{"id":60149,"date":"2024-08-28T19:21:04","date_gmt":"2024-08-28T19:21:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=60149"},"modified":"2024-08-28T22:51:07","modified_gmt":"2024-08-28T22:51:07","slug":"la-novia-de-porsena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=60149","title":{"rendered":"La novia de Porsena"},"content":{"rendered":"\n<p><em>De Florencio Nicolau<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/La-novia-de-Porsena.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/La-novia-de-Porsena-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-60150\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/La-novia-de-Porsena-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/La-novia-de-Porsena-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/La-novia-de-Porsena-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/La-novia-de-Porsena-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/La-novia-de-Porsena-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/La-novia-de-Porsena.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>La novia de Porsena<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>La luz de la ma\u00f1ana de noviembre entra sin pedir permiso.<\/p>\n\n\n\n<p>Pocas palabras en voz baja y alguien que le toca los brazos y luego la mira fijamente a los ojos. El silencio se asienta. <em>Hay batalla<\/em>, <em>agonistas en griego significa \u201ccombatientes\u201d<\/em>. La agon\u00eda es la lucha por antonomasia. Comienza, al fin, la m\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Ve los pasillos de la cl\u00ednica desde la camilla y el rostro de la m\u00e9dica de piel trigue\u00f1a con los labios pintados que le dice: <em>tranquila todo estar\u00e1 bien<\/em>. Mentira. Van a terapia intensiva.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea del tiempo se diluye en una jungla de aparatos cromados, de pantallas y de enfermeras que se mueven con pasos firmes y decididos entre las hileras de camas separadas por bastidores y cortinas. No quieren que los muertos se miren los unos a los otros. Evoca las miles de p\u00e1ginas le\u00eddas a lo largo de su vida y recuerda aquello de: \u201c<em>S\u00edgueme; deja que los muertos entierren a sus muert<\/em>os\u201d. Jes\u00fas fue cruel en su sentencia. Nos avisa que somos m\u00e1s que muertos que vagamos en una tierra de ilusiones y de falsas responsabilidades. Recuerda las tardes de ilusi\u00f3n cuando en el patio del instituto buscaba la verdad a trav\u00e9s de las sentencias de S\u00e9neca o de los versos de Lucano y Lucrecio. Ha pasado el tiempo, piensa. La muerte est\u00e1 siempre presente, ahora entiendo lo que dijo Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo es un velo.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez tuvo un alumno extra\u00f1o. Era un hombre ya entrado en a\u00f1os de pelo corto y canoso, delgado en exceso y agresivamente elegante. Se comportaba con amabilidad excesiva y pose\u00eda una cultura singular. Siempre le llam\u00f3 la atenci\u00f3n su forma de expresarse y de escribir, con un manejo desprolijo del espa\u00f1ol que le daba originalidad a sus escritos. Hab\u00eda estudiado una ingenier\u00eda o algo as\u00ed, pero siempre se manifest\u00f3 en su alma el amor a las artes y a las letras. Hab\u00eda viajado con su madre anciana a As\u00eds y llor\u00f3  ante la tumba de Francisco. Admiraba a su hermano que constru\u00eda barcos en miniatura, que eran una delicia para los ojos y el esp\u00edritu. Ten\u00eda una pasi\u00f3n desmedida por los etruscos. Se hab\u00eda interesado en el sexo ya de grande.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese hombre le cont\u00f3 una historia que la conmovi\u00f3, por la forma en que la contaba y la seriedad con que acentuaba sus sentencias.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abCuando promedi\u00e9 la cincuentena trabajaba en una repartici\u00f3n estatal haciendo un trabajo de gesti\u00f3n de proyectos de conservaci\u00f3n de recursos naturales. Hab\u00eda empezado mi vida profesional con el sue\u00f1o de ser \u00fatil a la sociedad trabajando con ah\u00ednco y fruici\u00f3n. Sin embargo el paso del tiempo me mostr\u00f3 que la gente no pensaba lo mismo que yo. Me encontraba preso en una existencia en donde ten\u00eda que compartir cosas que no deseaba. Eso<\/em> <em>siempre pasa, pero aqu\u00ed la sensaci\u00f3n era exacerbada\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abMuchos de mis compa\u00f1eros profesionales no se preocupaban por nada m\u00e1s que cumplir con lo que se ped\u00eda. Los administrativos no ten\u00edan mucha formaci\u00f3n y eran v\u00edctimas de funcionarios est\u00e9riles en ideas y rayanos en la ignorancia supina. Muchos de ellos, sin embargo, destrataban a sus compa\u00f1eros con cosas absurdas. Se solicitaban informes t\u00e9cnicos que se entregaban una y otra vez hasta que alg\u00fan d\u00eda un jefe superior lo exig\u00eda para el d\u00eda siguiente sin que apareciera lo entregado anteriormente. Muchos administrativos tomaban su trabajo como un simple conchabo\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abAlgunos funcionarios se destacaban por el solo hecho de no aparecer nunca. Otros despreciaban a sus t\u00e9cnicos y administrativos dejando el retrete embardunado con sus excrementos. Si, se\u00f1ora, aunque usted no lo crea hab\u00eda gente que no evacuaba el agua del inodoro\u2026\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abUn d\u00eda despu\u00e9s del trabajo sal\u00ed a comprar unos l\u00e1pices en un negocio. Me sent\u00ed cansado repentinamente y cuando abr\u00ed los ojos estaba en un hospital rodeado de m\u00e9dicos que me conectaban cosas y me llevaban en una camilla. Decid\u00ed morir esa tarde. Pero no lo logr\u00e9. No era la hora se\u00f1alada\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abEse d\u00eda renac\u00ed. Sent\u00ed que mi trabajo era vano, solo una ilusi\u00f3n. Dej\u00e9 de creer en mis compa\u00f1eros y en todo lo dem\u00e1s. Se me concedi\u00f3 la gracia de tomarme unos d\u00edas de descanso; para obtenerlos tuve que ir personalmente a hacer un tr\u00e1mite a una oficina en donde dudaron que estuviera enfermo. Nunca hab\u00eda faltado en veinte a\u00f1os\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abHoy se que todo es mentira. Soy un muerto rodeado de muertos, estoy libre al fin\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Sus palabras le dejaron un mal sabor en la boca, una sensaci\u00f3n de enfrentarse a alguien que posee algo que no todos tienen. S\u00e9 que ese hombre tuvo una vida extra\u00f1a despu\u00e9s de eso. Dej\u00f3 de relacionarse con mucha gente y descubri\u00f3 a personas similares a \u00e9l a quienes am\u00f3 y comprendi\u00f3. Se dedic\u00f3 a otra cosa\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>El relato del hombrecito se mezcla con episodios de su vida como docente. Siempre amada por sus disc\u00edpulos, recuerda la clase de lat\u00edn con sus alumnos. Un dolor se asoma detr\u00e1s de sus ojos y se resuelve en l\u00e1grimas cuando evoca esas tardes. Una imagen se forma. Est\u00e1 hablando junto al pizarr\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>El lat\u00edn es una lengua enredada, pero de una precisi\u00f3n \u00fanica. Desentra\u00f1ar una frase es un viaje a un planeta fascinante llamado Hip\u00e9rbaton.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Los chicos y chicas se r\u00eden con la ocurrencia y eso la hace m\u00e1s feliz que lo que nunca la ha hecho un hombre. No hubo hombres en su vida. Pero am\u00f3 a uno en silencio, un hombre que, sin embargo, atac\u00f3 ferozmente a sus amados latinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Una enfermera se acerca a la cama.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora est\u00e1 hablando de Plutarco y explica que el griego hab\u00eda hecho una de las cosas m\u00e1s insignes de la literatura: comparar vidas de personas similares, pero con el objeto de reflexionar sobre otras cosas que iban m\u00e1s all\u00e1 de los personajes. Destaca la comparaci\u00f3n entre Teseo y R\u00f3mulo, en donde Plutarco habla al principio de la singular situaci\u00f3n de parangonar las vidas de dos seres que ni siquiera se sabe con certeza si existieron.<\/p>\n\n\n\n<p>Una alumna avispada le dice: <em>\u2014es como comparar la vida de Hijitus con la de Bambi.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Con una rapidez sorprendente contesta<em>: \u2014 En ese caso el autor seria un uruguayo de nombre Plutarco Disney Garc\u00eda Ferr\u00e9.<\/em> Las risas se prolongan por varios segundos.<\/p>\n\n\n\n<p>El sonido de los instrumentos de la sala comienza a imponerse a sus recuerdos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ve a un alumno que tiene la carpeta forrada con una foto de Ornella Muti en malla. Cuando pasa entre las filas recitando \u201c<em>O tempora o mores\u201d <\/em>se para un instante y apoya el dedo sobre la imagen: <em>\u2014buena sangre etrusca.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Risas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 imaginarios mundos no recorri\u00f3 a trav\u00e9s de Horacio, Virgilio, Hes\u00edodo y Plutarco? Una vida dedicada con placer a las lenguas cl\u00e1sicas, satisfecha con sus actividades, ma\u00f1ana y tarde en el instituto y rodeada de las mejores ediciones de los libros que amaba. Las versiones biling\u00fces que le prodigaban el deleite de poder comparar la traducci\u00f3n con su propia versi\u00f3n, un juego que le provocaba una inmensa alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora escucha el sonido de las hojas de los \u00e1rboles en el fondo de su casa grande, heredada de sus padres, mientras lee: <em>P\u00fasose detr\u00e1s del Pelida y le tir\u00f3 de la blonda cabellera, apareci\u00e9ndose a \u00e9l tan s\u00f3lo; de los dem\u00e1s, ninguno la ve\u00eda. <\/em>Aquiles es el privilegiado que ve a una diosa. \u00bfPuedo tener la oportunidad postrera de ver al hombre que siempre am\u00e9? \u00bfPueden los dioses alivianarme de alguna forma esta muerte se\u00f1era?<\/p>\n\n\n\n<p>El sonido de los instrumentos en la sala de terapia le evocan una flauta soplada por un pastor de Tesalia y sonr\u00ede. Las enfermeras y los m\u00e9dicos se acercan con presteza y rostros serios, trabajan con eficiencia conectando electrodos y observando las pantallas que indican los par\u00e1metros de un manojo de c\u00e9lulas que comienza a extinguirse. Despu\u00e9s de la crisis queda apagada, apenas una mariposa que puede aletear.<\/p>\n\n\n\n<p>Un hombre que viste una armadura y un yelmo ornado de crines se abre lugar entre los m\u00e9dicos que la miran y se acerca a la cama. La mujer sonr\u00ede c\u00f3mplice. El hombre recio le devuelve la sonrisa. Se conocen hace a\u00f1os. A\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>La presentaci\u00f3n es redundante, solo una formalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Soy Lars Porsena.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La mujer asiente mientras observa al soldado vestido de lorica que se saca el casco y se sienta al costado de la cama sin que se hunda el colch\u00f3n ni se arruguen las s\u00e1banas.<\/p>\n\n\n\n<p>La d\u00e9bil mano de la mujer mariposa busca acariciar los luengos cabellos de Porsena.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Te estaba esperando. C\u00f3mo Horacio en el puente<\/em>, dice mientras r\u00ede como una nena que ha hecho una travesura, con la inocencia de esconderse en el ba\u00f1o a la siesta para jugar con los cosm\u00e9ticos de la mam\u00e1. No es la compostura de una catedr\u00e1tica de lat\u00edn y griego. Por primera vez en casi noventa a\u00f1os se anima a tutear a alguien:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>\u00bfInvadimos Roma esta noche?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Lars Porsena se acerca y le acaricia los cabellos canos con una ternura viril. Es el saludo de un guerrero a otro. Acerca los labios al o\u00eddo y dice algo.<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta es un estertor, una sonrisa y el sonido de los instrumentos que rodean a la mujer. La m\u00e9dica de piel trigue\u00f1a y con los labios pintados le dice algo a una enfermera que se incorpora y va hacia la cama.<\/p>\n\n\n\n<p>La noche de noviembre es una bendici\u00f3n de jazmines.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 28 de agosto de 2024<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De Florencio Nicolau La novia de Porsena Especial para Eco Italiano La luz de la ma\u00f1ana de noviembre entra sin [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17,43],"tags":[],"class_list":["post-60149","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-espanol-2","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/60149","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=60149"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/60149\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=60149"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=60149"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=60149"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}