{"id":74552,"date":"2025-06-06T20:09:05","date_gmt":"2025-06-06T20:09:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=74552"},"modified":"2025-06-06T20:09:27","modified_gmt":"2025-06-06T20:09:27","slug":"la-formula-n-19-del-doctor-cornelius-orson-jr","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=74552","title":{"rendered":"La f\u00f3rmula n\u00b0 19 del doctor Cornelius Orson (Jr.)"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/La-formula-N\u00b0-19-del-Doctor.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/La-formula-N\u00b0-19-del-Doctor-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-74553\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/La-formula-N\u00b0-19-del-Doctor-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/La-formula-N\u00b0-19-del-Doctor-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/La-formula-N\u00b0-19-del-Doctor-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/La-formula-N\u00b0-19-del-Doctor-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/La-formula-N\u00b0-19-del-Doctor-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/La-formula-N\u00b0-19-del-Doctor.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>La f\u00f3rmula n\u00b0 19 del doctor Cornelius Orson (Jr.)<\/p>\n\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1s ah\u00ed, sentada en la habitaci\u00f3n de suelo de parqu\u00e9, con la madera deteriorada en algunas partes, pero con una sonrisa feliz al sol de la ma\u00f1ana que entra por el ventanal. El gato se desliza entre los muebles como una presencia divina, un \u00eddolo pagano de esos que se ven en los grandes museos.<\/p>\n\n\n\n<p>Enfundada en tu malla blanca de yoga, mir\u00e1s el perfil de la ciudad, un tumor de cien millones de habitantes en la superficie del planeta, con edificios de alturas obscenas surgiendo de una nube de contaminaci\u00f3n controlada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 pasar\u00e1 cuando esto deje de existir? \u2014pregunt\u00e1s. La idea de que todo, alguna vez, desaparezca, est\u00e1 siempre latente. Me resulta imposible no pensar en el ma\u00f1ana, en ese tiempo incierto donde la felicidad de hoy \u2014para quienes la sienten\u2014 se deshace en hilos de desesperanza y frustraci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 recuerdos puede guardar mi conciencia cuando cierro los ojos por las noches y veo escenas del pasado que no logro ubicar ni en un antes ni en un despu\u00e9s?\u2014Segu\u00eds hablando mientras despleg\u00e1s la esterilla sobre el suelo\u2014 Yo no s\u00e9 nada de mi existencia. El tiempo est\u00e1 siempre aqu\u00ed, molestando.<\/p>\n\n\n\n<p>Viejo y molesto tiempo. Qu\u00e9 lindo ser\u00eda que no existieras.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Cabalga con garbo sobre un animal bien cuidado y alimentado.<\/p>\n\n\n\n<p>Lleva una camisa pulcra y un saco que le calza a la perfecci\u00f3n. La elegancia es su forma de existir. Un leve olor a perfume se deja sentir cuando desmonta del caballo y se lo entrega a un muchacho para que lo cuide y lo alimente. Pregunta por un buen hotel en la ciudad y, de las alforjas, saca su equipaje sencillo: una especie de portafolios que cuida como si fuera su propio coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace ya muchos a\u00f1os que recorre todos los pueblos presentando su panacea: el producto que \u2014seg\u00fan el guion\u2014 ha desarrollado durante a\u00f1os de investigaci\u00f3n en un s\u00f3tano de su pueblo natal. Se acerca al bar que funciona en la planta baja del hotel. Espera encontrar lo que supone que debe: un pianista tocando ragtime, las prostitutas de rigor y cuatro hombres de aspecto sudoroso y rudo jugando al p\u00f3ker.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, no es tan simple. El cine del siglo XX ha hecho mucho da\u00f1o confundiendo la imaginaci\u00f3n de la gente.<\/p>\n\n\n\n<p>Las prostitutas seguramente est\u00e1n ocupadas, porque no ve a ninguna. Ya bajar\u00e1n. Los cuatro hombres siguen jugando; no se dan vuelta ni hacen comentarios socarrones, simplemente juegan al p\u00f3ker. El due\u00f1o del bar es atento y no le dice que los forasteros no son bienvenidos. Al contrario, lo recibe bien y sonriente.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre saca un cartel de madera primorosamente enmarcado y pintado:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>A las 19:00, el doctor Cornelius Orson Jr. presentar\u00e1 a los correctos y bienaventurados habitantes de Neckerville su nuevo invento: \u00bfDolor de garganta? \u00bfEnc\u00edas d\u00e9biles? \u00bfTrastornos digestivos? Todo se soluciona con este fabuloso producto. La reuni\u00f3n ser\u00e1 una distinguida presentaci\u00f3n cient\u00edfica. Pueden asistir damas y ni\u00f1os.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Se dirige a la habitaci\u00f3n que est\u00e1 en la planta superior, un cuarto con empapelado y candelabros que imitan un interior franc\u00e9s, con pretensiones de lugar distinguido. Mientras acomoda sus pertenencias silba bajito una melod\u00eda irlandesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Mira por la ventana de la habitaci\u00f3n y ve en la calle de tierra a la gente caminando, haciendo compras; madres con capelinas que llevan a los ni\u00f1os de la mano; una herrer\u00eda con el acompasado ritmo del martillo; en la esquina, un banco con columnas griegas, el \u00fanico edificio verdaderamente pretencioso y elegante de Neckerville.<\/p>\n\n\n\n<p>Abre una de sus alforjas y distribuye sobre la cama varias cajitas de metal con letras vistosas y su fotograf\u00eda enmarcada en un \u00f3valo ornamentado con firuletes: <em>\u201cLa maravillosa pastilla N\u00ba 19 del Doctor Cornelius Orson\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Se mira en el espejo y observa esos bigotes que se ha dejado crecer para la ocasi\u00f3n. Dos manubrios engominados que le dan una presencia de hombre serio, de sabidur\u00eda indiscutible.<\/p>\n\n\n\n<p>Baja nuevamente al sal\u00f3n para preparar la disertaci\u00f3n de la tarde. El pianista sigue tocando una hermosa melod\u00eda a la que ha incorporado la voz; es una canci\u00f3n de a\u00f1oranzas y nostalgia que habla de un viejo hogar en Kentucky:<\/p>\n\n\n\n<p><em>The sun shines bright in the old Kentucky home,<br>\u2019Tis summer, the darkies are gay;<br>The corn-top\u2019s ripe and the meadow\u2019s in the bloom,<br>While the birds make music all the day.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>De los cuatro jugadores de p\u00f3ker han quedado dos, que sonr\u00eden divertidos. No hubo tiros. Son solo amigos que se divierten por el placer de estar vivos.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de ellos, el que lleva un enorme pa\u00f1uelo rojo, lo mira entre serio y divertido y lo saluda respetuosamente. Orson le devuelve la cordialidad y se dirige al peque\u00f1o escenario improvisado, donde hablar\u00e1 a su audiencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Busca en su malet\u00f3n de cuero algunas hojas de papel donde tiene anotadas ideas para su disertaci\u00f3n; una vez m\u00e1s, la melod\u00eda irlandesa asoma a sus labios.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Una gota suena sin caer.<\/p>\n\n\n\n<p>El viento sopla sobre una playa de arena azul, tan azul como tus ojos que contrastan con tu enterito blanco. Eres hermosa, tu piel oscura de ancestros indios y tus ojos europeos, una fusi\u00f3n de sangres m\u00e1gica, de belleza superlativa. \u00bfQui\u00e9n decidi\u00f3 qu\u00e9 es la belleza? \u00bfY el tiempo?<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo es una mentira. \u00bfMentira?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el tiempo perdido que no volver\u00e9 a encontrar? \u00bfEn qu\u00e9 rinc\u00f3n del universo se qued\u00f3 adherido, como una c\u00e1scara seca y olvidada? A veces imagino las historias de mi vida como restos abandonados dentro de una heladera vieja, oxidada, arrinconada en un dep\u00f3sito. La puerta descascarada, pintada torpemente por un t\u00e9cnico que intent\u00f3 revivirla.<\/p>\n\n\n\n<p>Adentro, bandejitas de telgopor cubiertas con pl\u00e1stico pegajoso, con restos de dulce de batata, de membrillo, de quesos rancios. Cada envase, un pedazo de tiempo encapsulado: una tarde en que no me anim\u00e9 a acostarme con alguien. El cumplea\u00f1os de la abuela al que no fui, y que muri\u00f3 tres d\u00edas despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Y esta otra: vos, te veo en tu pose de yoga perfecta. A trav\u00e9s del ventanal polarizado, la ciudad respira su monstruosa exhalaci\u00f3n: cien millones de almas y todos sus muertos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfHas pensado en eso? Detr\u00e1s de cada uno de nosotros, hay miles de historias extinguidas. Fantasmas que flotan sobre el cielo de esta ciudad de luces y sombras, col\u00e1ndose en las s\u00e1banas de los amantes, gimiendo. \u00bfCu\u00e1ntos de esos suspiros que creemos humanos son el eco de los muertos?<\/p>\n\n\n\n<p>La miro hacer yoga en la habitaci\u00f3n y me quedo absorto en la fineza de sus rasgos, en la l\u00ednea serena de su espalda. No quiero molestarla pero las ganas de sorprenderla me desbordan.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella no se mueve ni un mil\u00edmetro. Est\u00e1 en trance.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Mi show est\u00e1 por comenzar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Damas y caballeros, distinguidos habitantes de la populosa y laboriosa Neckerville, tengan ustedes muy buenas tardes. Desde que llegu\u00e9 ayer, he observado con admiraci\u00f3n una ciudad pujante, plena de hombres y mujeres industriosos que han sabido hallar en la senda del Se\u00f1or el camino digno en este Valle de L\u00e1grimas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>S\u00e9 que est\u00e1n acostumbrados a recibir personajes de todo tipo: encantadores de serpientes, alquimistas de ocasi\u00f3n, falsos doctores de Nueva York y Par\u00eds. Yo no soy uno de ellos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Soy un hombre de estas tierras. Un veterano. Un ciudadano probo que ha dedicado sus a\u00f1os maduros al estudio de las sustancias que Dios \u2014perfecto arquitecto del universo\u2014 nos dio el d\u00eda de la creaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Desde ni\u00f1o he indagado en las hierbas que crecen en nuestros campos. He fatigado mis ojos con los textos de Teofrasto, Galeno, Arist\u00f3teles&#8230; y tambi\u00e9n he escuchado la sabidur\u00eda ancestral de los pueblos originarios que habitaron estas llanuras. Aunque no hayan sabido adaptarse del todo al bienestar civilizado que les trajimos hace ya tres siglos, algo nos dejaron. Y hoy vengo a compartir con ustedes ese legado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El hombre del pa\u00f1uelo rojo est\u00e1 en el centro de la sala. Junto a \u00e9l hay una mujer con una capelina y un velo, que tiene a su lado a dos ni\u00f1as rubias con aspecto de irlandesas. Junto a una de las paredes del bar hay una mujer vestida de negro, probablemente una viuda. En un mundo de desilusiones a\u00fan se guarda el inter\u00e9s por mantener alg\u00fan tipo de salud, un \u00fanico tesoro que no sea arrebatado por las balas o por los indios.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Por solo una cifra m\u00ednima, ustedes podr\u00e1n, damas y caballeros, adquirir una muestra del maravilloso producto que he elaborado con la seriedad cient\u00edfica que me han conferido mis a\u00f1os de estudio. Piensen ustedes, mis muy estimados ciudadanos de Neckerville, que con una sola dosis \u2014una sola pastilla\u2014 de la soluci\u00f3n N\u00ba 19 del Doctor Cornelius Orson, quien tiene el honor de hablarles personalmente, podr\u00e1n eliminar ese malhadado dolor de cabeza, ese terrible dolor de muelas y, \u00bfpor qu\u00e9 no?, calmar los mareos y sensaciones desagradables de esa comida que no debieron exagerar&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El mocet\u00f3n r\u00fastico del pa\u00f1uelo rojo, que lo ha estado mirando fijamente, comienza a sonre\u00edr y a mostrar un rostro ani\u00f1ado, entre divertido y burl\u00f3n. \u00c9l lo mira un momento, devolvi\u00e9ndole la gentileza del gesto y todo se resuelve en una amplia sonrisa que muestra una hilera perfecta de dientes.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> Una sensaci\u00f3n de desasosiego invade el cuerpo del doctor, que ahora est\u00e1 parado en el medio de una pradera vestida de altos pastizales que se mecen al sol, brillando; es un muchacho que observa el min\u00fasculo universo de los granos de tierra y arena, buscando ra\u00edces, plantas y flores para experimentar en los alambiques y retortas del s\u00f3tano de un viejo caser\u00f3n. La imagen del indio enhiesto, alt\u00edsimo se forma nuevamente en su mente: es el depositario de una sabidur\u00eda ancestral, un hombre en comuni\u00f3n con la tierra que viene a revelarle su sabidur\u00eda y permitirle as\u00ed, despu\u00e9s de dieciocho fracasos, crear la bienquista f\u00f3rmula N\u00b0 19.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Vislumbra la manchita blanca en el centro de la pradera. Las panojas se mecen al sol en una sinfon\u00eda de silencio. El hombre avanza con una lentitud pasmosa que le permite mantener su presencia hier\u00e1tica, ancestral. La piel cobriza pulida por el sol refleja el sol de la media ma\u00f1ana en la hermosa pradera. Camina a paso firme hasta llegar junto a la joven mujer vestida con una segunda piel blanca que le cubre todo el cuerpo. Est\u00e1 con las piernas cruzadas y con los brazos descansando sobre las rodillas, los ojos cerrados. El indio se agacha y saca con todas sus fuerzas una planta de la tierra, las ra\u00edces quedan al descubierto.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer de la malla blanca abre los ojos lentamente y mira la ra\u00edz brillar al sol. Detr\u00e1s se asoma una ciudad de cien millones de almas, con los fantasmas de los hombres y mujeres que quisieron matar y violar a tus ancestros y lo \u00fanico que pudieron obtener fue un golpe de tomahawk.<\/p>\n\n\n\n<p>Se levanta lentamente de la esterilla y se anuda un pa\u00f1uelo rojo al cuello mientras va a la cocina a preparar un t\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina 6 de junio de 2025<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Nicolau Eymann La f\u00f3rmula n\u00b0 19 del doctor Cornelius Orson (Jr.) Especial para Eco Italiano Est\u00e1s ah\u00ed, sentada en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[18,43],"tags":[],"class_list":["post-74552","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-english","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/74552","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=74552"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/74552\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":74554,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/74552\/revisions\/74554"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=74552"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=74552"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=74552"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}