{"id":65871,"date":"2024-12-07T22:09:59","date_gmt":"2024-12-07T22:09:59","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=65871"},"modified":"2024-12-08T11:57:27","modified_gmt":"2024-12-08T11:57:27","slug":"la-marginalia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=65871","title":{"rendered":"La marginalia"},"content":{"rendered":"\n<p><em>De Florencio Nicolau<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/La-marginalia.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/La-marginalia-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-65872\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/La-marginalia-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/La-marginalia-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/La-marginalia-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/La-marginalia-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/La-marginalia-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/La-marginalia.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>La marginalia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>La ma\u00f1ana es espl\u00e9ndida. Da otra vuelta de p\u00e1gina y se da cuenta que su vida ha sido un camino a trav\u00e9s de la lectura. La loggia cobija el momento de placer al recordar su pasado y los sucesos que, sin pedir permiso, se han ido colando en cada hora, dibujando el argumento de su existencia. El gato se acerca relami\u00e9ndose desde la cocina donde ha obtenido un soborno de la criada. Se acerca a sus pies y maullando da un salto para encontrar el regocijo de dormir en las piernas de su due\u00f1o. \u00bfLos gatos tienen due\u00f1o? La vocaci\u00f3n del libro lo ha acompa\u00f1ado en todos los momentos. La guerra y la paz, el amor y el odio han estado siempre presente, como fuerzas que modelan el aspecto del universo. El libro ha sido testigo de todas esas mudanzas.<\/p>\n\n\n\n<p>La ni\u00f1ez, la c\u00e1ndida ni\u00f1ez, aparece ante sus ojos, sobre un escenario de flores y p\u00e1jaros en una letan\u00eda vespertina cantada por el susurro de sirvientes, palafreneros y cocineras. Tiene ocho a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa tarde que descubre la lectura los \u00e1rboles de la quinta familiar se mecen en una primavera esplendorosa de pimpollos y flores. Alguien le da un libro para que ejercite sus primeras palabras aprendidas en lat\u00edn o para que se regocije con historias ligeras en italiano. Es su primer libro, la lectura que deleita, la que uno busca como un camino elegido y no la impuesta por el maestro para impresionar a los padres.<\/p>\n\n\n\n<p>Su imaginaci\u00f3n le hace mudar de sensaciones y ese anochecer, antes de dormir, sue\u00f1a con paisajes desconocidos que el libro ha puesto en su mente hasta el postrer d\u00eda, porque la lectura crea im\u00e1genes que nos acompa\u00f1an siempre. Jugando con las manzanas durante el almuerzo mira el reflejo de la luz en la piel de la fruta y piensa en las tradiciones de los romanos, en el accidentado periplo de Odiseo o en las sentencias de Marco Aurelio. La lectura es una puerta de entrada y ese ni\u00f1o la ha traspuesto para no salir nunca m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Al ni\u00f1o le es presentada una dama anciana, tal vez una t\u00eda abuela o una de esas allegadas a una casa que nunca sabemos de d\u00f3nde vienen y por eso las rodeamos de un aura de misterio.<\/p>\n\n\n\n<p>Cubierta de dignidad y nobleza goza del respeto de toda la concurrencia que forma un semic\u00edrculo en torno a su silla mientras una mano gentil le alcanza una copa de vino. Ve al ni\u00f1o y se une a \u00e9l de inmediato: las almas similares se atraen. Le pregunta si es cierto que le gusta leer y \u00e9l asiente. La connivencia se ha declarado entre ambos. La anciana esboza una sonrisa de musa en los labios y en el rostro y comienza a recitar de memoria unos magn\u00edficos endecas\u00edlabos que cuentan la historia escandalosa de un mundo subterr\u00e1neo. Los ojos del ni\u00f1o se llenan de brillo cuando uno de los comensales le dice al o\u00eddo que esos versos son de un florentino llamado Dante. Uno de sus mayores comenta con indignaci\u00f3n los a\u00fan frescos recuerdos familiares de cuando Farinata estrag\u00f3 Florencia. El sentimiento y resentimiento es insondable en la ciudad junto al Arno, un teatro en donde las sombras y las luces se dan encuentro en contiendas pol\u00edticas sanguinarias. Alg\u00fan d\u00eda esto terminar\u00e1.\u00bfTerminar\u00e1?<\/p>\n\n\n\n<p>Percibiendo que sus palabras no han sido en vano, la dama contin\u00faa recitando en una curiosa lengua fragmentos cortos que, seg\u00fan le explica, tratan de un mundo en donde los animales adoptan actitudes humanas. Es la primera vez que el ni\u00f1o escucha el griego de Esopo. Luego vendr\u00e1 Plutarco, que coteja las miserias y las glorias de hombres y mujeres que hoy son aire y ceniza.<\/p>\n\n\n\n<p>Acaricia al felino y levanta los ojos hacia el viejo jard\u00edn donde lustros atr\u00e1s se paseaban sus mayores. Las voces han quedado como un eco eterno que le recuerda lo ef\u00edmero de la vida y lo vano de muchas cosas. Siente el calor del gato en su regazo que duerme sumido en un mundo on\u00edrico que nunca sabremos. \u00bfDe qu\u00e9 nos sirve compenetrarnos en los textos de los antiguos sino podemos saber qu\u00e9 es lo que sue\u00f1a un animal? Hay cosas que est\u00e1n vedadas a los hombres y son patrimonio del conocimiento divino.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelve a entregarse a los recuerdos. Es de ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que qued\u00f3 sin leer en las p\u00e1ginas por la penumbra de la tarde anterior le ha quitado el sue\u00f1o. Temprano, con la voz de los criados que cuentan historias procaces entre risas y ajetrean platos y jarras en la cocina, busca el libro. Ya tiene obligaciones como todo ni\u00f1o de buena familia pero no puede evitar saber c\u00f3mo contin\u00faa la historia de Julio C\u00e9sar en la Galia. Hace dos a\u00f1os que es lector y ya conoce los escozores de la incertidumbre que produce la narraci\u00f3n inconclusa.<\/p>\n\n\n\n<p>La ni\u00f1ez en los tiempos que corren, al mismo paso de los de la vida adulta, incita a conocer las novedades a trav\u00e9s de las p\u00e1ginas. El mundo cambia y cambian los l\u00edmites de las naciones y sus gobernantes. Un monje alem\u00e1n clava, en la puerta de una la iglesia contigua al Palacio de Wittenberg, noventa y cinco tesis en donde cuestiona el orden imperante en la iglesia. Sobrevendr\u00e1n a\u00f1os aciagos y de contiendas acerbas vestidas con las armas de la amargura.<\/p>\n\n\n\n<p>Han pasado los a\u00f1os, ya no es un ni\u00f1o y el amor llega a su casa desde otra tierra en forma de una prima. Primero los sonrojos traidores entre los \u00e1rboles de la quinta, despu\u00e9s hay una mano sobre la otra preludiando el beso. Luego llega la noche, que es todas las noches y ninguna, y siente que la mujer llena su alma de \u00e1ngeles y de cosquillas. Escondidos en alguna habitaci\u00f3n de la casa y custodiados por amigos fieles y criados sobornados, hablan de amor y cuando conjuran los nervios y se entregan al desenfreno del deseo perpetran el designio de los amantes. Luego mir\u00e1ndose a los ojos en el lecho revuelto recita en voz baja y cansina la disputa entre Julio C\u00e9sar y Vercinget\u00f3rix. La lectura da tema para cualquier momento. Pasar\u00e1n los a\u00f1os y las caras mudar\u00e1n. El recuerdo sin embargo quedar\u00e1 vivo en su mente como una mujer de tez morena y tersa proclive a los besos y a las fatuidades del amor adolescente. Pero la crueldad de Cronos, devorador de hijos, no se quedar\u00e1 dormida y un d\u00eda ver\u00e1 en el patio de un convento a su prima llevando h\u00e1bitos y leyendo un libro de oraciones con un gato a sus pies mientras el <em>campanile<\/em> da la hora tercia. Los ojos se encontrar\u00e1n y descubrir\u00e1 en ellos la historia de esa noche tramposa en que se conocieron. Es el a\u00f1o del cometa y pensar\u00e1 por muchos d\u00edas en el destino. Esa noche hay demasiadas estrellas en el cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lee y el sonido del pincel sobre el lienzo se cuela agradablemente entre las letras. La tarde es un incierto punto del universo donde se encuentran solo \u00e9l, su libro y el pintor. No sabemos que lee. Tal vez Plutarco o <em>Las florecillas de San Francisco<\/em>. Solo interesa la energ\u00eda que trasunta su aspecto relajado y sonriente de joven feliz, pues la lectura a edad temprana es felicidad para siempre. El retrato es una forma de detener el tiempo. Su imagen quedar\u00e1 grabada por siempre en la mente de los innumerables seres que alg\u00fan d\u00eda pasear\u00e1n delante de la tabla que lo representa leyendo. El lat\u00edn ya no le es extra\u00f1o y con esfuerzo ha aprendido a desentra\u00f1ar el hip\u00e9rbaton, leer preposiciones en an\u00e1strofe y familiarizarse con los grandes autores.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora anciano, recuerda, entredormido, al amor de la luz del sol, el d\u00eda que su abuelo le permiti\u00f3 entrar en la antigua biblioteca de la casona. Manuscritos medievales y mamotretos se acomodaban en los anaqueles esperando ser descubiertos por la avidez de un lector consumado o novel con sus p\u00e1ginas ricamente miniadas y artificiosas unciales. <\/p>\n\n\n\n<p>La madurez llega al fin. Su esposa y sus hijos, la vida p\u00fablica en un entorno siempre hostil. La pol\u00edtica ha hecho del hombre un animal preparado para discutir sobre cualquier cosa. Lo importante es estar en contra aunque estemos de acuerdo con lo que se proponga; la \u00fanica forma de sobrevivir en el mundo de la administraci\u00f3n y el gobierno es destruirlo todo. La corrupci\u00f3n est\u00e1 a la orden del d\u00eda en Florencia; por un monto determinado de monedas se puede eliminar a un oponente mediante una daga oculta entre la ropa de un viandante an\u00f3nimo. Si la situaci\u00f3n lo requiere, una batalla campal a plena luz del d\u00eda est\u00e1 permitida. G\u00fcelfos y Gibelinos son los personajes sin vestuario ni maquillaje en esta obra dram\u00e1tica en la cual el papa, el emperador y los nobles sacan de los huesos la poca carne que dej\u00f3 Carlomagno y en donde a menudo la parte m\u00e1s d\u00e9bil recibe el dogal o la hoguera.<\/p>\n\n\n\n<p>La sensaci\u00f3n insondable de la muerte ha tocado la puerta una ma\u00f1ana de verano. El sol cae a pleno a media ma\u00f1ana d\u00e1ndole un a particular sombra al almohadillado de la casona. Desde la noche un confesor ha velado la cama de la moribunda que dej\u00f3 su experiencia terrena al salir el sol. Por primera y \u00fanica vez ha perdido a una madre. No sabe a\u00fan todo lo que depara el destino cuando <em>la mamma<\/em> se va. Recuerdos que lo encuentran en todos los pasillos de la casa que se ha envuelto en un traj\u00edn de sirvientes y de hombres y mujeres de la iglesia que cumplen con los protocolos que exige la religi\u00f3n. Mujeres de negro que ayudan a amortajar a la difunta mientras unos hombres que no conoce encienden los pesados hachones. Los pasos se dejan o\u00edr en toda la casa marcando una cadencia que es a la vez un responso y la voz de un sacerdote que murmura <em>Tuba mirum spargens sonum per sepulcra regionum coget omnes ante thronum.<\/em> De pronto una imagen se acerca a la cama donde yace su madre, es una monja de su edad. Reconoce en ella a su amada prima a quien a\u00f1os atr\u00e1s conoci\u00f3 en un encuentro secreto en esta misma casa. No ha cambiado mucho pero los h\u00e1bitos prefiguran otra mujer. El sue\u00f1o de la muerte y del amor se da la mano por un momento y sus sentimientos est\u00e1n desencontrados. Todav\u00eda no sabe que la p\u00e9rdida de una madre suele conducir al renacimiento del amor; por a\u00f1os y a\u00f1os, cada vez que una mujer lacere su coraz\u00f3n el recuerdo de su progenitora se mezclar\u00e1 con el rostro de la bien amada. Es dif\u00edcil escapar al designio de Dios, que a veces es oscuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Se acomoda en la silla y levanta la vista cansada del antiguo libro de la biblioteca familiar. Son casi ochenta a\u00f1os de transitar por la vida. \u00bfEsto ha sido todo? Piensa jugando con las p\u00e1ginas del libro mientras mira las hermosas flores del jard\u00edn. Baja la vista y ve al costado de la p\u00e1gina una frase escrita hace siglos por el autor acompa\u00f1ando el peque\u00f1o dibujo de una calavera humana: <em>Memento mori<\/em>. Parece un abrir y un cerrar de ojos todo lo vivido. Se mira las manos y suelta el libro descuidadamente que se desliza y cae al suelo de la <em>loggia<\/em> con un golpe seco, apagado. Ve entre las palmas de la mano el rostro de una monja anciana, natural de Sevilla, que falleci\u00f3 el pasado a\u00f1o y a quien conoc\u00eda. La piel morena, digno el andar. Su primer amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Una sirvienta se acerca y se queda un momento mir\u00e1ndolo con la cabeza ca\u00edda sobre el pecho y el libro sobre las baldosas, el gato con los pelos erizados mir\u00e1ndolo fijamente. Se limpia las manos en el delantal y se apresura dentro de la casa llorando y gritando mientras el <em>campanile<\/em> da la hora tercia.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 7 de diciembre de 2024<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De Florencio Nicolau La marginalia Especial para Eco Italiano La ma\u00f1ana es espl\u00e9ndida. 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