{"id":75649,"date":"2025-06-29T14:23:50","date_gmt":"2025-06-29T14:23:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=75649"},"modified":"2025-06-29T14:24:09","modified_gmt":"2025-06-29T14:24:09","slug":"la-prisionera-de-guilay","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=75649","title":{"rendered":"La prisionera de Guilay"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/LPDG.png\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/LPDG-683x1024.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-75650\" style=\"width:422px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/LPDG-683x1024.png 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/LPDG-200x300.png 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/LPDG-768x1152.png 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/LPDG-100x150.png 100w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/LPDG.png 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>De los cuatro temperamentos \u2014sangu\u00edneo, col\u00e9rico, melanc\u00f3lico y flem\u00e1tico\u2014 la vida me ha dotado con una mezcla equitativa. Puedo adaptarme a las situaciones m\u00e1s diversas y reaccionar ante la adversidad con la fiereza de un animal acorralado, o con una ternura infinita cuando se trata de los arrobos del amor. No conozco persona m\u00e1s melanc\u00f3lica que yo al recordar mi terru\u00f1o, ni m\u00e1s col\u00e9rica cuando insultan a mi patria.<\/p>\n\n\n\n<p>El rey de Guilay ultraj\u00f3 los templos de mi pa\u00eds, cometiendo correr\u00edas y tropel\u00edas en nuestras fronteras. El soberano, herido en su orgullo, convoc\u00f3 a sus adalides y capitanes m\u00e1s bizarros, y en pocos d\u00edas se alz\u00f3 una fuerza nunca vista en nuestras tierras. Esas huestes y mesnadas incursionaron con \u00e9xito en los dominios del rey de Guilay. Hubo muertes justas e injustas: la guerra no se esfuerza en distinguir los matices de la sangre.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de d\u00edas de guerrillas contra los pocos hombres que a\u00fan le rend\u00edan pleites\u00eda al rey, llegamos a los muros de la capital. Sobornos entregados antes del alba provocaron la estrepitosa ca\u00edda del puente levadizo. Dos horas despu\u00e9s, manos y cabezas pavimentaban las calles de Guilay. La poblaci\u00f3n, acobardada por la tiran\u00eda de su soberano, decidi\u00f3 festejar nuestra entrada como liberadores. Algunos pocos que ten\u00edan alg\u00fan sentimiento patri\u00f3tico fueron colgados en la torre del homenaje para beneficio de grajos y cuervos. A la tarde reinaba un nuevo orden: al d\u00eda siguiente, algunos tenderetes aparecieron en la plaza. Tres d\u00edas despu\u00e9s, la ciudad volv\u00eda a la normalidad: quienes elegimos el ejercicio de la guerra hemos visto esta historia muchas veces.<\/p>\n\n\n\n<p>Para mi asombro y el de los hombres que me secundaron en la tarea de liberar a la nobleza injustamente presa, encontramos la c\u00e1rcel casi vac\u00eda: el rey consideraba m\u00e1s eficiente asesinar a sus enemigos que encerrarlos durante a\u00f1os. Antes de ejecutar al say\u00f3n \u2014que recibi\u00f3 su destino con una entereza asumida hac\u00eda a\u00f1os\u2014 nos habl\u00f3 con voz firme y resignada acerca del \u00fanico reo de la c\u00e1rcel.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Lleg\u00f3 hace a\u00f1os, ya no lo recuerdo, acusada de hechicer\u00eda. Bastaron unos animales muertos junto a su choza para signar su destino. Los golpes en el cepo no cambiaron su actitud de m\u00e1rtir. Dijo no saber nada de nada. Los jueces dictaminaron su prisi\u00f3n por siempre: se basaron en la creencia de que las personas que comercian con el mal son fuertes a la hora del suplicio. Por las mazmorras pasaron centenares de prisioneros; las guerras nos tra\u00edan material de trabajo, sangre fresca. Muchos murieron aqu\u00ed, otros fueron ejecutados luego de largos encierros, pero la mujer permaneci\u00f3 siempre en un rinc\u00f3n con su carga de cadenas. Pocas veces se quej\u00f3 de algo, siempre mantuvo la compostura. Soy un hombre vil y tosco; jam\u00e1s pude pasar de ser bandolero o ladronzuelo. El \u00fanico trabajo que pude mantener fue el de verdugo y llaverizo. No tengo las palabras de un se\u00f1or ni de un sacerdote, te cuento lo que mi mente seca puede decirte. Ahora que obedeces a un nuevo se\u00f1or, la c\u00e1rcel est\u00e1 a tu cargo. Ten cuidado con la mujer\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>A\u00f1os despu\u00e9s de su encierro, los jueces que la condenaron murieron ancianos en sus camas, cubiertos por ricos edredones orlados con pedrer\u00eda. La vida de juez consiste en lujos no en justicia. Los nuevos magistrados revolvieron membranas y folios y encontraron el proceso de la mujer. Uno de ellos se interes\u00f3 y condescendi\u00f3 a ensuciarse el calzado por los pasillos de la c\u00e1rcel. Lo conduje hasta la celda donde hac\u00eda m\u00e1s de diez a\u00f1os que la mujer viv\u00eda con una magra vitualla y poca luz. El juez habl\u00f3 largo y tendido. Cuando sali\u00f3, su rostro estaba completamente cambiado: ya no era el capitoste orgulloso que hab\u00eda entrado, ahora era un ser asustado. S\u00ed, cr\u00e9alo, se\u00f1or, \u00a1estaba asustado!\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> <em>Lamentablemente el magistrado no podr\u00e1 informarte del di\u00e1logo que mantuvo con la mujer: es el hombre desnudo y sin manos que pende de una soga delante de aquella aspillera del castillo. Has ejecutado las \u00f3rdenes de tu se\u00f1or con eficiencia y expedici\u00f3n, ya que el palacio est\u00e1 casi vac\u00edo\u2026estoy dispuesto yo tambi\u00e9n, invasor.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La cabeza cay\u00f3 al segundo golpe.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Me encamin\u00e9 por el largo pasillo. A ambos lados se abr\u00edan celdas apenas iluminadas y con gruesas rejas. Estaban todas vac\u00edas, excepto una, donde se encontraba una mujer de edad incierta y aspecto sorprendente. A pesar de haber estado m\u00e1s de veinte a\u00f1os soterrada, no ten\u00eda el porte de alguien avejentado o sufrido; era una mujer simple, apenas golpeada por la realidad acerba de su existencia diaria. Estaba encadenada de manos y pies con gruesas cadenas que produc\u00edan una m\u00fasica insoportable al moverse la portadora de tan descomunales elementos.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer me vio y me mir\u00f3 sabiendo qui\u00e9n era y lo que ocurr\u00eda all\u00ed; no s\u00e9 c\u00f3mo puedo afirmarlo, pero su mirada me dijo mucho m\u00e1s que las palabras que luego intercambi\u00e9 con ella. Hay seres as\u00ed: se valen de alguna otra forma de comunicaci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de las palabras para entenderse con quienes eligen. Yo, un burlador de las puertas de esta prisi\u00f3n, era uno de esos. No me dej\u00f3 presentarme. Con voz clara, se dirigi\u00f3 a m\u00ed, aunque sus palabras parec\u00edan destinadas al universo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Sab\u00eda que vendr\u00edas, invasor. Los p\u00e1jaros se han movido de forma extra\u00f1a en los \u00faltimos tiempos, anunciando la venida de tus huestes y de tus capitanes. El olor a tierra, tinta de sangre, indicaba que, en pocas horas, estar\u00edas aqu\u00ed, parado ante la puerta de esta morada.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No, no guardo resentimiento al mundo, ni tampoco a mis verdugos: hicieron lo que deb\u00edan y sab\u00edan. En vano fueron sus tormentos, los l\u00e1tigos y los hierros candentes. No quise decir lo que no pod\u00eda. No soy hechicera, no mat\u00e9 a nadie. He hecho y sabido, sin embargo, otras cosas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Me cri\u00e9 en el campo, retozando entre la naturaleza, que es la contracara de eso que ustedes, los guerreros, llaman Dios: una idea suprema que veneran y manipulan a su antojo, invoc\u00e1ndola para justificar sus tropel\u00edas \u2014ya sea por \u00f3rdenes, por inter\u00e9s o por simple avaricia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo divino, tal como lo conciben, no es m\u00e1s que una mentira urdida entre muchos. T\u00fa eres uno de ellos. Si supieras escuchar a las aves y comprender a los \u00e1rboles, entender\u00edas que lo sagrado no se presta a pactos con quienes eligen la violencia. La divinidad verdadera no se rebaja a esos juegos humanos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Los conocimientos que form\u00e9 a partir de mis caminatas por el bosque y los campos no fueron puestos en libros, como hacen tus sabios en los conventos y palacios, invasor. Toda esa sabidur\u00eda permaneci\u00f3 en mi mente, y supe usarla en favor de mis semejantes.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>\u00bfQu\u00e9 es el bien? \u2014seguramente me preguntar\u00e1s\u2014. No puedo contestar algo que se siente. Una mirada, un gesto: esas son manifestaciones del bien. Creemos que una caricia de enamorados o un beso en la boca \u2014solo tuve uno, hace muchos a\u00f1os\u2014 son las expresiones m\u00e1s sublimes y refinadas del afecto y del amor de alguien bueno. Pero esas cosas son solo una expresi\u00f3n \u00faltima de quienes no pueden transmitirlo por medios m\u00e1s sutiles. El pensamiento de una persona buena es captado, sin palabras, por otra de igual bondad.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Un entrevero con un noble herido, en un episodio de cetrer\u00eda, hizo que empleara una tisana preparada por m\u00ed. El hombre sobrellev\u00f3 su dolor con dignidad y san\u00f3. Pero al contar la historia entre sus pares, suscit\u00f3 la desconfianza de los castellanos. El condestable no perdi\u00f3 tiempo y orden\u00f3 mi cacer\u00eda. Sus esbirros encontraron unas gallinas muertas junto a mi casucha y lo tomaron como la prueba de mis fechor\u00edas y comercio con el mal; fui tra\u00edda aqu\u00ed, donde me sojuzgaron con las leyes escritas por hombres leales al reino. Las leyes de Dios son inc\u00f3gnitas para los violentos de coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Me torturaron a m\u00e1s no poder. Los jueces no hallaron nada grave en mis declaraciones, dado que no dije nada de lo que esperaban. Argumentaron que el Malvado que siempre acecha me hab\u00eda entrenado para mantener la firmeza, y que eso era m\u00e1s que prueba suficiente. Me condenaron sin pruebas y me soterraron. Antes de entrar a este lugar, remacharon las cadenas que ahora ves adornando mu\u00f1ecas y tobillos; estoy orgullosa de que me hayan acompa\u00f1ado tantos a\u00f1os.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Encerrada e inmovilizada en este lugar encontr\u00e9 un espacio propicio para pensar sin distraerme. La c\u00e1rcel se convirti\u00f3 en un sitio de encuentro con fuerzas que hab\u00eda frecuentado en mis paseos por el campo sin comprenderlas. Sin embargo, aqu\u00ed pude encontrarme con ellas cara a cara. Llegar a la sabidur\u00eda fue un camino arduo y acerbo. Los primeros tiempos deb\u00ed combatir contra el hambre y el fr\u00edo. El cuerpo, atenazado por los hierros, padec\u00eda un dolor constante y los golpes del carcelero no me permitieron estar tranquila ni un momento.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Vi muertes. Cuando el desprecio por mi cuerpo y el abandono de mis semejantes llegaron a un punto insoportable, me di cuenta de que pod\u00eda dialogar con cosas que no ve\u00eda. Adem\u00e1s, no necesitaba articular palabra para comunicarme: se hab\u00edan metido dentro de m\u00ed, y hab\u00edamos entrado en la m\u00e1s hermosa de las comuniones que puedas imaginar. Era afortunada de estar encadenada aqu\u00ed.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Los seres que me acompa\u00f1aron desde entonces \u2014y hasta esta ma\u00f1ana, en que ustedes, invasores, liberaron a este pueblo de tan aciago rey\u2014 me contaron historias del pasado y, sobre todo, del porvenir. Supe que muchas personalidades importantes no eran un florilegio de virtudes, sino un haz de corrupciones y torpezas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Me enter\u00e9 por voces de otros presos que el juez que me sentenci\u00f3 a este entierro hab\u00eda muerto hac\u00eda unos d\u00edas, y que otro, m\u00e1s joven, lo reemplazaba. Con el correr del tiempo, el nuevo magistrado vino a verme. Lo mov\u00eda la curiosidad y la aparente intenci\u00f3n bondadosa de revisar mi sentencia. Entr\u00f3 aqu\u00ed rodeado de guardias de mirada torva. Intent\u00f3 entablar un di\u00e1logo conmigo, pero poco pudimos hablar. Me pregunt\u00f3 por qu\u00e9 me negaba a brindarle mi palabra, ya que \u2014seg\u00fan \u00e9l\u2014 se hab\u00eda acercado para darme alg\u00fan alivio a mis cuitas. \u2014Le respond\u00ed: \u2014No puedo creer en la palabra de un hombre desnudo y sin manos que pende de una soga.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Soy una persona simple, invasor. No es mucho lo que puedo contarte. Mi vida ha sido hablar con otras cosas que conoc\u00ed aqu\u00ed, en este lugar. Si lo que vienes a hacer es liberarme, cometer\u00e1s una injusticia. Ya no soy de tu mundo. Mi existencia est\u00e1 aqu\u00ed, en estas paredes. He hallado la sabidur\u00eda. La libertad que puedes darme ser\u00eda una aut\u00e9ntica prisi\u00f3n. D\u00e9jame aqu\u00ed.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La seguridad con que se expresaba la mujer era asombrosa. Adem\u00e1s, hablaba de un modo que no se correspond\u00eda con su anterior existencia en el campo, entre villanos y siervos de la gleba. Aquellas voces que dialogaban con ella le hab\u00edan otorgado un l\u00e9xico inusitado y una soltura al hablar que no he visto en los m\u00e1s altos magistrados ni en los m\u00e1s encumbrados se\u00f1ores.<\/p>\n\n\n\n<p>Saber en qu\u00e9 consisti\u00f3 su transformaci\u00f3n durante el encierro era una tarea ardua que nunca resolver\u00edamos. Esa mujer hab\u00eda accedido a un mundo vedado para todos nosotros. Las cadenas y el cepo hab\u00edan sido su puerta de entrada. Nosotros, los hombres libres, est\u00e1bamos encerrados en la ignorancia y la incertidumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, mi soberano \u2014que odiaba al mal\u00e9fico rey de Guilay\u2014 me hab\u00eda dado la orden de poner en libertad a todos los injustamente encarcelados. Sab\u00eda que no pod\u00eda desobedecer ni ofrecer explicaciones a mi rey, m\u00e1s all\u00e1 de mis atribuciones. Soy un hombre de armas, dado a la espada y a la lucha. No nac\u00ed para defender derechos delante de gentes principales.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa mujer hab\u00eda encontrado la paz en su encierro. A\u00f1os de aislamiento y sufrimiento corporal la hab\u00edan llevado a encontrar una sabidur\u00eda y entereza que yo \u2014una masa de m\u00fasculo, de valent\u00eda, de arrojo ciego\u2014 jam\u00e1s tendr\u00eda. Entonces, sin saber por qu\u00e9, la desesperaci\u00f3n y la angustia anidaron en mi coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Orden\u00e9 sacarla de su celda para llevarla al patio interior. La prisionera mostr\u00f3 desconcierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hombres que me acompa\u00f1aban se acercaron para quitarle las cadenas con un cortafr\u00edo, pero ella se mostr\u00f3 aterrada. Les dije que se las dejaran puestas, y me agradeci\u00f3 con una especie de sonrisa. Hice que la llevaran despacio, sin ayudarla, pues, a pesar de los a\u00f1os de encierro, se mov\u00eda con cierta dignidad y fortaleza en las piernas. Al llegar al centro del patio, se arrodill\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es as\u00ed como lo hab\u00eda imaginado \u2014dijo\u2014. Eres un buen hombre, invasor. Ten una buena vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Mir\u00f3 el cuerpo desnudo y sin manos que pend\u00eda en lo alto del castillo, y sonri\u00f3 con luz en el rostro.<\/p>\n\n\n\n<p>La cabeza cay\u00f3 al primer golpe.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina 29 de junio de 2025<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano De los cuatro temperamentos \u2014sangu\u00edneo, col\u00e9rico, melanc\u00f3lico y flem\u00e1tico\u2014 la vida me [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17,43],"tags":[],"class_list":["post-75649","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-espanol-2","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/75649","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=75649"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/75649\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":75651,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/75649\/revisions\/75651"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=75649"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=75649"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=75649"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}