{"id":62831,"date":"2024-10-12T14:15:15","date_gmt":"2024-10-12T14:15:15","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=62831"},"modified":"2024-10-12T14:15:15","modified_gmt":"2024-10-12T14:15:15","slug":"el-camino-de-iossa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=62831","title":{"rendered":"El camino de Iossa"},"content":{"rendered":"\n<p><em>De Florencio Nicolau<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-1.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" data-id=\"62832\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-1-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-62832\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-1-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-1-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-1-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-1-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-1-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-1.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-2.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" data-id=\"62833\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-2-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-62833\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-2-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-2-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-2-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-2-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-2-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/Iossa-2.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<p>El camino de Iossa<\/p>\n\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Es el mismo atardecer de siempre. Lo que cambia son las sombras, el frio, el calor. La ef\u00edmera transici\u00f3n de claridad a oscuridad es la que desde los tiempos en que surgi\u00f3 el mundo se viene repitiendo. La vida es una sucesi\u00f3n de cosas, un viaje de ida que parece no tener fin hasta que da un giro y vuelve al inicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Las monta\u00f1as que se ti\u00f1en de rosa est\u00e1n recitando un poema que es a la vez una profec\u00eda de un mundo nuevo por venir. \u00bfQu\u00e9 mundo? \u00bfUno de paz, de amor y encuentro? Eso no es posible. Los humanos no estamos para eso, somos ovejas y lobos que escapamos los unos de los otros para no hacernos da\u00f1o. Somos el lobo y la oveja. El principio y el fin.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfDe d\u00f3nde vienes?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014De muy lejos, del sur.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo te llamas hombre <em>que-viene-de-muy-lejos-del-sur<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No tengo un nombre, ll\u00e1mame como quieras.<\/p>\n\n\n\n<p>El monje lo mira con profunda desconfianza. Nunca hab\u00eda visto a nadie de esa raza. Un hombre de rostro enjuto pero con apariencia fuerte, la piel atezada, la nariz aguile\u00f1a y cabellos inusualmente largos y oscuros. Se lo ve seguro sin ser arrogante. Lo que m\u00e1s le sorprende al viejo monje son los ojos que transmiten una paz extra\u00f1a. La mayor\u00eda de los muchachos que piden acceder al monasterio para iniciarse en los secretos de la m\u00edstica y la lucha son en un principio de miradas agresivas, resentidas, Luego aprenden a moderar su \u00edmpetu y encontrar el verdadero camino.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hablas muy bien nuestra lengua, que es harto dificultosa y entra\u00f1a misterios insondables, \u00bfcu\u00e1ndo y d\u00f3nde la aprendiste?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014En el camino.<\/p>\n\n\n\n<p>El maestro no dice una palabra por varios segundos mientras lo mira a los ojos. No puede sostener esa mirada, sin embargo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El trabajo es duro, hombre que viene de lejos.<\/p>\n\n\n\n<p>El joven agacha la cabeza sonriendo y muestra tener sentido del humor:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, soy Iossa.<\/p>\n\n\n\n<p>El maestro lo mira conteniendo la sonrisa para adentro. No debe mostrar sentimientos ni condescendencia con los aspirantes al monacato. La tarea de formar gente aqu\u00ed entre estas monta\u00f1as perdidas es un desaf\u00edo arduo que requiere de un temple poco com\u00fan en los mortales.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Puedes entrar, Iossa, probaremos tu val\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Iossa agradece agachando nuevamente la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Har\u00e1s una mesa, cuando la termines, hablaremos. Pregunta al hermano carpintero donde est\u00e1n las herramientas y la madera.<\/p>\n\n\n\n<p>El maestro se va d\u00e1ndole las espaldas sin agregar ninguna palabra m\u00e1s. No le pregunta si sabe trabajar en algo o a qu\u00e9 se dedica. Solo imparte la orden con una naturalidad asombrosa.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Han pasado dos d\u00edas desde que el maestro vio al joven del sur. Intent\u00f3 olvidarse de \u00e9l, anonimizarlo, transformarlo en uno m\u00e1s de los aspirantes a entrar al templo a buscar la verdadera e inefable sabidur\u00eda. Piensa en toda la gente joven que se acerca a\u00f1o a a\u00f1o en busca de refugio en el monasterio con la falacia entre sus labios, diciendo que buscan el verdadero conocimiento cuando en realidad pretenden el mendrugo diario que no pueden conseguir en sus empobrecidas granjas. No alcanza el ojo para distinguirlos, hay que ver con el alma para discernir entre los aut\u00e9nticos y los endemoniados mendigos.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1n los otros: los jugadores de dados y tabas perseguidos por la justicia, los taimados ladrones de granjas, los violadores, seres de abyecci\u00f3n recalcitrada en sus almas que escapan de la soga o de la sierra de ejecuci\u00f3n. Curiosamente esos no son los peores, simplemente son los desesperados.<\/p>\n\n\n\n<p>Se acerca a la carpinter\u00eda\u2014un cobertizo con algunas herramientas y maderas\u2014para ver c\u00f3mo va el trabajo del novato. Entra en la humilde estancia y contempla al joven parado junto a una mesa completamente terminada. Es, sencillamente, una obra de arte. Las espigas calzan perfectamente en las mortajas, las patas son funcional y est\u00e9ticamente perfectas, el tablero est\u00e1 liso y no hay ning\u00fan rastro de astillas o de marcas de herramientas. Es la obra de un artesano con a\u00f1os de experiencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El maestro se acerca lentamente y pasa la mano por la madera pulida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Eres bueno, Iossa. \u00bfDonde aprendiste?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mi <em>padre<\/em> fue carpintero; segu\u00ed sus pasos unos pocos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY luego?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Sal\u00ed a ver mundo, a buscar conocimiento, por eso estoy aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>El maestro asiente en silencio y busca algo en su interior. Rebusca en sus recuerdos para ver si alguna vez tuvo un disc\u00edpulo as\u00ed en los \u00faltimos a\u00f1os. No aparece nadie que se le parezca. Este hombre es extra\u00f1o, es seguro, pero transmite serenidad en sus palabras y gestos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 llegaste aqu\u00ed, Iossa?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Una persona de mi pueblo, un hombre viajero que se dedica al comercio, me cont\u00f3 historias de estas tierras y de la sabidur\u00eda que poseen los iniciados en las artes de la meditaci\u00f3n. Habl\u00f3 de estas monta\u00f1as y la confluencia de mujeres y hombres que se dan cita aqu\u00ed. Comarcas ricas en sustancias vegetales que curan enfermedades, personas que pasan a\u00f1os enteros en una misma posici\u00f3n meditando, templos en donde ya no hay lugar para poner una estatuilla m\u00e1s de un dios, monjes que practican diversos tipos de lucha y que son invencibles. Me di cuenta que hab\u00eda un mundo fuera de mi pueblo y supe que ten\u00eda que conocerlo para cumplir mi misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Iossa le cuenta cosas de su mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014En las cercan\u00edas de mi naci\u00f3n ha surgido un grupo de personas poderosas que han tomado la inconsciente decisi\u00f3n de apoderarse del mundo conocido. Alrededor de un gran mar encerrado entre tierras se han instalado en sus costas a trav\u00e9s de la conquista y la corrupci\u00f3n. Negocian con los l\u00edderes de las naciones que invaden y les prometen dinero y privilegios. Son un pueblo de conquistadores cultos y han hecho de la construcci\u00f3n de palacios y puentes una religi\u00f3n. Cruzan el mar en barcas conducidas por esclavos arrancados a la fuerza de los pueblos que no hozan el suelo en pleites\u00eda. Han llenado sus arcas de oro te\u00f1ido de la sangre derramada por sus infinitos ej\u00e9rcitos de hombres vestidos de bronce y hierro, que hunden las moharras en los vientres de los inocentes y los rebeldes. Han quemado ciudades. Torturan prisioneros y delincuentes y los clavan con los brazos abiertos en maderos que los propios condenados deben llevar sobre sus espaldas a modo de humillaci\u00f3n. Ese pueblo de asesinos ha entrado en el m\u00edo y ha profanado nuestro templo en donde reside Dios que es \u00fanico y todopoderoso. S\u00e9 que debo liberar a mi gente de los opresores. Nuestros gobernantes se han vendido y ahora son vasallos de los invasores. Mi padre me lo ha ordenado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tu padre es un hombre de gran conciencia para ser solo un carpintero.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El carpintero <em>no es mi verdadero padre.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El maestro mira a Iossa y duda si formular la pregunta o no. Finalmente la hace.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo te describir\u00edas a ti mismo si fueras perfecto?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Dir\u00eda \u00ab<em>Soy el Camino, la Verdad y la Vida\u00bb<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Un silencio se establece entre los dos. El maestro se retira del cobertizo con una gran duda en su coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 caminando en la soledad del campo con las monta\u00f1as envolvi\u00e9ndolo. El fr\u00edo es tanto que se torna odioso. Contempla de lejos los lanares que se cobijan bajo el modesto pesebre hecho a fuerza de trabajo arduo, buscando ramas y materiales de todo tipo. La noche entra lentamente en la tarde, sabe que en un instante el cielo se vestir\u00e1 con una congregaci\u00f3n de luminarias que a sus nueve a\u00f1os ya ha aprendido a reunir en constelaciones. De lejos ve a su padre que llega del poblado con dos hombres; el paso de los individuos es tambaleante. Se da cuenta que han bebido mucha <em>tongba <\/em>y que se dirigen a la choza a continuar con su fest\u00edn. Sabe que estos encuentros terminan con su madre moreteada, llorosa, alguna vez con un diente menos.<\/p>\n\n\n\n<p>El reflejo del fuego emerge desde la peque\u00f1a ventana de la casucha y se queda en el medio de la nieve mirando con los ojos fijos en un punto m\u00e1s all\u00e1 de la casa. Sabe que en alg\u00fan momento empezar\u00e1n a gritar y arrojar cosas. En una oportunidad\u2014no puede borrar la imagen de su cabeza\u2014 una de esas trifulcas se torn\u00f3 tan violenta que los tres hombres comenzaron a perseguir a su madre. Oculto desde el establo vio su desnudez, los pechos sueltos movi\u00e9ndose y los rufianes que se turnaban para hacerle algo entre las piernas mientras su madre gritaba desesperadamente. A menudo sue\u00f1a con eso y no puede dormir. Sabe que esta mism\u00edsima noche, si es necesario, todo acabar\u00e1 para siempre. El monasterio lo espera y ya lo ha decidido. Mientras vuelve en s\u00ed de sus pensamientos pasa su peque\u00f1o pulgar por el filo del cuchillo oculto bajo su ropa.<\/p>\n\n\n\n<p>La <em>tongba<\/em>, \u2014la cerveza de mijo del T\u00edbet\u2014 est\u00e1 haciendo efecto. Su madre comienza a gritar.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche el maestro se apoltrona en su celda para protegerse del fr\u00edo cruel de la alta monta\u00f1a. Tiene la prerrogativa de una manta m\u00e1s abrigada que la del resto de sus disc\u00edpulos. Nada m\u00e1s. Los sucesos del d\u00eda lo han inducido a un estado de enso\u00f1aci\u00f3n en donde la duda se ha anidado en su esp\u00edritu. Nunca su entereza ha flaqueado tanto. Luego de una batalla en el camastro logra entrar en el mundo confuso de los sue\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen que se presenta es una escena de su ni\u00f1ez con sus padres campesinos pobres. Los animales de la granja y la humilde vivienda en donde mora y padece d\u00edas de privaciones y fr\u00edos extremos. Desde su casa ve en lo alto de la monta\u00f1a el monasterio donde ha decidido pasar el resto de sus d\u00edas. Una mujer vestida de luz se aparece a su lado. Es una presencia fantasmag\u00f3rica que, sin embargo, entra\u00f1a una dulzura infinita. Un estado de paz se asienta sobre el alma del atribulado ni\u00f1o que es en el sue\u00f1o. La mujer de luz le habla.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Escucha a mi hijo, peque\u00f1o ser de barro. Tu destino est\u00e1 ligado indisolublemente al de \u00e9l. Alg\u00fan d\u00eda vendr\u00e1 a buscarte y a darte un mensaje que deber\u00e1s comprender y dar a conocer en el momento oportuno. Todo lo que ves es producto del amor del padre de mi hijo, a quien \u00e9l a\u00fan no conoce. No sabe que \u00e9l es su mismo Padre y el Esp\u00edritu que imbuye el poder de ambos. Tendr\u00e1s el privilegio de darle a conocer su destino. Vendr\u00e1 alg\u00fan d\u00eda a las puertas de tu monasterio y te pedir\u00e1 conocimiento. T\u00fa has de humillarlo\u2014por franca ignorancia y por un arcano designio\u2014 orden\u00e1ndole que haga una mesa que \u00e9l construir\u00e1 como nadie sabe hacerlo. Has sido elegido no para encaminarlo sino simplemente para recordarle que tiene un camino que seguir. Har\u00e1s tu misi\u00f3n quieras o no. Has sido salvado por esto. La vida de mi hijo ser\u00e1 as\u00ed:\u2014la mujer abre los brazos y surgen de sus pechos im\u00e1genes de la vida futura de Iossa\u2014. Multitudes lo siguen, luego habla desde una monta\u00f1a a la gente de su pueblo, un grupo de hombres lo acompa\u00f1a a todos lados; luego una comida con sus seguidores en donde beben vino y comen un pan que se reparten mano a mano, hombres inanimados que recobran la vida, monedas de plata resonando en la oscuridad de un pasillo\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La mujer se convierte repentinamente en una estrella que se eleva al cielo entre las nevadas monta\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Se levanta del camastro de un salto. Los retazos de conciencia se entremezclan con los \u00faltimos vestigios del sue\u00f1o que recuerda parcialmente en estado de media vigilia. El desierto, la imagen indefinida de la bella mujer habl\u00e1ndole en una lengua que no conoce pero que puede interpretar. Con paso cansino se dirige a la escudilla con agua para lavarse la cara. Amanece. Todo parece perfilar un d\u00eda como todos los otros, una pl\u00e9tora de rutina y trabajo. Siente algo que hace a\u00f1os que no se anida en su pensamiento: <em>miedo<\/em>. Tiene miedo de encontrase con Iossa y mirarlo a la cara pero, sin embargo, el deseo de estar con \u00e9l es m\u00e1s fuerte. Est\u00e1 confundido porque algo va aflorando a medida que se despierta y deja detr\u00e1s el mundo de los sue\u00f1os: <em>se siente feliz.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026..<\/p>\n\n\n\n<p>El monje hesita antes de comenzar a hablar; Iossa no lo deja empezar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya se lo que te dijo mi madre, no te preocupes.<\/p>\n\n\n\n<p>El maestro busca decirle algo al joven Iossa pero no logra reunir la fuerza para dirigirle la palabra. Durante a\u00f1os ha sido un gu\u00eda espiritual de sus disc\u00edpulos y ha ejercido una autoridad moral que sabe que no tiene. Quiere, necesita confesarlo a este hombre que viene del sur y que es invencible en el uso de la palabra, del <em>verbo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Iossa se dirige a \u00e9l mir\u00e1ndolo fijamente a los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Est\u00e1s perdonado. El <em>Camino<\/em> te llev\u00f3 hacia la <em>Verdad<\/em>. La verdad era la <em>Vida<\/em> de tu madre.<\/p>\n\n\n\n<p>El maestro recompone en su mente el recuerdo de su peque\u00f1o pero curtido cuerpo de nueve a\u00f1os entrando en la choza y hundiendo con todas sus fuerzas el cuchillo en el pecho de su padre borracho y semidesnudo. Ve a los otros hombres salir corriendo desesperado gritando que el ni\u00f1o tiene el diablo en el cuerpo. Su madre desnuda y sangrando lo abraza.<\/p>\n\n\n\n<p>Mira a Iossa y habla temblando.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se que ahora estoy limpio, necesitaba hablar contigo hombre invencible. Tal como lo dijiste eres <em>el Camino, la Verdad y la Vida<\/em>. Vuelve a tus tierras, te est\u00e1n esperando. So\u00f1\u00e9 con tu destino que es grandioso, tal vez el m\u00e1s grande que hombre alguno habr\u00e1 de vivir en este mundo de horrores e injusticias. Viniste a buscar conocimiento y terminaste brindando sabidur\u00eda y redenci\u00f3n. Gracias mi Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Iossa sonr\u00ede y ante el estupor del maestro le acaricia la barbada mejilla con una ternura indescriptible. El monje agacha la cabeza buscando las palabras. No sabe quien las inspira en su alma ni porque salen de su boca repentinamente:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1or, acu\u00e9rdate de m\u00ed cuando regreses a tu reino.<\/p>\n\n\n\n<p>Iossa sonr\u00ede. Asiente. Luego recoge el zurr\u00f3n y emprende el camino de regreso cuesta abajo. El maestro vuelve a evocar el sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>No le dijo a Iossa la parte de los clavos y el madero.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 12 de octubre de 2024<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De Florencio Nicolau El camino de Iossa Especial para Eco Italiano Es el mismo atardecer de siempre. 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