{"id":65629,"date":"2024-11-30T21:10:27","date_gmt":"2024-11-30T21:10:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=65629"},"modified":"2024-11-30T21:10:27","modified_gmt":"2024-11-30T21:10:27","slug":"triptico-hereje","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=65629","title":{"rendered":"Tr\u00edptico hereje"},"content":{"rendered":"\n<p><em>De Florencio Nicolau<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Triptico-hereje.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Triptico-hereje-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-65630\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Triptico-hereje-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Triptico-hereje-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Triptico-hereje-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Triptico-hereje-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Triptico-hereje-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Triptico-hereje.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Tr\u00edptico hereje<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Resuelven encontrarse los tres.<\/p>\n\n\n\n<p>Bruna tiene mente de soltera, ser\u00e1 por eso que le cuesta entender algunas cosas. No la estoy recriminando por eso, pero algunas veces tiene la habilidad de sacarme de quicio por cualquier pavada. Cosas de la vida, adem\u00e1s colabor\u00e9 un poco en esta relaci\u00f3n algo sobresaltada. La conozco desde los a\u00f1os del bachillerato cuando estudiamos en la misma escuela pero en divisiones diferentes. Nos encaminamos en una amistad que ha durado unos cuarenta a\u00f1os y creo que no hemos fracasado como amigas en ning\u00fan momento. Bruna vive ahora en la casa que tiene en las afueras, me dijo que la pase a buscar temprano por la ma\u00f1ana para encontrarnos y poder organizar todo para el d\u00eda de campo. Hay poco tr\u00e1nsito hoy domingo a la ma\u00f1ana temprano. No me acuerdo bien donde queda la casa de Hern\u00e1n pero creo que cerca de la ruta, as\u00ed que cualquier cosa preguntaremos de camino. Hace unos cinco a\u00f1os que no lo veo.<\/p>\n\n\n\n<p>Bruna lo ve seguido y est\u00e1 en contacto con \u00e9l por facebook y por correo. Hern\u00e1n siempre fue un entusiasta de todos los inventos y el mundo moderno, incluso aprendi\u00f3 a programar y tiene una p\u00e1gina de internet muy bonita en donde muestra su vida en la casa de campo con todas las plantas arom\u00e1ticas que cultiva en su vivero. Un loco lindo ese Hern\u00e1n. Por algo nos entendemos bien los tres.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 parada en la entrada de su casa a la vera de la ruta; viste sencilla y lleva un sombrero de paja que le da aspecto de turista perdida. Me hace se\u00f1as con la mano, se ve que memoriz\u00f3 bien la descripci\u00f3n que le hice del auto. Disminuyo la velocidad y me acerco.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo est\u00e1 hermana Bruna, rez\u00f3 esta ma\u00f1ana como corresponde?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No te hag\u00e1s, vos\u2014contesta entre ofendida y divertida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfHiciste todo lo dem\u00e1s, caca, pich\u00ed?\u2014<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No cambi\u00e1s m\u00e1s, loca de mierda\u2014 dice y se empieza a re\u00edr \u2014Dale, dej\u00e1 de boludear que no vamos a llegar nunca\u2014<\/p>\n\n\n\n<p>Bruna soporta las bromas de Ester porque sabe que si le sigue la corriente no para m\u00e1s. Hay una qu\u00edmica formada por a\u00f1os de convivencia y que jam\u00e1s podr\u00e1 dejar de lado en esta su nueva vida. Es extra\u00f1o como cambian las personas en el decurso del tiempo. Nacemos con una idiosincrasia y la vamos modificando a medida que pasan los a\u00f1os. En el lecho de muerte somos apenas una sombra de lo que fuimos en la juventud. Hoy han acordado reunirse despu\u00e9s de un tiempo sin verse. De nada sirven los contactos por celular y por la computadora. Si no nos vemos cara a cara y nos sentimos nuestros olores no existe comunicaci\u00f3n. Tantos a\u00f1os encerrada le han ense\u00f1ado a valorar el encuentro, la reuni\u00f3n el intercambio de ideas y las peleas en acto de presencia f\u00edsica; de nada vale tener amigos al otro lado del mundo si no podemos tocarlos, verle la sonrisa o percibir su malhumor.<\/p>\n\n\n\n<p>Hern\u00e1n est\u00e1 parado en la puerta de la casa con una manguera regando la huerta. Es esbelto y tiene una prestancia singular que le ha valido el apego de muchas mujeres. Ve el auto de lejos y esboza un saludo moviendo la mano pero sin dejar de concentrarse en las plantas de lechuga. Siempre igual Hern\u00e1n, un so\u00f1ador, amante de la naturaleza y de la vida al aire libre. Se comprende que haya buscado una libertad que no ten\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Por fin se han rencontrado los tres en esta quinta que es puro sol y fresco en esta ma\u00f1ana. Una comuni\u00f3n con la naturaleza se festeja entre los tres ac\u00f3litos que no paran de re\u00edrse y de abrazarse c\u00e1lidamente. Bruna y Ester bajan del auto todas las cosas que han tra\u00eddo, unas facturas para iniciar el mate y otras vituallas para darle contundencia a la comida que seguramente Hern\u00e1n ya tiene preparada a modo de sorpresa. Alej\u00e1ndose del grupo la escena se torna fabulosa. Tres personas ya entradas en a\u00f1os que celebran algo indeterminado y que sus gestos y movimientos de brazos perfilan un amor y una alegr\u00eda que estuvieron reprimidos o escondidos durante a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Hern\u00e1n muestra a sus amigas los arriates del jard\u00edn y las plantas de la huerta que crecen rozagantes y a esa hora de la ma\u00f1ana est\u00e1n vestidas de una luz brillante que refleja las gotas sobre las hojas. Ester, vestida con estilo y con la elegancia de una dama de mundo, se pasea con el sombrero entre las plantas y se agacha de vez en cuando para acariciar los p\u00e9talos de un taco de reina o una chaucha. Est\u00e1n felices los tres.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026..<\/p>\n\n\n\n<p>Bruna se abstrae de la realidad y se pierde un momento en un recuerdo de sus \u00e9pocas de misionera en ninguna parte, en el fin del mundo. Recuerda a una vieja astrosa con una existencia se\u00f1era en el campo. Que vida se puede llevar sola en el medio de una llanura cercada de pajas bravas y de otras alima\u00f1as. Una existencia l\u00f3brega que no lleva, aparentemente, a nada. El abandono de la persona es un misterio, pues es muy poco lo que se sabe de ella. Muchas historias que van de boca en boca la han sindicado con la pr\u00e1ctica de las artes ocultas. La vieja qued\u00f3 en ese reducto de tierra que alguna vez fue una gran chacra y que ahora es un pedazo cercado con ca\u00f1as que protegen lo poco que cultiva. El estado de indigencia es una verdad palmaria.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer posee un libro tra\u00eddo por sus ancestros de Europa, un texto con recetas y preparados para todo tipo de males, un verdadero grimorio. Recibe la consulta de los lugare\u00f1os y con sus habilidades adquiridas, vaya saber donde, les suministra todo tipo de preparados. T\u00f3sigos, tisanas, filtros, ung\u00fcentos, vesicantes, vulnerarios o linimentos. En la mayor\u00eda de los casos la gente se cura por sugesti\u00f3n o porque no tienen nada. Le pagan con comida y cosas que necesita para sobrevivir en el campo, sola. Quedo pasmada viendo la realidad de esta mujer que se defiende en la vida como puede y lo hace bien. \u00bfPara qu\u00e9 quiere Dios? \u00bfPara qu\u00e9? <em>Dios no existe <\/em>piensa y desde ese d\u00eda su vida da un vuelco irrevocable. No sirve para esto.<\/p>\n\n\n\n<p>El canto de un zorzal alegra la reuni\u00f3n desde un \u00e1rbol; las an\u00e9cdotas se tejen de a tres en una retah\u00edla de recuerdos buenos y malos. Es bueno tener testigos en la vida: es m\u00e1s f\u00e1cil reconstruir la verdad de a tres que sola, pero a veces los recuerdos en grupo no son los mejores. A veces queremos que algunas cosas hayan pasado sin testigos, piensa Ester.<\/p>\n\n\n\n<p>El silencio en los largos pasillos de la vieja casona en el campo; las luces que se apagan gradualmente y el canto que se deja o\u00edr desde la capilla. El sonido seco de los zapatos en la planta baja y el bisbiseo de las monjas que se dirigen al mundo del sue\u00f1o, donde la tentaci\u00f3n se presenta noche a noche en un universo desconocido para muchas y harto habitual para otras. El mundo on\u00edrico es un palacio habitado por traidores que les recuerdan <em>lo que desean hacer en la vigilia<\/em>. Las puertas se dejan cerrar con facilidad; parecer\u00eda que est\u00e1n entrenadas para ocultar deseos y esperanzas de vivir una existencia diferente a la que han destinado a sus moradoras otras personas. <em>Yo no he decidido<\/em> <em>esto<\/em> piensa entre las s\u00e1banas Ester mientras repasa las lecturas del d\u00eda, el trabajo y su pasado en un familia estricta y presuntuosa. Mi mundo no es el de ellos y estoy equivocada. Piensa en Bruna como todas las noches y en el descanso que suelen tomar despu\u00e9s de la refecci\u00f3n del mediod\u00eda hablando en voz baja apoyadas en el muro de la iglesia mirando los \u00e1rboles. Han hablado de muchas cosas; del deseo, del destino, de Dios y sobre todo del padre Hern\u00e1n, apuesto, culto, seductor a su manera. Si no es Hern\u00e1n, es Bruna, piensa Ester.<\/p>\n\n\n\n<p>La silueta de Hern\u00e1n se ve a trav\u00e9s de los vidrios de la ventana. Bruna y Ester se quedan sentadas hablando bajito cerca de un sauce llor\u00f3n que es una belleza. Hern\u00e1n prepara alguna de sus comidas para darles una sorpresa a sus invitadas. Siempre le gusta brillar como anfitri\u00f3n y mostrarse como un hombre industrioso y capaz. Adem\u00e1s el buen comer siempre es uno de sus nortes en esta vida terrenal. Desde su infancia acomodada disfruta del regalo de buena comida y sibar\u00edticos postres. Ahora es m\u00e1s lindo, rodeado de naturaleza y mirando el jard\u00edn desde la luminosa cocina. Ve a Bruna y Ester ri\u00e9ndose en el c\u00e9sped reci\u00e9n cortado. Le van a quedar los pantalones verdes con la humedad del pasto. Que rara que lucen vestidas as\u00ed, informales. Son mujeres mayores pero saludables, Ester siempre bella y dicharachera, aristocr\u00e1tica; Bruna una fil\u00f3sofa, fea pero extraordinariamente atractiva. Recuerda la primera vez despu\u00e9s que todo termin\u00f3 cuando las vio sin h\u00e1bitos. Le costaba relacionar a esas mujeres con lo que hab\u00edan sido. \u00bfQu\u00e9 somos? \u00bfLa ropa que nos viste?, \u00bflos t\u00edtulos que cosechamos a lo largo de la vida o simplemente seres que nadie puede conocer? Ese es el problema. Nunca sabemos qui\u00e9nes son las personas.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace poco que conoce a Ester. Le dice que la pasa a buscar para realizar una salida al territorio y hacer algo de trabajo social en una villa cercana que solo tiene un iglesia descuidada, tanto material como espiritualmente. Ester le dice que est\u00e1 dispuesta a partir de las seis de la tarde. Hern\u00e1n pasa toda esa ma\u00f1ana en un estado de confusi\u00f3n. Tiene sentimientos desencontrados y no sabe si lo que va a hacer esta bien o mal. La fuerza del deseo desdibuja los l\u00edmites de sus responsabilidades y no termina de entender que es lo que hace viviendo la existencia que tiene. No es una sensaci\u00f3n nada agradable lidiar con el propio coraz\u00f3n, piensa. El encuentro se da a la hora convenida y van un rato a la villa. Luego ya de noche, Hern\u00e1n se acerca en el auto a la casa paterna que est\u00e1 deshabitada luego de la muerte de sus progenitores. Es una mansi\u00f3n lujosa, con los muebles tapados en espera de ser alquilada. Hern\u00e1n le dice a Ester si quiere subir a conocer donde se cri\u00f3 y estudi\u00f3 toda la vida antes de entrar al seminario. Ester lo sigue, abren la puerta de hierro con vidrios atraviesan el pasillo y entran al amplio sal\u00f3n de estar con adornos y muebles antiguos. El olor a cera y encierro acusan la existencia de una pareja mayor y de otra \u00e9poca. Hern\u00e1n se pone de frente a Ester y comienza a acariciarla.<\/p>\n\n\n\n<p>En la cama, ambos boca arriba, se sienten respirar mutuamente. Ya est\u00e1 todo hecho.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No voy a dejar a Bruna\u2014 dice Ester repentinamente. \u2014me amas a m\u00ed, la amas a ella\u2014<\/p>\n\n\n\n<p>Hern\u00e1n asiente desde la oscuridad<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014De acuerdo\u2014 respira profundo \u2014de acuerdo\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026.<\/p>\n\n\n\n<p>La comida va tomando color y consistencia. Hern\u00e1n mira a las mujeres y sonr\u00ede concentrado en sus recuerdos. De pronto, en un instante, Ester acaricia entre risas el ment\u00f3n de Bruna que se queda quieta, embelesada. Luego mira hacia abajo y toma una brizna del c\u00e9sped cortado y se lo pasa por la mano como haci\u00e9ndose cosquillas.<\/p>\n\n\n\n<p>Hern\u00e1n ve al obispo y otras personas sentadas en la oficina revestida en madera trabajada con un bello taraceo. Hay unos papeles en el escritorio y uno de los ayudantes del obispo acerca una carpeta con m\u00e1s documentos. No le dirigen la palabra mientras espera parado frente al escritorio. Mira alrededor y se da cuenta que ha estado muy pocas veces en ese despacho. Ve el Cristo sobre la cabeza rubicunda del obispo que est\u00e1 concentrado en la lectura de algo extremadamente importante. Sale de su ensimismamiento y saluda fr\u00edamente a Hern\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Padre, creo que sabe porque lo llamamos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si monse\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>No tiene miedo. Ve la calle invernal con los pl\u00e1tanos sin hojas desde el amplio ventanal. <em>Tendr\u00e9 que buscar un trabajo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Bruna se pasa una hoja de c\u00e9sped cortado por la palma y siente el rasp\u00f3n. Se acumulan en sus recuerdos las im\u00e1genes falsas de personajes igualmente falsos que pontifican la verdad sin siquiera conocerse a s\u00ed mismos. <em>Con\u00f3cete a ti mismo<\/em> dice la pitonisa de Delfos desde la eternidad, recuerda. \u00bfConocen algo del universo estas personas que nos dan \u00f3rdenes? Lo pens\u00f3 durante a\u00f1os. Novicias que apenas pod\u00edan valerse por s\u00ed mismas, un sistema lleno de contradicciones. \u00bfQu\u00e9 es el amor al pr\u00f3jimo? Los p\u00e1jaros cantan en unos \u00e1rboles cercanos y una monjita blanca est\u00e1 posada en un alambrado. <em>Monjita blanca, <\/em>vaya nombre el de este pajarito simp\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Se quedan en silencio mirando la noche que entra en la tarde y las primeras estrellas se empiezan a pintar en la b\u00f3veda celeste. Los tres est\u00e1n sumidos en una contemplaci\u00f3n ext\u00e1tica, disfrutando de la brisa en la quinta. Bruna, con la vista baja, est\u00e1 sumergida en cavilaciones con las dos manos sobre las rodillas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esto es Dios\u2014dice mientras toma las manos de Hern\u00e1n y Ester.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 30 de noviembre de 2024<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De Florencio Nicolau Tr\u00edptico hereje Especial para Eco Italiano Resuelven encontrarse los tres. 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