infinito. Me acerco despacio con pasos de ladr\u00f3n. Cuando se da cuenta que lo estoy mirando, vuelve al trabajo, avergonzado por haber sido descubierto en un momento de lasitud.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Zarpar\u00e1 igual, hijo, zarpar\u00e1 igual\u2014 Es lo \u00fanico que atino a decirle: la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Estoy vieja y puta<\/em>, <em>mi gaviota oscura, pero feliz de morir y de reunirme contigo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Era un sol oscuro.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;El m\u00e1s bello que haya brillado en alg\u00fan lugar del mundo, sol\u00eda decir. Una distracci\u00f3n al trabajo, una presencia esencial y elemental, compuesta de toda la fuerza vital de la naturaleza. Ten\u00eda la actitud de las yemas que se abren en los \u00e1rboles al comienzo de la primavera, la energ\u00eda de los manzanos silvestres que crecen a la vera de los <em>cottages<\/em> en los campos de nuestras islas. Como todo en mi vida vino en un barco. Nunca hablamos el mismo idioma pues se nos confund\u00edan las palabras. Pero no fue \u00f3bice para entenderme con ella con el cuerpo y el alma. Tra\u00eda palabras esenciales de una religi\u00f3n que era completamente ajena a la santidad de las personas o a la infinitud de Dios o los dioses, lo mismo da. La religi\u00f3n de la tierra, la que viene del coraz\u00f3n de los bosques y las selvas, la que profesa el p\u00e1jaro y la piedra, la nube y el mar que ba\u00f1a las costas de una isla donde los muertos viven y se pasean orondos por la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Era una gaviota, mi gaviota oscura.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor d\u00f3nde vuelas ahora? \u00bfExiste alg\u00fan cielo que te contenga? Entreveo tus alas en el plomo del oto\u00f1o. Son como un velamen una canci\u00f3n de viento que te sustenta en un camino hacia alg\u00fan, lado. Tal vez en tu isla est\u00e9s aleteando, junto al fuego ancestral que llama a las almas de tus pares de tus mayores que llegaron desde el continente. Gaviota oscura, alg\u00fan d\u00eda volveremos a vernos. Acariciar\u00e9 las manos nudosas y los \u00e1ngulos de tu cara, esos huesos que llevan en su m\u00e9dula la energ\u00eda de la selva, del sol.<\/p>\n\n\n\n<p>Siento el sol escondido bajo tu piel atezada que entibia la boca que te cubre de besos, una lumbre que da vida a quien posea tu amor. Las personas con quienes nos involucramos son caminos que se abren en innumerables posibilidades en una urdimbre de eventos que la mayor\u00eda de las veces no podemos prever. Pero cuando acontecen vemos que era imposible conocerlos de antemano, como en la navegaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Las velas abri\u00e9ndose al viento, cayendo con un sonido singular desde las vergas, la cara curtida del hombret\u00f3n en el gobernalle son una revelaci\u00f3n religiosa. Dios es un barco que nos lleva hacia donde quiere, sin preguntarnos si lo deseamos. Somos simples ac\u00f3litos de esa religi\u00f3n y comprendemos con el tiempo que el fin es el mismo principio, el mar, con sus colores que subvierten el sue\u00f1o durante las noches de soledad e incertidumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;El recuerdo de tu rostro que los a\u00f1os a\u00fan no han desdibujado en mi mente, las calles de la isla en donde te criaste se han vuelto mis paisajes \u00edntimos. Has tra\u00eddo todo lo que llevabas en tu alma y los pusiste de improviso en la m\u00eda. A veces pienso que el amor es solo eso, dos personas que ponen en lugar com\u00fan sus olores, sabores y paisajes, una quimera en donde cada uno de los aportantes se vuelve el adjutor del otro.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;A menudo escucho, en mi soledad tabernaria, los discursos obscenos que se basan en el deseo, en la necesidad animal del apareamiento. Existe algo que va m\u00e1s all\u00e1 de eso, una comuni\u00f3n pagana. La imagen de dos siluetas y un sol rojizo en la escollera, el vocinglero cantar de los ni\u00f1os que corren por las calles adoquinadas trasegando informaci\u00f3n entre los armadores visten mi recuerdo de ti, gaviota oscura.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Todo se revuelve en mi cabeza y mi coraz\u00f3n, tu paso de animal celoso, tus cabellos de extra\u00f1o peinado, la mirada de las personas cuando supieron que te hice sacar las cadenas para llevarte a mi casa como un igual. La tarde que descubr\u00ed que tu vida formaba parte del argumento de la m\u00eda y el d\u00eda aciago que te llevaste todo el sol de Port-au-Prince en tu \u00faltima sonrisa, floreciendo entre las p\u00fastulas. La viruela no sabe de enamorados.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014Estoy vieja y puta, gaviota\u2014<\/em> digo antes de ponerme a llorar en la cama.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Llueve. Moja tus alas en el agua, gaviota.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 20 de julio de 2024<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De Florencio Nicolau El armador Especial para Eco Italiano I &nbsp;Llueve. 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