{"id":62197,"date":"2024-09-28T12:58:13","date_gmt":"2024-09-28T12:58:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=62197"},"modified":"2024-09-28T12:58:49","modified_gmt":"2024-09-28T12:58:49","slug":"de-lo-que-le-sucedio-a-la-coqui-con-un-gato-negro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=62197","title":{"rendered":"De lo que le sucedi\u00f3 a la Coqui con un gato negro"},"content":{"rendered":"\n<p><em>De Florencio Nicolau<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/gato.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/gato-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-62198\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/gato-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/gato-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/gato-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/gato-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/gato-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/09\/gato.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>De lo que le sucedi\u00f3 a la Coqui con un gato negro<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Si este relato es verdadero o no, no tiene importancia. Cuantas historias que son una fals\u00eda nos han dado alguna alegr\u00eda m\u00e1s de una vez. Piensen en las leyendas, si no. Historias indemostrables, que se pierden en el espaciotiempo y que sin embargo seguimos repitiendo para deleite de ni\u00f1os y grandes. Los griegos sab\u00edan que ten\u00edan que entretenerse cont\u00e1ndose mentiras unos a otros e inventaron una rica mitolog\u00eda. Debe ser muy dif\u00edcil sobrellevar una vida pescando, sembrando y enred\u00e1ndose en un amasijo de lanzas y espadas de vez en vez sin alg\u00fan entretenimiento en los entretiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>El asunto es \u2014que andan diciendo\u2014 que la Coqui estaba un d\u00eda, como todos los d\u00edas, sentada lo m\u00e1s tranquila en una butaca al lado del mostrador de madera de su librer\u00eda. Una librer\u00eda vieja, la m\u00e1s antigua de la ciudad que alguna vez hab\u00eda tenido una reputaci\u00f3n intachable en materia de calidad y de clientela. Adem\u00e1s su padre, el due\u00f1o original y fundador, dirig\u00eda una imprenta en la parte trasera y editaba obras de poetas y de escritores que no ten\u00edan posibilidad de llegar hasta la gran capital para publicar sus obras.<\/p>\n\n\n\n<p>La Coqui manten\u00eda su negocio aunque ya casi nadie entraba a buscar algo. Libros muy viejos, ediciones pasadas de moda, sin inter\u00e9s para la gente, revistas semanales sin gran valor, discos usados, enciclopedias con datos que ya a nadie serv\u00edan en un mundo que cambi\u00f3 completamente su aspecto y su din\u00e1mica desde la llegada de la revoluci\u00f3n del silicio. La librer\u00eda era un basti\u00f3n que las modernas tecnolog\u00edas no hab\u00edan logrado batir, y estar\u00eda en pie hasta el \u00faltimo momento.<\/p>\n\n\n\n<p>El polvo se depositaba d\u00eda a d\u00eda en las tapas de los vol\u00famenes, una parte del techo ya dejaba ver parte del entarimado del piso superior y m\u00e1s de una gotera pon\u00eda una m\u00fasica singular al ambiente en los d\u00edas de lluvia. Con el paso del tiempo hubo que apuntalar el frente y las dos amplias vidrieras quedaron ocultas detr\u00e1s de una enorme estructura de chapas que proteg\u00eda a los transe\u00fantes de una eventual ca\u00edda de ladrillos y molduras. Sin embargo la librer\u00eda segu\u00eda firme y si uno se aventuraba iba a encontrar a Coqui esper\u00e1ndolo para seguirlo con su mirada desde su butaca.<\/p>\n\n\n\n<p>Coqui era una mujer tenaz, persistente en su papel de librera. Ya se acercaba a los noventa aunque no los aparentaba. Vest\u00eda elegantemente, cosa que contrastaba con la decadencia de los viejos anaqueles de madera.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece ser \u2014seg\u00fan comentaron algunas personas del barrio\u2014, que un d\u00eda la Coqui estaba dentro del amplio sal\u00f3n sentada tranquila junto a la vetusta caja registradora, de esas que tienen una manivela enorme y que pesan una tonelada, cuando por la puerta del negocio apareci\u00f3, con paso, silencioso como todos los de su cala\u00f1a, un gato negro de un hermoso pelaje y unos ojos amarillos penetrantes. Avanz\u00f3 lentamente a <em>paso de gato <\/em>(no en vano se llama <em>Pas de chat <\/em>a los pasos que practican las chicas de la escuela de danza que est\u00e1 enfrente de la librer\u00eda) y se acerc\u00f3 al mostrador levantando la cabeza mirando a la Coqui, que le devolvi\u00f3 la mirada en silencio. El gato maull\u00f3 y repentinamente se escabull\u00f3 entre una pila de libros y no se lo vio m\u00e1s. Coqui se preocup\u00f3 y empez\u00f3 a buscar entre las mesas de ofertas vac\u00edas y detr\u00e1s de los libros amontonados en el piso para ver donde diablos se hab\u00eda metido el felino intruso. En vano fue su esfuerzo. El gato no se vio por lado alguno. <em>Ya saldr\u00e1 solo<\/em> pens\u00f3 y volvi\u00f3 al mostrador junto a la caja. Dicen que lleg\u00f3 la noche y el felino no apareci\u00f3. As\u00ed que cerr\u00f3 las puertas del negocio y se fue a dormir.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente no hab\u00eda vestigios del gato negro; al otro tampoco, hasta que pasaron cuatro d\u00edas sin novedades. Eso dicen.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Se cuenta que cerca de la media ma\u00f1ana de ese cuarto d\u00eda la Coqui vio entrar a una persona de aspecto extra\u00f1o y de ropa un poco avejentada y pasada de moda. Tal vez un bohemio de las letras, de esos que suelen vestirse como en otras \u00e9pocas para emular a sus escritores predilectos. El individuo, un cuarent\u00f3n de bigotes, despeinado y transpirado se acerc\u00f3 a paso vacilante hasta el mostrador. Se ve\u00eda que era un buen hombre pero no estaba en la plenitud de su conciencia y se mostraba nervioso y agitado. Cuando estuvo frente a la Coqui, la mujer percibi\u00f3 claramente el vaho de alcohol que sal\u00eda de su boca al hablar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Disculpe, madame, pero estoy desesperado.<\/p>\n\n\n\n<p>Coqui lo mir\u00f3 fijo y dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014tranquil\u00edcese, \u00bfen qu\u00e9 puedo ayudarlo?<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre recobr\u00f3 la tranquilidad, esperanzado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hace unos d\u00edas perd\u00ed la \u00fanica compa\u00f1\u00eda que tengo en el mundo, mi gato negro. Lo busqu\u00e9 por todas partes pero la intuici\u00f3n, no puedo explic\u00e1rselo cr\u00e9ame, me indica que ese felino est\u00e1 <em>exactamente en este lugar<\/em>. Es un gato muy especial y no quiero perderlo. La molesto para preguntarle si usted, madame, no lo ha visto.<\/p>\n\n\n\n<p>Coqui en un principio no sab\u00eda que decir. Ten\u00eda miedo que el hombre no se fuera hasta encontrar al animalito si le dec\u00eda que, efectivamente, lo hab\u00eda visto entrar d\u00edas atr\u00e1s. El hombre tom\u00f3 la palabra para iniciar un soliloquio que alivi\u00f3 a Coqui de tener que contestar en forma inmediata.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Soy una persona honesta, pero la vida me ha castigado de m\u00faltiples maneras. Perd\u00ed a mis padres cuando era muy peque\u00f1o y fui adoptado por una familia ben\u00e9vola y solvente que me dio cierta ternura y educaci\u00f3n. Mi padrastro me ense\u00f1\u00f3 muchas cosas; me mostr\u00f3 el cielo con el telescopio que ten\u00eda en la terraza y me transmiti\u00f3 amor por los libros. Luego pas\u00e9 un tiempo en el ej\u00e9rcito en donde no me hall\u00e9. Soy un hombre sensible y no sirvo para la carrera de las armas. Crec\u00ed y fui a la universidad pero luego me inclin\u00e9 hacia las letras, como periodista independiente, para aventurarme m\u00e1s tarde en el extra\u00f1o e incierto camino de escribir cuentos. He publicado muchos, no s\u00e9 si son buenos. La relaci\u00f3n con mi padrastro se agri\u00f3 y me termin\u00e9 peleando con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Coqui empez\u00f3 a interesarse en la historia que contaba el pobre hombre de aspecto derrotado pero bondadoso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mi vida familiar ha tenido sobresaltos. Nunca entend\u00ed bien el mundo de las mujeres a pesar que contraje matrimonio. Mi esposa, Virginia, falleci\u00f3 en la flor de la juventud. Nunca pude sobreponerme a tan luctuoso evento. He tenido una existencia perseguida por seres extra\u00f1os y situaciones ominosas que me han atormentado sin poder dormir noches enteras. Era en esos momentos de insomnio que surg\u00edan las historias que luego vert\u00eda en el papel. La poes\u00eda no me fue ajena y un veh\u00edculo para hablar de mi verdadero amor.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre intent\u00f3 remediar su desordenada cabellera logrando solo acentuar su aspecto derrotado y marginal.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El destino quiso que encontrara solaz en la lectura de ciencias, filosof\u00eda y en la observaci\u00f3n de las bellezas de la naturaleza. Mi amor a la vida me hizo, curiosamente, no tener miedo a la muerte. Son esas cosas extra\u00f1as que tenemos por el solo hecho de pertenecer a la especie humana. A veces prefiero haber nacido un mono para no tener estos pensamientos tortuosos y contradictorios.<\/p>\n\n\n\n<p>En este momento la Coqui comprendi\u00f3 que negarle la verdad a este hombre era de una crueldad innecesaria. Tal vez lo \u00fanico que lo ataba al mundo era ese gato negro que hab\u00eda entrado a su librer\u00eda. Pero, a decir verdad, ni siquiera sab\u00eda si estaba all\u00ed o hab\u00eda salido ya. No obstante, dicen que le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hace unos d\u00edas entr\u00f3 un gato negro al negocio se escabull\u00f3 por ah\u00ed\u2014indic\u00f3 se\u00f1alando la pila de libros.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ojos del hombre se iluminaron y recobraron la vida, se irgui\u00f3 y empez\u00f3 a respirar agitadamente, pero con un evidente dejo de felicidad en la acci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer conmovida le dijo\u2014Si quiere, b\u00fasquelo no me molesta, pero si no lo encuentra le advierto que llegada la hora de cerrar lo har\u00e9 y le pedir\u00e9 que se retire\u2014. El hombre asinti\u00f3 aceptando las condiciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Por esas cosas de la vida, que algunos llaman sincronicidad, no hab\u00edan terminado el di\u00e1logo cuando se escuch\u00f3 claramente un maullido surgir de la parte trasera del negocio. Ambos se sobresaltaron y sonrieron a la vez con alegr\u00eda y esperanza sincera. Lentamente, un gato negro se dirigi\u00f3 al mostrador y de un salto busc\u00f3 los brazos del atormentado escritor.<\/p>\n\n\n\n<p>Me dijeron que el hombre y la Coqui se abrazaron como si se conocieran de a\u00f1os y el due\u00f1o del gato se desmoron\u00f3 en cumplidos a Dios y a la due\u00f1a de la vieja librer\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Andan diciendo que recobr\u00f3 la compostura y sosteniendo al gato con una mano salud\u00f3 gentilmente a la Coqui con la otra y retir\u00e1ndose de espaldas hacia la entrada y realizando inclinaciones de reconocimiento y respeto desmedido casi histri\u00f3nico, lleg\u00f3 a la puerta. Estaba por salir cuando la Coqui le pidi\u00f3 que esperara un momento.<\/p>\n\n\n\n<p>Comentan que la mujer le dijo desde el mostrador:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1or Allan Poe, un gusto conocerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y Edgar, dicen, contest\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014faltaba m\u00e1s, el gusto es m\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero posiblemente toda esta historia sea cosa de viejas que andan noveleando.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 28 de septiembre de 2024<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De Florencio Nicolau De lo que le sucedi\u00f3 a la Coqui con un gato negro Especial para Eco Italiano Si [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17,43],"tags":[],"class_list":["post-62197","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-espanol-2","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/62197","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=62197"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/62197\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=62197"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=62197"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=62197"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}