{"id":70315,"date":"2025-03-28T15:22:16","date_gmt":"2025-03-28T15:22:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=70315"},"modified":"2025-03-28T15:22:16","modified_gmt":"2025-03-28T15:22:16","slug":"soy-reptil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=70315","title":{"rendered":"Soy reptil"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Soy-reptil.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Soy-reptil-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-70316\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Soy-reptil-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Soy-reptil-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Soy-reptil-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Soy-reptil-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Soy-reptil-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/03\/Soy-reptil.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p><em>No tengo edad ni destino. No tengo nombre. No tengo nada.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El calor durante el d\u00eda es agobiante, solo por la noche hay un respiro, un momento en que sopla un suave brisa que da una sensaci\u00f3n de felicidad incomparable. La transpiraci\u00f3n es permanente, imposible estar seco durante el d\u00eda. Los expertos dicen que es la ola de calor m\u00e1s prolongada de los \u00faltimos a\u00f1os con temperaturas extremas. Pero de nada sirve estar informado de los detalles cient\u00edficos del fen\u00f3meno cuando uno quiere estar bien. La ciencia es un hermoso complemento para leer y disfrutar sentado en un sof\u00e1 en un living con aire acondicionado.<\/p>\n\n\n\n<p>El calor es un continuo que viene de una noche gomosa y de una densidad h\u00fameda que el ventilador no alcanza a disipar. El calor sale desde dentro, como si nosotros fu\u00e9ramos una estufa viviente que contribuimos a formar esa masa informe e invisible. Caminar es una proeza; dos o tres pasos y enseguida se est\u00e1 transpirando, una humedad que se cuela entre la ropa interior y vuelve la piel sensible, enrojecida. Un asco.<\/p>\n\n\n\n<p>Miro la heladera. Un conjunto de restos de comidas de d\u00edas anteriores. No da ganas de salir al supermercado a comprar. Tendr\u00e9 que arreglarme con lo que encuentre. Tampoco est\u00e1 el d\u00eda para ponerse a cocinar cosas calientes y elaboradas. Habr\u00e1 que subsistir con lo que haya: pedazos de salame, queso. Algo de yogur. No tengo ganas de comer, tomo la botella de vino y bebo directamente del pico. La bebida penetra mi cuerpo y se manifiesta como una sensaci\u00f3n de bienestar. Mi familia no dej\u00f3 ning\u00fan aire acondicionado, se fueron con todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Apuro otro trago de vino y tomo una ducha para refrescarme. La ba\u00f1era, vieja como la casa, tiene manchas herrumbrosas pero est\u00e1 limpia. La ducha est\u00e1 rota y sale un chorro grueso que es muy relajante cuando golpea mi espalda como un masajista. Siempre he pensado grandes cosas y he tenido buenas ideas en el ba\u00f1o, pero nunca puedo concretarlas. El agua estimula la cabeza, sobre todo ahora que con los a\u00f1os he ido perdiendo la memoria y la agilidad mental que tenia de joven y no beb\u00eda. Pero ahora lo que importa es vencer al calor.<\/p>\n\n\n\n<p>Me desnudo y entro en la ba\u00f1adera. Tanteo con los pies la alfombra de pl\u00e1stico y no la encuentro. Creo que la saqu\u00e9 para limpiarla con lavandina, para sacarle esa eflorescencia negra que coloniza las ventositas. Como siempre, pongo el tap\u00f3n para limpiarme los pies, aprovechando la lluvia, si se puede llamar as\u00ed al chorro. Giro los grifos antiguos, esas palancas de bronce eterno que hab\u00eda antes de la era del pl\u00e1stico. Es una casa vieja, noble.<\/p>\n\n\n\n<p>El chorro de agua comienza a golpear mi cabeza y escucho dentro de m\u00ed un sonido hueco, como si mi cr\u00e1neo fuera un tambor que repercute en los huesos del o\u00eddo y es dif\u00edcil de definir como agradable o desagradable. Las grandes gotas golpean el fondo de la ba\u00f1era que comienza a llenarse lentamente. Mis pies sienten la caricia del agua que va subiendo gradualmente como una inundaci\u00f3n localizada en mi ba\u00f1o. Miro las baldosas grandes, blancas y negras en un ajedrez que me ha acompa\u00f1ado durante los \u00faltimos a\u00f1os de soledad. El placer del agua en el cuerpo desnudo me evoca im\u00e1genes del pasado, ba\u00f1\u00e1ndome en un lejano verano de casas bajas y de siestas interminables, con gritos de botelleros y de heladeros que recorr\u00edan la infernal ciudad con sus bicicletas, transportando los palitos de helados en un vaporoso hielo seco que mir\u00e1bamos asombrados cuando abr\u00eda la caja, como una entrada a un reino ant\u00e1rtico. El jab\u00f3n escapa de mis manos. Miro alrededor para ver donde cay\u00f3 y lo veo fuera de la ba\u00f1era, blanco sobre una baldosa negra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Jorgito, sal\u00ed de la ba\u00f1adera que vas a llegar tarde a la escuela. La voz de mi mam\u00e1 que grita desde el dormitorio. Mam\u00e1 muri\u00f3 hace cuarenta a\u00f1os pero sigue gritando fuerte. Voz de maestra.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Un juego de luces y sombras envuelve una llanura de pastizales altos, son una belleza con sus espigas ondeando al viento, con el brillo de sus hojas que parecen oro y plata en un mar. La llanura no me permite estimar distancias pero cuando elevo la cabeza veo un poco m\u00e1s all\u00e1. Todo pastos, una gloriosa pradera. Me apoyo en el borde de la vieja ba\u00f1era que est\u00e1 ahora en medio del pastizal. Muevo la cabeza entumecida y trato de pensar. Pensar. \u00bfPienso?<\/p>\n\n\n\n<p>Giro la cabeza con movimientos entrecortados, secos. No hay nada en la lejan\u00eda, tal vez un cambio, un movimiento me ind\u00edquela presencia de vida. Todo parece tranquilo. Apoyo las manos (\u00bfManos?) en el borde de la ba\u00f1era y me impulso hacia afuera, el agua chapotea con un sonido caracter\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<p>El paisaje es de una paz innecesaria. Las gram\u00edneas meci\u00e9ndose a la suave brisa y un calor soportable se asienta sobre mi espalda (\u00bfespalda?). El sol es una esfera blanca, que da una imagen atemporal, de una quietud fantasmal, casi religiosa. Comienzo una aventura desliz\u00e1ndome. Siento el golpeteo de las hojas que son como seres que me acicatean a una escapatoria insegura, hacia un fin innecesario.<\/p>\n\n\n\n<p><em>No tengo mujer ni hijos, me dejaron solo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>P\u00e1jaros cantando, insectos merodeando encima de las flores. \u00bfC\u00f3mo se todo esto? Me alejo de la ba\u00f1adera que queda sola en medio del pastizal, como el altar a una deidad de tiempos idos. Camino un poco m\u00e1s. Ya no busco el jab\u00f3n, busco otra cosa que no s\u00e9 qu\u00e9 es pero que me llama en el silencio ominoso de la ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 ah\u00ed, protegiendo los huevos. Es una hembra hermosa con escamas destellante. Una imagen solitaria en medio de un grupo de arbustos achaparrados. Los pastos se mueven como banderitas brillantes a su alrededor sosteniendo en las puntas una min\u00fascula gota de roc\u00edo. Es grande, una adulta voluminosa y agresiva. Me acerco por imprudencia y por un llamado que no logro comprender.<\/p>\n\n\n\n<p>Me precipito hacia ella en una vor\u00e1gine de agresi\u00f3n y de atracci\u00f3n. La mirada es penetrante y furibunda. Me recibe con una agresividad sin concesiones, protegiendo la descendencia. Los tres huevos son atractivos y me invitan a comerlos, masticarlos, destruirlos. No s\u00e9 de donde surge ese sentimiento de da\u00f1o hacia ella. Me ataca. Primero un golpe con sus miembros escamados, luego un salto directo a mi cuello con su boca plet\u00f3rica de dientes irregulares. La violencia del encuentro es indescriptible.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>\u00a1Basura!\u2014 grita\u2014, \u00a1vago mal entretenido, incapaz de trabajar y de cuidar a tus tres hijos. Mantenido por tu madre. Eso sos, un lagarto sos!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> La recriminaci\u00f3n me golpea en el pecho y reacciono con furia ciega, con todas las fuerzas de mi cuerpo. Salto y siento algo duro como una roca que traba una de mis patas traseras; caigo delante del nido, debilitado. El contraataque es feroz: un mordisc\u00f3n en la parte trasera de mi cabeza que se torna un remolino de im\u00e1genes. Y luego el calor que fluye en forma l\u00edquida y ti\u00f1e de rojo partes de mi cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Recupero el sentido de realidad y ya no hay m\u00e1s p\u00e1jaros ni pastizales altos. Muevo hacia un costado mi cabeza y veo un piso de baldosas ajedrezado y un jab\u00f3n de coco, blanco sobre una baldosa negra, te\u00f1ido con sangre.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Soy reptil, digo, soy reptil.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina 28 de marzo de 2025<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano No tengo edad ni destino. No tengo nombre. No tengo nada. 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