{"id":77646,"date":"2025-08-03T14:23:07","date_gmt":"2025-08-03T14:23:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=77646"},"modified":"2025-08-03T14:23:34","modified_gmt":"2025-08-03T14:23:34","slug":"madre-cielo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=77646","title":{"rendered":"Madre cielo"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Madre-cielo.png\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Madre-cielo-683x1024.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-77647\" style=\"width:373px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Madre-cielo-683x1024.png 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Madre-cielo-200x300.png 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Madre-cielo-768x1152.png 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Madre-cielo-100x150.png 100w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Madre-cielo.png 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para eco italiano<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> Estoy aqu\u00ed por la entrevista. Me dicen que es al final de la calle, si es que todav\u00eda se puede llamar as\u00ed a ese antiguo camino que atravesaba el pueblo: apenas unas casas dispersas, una estaci\u00f3n de tren abandonada y unos cuantos edificios p\u00fablicos venidos a menos, invadidos por los yuyales. Est\u00e1 aqu\u00ed desde hace unos diez a\u00f1os. Ni siquiera puedo imaginar su aspecto.<\/p>\n\n\n\n<p>La casa es la del antiguo encargado del ferrocarril. El jard\u00edn es sencillo, con plantas que crecen en latas de conserva. Pero esa precariedad parece hablar de nobleza: quien habita all\u00ed ama a las plantas no por su belleza ni por su utilidadsino por algo m\u00e1s: una comuni\u00f3n con las cosas del universo.<\/p>\n\n\n\n<p>Golpeo las palmas y abre la puerta. Es una mujer mayor. Sin embargo, se la ve bien. Mis prejuicios me hicieron imaginar a una persona derrumbada, que no es. Me hace pasar con una sonrisa amable.<\/p>\n\n\n\n<p>En una pared se apilan, en un estante desvencijado, libros usados, le\u00eddos y rele\u00eddos, cuyos lomos informan sobre estrellas y galaxias.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Supe ser profesora de matem\u00e1tica en otra vida \u2014comenta, acariciando el tubo largo del telescopio montado en un tr\u00edpode\u2014. Cuando me jubil\u00e9, me compr\u00e9 este instrumento. Desde chica so\u00f1aba con tener uno. A lo largo de mi vida esper\u00e9 muchas veces el momento para conseguirlo, pero nunca se daba. Viv\u00ed a\u00f1os en la ciudad, en un departamento. A veces iba a una plaza, cerca de casa. Pero el cielo all\u00e1 est\u00e1 siempre turbio, con esa bruma opaca de las grandes urbes. Por eso vine aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSabe c\u00f3mo se llaman las Tres Mar\u00edas? \u00bfNo? Alnilam, Mintaka y Alnitak. Nombres \u00e1rabes. Se queda pensativa un instante, escuchando una voz interior.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa en aquel d\u00eda. Les prepara el equipaje en un recuerdo borroso. Los chicos est\u00e1n excitados con la idea del viaje de fin de semana. Camping, actividades al aire libre, paseo en bote; est\u00e1n entusiasmados con la aventura de navegar. Ninguno conoce el campo. Van imaginando cosas, influidas \u2014y algo desvirtuadas\u2014 por las pel\u00edculas y las series. Ella sonr\u00ede. Seguramente aprender\u00e1n algo nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la puerta de casa los ve alejarse en el auto. Las tres caritas bajo gorras que saludan desde el vidrio trasero parecen gatitos llevados a un mundo de juegos. Son hermosos. Piensa en los padecimientos de su marido que oficia de chofer. Mejor as\u00ed: con \u00e9l estar\u00e1n seguros en el campamento.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando regresen, habr\u00e1n crecido un poco. Mientras tanto, ella tiene tres d\u00edas para s\u00ed y ya plane\u00f3 limpiar la habitaci\u00f3n, ordenar los libros de la mesa. Ayer, caminando por el centro, vio en una vidriera un libro de astronom\u00eda, algo de divulgaci\u00f3n. Una obra sencilla, ideal para iniciarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Alg\u00fan d\u00eda, piensa, tendr\u00e9 lugar para montar un telescopio de verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasa por la cocina, saca una botella de agua y un vaso. En la sala, retoma el libro que estaba leyendo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>William Herschel, m\u00fasico de profesi\u00f3n y astr\u00f3nomo por pasi\u00f3n, descubri\u00f3 el planeta Urano en 1781. Al principio, al observar su movimiento extra\u00f1o en el cielo, pens\u00f3 que se trataba de un cometa. Sin embargo, con el tiempo se confirm\u00f3 que era, en realidad, un nuevo planeta: el primero descubierto gracias al uso de un telescopio. Herschel, de origen alem\u00e1n pero nacionalizado ingl\u00e9s, quiso bautizarlo GeorgiumSidus \u2014la estrella de Jorge\u2014 en honor al rey Jorge III. No obstante, prevaleci\u00f3 la tradici\u00f3n de usar nombres de la mitolog\u00eda cl\u00e1sica, y el planeta fue nombrado Urano. Parad\u00f3jicamente, la estrella de Jorge III comenzaba a apagarse. En 1776, un granjero llamado George Washington le arrebat\u00f3 medio imperio.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Sonr\u00ede, imaginando a aquellos astr\u00f3nomos pioneros. La pasi\u00f3n de los primeros descubridores, cuando conceptos completamente nuevos comenzaban a perfilarse y revelaban que el universo era mucho m\u00e1s vasto de lo que los antiguos cre\u00edan. El sistema solar, hasta entonces lo m\u00e1s lejano imaginable, resultaba ser solo una parte \u00ednfima de algo m\u00e1s complejo.<\/p>\n\n\n\n<p>El cielo es un enigma desde el origen mismo del ser humano. Se imagina a los primeros hom\u00ednidos corriendo por la sabana, mientras todo el peso de las estrellas cae sobre sus espaldas. \u00bfCu\u00e1ntas leyendas habr\u00e1n desaparecido con la extinci\u00f3n de los australopitecos y de todas las formas humanoides anteriores a la civilizaci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>Al otro d\u00eda, a media ma\u00f1ana, decide llamar al campamento para preguntar c\u00f3mo va todo. Seguramente deben estar dormidos despu\u00e9s del primer d\u00eda de campo. Est\u00e1 tranquila porque sabe que est\u00e1n los cuatro juntos. Desde temprano ha limpiado la casa y regado el fondo. Busca en la cocina el cartoncito de una cajita de remedios donde anot\u00f3 el tel\u00e9fono de la administraci\u00f3n del camping.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras se dirige al aparato de baquelita negro, piensa que podr\u00edan comprar uno m\u00e1s moderno, como para mejorar la est\u00e9tica de la sala. Mira con ese pensamiento al aparato cuando, repentinamente, suena. Respira hondo y se le aceleran los latidos.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Termino la entrevista y la saludo con una inclinaci\u00f3n de cabeza. Me pide disculpas y me dice que no le env\u00ede el art\u00edculo: no le interesa leer una historia conocida. Camino unos pasos hacia donde dej\u00e9 el auto estacionado. Me llama.<\/p>\n\n\n\n<p>Me pregunto nuevamente c\u00f3mo puede acostumbrarse a vivir en este lugar. S\u00e9 que es querida por los vecinos, pero la poblaci\u00f3n es tan dispersa que es probable que pase mucho tiempo en soledad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Han pasado cuarenta a\u00f1os \u2014comenta con una sonrisa melanc\u00f3lica\u2014, apenas un gui\u00f1o de ojos para los tiempos del universo. Levantar el tel\u00e9fono fue solo una ceremonia para confirmar lo que ya sab\u00eda. A veces pienso que hoy en d\u00eda, con los tel\u00e9fonos celulares, podemos saber las cosas al instante y no tenemos nada que decir. \u00bfLo ha pensado?<\/p>\n\n\n\n<p>Reflexiono sobre sus palabras. Cu\u00e1ntos llamados y mensajes recibo a diario de personas que no tienen nada para decirme, vidas desprovistas de pasi\u00f3n, influenciadas por los medios y la informaci\u00f3n superflua de las redes. Tal vez esta mujer recibi\u00f3, en ese lejano llamado a su tel\u00e9fono antiguo de baquelita negro, el llamado de Dios. Parece que me adivinara el pensamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nunca fui creyente. De joven, cuando estudi\u00e9 matem\u00e1ticas y f\u00edsica, me aficion\u00e9 a las ciencias y a los pensamientos cr\u00edticos de los cient\u00edficos y fil\u00f3sofos. Conceb\u00ed a Dios como la totalidad del universo, como las m\u00faltiples manifestaciones de la energ\u00eda estelar y de los mundos que nos rodean, aunque no podamos a\u00fan alcanzarlos. Es todo muy dif\u00edcil, \u00bfsabe? A veces querr\u00eda creer, sentir la mano de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSabe una cosa? Ellos fueron materia de estrellas. Todo lo que alguna vez estuvo en el cielo pas\u00f3 por ellos en forma de conciencia, de vida, de alegr\u00eda. Ahora han vuelto a ser eso: el ciclo se ha cumplido. La astronom\u00eda me los devuelve cada noche: mis tres estrellas, Alnilam, Mintaka y Alnitak, remando en bote a trav\u00e9s de la V\u00eda L\u00e1ctea. Un bote que jam\u00e1s naufragar\u00e1 en la noche\u2026 Nunca volv\u00ed a ver al padre. Muri\u00f3 el a\u00f1o pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>Asiento en silencio. S\u00e9 que lo que dice es, de alguna manera, verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 3 de agosto de 2025<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para eco italiano Estoy aqu\u00ed por la entrevista. 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