{"id":67570,"date":"2025-02-02T14:06:40","date_gmt":"2025-02-02T14:06:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=67570"},"modified":"2025-02-02T14:06:40","modified_gmt":"2025-02-02T14:06:40","slug":"la-casa-del-tanguero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=67570","title":{"rendered":"La casa del tanguero"},"content":{"rendered":"\n<p><em>De Florencio Nicolau<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/La-casa-del-tanguero.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/La-casa-del-tanguero-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-67571\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/La-casa-del-tanguero-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/La-casa-del-tanguero-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/La-casa-del-tanguero-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/La-casa-del-tanguero-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/La-casa-del-tanguero-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/La-casa-del-tanguero.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p>La casa del tanguero<\/p>\n\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre vivi\u00f3 casi noventa a\u00f1os en esa casa de barrio. Una hermosa propiedad con un fondo amplio, esas t\u00edpicas casas chorizo donde se tejen historias de amor y de odio, de hijos que van y vienen, de vecinos que cuentan recuerdos. Una casa con mucha luna y misterio sobre el techo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la muerte, que es cosa com\u00fan en todo el mundo, visit\u00f3 un d\u00eda la mansi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Nietos que vinieron a hablar con los vecinos, una ambulancia estacionada en la puerta, gente en la vereda murmurando con respeto y luego todo el papeleo de rigor. El abuelo se muri\u00f3 y dej\u00f3 la casa a los nietos, que lo quer\u00edan mucho pero la vendieron.<\/p>\n\n\n\n<p>El abuelo era un tanguero viejo, de esos que no tienen cura. La casa era un templo de discos de 78 rpm, partituras viejas de tangos famosos, un piano vertical donde ensayaba algunas tardes tangos de la vieja guardia, como <em>Derecho viejo<\/em> o <em>Rodr\u00edguez Pe\u00f1a<\/em>. Los vecinos lo quer\u00edan mucho y se sol\u00eda sentar, con un mate y una pava a escucharlo. Pero la vida se le acab\u00f3 y ahora hab\u00eda que hacer otras cosas en este mundo moderno que ya no se interesaba por el tango.<\/p>\n\n\n\n<p>La casa se vendi\u00f3 a un joven empresario que pretend\u00eda construir su mansi\u00f3n con una visi\u00f3n moderna. Se cerraron tratos, los escribanos sonrieron por lo que hab\u00edan cobrado y la residencia del viejo tanguero pas\u00f3 a ser la propiedad del joven profesional, emprendedor y triunfador y de su esposa, una mujer de unos treinta, abogada con t\u00edtulo comprado en una universidad privada y ninguna habilidad en la vida. Era delgada, elegante, asistente obligada a los mejores gimnasios y consumidora compulsiva de ropa y cosm\u00e9tica cara.<\/p>\n\n\n\n<p>Los nietos sacaron la mayor\u00eda de las cosas que hab\u00edan quedado. El piano, los discos, muchas partituras. Pero algunas quedaron tiradas en los pasillos y habitaciones con piso de pinotea. En el fondo, un hermoso para\u00edso de cien a\u00f1os engalanaba las primaveras con sus flores viol\u00e1ceas y su concierto de p\u00e1jaros sobre la copa. Era el \u00e1rbol m\u00e1s viejo del barrio, testigo de historias de amor, de \u00e9xitos y decepciones.<\/p>\n\n\n\n<p>El joven propietario y su mujer llegaron una tarde en una camioneta importada, Bajaron a ver el terreno y comenzaron a proyectar la nueva casa. La mujer no disimul\u00f3 su asco al ver los pasillos sucios y, sobre todo, los restos de la anterior vida del due\u00f1o. Discos de pasta, p\u00f3steres de cantantes de tango, partituras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esto, amor, hay que incinerarlo; quien pudo vivir as\u00ed, no puedo creerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed fue.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00edas despu\u00e9s lleg\u00f3 una comparsa de obreros que comenzaron a derribar las paredes y a limpiar todo. Maquinaria pesada se encarg\u00f3 de hacer el trabajo lo m\u00e1s r\u00e1pido posible. Sacaron de cuajo el para\u00edso del fondo porque molestaba para construir el quincho y la pileta.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de meses surgi\u00f3 una nueva casa. Una mansi\u00f3n anodina e impersonal, con pantallas planas, garajes, piletas y todas las pretensiones que suelen tener los nuevos ricos. <em>Sic transit gloria mundi<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Las cosas marcharon por un tiempo. Cuando hay dinero todo <em>parece<\/em> funcionar. Las empleadas dom\u00e9sticas se encargaban de las compras y de la cocina, la limpieza y toda la log\u00edstica de la casa. El joven se dedicaba a trabajar sentado ante la computadora analizando los altibajos de los bonos, los bitcoins, el oro, los plazos fijos y el d\u00f3lar. La mujer atend\u00eda algunos casos en un estudio jur\u00eddico que hab\u00eda organizado en la planta baja de la casa. Se dedicaba a muy pocas cosas y tr\u00e1mites en tribunales. No val\u00eda la pena trabajar cuando se hac\u00eda plata de otro lado. Adem\u00e1s sus conocimientos de derecho dejaban bastante que desear y ella era la primera en ser consciente de esto. Lo suyo era la est\u00e9tica, el cuidado del cuerpo. Pasaba las tardes en su gimnasio privado de la planta alta haciendo todo tipo de actividades, desde bicicleta fija hasta algunas coreograf\u00edas extra\u00f1as enfundada en sus ropas multicolores.<\/p>\n\n\n\n<p>Al respecto, probablemente el \u00fanico inter\u00e9s que ten\u00eda el joven por ella era verla bailar con ropa deportiva de vez en vez. Por lo dem\u00e1s el matrimonio era un invento perge\u00f1ado por las familias en base al mantenimiento de un estatus y de un prestigio social. Un inversor y una abogada hac\u00edan una buena pareja.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no todo estaba bien y frecuentemente los negocios del joven no sal\u00edan como quer\u00eda. Una noche en un momento de furia por la ca\u00edda del valor de unos bonos volvi\u00f3 malhumorado a la casa. Subi\u00f3 al gimnasio donde la chica estaba bailoteando delante del espejo. Rabioso y con la moral por el piso por el extraviado derrotero de sus negocios comenz\u00f3 a manosear a su esposa. La chica horrorizada lo separ\u00f3 de un empuj\u00f3n. El muchacho al sentirse despreciado le asest\u00f3 un golpe en la cara.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda estado bebiendo su fracaso.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>En el medio de la noche sienten ruidos en la habitaci\u00f3n, Un movimiento como de gatos que se pasean por la casa tratando de no hacer ruido. El joven prende la luz para ver quien se ha metido en su propiedad. La mujer esta de lado abrazada a la almohada, con lagrimas en los ojos y con un moret\u00f3n que le cubre medio rostro. Cuando la luz se enciende el hombre ve a tres mujeres paradas delante de la cama. Son preciosas, maquilladas, galantes, con una presencia que se impone. Una de ellas est\u00e1 vestida de hombre, con pa\u00f1uelo, chambergo y un rebenque. El joven no dale de su asombro; la boca, literalmente, se le cae.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9nes son ustedes?, exclama desesperado.<\/p>\n\n\n\n<p>Las mujeres se miran, coquetas, con una dignidad femenil que mete miedo. Una de ellas, la travestida de hombre, habla primero:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo soy Azucena Maizani.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego contin\u00faan las otras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mercedes Simone.<\/p>\n\n\n\n<p>La tercera lo mira soberbia y sencilla a la vez, una combinaci\u00f3n de atributos dif\u00edcil de congeniar si no se es una persona <em>singular.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y yo, pibito, Soy Tita, Tita Merello.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n? Alcanza a decir el hombre que apenas puede con la resaca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La vida te da oportunidades de aprender. Hay que aprovecharlas, mijo. A m\u00ed, por ejemplificarte, un Anchorena me ense\u00f1\u00f3 a leer ya grande. \u00bfA vos qui\u00e9n te ense\u00f1\u00f3 algo?, \u00a1Que vas aprender, pibito, si sos un rana in\u00fatil! No ten\u00e9s pasi\u00f3n por nada, sos un vac\u00edo. Ten\u00e9s que hacer tu vida sin concesiones, sin anestesia, <em>prototipo de atorrante, robusto gran bac\u00e1n<\/em>. Yo lo perd\u00ed a Luis porque hacia lo que quer\u00eda. Pero lo hice y no le guard\u00e9 rencor a Malvina.<\/p>\n\n\n\n<p>El joven se desploma en la cama, inconsciente.<\/p>\n\n\n\n<p>La joven se despierta, no entiende que hacen esas mujeres alrededor de la cama. Busca protegerse, tiene miedo que la toquen, que arruinen su condici\u00f3n de mujer pretendidamente \u00fanica y exquisita. El fantasma, \u2014o lo que sea\u2014, de Azucena Maizani la mira y canturrea en voz baja:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Sola, fan\u00e9, descangayada, la vi esta madrugada<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Salir de un cabaret, flaca, dos cuartos de cogote<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y una percha en el escote bajo la nuez<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Chueca, vestida de pebeta, te\u00f1ida y coqueteando<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Su desnudez, parec\u00eda un gallo despluma&#8217;o<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Mostrando al compadrear el cuero picotea&#8217;o.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No podes seguir as\u00ed, de chirusita, contin\u00faa.\u2014 \u00bfC\u00f3mo pod\u00e9s andar por el mundo haci\u00e9ndote la abogada? Ten\u00e9s que jug\u00e1rtela con toda. La vida es una, pibita, aprend\u00e9 de m\u00ed que me vest\u00ed de hombre para cantar tango y vivir intensamente. Dej\u00e1 de hacer mamarrachos delante del espejo y sal\u00ed a vivir la vida. Larg\u00e1 a este pelafust\u00e1n que de negocios sabe lo que yo de astronom\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Las otras dos se largan una carcajada inveros\u00edmil por lo sonora, aut\u00e9ntica y bella.<\/p>\n\n\n\n<p>Tita Merello la toma de la mano y le dice: \u2014Ven\u00ed querida, ven\u00ed te digo, sentate ac\u00e1 cerquita con nosotras que te vamos a contar algo.<\/p>\n\n\n\n<p>La chica se acerca temblando de pies a cabeza y deseando que la pesadilla termine de una vez por todas. Tita contin\u00faa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nena, \u00bfvos sab\u00e9s que el pelandr\u00fan de tu marido anda con otra?<\/p>\n\n\n\n<p>Nelly Omar la mira con seriedad hier\u00e1tica. Los ojos penetran a la chica que est\u00e1 paralizada de horror al sentirse rodeada por esas tres mujeres imponentes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Adem\u00e1s la fortuna que tiene es la que hizo el padre levant\u00e1ndose a las cuatro de la ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>Mercedes extrae de una carterita una polvera met\u00e1lica con la tapa labrada ricamente, la abre y comienza a empolvarse con delicadeza mientras le canta a la chica que ya no puede m\u00e1s del p\u00e1nico:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La soledad<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>que me envuelve el coraz\u00f3n,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>va encendiendo en mi alma<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>el fuego de tu amor lejano.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En las brumas de tu olvido<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>viaja mi ilusi\u00f3n,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>gritando tu nombre en vano.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Los fantasmas de estas tres mujeres han tomado la casa por sorpresa y es dif\u00edcil saber c\u00f3mo va a continuar la historia. Cuando las cosas del m\u00e1s all\u00e1 se hacen presente en nuestra dimensi\u00f3n las leyes del universo mutan. La chica no sabe si lo que cree ver es exterior o si es su cabeza que le est\u00e1 hablando. Mira a su marido desmayado sobre la cama. Jam\u00e1s imagin\u00f3 tama\u00f1o cobarde.<\/p>\n\n\n\n<p>Tita Merello mir\u00e1 al muchacho, lo toma por el ment\u00f3n con la mano derecha y acerca su cara. Las pesta\u00f1as con m\u00e1scara negra son un esc\u00e1ndalo de hermosas. No existe m\u00e1s pintura de labios carmes\u00ed en el universo que la que lleva en esa boca perfecta, sinuosa, \u00e1vida de besos. Le dice al joven:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Del barrio La Mondiola sos el m\u00e1s rana<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y te llaman Garufa por lo bac\u00e1n,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Ten\u00e9s m\u00e1s pretensiones que bataclana<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Que hubiera hecho suceso con un got\u00e1n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A qu\u00e9 te metiste en semejante contubernio, pibita\u2014 dice Tita.<\/p>\n\n\n\n<p>Mercedes Simone mira a la chica. Sus ojos trasuntan comprensi\u00f3n por esta muchacha golpeada y despreciada. Es la mirada de una madre que ve a una hija a punto de cometer un error. Recita nuevamente, esta vez como una letan\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La soledad que me envuelve el coraz\u00f3n,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>va encendiendo en mi alma el fuego de tu amor lejano.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En las brumas de tu olvido viaja mi ilusi\u00f3n,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>gritando tu nombre en vano.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Los versos se van extinguiendo con las im\u00e1genes de las tres divas.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s del divorcio la chica puso el gimnasio que siempre hab\u00eda so\u00f1ado en una vieja casa c\u00e9ntrica con un para\u00edso en el fondo. Se llama <em>Milonga<\/em> <em>Body Gym<\/em> y las jovencitas, asombradas, preguntan quienes son las tres mujeres del retrato antiguo que cuelga en la secretar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 2 de febrero de 2025<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De Florencio Nicolau La casa del tanguero Especial para Eco Italiano El hombre vivi\u00f3 casi noventa a\u00f1os en esa casa [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17,43],"tags":[],"class_list":["post-67570","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-espanol-2","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/67570","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=67570"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/67570\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=67570"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=67570"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=67570"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}