{"id":59842,"date":"2024-08-18T10:17:47","date_gmt":"2024-08-18T10:17:47","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=59842"},"modified":"2024-08-21T16:19:30","modified_gmt":"2024-08-21T16:19:30","slug":"los-cuatro-del-fuego","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=59842","title":{"rendered":"Los cuatro del fuego"},"content":{"rendered":"\n<p><em>De Florencio Nicolau<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-3.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-3-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-59843\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-3-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-3-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-3-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-3-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-3-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-3.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-2.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" data-id=\"59844\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-2-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-59844\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-2-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-2-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-2-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-2-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-2-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-2.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-1.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" data-id=\"59845\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-1-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-59845\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-1-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-1-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-1-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-1-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-1-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Los-cuatro-1.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<p>Los cuatro del fuego<\/p>\n\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora es cuando empieza a entender la historia, a darse cuenta del argumento. Pero ya es tarde. El \u00e1rbol ha reunido a los cuatro.<\/p>\n\n\n\n<p>Acaricia la madera y se da cuenta que es la que estaba buscando, una tabla noble salida de un \u00e1rbol solitario junto al arroyo donde escuchaba desde chico cantar a los p\u00e1jaros todas las tardes.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez la tabla tenga encerrado esos cantos que escucha cuando empieza a pasar el cepillo. La viruta canta y canta y es una forma curva que perfila el clavijero del contrabajo que tiene en mente. Los instrumentos viven m\u00e1s all\u00e1 de la mano que los crea, piensa.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese contrabajo que tiene en la cabeza es diferente. Surge algo nuevo entre las l\u00edneas que dibuja en el plano. Piensa que no se ha compuesto aun la m\u00fasica que este instrumento cantar\u00e1 ante un p\u00fablico hipnotizado por ese sonido que espera brindarle con su arte. Un contrabajo brillante, m\u00e1s all\u00e1 de los barnices y de los reflejos de las vetas; un instrumento que genere su propia luz interior y la proyecte en el tiempo, una especie de fuego interior, una l\u00e1mpara votiva para alguna deidad tutelar que protegi\u00f3 al \u00e1rbol solitario.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo es nieve.<\/p>\n\n\n\n<p>La ma\u00f1ana es de una gelidez abrumadora. El hombre y la mujer, abrazados dentro de su hogar, presienten un mensaje agorero imbuido en el blanco de la nieve que cubre todo el paisaje que se ha transformado en un pi\u00e9lago helado y an\u00f3nimo. Una vez escuch\u00f3 a su abuelo, conocedor de la naturaleza y su lenguaje, que alg\u00fan d\u00eda el hielo y el fuego ser\u00edan nuevamente hermanos. Aparecer\u00edan sin aviso y cumplir\u00edan con su mandato. Los dioses no cuentan a los hombres que es lo que deparan para la naturaleza. El hombre es muy poca cosa para saber de dioses. Eso le hab\u00eda dicho una tarde primaveral su abuelo. Guard\u00f3 el relato como un tesoro hasta el d\u00eda de hoy.<\/p>\n\n\n\n<p>La comida escasea, y es dif\u00edcil poder conseguir algo con este invierno tan avanzado. Es el primero que pasa junto a su esposa, viviendo solo en su propia casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Vamos a morir, piensa.<\/p>\n\n\n\n<p>La escobita de acero acaricia el platillo.<\/p>\n\n\n\n<p>La calle invernal refleja las luces de ne\u00f3n de los comercios de la ciudad en el pavimento mojado. La tristeza se acent\u00faa en las formas que se dibujan en la superficie h\u00fameda, que devuelven reflejos irisados, irreales.<\/p>\n\n\n\n<p>El pianista, el baterista y Scott con su contrabajo se alistan para dar lo mejor de s\u00ed. La m\u00fasica empieza fluir como una serpiente m\u00e1gica que se desliza por todo el auditorio en un entusiasmo ayudado por las drogas y las bebidas que recorren las mesas entre mujeres que r\u00eden y comentan las novedades de Nueva York. La alegr\u00eda de la m\u00fasica, la vitalidad es ahora predominante en el paisaje interior de todos los asistentes al club.<\/p>\n\n\n\n<p>El tr\u00edo est\u00e1 tocando como si fueran titanes en el subsuelo de esa ciudad, que hoy d\u00eda es el centro del jazz, luego que baj\u00f3 a Nueva Orleans de su pedestal. Los m\u00fasicos saben en que la historia es c\u00edclica y que en la lejana San Francisco ha aparecido gente extra\u00f1a que toca un nuevo jazz diferente y atractivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Scott ha preparado sus mejores interpretaciones para esta noche. Sus dedos se deslizan por el puente del antiguo contrabajo, un instrumento que remonta sus or\u00edgenes a un viejo taller de los comienzos del pa\u00eds. El ritual sigue los pasos tradicionales con el presentador tomando el micr\u00f3fono y anunciando un tema particular. El fuego de la reuni\u00f3n se torna cada vez m\u00e1s vivo entre los integrantes del tr\u00edo y los asistentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Scott percute las cuerdas del contrabajo creando melod\u00eda y ritmo, acompa\u00f1ando las escobillas de la bater\u00eda y la maestr\u00eda arm\u00f3nica del pianista, un flaco esmirriado con el cabello engominado hacia atr\u00e1s y tocando con la espalda paralela al piso, casi horizontal.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabe que esa noche su m\u00fasica est\u00e1 viva como las fibras de su contrabajo y quiere vivir el momento compartiendo el fuego interior con la risa y los aplausos.<\/p>\n\n\n\n<p>El fabricante mira el cuerpo del contrabajo reci\u00e9n construido. Escucha a trav\u00e9s de la ventana el canto del fluir del r\u00edo y piensa que ha logrado hacer lo que siempre so\u00f1\u00f3, un instrumento noble con la madera oscura y brillante.<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa en la semana que Dios hizo el mundo, cuando comenz\u00f3 a reunir la materia y la energ\u00eda para generar las distintas manifestaciones de la creaci\u00f3n: las nubes, la tierra, los \u00e1rboles que contienen la sabidur\u00eda de todo el universo y que son seres tutelares de nuestra existencia. Sabe que la madera de la tapa de ese contrabajo admirado proviene de un \u00e1rbol cuya historia es \u00fanica e irrepetible, plet\u00f3rica de sabidur\u00eda ancestral.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan le dijeron los aserradores, era un \u00e1rbol m\u00e1s que centenario que hab\u00eda sido objeto de veneraci\u00f3n por algunos indios que poblaban la zona. Algunas partes estaban quemadas, pero la madera hab\u00eda seguido creciendo, en una lucha por la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Parish sue\u00f1a con el \u00e9xito porque es ambicioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Sue\u00f1a que hombres con levitas, galeras y bastones con empu\u00f1adura de plata vengan un d\u00eda a la puerta de su casa donde sobre una placa de bronce bru\u00f1ida ha escrito con letra inglesa, acostada, <em>Aaron Parish, lutier. <\/em>Sue\u00f1a que los hombres importantes se pasean por el taller y contemplan extasiados las obras salidas de sus manos. Tal vez alg\u00fan representante de la Casa Blanca lo compare con alg\u00fan grande y diga \u2014<em>Mister Parish, usted es el Stradivari americano<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Parish vuelve a mirar el contrabajo lustroso y piensa en su sonido. Todos los sentimientos est\u00e1n en la madera del instrumento porque el instrumento est\u00e1 vivo. \u00bfQu\u00e9 era lo que hac\u00edan los druidas all\u00e1 lejos y hace tiempo? Pasaban debajo de los robles haciendo sacrificios a las almas y los esp\u00edritus que est\u00e1n en ellos. \u00bfQu\u00e9 hac\u00edan los etruscos con sus muertos? Los enterraban cerca de los cipreses para que sus almas vagaran por las ra\u00edces del \u00e1rbol. El instrumento hace esto, piensa Parish, permite que la vida surja nuevamente, que el alma duerma en la madera y se exprese cuando las cuerdas son frotadas o pulsadas. Calmosamente o con lujuria. O hablando con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Siente el ruido invasor y se da cuenta que todo ha empezado. Escucha animales que se mueven con pasos dif\u00edciles y sordos en la nieve. Su esposa se despierta de repente y mira junto a \u00e9l a trav\u00e9s de la puerta de la casa de cueros. Un color ominoso se acerca por el bosque, con un sonido crepitante que no hace falta maginar que es: un designio de los dioses o una hoguera que nadie estaba cuidando, dos manifestaciones de lo mismo que ya no interesa distinguir. Intenta salir de la casa con su esposa en una dram\u00e1tica carrera por la nieve que entorpece todo el movimiento. Es el d\u00eda de la hermandad de la nieve y el fuego.<\/p>\n\n\n\n<p>Scott toca, toca, toca; la gente habla, habla, habla.<\/p>\n\n\n\n<p>Las escobillas de la bater\u00eda pintan notas que son el reflejo de la algarab\u00eda y la pasi\u00f3n que muestra el p\u00fablico que escucha al tr\u00edo. Las luces de ne\u00f3n de la ciudad parecen fluctuar al ritmo del contrabajo, del piano y de la bater\u00eda y no se puede creer que solamente tres instrumentos construyan una m\u00fasica tan compleja, fluida y hermosa.<\/p>\n\n\n\n<p>La lluvia sigue cayendo copiosamente y se ven algunos rezagados que entran con sus sobretodos h\u00famedos pero felices y sonrientes. El pianista entra en un trance y comienza a contestar las notas del contrabajo siguiendo el ritmo de las escobillas. Hay una m\u00edstica en el interior del club que comienza a transformar las personas y a los m\u00fasicos que entran en una extra\u00f1a comuni\u00f3n, en un ritual que consiste en la ex\u00e9gesis de las palabras que pronunci\u00f3 Dios durante la Creaci\u00f3n. De repente todo es un conjunto, m\u00fasicos, presentador, publico, camareros. Scott ha llegado al Nirvana, a un estado en donde no presiente ni siente nada m\u00e1s que su m\u00fasica. Solo percibe el golpeteo de las escobillas sobre el platillo y los precisos acordes del piano. Un rayo ilumina al interior del club. Scott queda enceguecido un instante.<\/p>\n\n\n\n<p>Recupera la vista y observa qu\u00e9 hay un movimiento continuo de cabezas que est\u00e1n siguiendo la m\u00fasica con sus cuerpos. Ve una tenue iluminaci\u00f3n rojiza que surge detr\u00e1s del p\u00fablico, que serpentea y fluye en una tonalidad amarilla anaranjada que le confiere vida a la m\u00fasica que est\u00e1 saliendo de su contrabajo. No escucha los gritos porque le parece que son algo que est\u00e1 en su imaginaci\u00f3n. No percibe el olor a pl\u00e1stico quemado, ni el ruido de vasos rompi\u00e9ndose en el suelo, no escucha las sirenas, los gritos de la gente con los abrigos debajo de la lluvia, las instrucciones de los hombres de blanco y los bomberos. No ve la estrella sobre el gorro del hombre que saca a la gente y que dice Departamento de Polic\u00eda de Nueva York. No percibe sus manos en llamas ni su contrabajo que comienza a ser ceniza y humo.<\/p>\n\n\n\n<p>Solo ve al curioso grupo de tres personas que se dirige hacia \u00e9l, entre la gente que huye en sentido contrario, desesperada. Un anciano de frondosas patillas con un cepillo de carpintero junto a un hombre alto y de piel cobriza y tocado con un arreglo de plumas que abraza a una mujer joven y asustada.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre de piel oscura se arrodilla y toca la tapa del contrabajo. El de las patillas hace lo mismo, un instante despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego no ve nada m\u00e1s que un p\u00e1jaro cantando en la nieve.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 17 de agosto de 2024<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De Florencio Nicolau Los cuatro del fuego Especial para Eco Italiano Y ahora es cuando empieza a entender la historia, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17,43],"tags":[],"class_list":["post-59842","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-espanol-2","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/59842","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=59842"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/59842\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=59842"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=59842"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=59842"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}