{"id":63973,"date":"2024-10-27T18:39:44","date_gmt":"2024-10-27T18:39:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=63973"},"modified":"2024-10-28T00:58:52","modified_gmt":"2024-10-28T00:58:52","slug":"243-seccion-b","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=63973","title":{"rendered":"243, secci\u00f3n B"},"content":{"rendered":"\n<h1 class=\"wp-block-heading\"><\/h1>\n\n\n\n<p><em>De Florencio Nicolau<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/243.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/243-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-63974\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/243-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/243-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/243-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/243-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/243-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/243.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\"><br><\/h1>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\"><\/h1>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\"><\/h1>\n\n\n\n<p>Ah, el Amor \u2014s\u00ed, s\u00ed, con may\u00fasculas\u2014, ese sentimiento sublime que enardece las pasiones y da un pulimento argentino a las almas de quienes han sido tocados por los dioses. \u00bfQui\u00e9n puede negarlo? Qu\u00e9 ser\u00eda de un mundo en donde lo \u00fanico que prevaleciera fuera el odio y el desprecio por la humanidad y el pr\u00f3jimo. Un desastre, algo que no se podr\u00eda sobrellevar por poco tiempo. Pero por virtud de Dios, que perfeccion\u00f3 el alma humana y nos puso a medio camino entre bestias y \u00e1ngeles, por momentos nos sentimos seres ser\u00e1ficos cuando contemplamos unos ojos, una boca o el alma de un ser que hemos elegido para compartir la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>No voy a negar \u2014soy un hombre maduro y consciente\u2014 que muchas historias o encuentros en la palestra de Eros no siempre empiezan o terminan bien. S\u00edrvase el lector comprender las particularidades de quien empu\u00f1a este humilde c\u00e1lamo, que siempre la fortuna lo ha hecho caer enamorado de mujeres que hace a\u00f1os que est\u00e1n perfectamente casadas. Y es que, guste o no, Cupido suele tener a veces, como muchos grandes creadores, ciertas desprolijidades o falta de certeza en el arte sagitario.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero sin desanimarse por estas cuestiones que suelen suceder, tenemos que pensar que el ser humano en su condici\u00f3n de poseedor de un alma vagarosa, mutable, mercurial, con el horror a la rutina diaria y con la desaz\u00f3n que da la necesidad de ganarse la vida, suele darle crucial importancia al hallazgo del amor y de la pareja. Normalmente la mayor\u00eda de los seres humanos no la encuentra jam\u00e1s en su vida. Pero hay excepciones que valen la pena. Y es venturoso pensar que uno puede ser el elegido lo que nos lleva a cometer siempre el hermoso error de enamorarse.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Julieta viv\u00eda en una casa modesta en un barrio no lejos del centro de la ciudad. Se trataba de un caser\u00f3n de anta\u00f1o, de esos que se constru\u00edan con altivez para que los due\u00f1os pudieran demostrar su importancia ante el mundo y que adornaban con molduras y mascarones en las fachadas a la manera de un palacio florentino. Algunos propietarios se animaban a inventar blasones que pon\u00edan sobre la gran puerta de entrada. Los descendientes y herederos de esos primitivos due\u00f1os, muchas veces por peleas intestinas entre la familia o por desinter\u00e9s en conservar la casona, terminaban dividi\u00e9ndola en varias casas m\u00e1s peque\u00f1as para alquilar a inquilinos de bajos recursos. En una de estas casas viv\u00eda Julieta. Mujer viuda desde hac\u00eda a\u00f1os, ten\u00eda solo dos aficiones: la televisi\u00f3n y la bebida. De la primera prefer\u00eda los programas de preguntas y respuestas en donde los concursantes llevaban el coraz\u00f3n a la boca de los espectadores perdiendo pozos acumulados por respuestas asombrosamente poco sabias; de la segunda, una buena ginebra.<\/p>\n\n\n\n<p>Julieta viv\u00eda sola y los pocos parientes que ten\u00eda no ven\u00edan a verla. La raz\u00f3n era sencilla: varias veces los hab\u00eda sacado a los gritos e insultos despu\u00e9s de una buena sesi\u00f3n de tev\u00e9 y alcohol. No ten\u00eda ninguna ocupaci\u00f3n a sus setenta y algo de a\u00f1os y si bien depend\u00eda de una jubilaci\u00f3n escueta tampoco ten\u00eda m\u00e1s gastos que la bebida y algo para comer. Su vida era, a su manera, tranquila y no se quejaba de nada m\u00e1s que de dolor de piernas. La casa de al lado, la divisi\u00f3n del caser\u00f3n, no ten\u00eda inquilinos y eso la daba una tranquilidad invalorable para ver la tev\u00e9 a buen volumen y gritar blasfemias a viva voz despu\u00e9s de un trago.<\/p>\n\n\n\n<p>El asunto es que, como dicen los sabios de oriente, el mundo muta constantemente y el cambio est\u00e1 en permanente acci\u00f3n. Un d\u00eda lleg\u00f3 a la casa de al lado un inquilino. Julieta comenz\u00f3 a preocuparse ni bien vio que una camioneta destartalada comenzaba a bajar muebles y cestos con ropa, mesitas de luz, una cocina y unos cuadritos. En un descubrimiento que su intimidad se estaba violando, comenz\u00f3 a ponerse nerviosa y no vio con buenos ojos al hombre de su misma edad que bajaba solitario del veh\u00edculo para iniciar su nueva vida como vecino de Julieta. El hombre, un jubilado de la municipalidad, era robusto y de pelo canoso sin el m\u00e1s m\u00ednimo asomo de calvicie. Se lo ve\u00eda con un pasado acostumbrado al trabajo vigoroso y al uso de herramientas, lo que trasuntaba en una actitud varonil e imponente. Esa fue la imagen que tuvo Julieta en el primer golpe de vista de Te\u00f3filo Romero. Y as\u00ed, un d\u00eda de comienzos de verano se inici\u00f3 el primer cap\u00edtulo de la vida en vecindad de los dos inquilinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Julieta sinti\u00f3 odio a primera vista. El primer d\u00eda puso el aparato de televisi\u00f3n a todo volumen para molestarlo. Sali\u00f3 al balc\u00f3n para quejarse de la inseguridad del barrio hablando a los gritos y manifestando que hoy d\u00eda <em>ya no se puede confiar en nadie<\/em>. El hombre de la casa de al lado no acus\u00f3 recibo ni se quej\u00f3 de nada. Al otro d\u00eda sali\u00f3 de su casa y fue a hacer las compras a la verduler\u00eda y cuando volvi\u00f3 vio a Julieta bebiendo en el balc\u00f3n y la salud\u00f3 respetuosamente. La mujer vio caer en saco roto su plan de echar del barrio al nuevo vecino.<\/p>\n\n\n\n<p>Julieta se bati\u00f3 a duelo como todas las ma\u00f1anas con la botella de ginebra, que oficiaba de m\u00e1quina del tiempo. No soportaba la presencia de un hombre en las cercan\u00edas. Tanto en las de la vida como en las del vecindario. Y esto \u00faltimo estaba empezando a carcomerle el alma desde lo m\u00e1s profundo, en un sentimiento agrio que el universo que hab\u00eda construido en los \u00faltimos a\u00f1os de vivir sola se estaba desmoronando. Es el flagelo de quienes se encierran en sus propios mundos aparentemente inexpugnables. Siempre aparece una grieta por donde se cuela, sin pedir permiso, la realidad. La bebida hab\u00eda comenzado a tejer su matriz de recuerdos.<\/p>\n\n\n\n<p><em>El hombre est\u00e1 en un incierto mundo de sue\u00f1o producido por la enfermedad y la morfina. La mujer sostiene la mano huesuda y d\u00e9bil que apenas puede despegarse de la cama y se escucha la respiraci\u00f3n d\u00e9bil que surge de la boca entreabierta y desdentada que se pierde en una barba de varios d\u00edas. La mujer, sin encontrar un consuelo que la pueda hacer salir de la comuni\u00f3n que comparte con el moribundo, solloza. Es una pasi\u00f3n vivida de a dos, un padecimiento en que cada uno de los agonistas cumple una parte del proceso. Sabe que ser\u00e1 uno el que partir\u00e1, pero el otro deber\u00e1 cargar con todo el peso de una historia compartida durante m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os. \u00bfEso es lo que hace Dios con el amor? \u00bfDestruirlo para divertirse viendo la desaz\u00f3n y el estado de aturdimiento en que queda la otra parte? De nada sirve amar si todo se termina. Saca de la cartera una botella y se sirve un vaso mientras contempla dormir, al fin, al hombre de piel amarilla que se pierde entre los pliegues de las s\u00e1banas de una habitaci\u00f3n de la cl\u00ednica.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El amor es una mierda.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>El timbre de la casa suena por segunda vez, la primera no lo escuch\u00f3 sumida en el sopor de la doble realidad que est\u00e1 viviendo. Con paso inseguro se dirige ofuscada y abre. Es Romero.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Disculpe que la moleste se\u00f1ora, soy Te\u00f3filo Romero, el nuevo vecino. Quer\u00eda saludarla en primer lugar. Vamos a vivir muy cerca el uno del otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Julieta queda asombrada de la amabilidad del hombre canoso que no parece para nada ser agresivo ni buscar problemas. Es sincero y aut\u00e9ntico adem\u00e1s de buen mozo. Seguramente es una mentira perge\u00f1ada por el demonio para causarle problemas, como siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 quiere?<\/p>\n\n\n\n<p>Romero se incomoda por la brusquedad del recibimiento pero no pierde la compostura ni la dignidad. Adem\u00e1s la mujer huele a alcohol.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Quer\u00eda pedirle permiso para atar una cuerda en su balc\u00f3n para tender la ropa. Es solo algunos d\u00edas, hasta que pueda colocar una en la terraza. Ver\u00e1, reci\u00e9n vengo y tengo cosas que lavar y no s\u00e9 donde secarlas, ser\u00e1 un asunto de un par de d\u00edas, nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer entiende a medias lo que el nuevo vecino le est\u00e1 diciendo. Los recuerdos se mezclan con la realidad y ve a otro hombre parecido en su casa pero en una situaci\u00f3n distinta. El hombre que entresue\u00f1a despierta es m\u00e1s bajo que el que est\u00e1 parado en la puerta esperando una respuesta. Es un humilde trabajador que est\u00e1 arreglando una heladera descompuesta un d\u00eda de verano. Est\u00e1 agachado maldiciendo en un charco de agua que brota del artefacto descongelado mientras busca algo detr\u00e1s, donde est\u00e1 todo ese enrejado que vaya uno a saber para qu\u00e9 sirve. Blasfema, pero lo hace para cumplir el ritual de maldecir contra la mala suerte de la pobreza y por el hecho de ser el hombre de la casa que todo debe afrontarlo. Pero en su fuero interno se est\u00e1 divirtiendo porque es una a persona pac\u00edfica y de un optimismo exacerbado que sabe que el problema es una tonter\u00eda y que lo va arreglar en un santiam\u00e9n. Esa noche tendr\u00e1 cerveza fr\u00eda en el congelador y se va a re\u00edr mirando la televisi\u00f3n junto a su mujer, tomados de la mano. Ella lo mira porque sabe todo lo que est\u00e1 pensando ese hombre que es su hombre. Tambi\u00e9n est\u00e1 malhumorada pero es una actitud fingida, el cumplimiento de un papel asignado en el doble juego de la relaci\u00f3n. De pronto la mujer se abalanza hacia el hombre tirado en el piso y lo besa sin que medie una palabra. Poco le importa que arregle la heladera o no. Le importa que est\u00e9 ah\u00ed, en el piso junto a ella, mojados y enamorados.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelve de la enso\u00f1aci\u00f3n y mira al hombre de la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Solo dos d\u00edas\u2014 contesta, y hace un giro con la cabeza para que entre.<\/p>\n\n\n\n<p>Romero agradece y pasa respetuosamente conducido por la mujer que lo lleva a trav\u00e9s de las habitaciones sucias y desordenadas hasta el balc\u00f3n que tiene una baranda de hierro. Romero lleva una fuerte soga de c\u00e1\u00f1amo manoseada, de esas hechas para durar una eternidad, y con habilidad y presteza practica un nudo en un hierro empotrado en la pared que oficiaba de sost\u00e9n de un toldo que ya no existe. La idea es atar el otro extremo en un hierro similar en su balc\u00f3n y de esa forma quedar\u00e1 una soga tendida entre ambas casas, Un segmento quedar\u00e1 sin utilidad\u2014la parte que media entre los dos balcones\u2014 y la otra quedar\u00e1 en su casa donde podr\u00e1 tender la poca ropa que tiene. Una vez atada la soga, la arroja con fuerza hacia su balc\u00f3n para hacer el mismo trabajo den su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Gracias Se\u00f1ora, ahora ato la otra parte y en dos d\u00edas vuelvo y la saco.<\/p>\n\n\n\n<p>Julieta asiente en silencio y acompa\u00f1a al vecino a la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez en su casa el hombre comprueba tirando que el nudo est\u00e9 bien fuerte del lado de la vecina. Est\u00e1 conforme, pero para estar seguro decide darle una vuelta m\u00e1s a la soga. No quiere molestar a la mujer que acept\u00f3 de mal humor hacerlo pasar; as\u00ed que se para sobre ambas barandas para alcanzar el hierro empotrado sin tener que ir a la casa nuevamente. Comprueba que el nuevo nudo est\u00e1 bien fuerte y tira para probar. Patina y cae hacia la calle. Logra sujetarse fuertemente a la cuerda y queda colgado unos tres metros sobre la vereda.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Julieta bebe en la mesa de la cocina y le parece escuchar unas voces desesperadas que la llaman. Se incorpora con dificultad y se da cuenta que los gritos vienen de afuera, de la habitaci\u00f3n que da a la calle. Se dirige a la ventana y ve la cuerda tensa en el hierro de la pared, se apoya en la baranda y ve en escorzo a Romero que cuelga apenas unos cent\u00edmetros m\u00e1s abajo en el vac\u00edo. No escucha lo que le dice porque est\u00e1 aturdida por la sorpresa y la bebida. Se pone de panza en el piso y extiende la mano. Es suficiente esa mano d\u00e9bil, temblorosa, perteneciente a un cuerpo desgastado y ruinoso para que Romero tenga un punto de apoyo durante medio segundo y poder tomarse de la parte baja del hierro de la baranda. Un instante despu\u00e9s est\u00e1n los dos, Romero y Julieta sentados en el piso respirando agotados.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La enfermera la abraza mientras llora desconsolada. La camilla con el cuerpo cubierto con una s\u00e1bana sale de terapia intensiva. Quedan algunos remedios en la mesa de luz y la ventana abierta de par en par a una ma\u00f1ana de primavera. Luego el cementerio con p\u00e1jaros que cantan en los a\u00f1osos cipreses mientras caminan entre panteones que se hacen polvo desde hace a\u00f1os. No habr\u00e1 m\u00e1s heladeras rotas que chorreen agua, piensa mientras los empleados del cementerio ponen el ata\u00fad en un nicho alto mientras, lejos de la mirada de los deudos, dos muchachos ya tienen preparado un balde con la mezcla y la tapa de cemento an\u00f3nima. Los adornos de bronce y el florero van a cargo de la clienta que nunca, nunca, pondr\u00e1 nada de nada y convertir\u00e1 la palabra Amor en el n\u00famero <\/em>243, secci\u00f3n B<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>243, Secci\u00f3n B.<\/p>\n\n\n\n<p>Es lo primero que dice Julieta cuando recobra la conciencia despu\u00e9s del susto y de los efectos de la ginebra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9?\u2014 dice Romero asombrado de escucharla hablar despu\u00e9s de un rato de largo silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nada, no se preocupe.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Sabe Julieta, \u00bfusted se ha dado cuenta de lo que parecen juntos mi apellido y su nombre?<\/p>\n\n\n\n<p>Julieta hace una mueca de desprecio mientras mira un perro en la vereda de enfrente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No s\u00e9 a qu\u00e9 se refiere, Romero<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No le suenan a algo, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda decir?, conocido<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo a qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A una obra famosa, un libro. Piense, piense Julieta.<\/p>\n\n\n\n<p>Julieta comienza a esbozar una sonrisa indefinida mientras mira al perro que pasa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u2026 Romero y Julieta, si, \u00bfsabe que tiene raz\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ve yo confi\u00e9 en usted y no conf\u00eda en m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Julieta recupera la compostura y dice en voz serena y firme:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Los tres mosqueteros<\/em>, \u00bfno?<\/p>\n\n\n\n<p>Romero sonr\u00ede disimuladamente y agacha la cabeza tomando aire.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, Julieta, <em>Los tres mosqueteros.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Qu\u00e9dese a cenar, Romero.<\/p>\n\n\n\n<p>Romero acepta con la mirada. Julieta se levanta. Va a ordenar la casa y ba\u00f1arse. La semana que viene tiene que ponerle una foto y un nombre al nicho 243, secci\u00f3n B y comprar unas flores.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, no deber\u00eda beber tanto, piensa.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 27 de octubre de 2024<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De Florencio Nicolau Especial para Eco Italiano Ah, el Amor \u2014s\u00ed, s\u00ed, con may\u00fasculas\u2014, ese sentimiento sublime que enardece las [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17,43],"tags":[],"class_list":["post-63973","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-espanol-2","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/63973","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=63973"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/63973\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=63973"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=63973"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=63973"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}