{"id":72665,"date":"2025-05-04T15:52:11","date_gmt":"2025-05-04T15:52:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=72665"},"modified":"2025-05-04T15:52:33","modified_gmt":"2025-05-04T15:52:33","slug":"ensalada-de-pulpo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=72665","title":{"rendered":"Ensalada de pulpo"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Ensalada-de-pulpo.jpeg\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Ensalada-de-pulpo.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-72666\" style=\"width:312px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Ensalada-de-pulpo.jpeg 1024w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Ensalada-de-pulpo-300x300.jpeg 300w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Ensalada-de-pulpo-150x150.jpeg 150w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/Ensalada-de-pulpo-768x768.jpeg 768w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Antes del cambio, ten\u00eda facilidad para hablar. Pod\u00eda armar un discurso con correcci\u00f3n y profundidad. Ahora que ya no puedo, me concentro en las esencias, en las ideas verdaderas que subyacen bajo la apariencia material. Para llegar ah\u00ed, tuve que cambiar. Cambi\u00f3 mi comportamiento, cambi\u00f3 mi vida. Y, sin embargo, estoy m\u00e1s vivo que nunca. Soy una pl\u00e9tora de pensamientos y sentimientos, amor m\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfTe acord\u00e1s de aquella foto que hab\u00edas subido a Facebook? La que aparec\u00e9s con una campera inflable de un rojo intenso, contrastando con un cielo blanco, plomizo. El cielo de Par\u00eds en enero, con ese fr\u00edo que hace salir hasta a las ratas a la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Es una foto frente a un templo extra\u00f1o, vistoso pero sobrio, con una escalera doble \u2014de esas perpendiculares a la entrada\u2014 como las de la Escuela Nacional, en nuestra ciudad. Las mismas escaleras donde sol\u00edamos encontrarnos para jugar. Volv\u00edamos del parque: vos sub\u00edas por un lado, yo por el otro, y al llegar arriba nos bes\u00e1bamos. Era los domingos a la tarde, en oto\u00f1o o invierno&#8230; \u00bfhace cu\u00e1nto ya? Veinticinco a\u00f1os, m\u00e1s o menos. C\u00f3mo pasa el tiempo. \u00bfTe acord\u00e1s de cuando, una vez arriba, nos toc\u00e1bamos, medio escondidos pero deseando que alguien nos viera? \u00c9ramos j\u00f3venes y cre\u00edamos que el sexo era un invento nuestro, que el resto del mundo no ten\u00eda relaciones porque las hab\u00edamos descubierto nosotros. \u00c9ramos tan ingenuos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah, s\u00ed, ahora me acuerdo: era el Temple du Marais, en la rue Saint-Antoine. Lo conocimos el d\u00eda que fuimos a la plaza de los Vosgos, una tarde helada en Par\u00eds. Fue el d\u00eda en que estrenaste esa campera roja que hab\u00edas comprado con tu hermana, en una tienda del centro, junto a la peatonal. S\u00ed, me acuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces siento que la memoria me juega una mala pasada. Se me mezclan los recuerdos, y no puedo discernir entre el pasado lejano y el reciente. Cosas que me pasaron en la secundaria me parecen de hace una semana, o menos. No s\u00e9 qu\u00e9 me pasa. Dicen que es normal, que cuando todo esto evoluciona, las ideas y los recuerdos empiezan a mezclarse. Tal vez sea porque voy hacia atr\u00e1s&#8230; o hacia adelante en el tiempo. Qu\u00e9 importa si voy para atr\u00e1s o para adelante. Lo \u00fanico que importa es que estoy contigo, amada m\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 que me quer\u00e9s. Si no, ya me habr\u00edas dejado hace rato. Estoy seguro. Nadie se quedar\u00eda con un tipo como yo, en este estado, si no estuviera verdaderamente enamorada. El Amor \u2014s\u00ed, con may\u00fascula\u2014 es real. Existe. Pero muy pocos pueden entenderlo. Somos unos privilegiados los que accedemos a este sanctasanct\u00f3rum del amor verdadero. No del deseo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfObservaste que el fr\u00edo es un denominador com\u00fan en nuestras vidas? No s\u00e9 por qu\u00e9, pero cada vez que llega el invierno, en los \u00faltimos a\u00f1os, siento que se avecinan cambios en nuestra vida compartida. Porque la m\u00eda, ya cambi\u00f3 para siempre. Los expertos dicen que de lo m\u00edo no se vuelve. Yo me acostumbr\u00e9. Para m\u00ed, es como si siempre hubiera sido as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Me gusta cuando me le\u00e9s cuentos. Desde que no puedo agarrar un libro, aprecio m\u00e1s que nunca esa manera tuya de acercarte con uno entre las manos y leerme con esa voz dulce y modulada, clara, di\u00e1fana, argentina. Le das \u00e9nfasis al texto, casi lo actu\u00e1s:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Advierte, Sancho \u2014dijo don Quijote\u2014, que el amor ni mira respetos ni guarda t\u00e9rminos de raz\u00f3n en sus discursos, y tiene la misma condici\u00f3n que la muerte: que as\u00ed acomete los altos alc\u00e1zares de los reyes como las humildes chozas de los pastores&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 que, con el tiempo, podr\u00e9 volver a tomar un libro de la biblioteca. Pero no s\u00e9 si podr\u00e9 leerlo por mis propios medios. Mi visi\u00f3n es ahora distinta, y el discernimiento de las letras ya no es el mismo. Entiendo con el coraz\u00f3n \u2014con mi extra\u00f1o coraz\u00f3n\u2014 las historias que me cont\u00e1s y me le\u00e9s, pero no s\u00e9 si podr\u00eda leerlas por m\u00ed mismo. Es extra\u00f1o, \u00bfno? Todo es extra\u00f1o. Sobre todo porque no hay raz\u00f3n alguna para que esto nos haya pasado a los dos, mi amada.<\/p>\n\n\n\n<p>El otro d\u00eda so\u00f1\u00e9 contigo. Eras una vieja, nonagenaria, pero a\u00fan hermosa. Me abrazabas con fuerza y ternura. Yo te acariciaba las mejillas, y vos corr\u00edas por la calle principal de un pueblo polvoriento y abandonado, como los que se ven en las pel\u00edculas de vaqueros.<\/p>\n\n\n\n<p>Vos sos mi cortejante perfecta, la ni\u00f1a de mis sue\u00f1os, <em>la raz\u00f3n de mi existencia<\/em>. Sin vos, no soy m\u00e1s que una masa muscular potente, expresiva, inteligente&#8230; pero incompleta. La verdadera int\u00e9rprete sos vos. Y yo, mi amada, soy tu gu\u00eda espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfTe acord\u00e1s cuando encontramos aquella imagen? Fue poco despu\u00e9s de que dej\u00e9 de caminar. Estabas buscando cosas en internet y me dijiste que hab\u00eda un antecedente de lo nuestro: un dibujo japon\u00e9s llamado El sue\u00f1o de la mujer del pescador, del libro er\u00f3tico Kinoe no Komatsu. Era una tarde de fr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos pulpos rodean con sus tent\u00e1culos a una mujer desnuda, una buceadora, esposa de un pescador. El erotismo de la imagen no tiene l\u00edmites; uno puede imaginar cualquier cosa. Eso somos nosotros: una pareja inimaginable, pero libre. Libres, al fin, de los prejuicios de la sociedad, del entorno. Libres para pensar, para sentir, para tocarnos. Tocarnos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y segu\u00eds leyendo, amor m\u00edo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La libertad, Sancho, es uno de los m\u00e1s preciosos dones que a los hombres dieron los cielos&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Me he liberado del cautiverio de este cuerpo. Del cuerpo de un hombre. He logrado sacar lo que verdaderamente soy, lo que fui desde mi ni\u00f1ez, incluso antes de mi nacimiento. A muchas personas les ha pasado, pero nosotros somos los primeros que nos aceptamos mutuamente. Salvo, claro, que la mujer del pescador haya existido, y no sea solo fruto de la imaginaci\u00f3n de un artista japon\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Somos el tal para el cual. Vos, con tus libros, tu cultura, tu arte, tu sabidur\u00eda para encontrar obras y estudiar las bellezas que ha producido la humanidad en los \u00faltimos milenios. Solo una artista como vos puede valorar mis redondeces, la fluidez de mi cuerpo, mis tonos tornasolados, mis ventosas. Te quiero y te deseo, amada m\u00eda, desde los besos en la Escuela Nacional hasta aquella vez que te acompa\u00f1\u00e9 a Par\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfTe acord\u00e1s? El Temple du Marais, en la rue Saint-Antoine. S\u00ed, ese. Lo conocimos el d\u00eda que fuimos a la plaza de los Vosgos, una tarde fr\u00eda, vos con tu campera inflable roja contrastando con el cielo gris de enero.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>No puedo creer el fr\u00edo que hace en esta ciudad hermosa. Estos palacetes con frontispicios ornamentados por los grandes creadores del barroco&#8230; No entiendo una forma de vida sin arte. Par\u00eds es lo sublime. Cu\u00e1nta alegr\u00eda puede ser recorrer esta ciudad caminando en cualquier \u00e9poca del a\u00f1o, pero en invierno es de una sofisticaci\u00f3n impar, con ese contraste entre el cielo gris\u00e1ceo y la piedra de los h\u00f4tels.<\/p>\n\n\n\n<p>Par\u00eds es una sinfon\u00eda de contrastes, y eso es lo que venimos a ver. Me dec\u00eds que este lugar te gusta sobremanera, que es uno de los puntos m\u00e1s atractivos de la ciudad. Vamos a la plaza de los Vosgos por el Boulevard Henri IV, cuando me dec\u00eds que quer\u00e9s ser un pulpo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pod\u00e9s ser lo que quieras, amor m\u00edo \u2014te digo\u2014. Est\u00e1 en vos decidir tu destino. Sos libre de ser lo que quieras. Y nos besamos. \u00bfD\u00f3nde? Ah, s\u00ed, ahora me acuerdo: en la puerta del Temple du Marais, en la rue Saint-Antoine. S\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>La libertad es un sue\u00f1o que merece ser compartido<\/em> \u2014me dec\u00eds con esa voz tan seductora que ten\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Y mi deseo es estar contigo siempre, amado. Que me acompa\u00f1\u00e9s por todas las ciudades del mundo para que puedas conocer todas las obras de arquitectura que tanto me fascinan, con sus esculturas y sus jardines. Iremos a donde sea, haremos todo lo que el destino nos depare.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Y vos ser\u00e1s entonces un pulpo<\/em> \u2014te digo riendo. Me recit\u00e1s uno de tus fragmentos favoritos del <em>Quijote<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La libertad, Sancho, es uno de los m\u00e1s preciosos dones que a los hombres dieron los cielos&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y luego agreg\u00e1s, con una media sonrisa, disfrutando el momento:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>&#8230;el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los pulpos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Si hay algo que admiro de vos es tu creatividad. Siempre con ideas nuevas y esa capacidad innata para escribir, rimar, memorizar cosas. Ten\u00e9s una memoria infinita: kil\u00f3metros de versos con rima o libres fluyen de tu boca, y los recit\u00e1s con la entonaci\u00f3n justa, con esos ojos que parecen darle un \u00e9nfasis particular a cada palabra, a cada s\u00edlaba que sale del cerco de tus labios, mientras mov\u00e9s las manos como un senador romano en el foro.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora no hay m\u00e1s manos ni boca, porque <em>sos un pulpo<\/em>. Tu deseo fue m\u00e1s fuerte que la naturaleza, y cambiaste completamente en los \u00faltimos tiempos. Lo hiciste por amor, me dijiste.<\/p>\n\n\n\n<p>Vivimos juntos en esta casa. Tenemos todo lo que necesitamos. Agua para vos, una cama para m\u00ed. A veces soy yo quien se mete en tu pilet\u00f3n del living; a veces sos vos quien se acerca a mi lecho para que pueda sentirte como la mujer del pescador. Sos un amor pr\u00f3ximo a la perfecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de la transformaci\u00f3n, cuando fuimos a Barcelona, comimos en <em>Els Quatre Gats<\/em>, sentados en una sala que a\u00fan estaba medio vac\u00eda. Un chico con una guitarra cantaba una canci\u00f3n de Alberto Cortez. Me acuerdo de los dos platos con tent\u00e1culo de pulpo cubierto con salsa de tomate y cebolla: una delicia sin igual. Qu\u00e9 felicidad pasear con vos cuando a\u00fan eras humano. El disfrute de ese sabroso plato, las cervezas fr\u00edas, la m\u00fasica dentro de ese lugar \u00edntimo en el centro de Barcelona&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Dejaste la mitad del tent\u00e1culo en el plato.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No puedo comerlo, es canibalismo definitivo \u2014dijiste, y re\u00edmos: vos con la mirada brillante, yo mostr\u00e1ndote todos los dientes. Todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de la noche en que discutimos por primera vez en meses, se me ocurri\u00f3 comerte. Cort\u00e9 un tent\u00e1culo y no te quejaste: simplemente me miraste con tus ojitos, como miran los gatitos cuando ven el plato vac\u00edo y esperan que el Whiskas caiga como man\u00e1 del cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Te saco uno. Con esto como varios d\u00edas, es grande \u2014te dije.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Comelo. Lo hice por vos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al otro d\u00eda ya est\u00e1bamos m\u00e1s calmados, y seguimos leyendo la historia del pulpo y la mujer del pescador.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>La inspiraci\u00f3n es algo que uno no puede entender, Denise; una luz que baja de nadie sabe d\u00f3nde y que te deja una peque\u00f1a parte de todo el tesoro que te ofrece. Somos nosotros, los comunes y mediocres mortales, los que no podemos aprovechar todo lo que nos ofrece esa luz. Por eso es que los grandes poetas agradecen a esa entidad incorp\u00f3rea, et\u00e9rea, el toque que nos dejan en la mente y en el alma por un instante.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo te ha pasado, amor, que en un sue\u00f1o has recibido de regalo los versos m\u00e1s hermosos y al despertar no has podido escribirlos? Es muy com\u00fan. A todos nos pasa: siempre so\u00f1amos con una obra insigne que, sin embargo, queda perdida en alg\u00fan lugar del espacio-tiempo, ida para siempre. O tal vez la aprovecha alguien m\u00e1s, que no conocemos, y luego lo leemos sorprendidos porque ha tenido una idea parecida a la nuestra.<\/p>\n\n\n\n<p>Detr\u00e1s de cada episodio de la vida cotidiana hay una historia que debemos encontrar. La labor del escritor es eso: encontrar una trama en un hecho simple, cotidiano. Las grandes obras comienzan con peque\u00f1as inspiraciones. Pensar que, aqu\u00ed a unas cuadras, en la plaza de los Vosgos, vivi\u00f3 V\u00edctor Hugo. \u00bfTe imaginas cu\u00e1ntas vivencias y curiosidades habr\u00e1 visto por estas calles?<\/p>\n\n\n\n<p>Fijate en la pareja de enfrente. S\u00ed, esa que est\u00e1 delante del Convento de la Visitaci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo que no la ves? La mujer tiene una campera inflable roja que es un esc\u00e1ndalo\u2026 Pens\u00e1 en una historia con esa pareja. \u00bfQu\u00e9 se te ocurre?&#8230; \u00bfNada? Pero entonces no ten\u00e9s imaginaci\u00f3n, amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1n enamorados. Ella es una experta en arte, una curadora. \u00c9l es un tipo medio raro. El asunto es que, cuando vuelven a su pa\u00eds despu\u00e9s de unas vacaciones en Par\u00eds que les costaron todos sus ahorros, el muchacho se empieza a transformar gradualmente en un pulpo. La mujer, que no encuentra trabajo en su ciudad, empieza a desesperar, y un d\u00eda descubre que su novio\u2014en un acto supremo de amor\u2014 se transform\u00f3 en pulpo para alimentarla y que pueda continuar con su carrera. \u00bfNo te gusta?<\/p>\n\n\n\n<p>La pareja de enamorados repentinamente comienza a discutir, las voces se van alzando en el fr\u00edo de la calle invernal. La mujer de la campera roja comienza a llorar.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie los mira.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina 3 de mayo de 2025<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano Antes del cambio, ten\u00eda facilidad para hablar. 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