{"id":78239,"date":"2025-08-17T14:23:46","date_gmt":"2025-08-17T14:23:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=78239"},"modified":"2025-08-17T14:24:17","modified_gmt":"2025-08-17T14:24:17","slug":"muros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=78239","title":{"rendered":"Muros"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Muros.png\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Muros-1024x683.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-78240\" style=\"width:434px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Muros-1024x683.png 1024w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Muros-300x200.png 300w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Muros-768x512.png 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Muros-150x100.png 150w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Muros.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p><strong>Especial para Eco Italiano<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En una \u00e9poca pasaba las tardes feliz sobre un muro. Desde all\u00ed observaba al <em>alto de dos patas<\/em> que hab\u00eda acogido: siempre esquivaba mi atenta mirada, deambulaba atolondrado por el jard\u00edn, meti\u00e9ndose en rincones prohibidos. Yo acariciaba con la cola las flores de las macetas y lo oteaba fingiendo indiferencia\u2014 algo que a nosotros nos sale bien\u2014. Se mov\u00eda de aqu\u00ed para all\u00e1 sin rumbo; no me incomodaba: era un <em>dos patas<\/em> peculiar, disperso. Me acariciaba, me ofrec\u00eda comida y, a veces, me sorprend\u00eda con esas rarezas tan propias de su especie.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que esos <em>altos<\/em> hagan no me importa. Siempre movi\u00e9ndose entre sus cosas, interrumpiendo mi siesta perfecta. Uno no puede estar en calma: pasos que golpean, voces que cortan el aire, manos que desean tocar sin pedir permiso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n decidi\u00f3 que fueran as\u00ed, tan torpes? Guardan la comida m\u00e1s sabrosa en bolsas brillantes que cuelgan dentro de un tacho, y luego se enojan si metemos la cabeza para sacarla. \u00bfA qui\u00e9n se le ocurre desperdiciar semejante manjar?<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando reciben visitas, llenan la casa de monta\u00f1as \u2014s\u00ed, monta\u00f1as\u2014 de comida deliciosa. Se visten con ropa vistosa, hacen esc\u00e1ndalo, se golpean la espalda y r\u00eden. Las hembras se cuelgan cosas inc\u00f3modas en las orejas y se untan pastas de colores en la cara. \u00a1Un espanto!<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de esas reuniones, dejan abundantes restos en las bolsas de piel negra. Entonces, nos reunimos con la banda y saqueamos los tachos. Siempre hay problemas: nos corren con trapos o palos.<\/p>\n\n\n\n<p>El <em>alto<\/em> que hab\u00eda elegido parec\u00eda perfecto para m\u00ed. Apareci\u00f3 un d\u00eda y lo acept\u00e9. Empez\u00f3 a pasearse por mi patio y termin\u00f3 haciendo su vida en mi casa. Me regodeaba en la cocina mientras observaba, paciente, c\u00f3mo miraba televisi\u00f3n o escuchaba m\u00fasica de todo tipo. Nos entend\u00edamos a nuestra manera, con miradas y silencios.<\/p>\n\n\n\n<p>Estuve con \u00e9l un tiempo \u2014dig\u00e1moslo as\u00ed\u2014 y luego, como har\u00eda cualquier gato sabio, me fui de su vida. Un d\u00eda, sin previo aviso, bast\u00f3 con decidir: \u201chasta aqu\u00ed\u201d. Al d\u00eda siguiente, simplemente, no aparec\u00ed. Y desde entonces, nadie sabe ad\u00f3nde fui ni qu\u00e9 hice.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo admito: a veces nos encari\u00f1amos con los de dos patas. Uno termina acostumbr\u00e1ndose a ellos, empieza a tolerarlos e incluso a quererlos \u2014aunque no siempre lo merezcan\u2014, como si fueran parte de la vida. Se vuelven un complemento de la existencia: ruidosos, desma\u00f1ados, impregnados de olores extra\u00f1os. Me entristece observar que se enga\u00f1an pensando que tenemos comportamientos como ellos: celos, amor, resentimientos\u2026 nada de eso es cierto. Aprendan a mirarnos como somos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfAd\u00f3nde vamos los gatos cuando desaparecemos? No insistan: no revelar\u00e9 ad\u00f3nde. Es un secreto de la cofrad\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>En una parte de mi nueva casa hay un rinc\u00f3n con plantas que se mueven cuando hay viento. Son seres hermosos con quienes se puede hablar conociendo su idioma. No s\u00e9 por qu\u00e9 nosotros podemos hablar con ellas y ser felices y los <em>altos<\/em> no. Est\u00e1n rodeados de un mundo maravilloso que no entienden. \u00a1Qu\u00e9 se puede esperar si tiran comida!<\/p>\n\n\n\n<p>Muchas plantas son grandes, otras peque\u00f1as. Hay unas que tienen una flor de un vivo color naranja; esas son mis preferidas para conversar. Hay una que me habla por las tardes y me cuenta las historias de sus hermanas: sus or\u00edgenes, c\u00f3mo llegaron a ese rinc\u00f3n y de un <em>alto<\/em> que las cuida.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque no todos ellos son insensibles. Hay algunos que tienen una forma particular de percibir el mundo y se parecen a las flores y los gatos. Sin embargo son los menos. La mayor\u00eda ignora lo que tiene alrededor y no valora la belleza que hay para ver, sentir, oler.<\/p>\n\n\n\n<p>La flor naranja me habl\u00f3 tambi\u00e9n de las cr\u00edas. Porque \u2014no lo dije\u2014 entre ellos tambi\u00e9n hay peque\u00f1os que, con el tiempo, se vuelven m\u00e1s altos y escandalosos. Muchos de ellos son traviesos hasta la crueldad: pasan a su lado y, sin motivo, rompen a sus hermanas de otros colores. Hay algo en ellos, una inclinaci\u00f3n natural a romper cosas, a destruir, a pelearse entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Hace unos d\u00edas me pas\u00f3 algo muy curioso. Estaba tomando sol en un tapial que da a la vereda cuando par\u00f3 uno de ellos. Ten\u00eda un aspecto diferente, agotado y con un fuerte olor. Estaba solo, algo poco com\u00fan entre los <em>de dos patas<\/em> que salen a la calle. Se acerc\u00f3 sin hacer ruido \u2014otra rareza\u2014 y me toc\u00f3 entre las orejas. Sent\u00ed algo que me penetraba y me daba inmensa tranquilidad; nunca hab\u00eda experimentado eso con uno de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo m\u00e1s asombroso fue cuando empez\u00f3 a emitir sonidos. Repentinamente entend\u00ed todo lo que expresaba, pues se comunicaba como lo hacemos entre nosotros. Dijo que viv\u00eda solo, en un peque\u00f1o hogar no lejos de all\u00ed. Sus familiares \u2014lo que nosotros llamamos compa\u00f1eros de camada\u2014 hab\u00edan muerto hac\u00eda a\u00f1os, y \u00e9l hab\u00eda afrontado la existencia como pudo. Al igual que nosotros, tambi\u00e9n valoraba los alimentos que otros despreciaban. No pude entenderlo. \u00bfC\u00f3mo era posible que hubiera <em>altos<\/em> que necesitaran lo que otros tiraban?<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca hab\u00eda estado con un ser que me transmitiera tanto con tan poco. Se val\u00eda de su lengua para hablar pero lo que me dec\u00eda proven\u00eda de otro lugar que no era su cuerpo. Sus ojos se parec\u00edan m\u00e1s a los nuestros que a los de su especie. Not\u00e9 que apenas pod\u00eda sostenerse; sus piernas lo llevaban de un lado para otro sin el equilibrio necesario para saltar o escurrirse como hacemos nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigui\u00f3 toc\u00e1ndome la cabeza hasta que se fue. Su presencia qued\u00f3 dentro de m\u00ed, pues lo sigo escuchando hasta el d\u00eda de hoy: <em>ese <\/em>alto de dos patas<em> que me hab\u00eda tocado ten\u00eda algo de felino en su forma de ser<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Al rato, un grupo numeroso se congreg\u00f3 cerca de la esquina. Me acerqu\u00e9 entre un bosque de sus patas cubiertas. Hablaban a los gritos, estaban nerviosos. En el centro estaba el <em>alto<\/em> que hab\u00eda parado a hablarme en mi idioma. Yac\u00eda inm\u00f3vil, con la misma expresi\u00f3n que ten\u00eda cuando hablamos, solo que no se mov\u00eda. Parec\u00eda un ser inanimado, r\u00edgido, como esos muros que levantan entre ellos para no compartir lo que tienen.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cargaron entre varios en uno de esos veh\u00edculos que echan humo por atr\u00e1s, con luces que giran de manera circular y mon\u00f3tona, como su vida. Al partir emiti\u00f3 un sonido estridente, insoportable. En el mundo de los altos siempre hay algo que hace m\u00e1s ruido que todo lo conocido. No s\u00e9 c\u00f3mo pueden vivir as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSaben qu\u00e9 es lo que tendr\u00edan que aprender los <em>altos<\/em> de los gatos? A saltar muros. S\u00ed, a saltar los muros que ellos construyen y a comprobar que el horizonte desde lo alto no tiene fin ni principio.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina 16 de agosto de 2025<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano En una \u00e9poca pasaba las tardes feliz sobre un muro. 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