{"id":78517,"date":"2025-08-24T15:52:19","date_gmt":"2025-08-24T15:52:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=78517"},"modified":"2025-08-24T15:52:51","modified_gmt":"2025-08-24T15:52:51","slug":"cenizas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=78517","title":{"rendered":"Cenizas"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Cenizas.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Cenizas-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-78518\" style=\"width:436px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Cenizas-683x1024.jpg 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Cenizas-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Cenizas-768x1152.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Cenizas-100x150.jpg 100w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Cenizas.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p><strong>Especial para Eco Italiano<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Maruca pasa, como siempre, con el perro, y me da la noticia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Muri\u00f3 el Negro. Un s\u00edncope, parece.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSu madre\u2026?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, ya le dijeron. La llevan a lo de unos parientes para que no quede sola. Noventa y pico ya. Lo cremaron, me dijo la sobrina.<\/p>\n\n\n\n<p>Maruca se aleja, charlando con el perro inquieto. La luz crepuscular me amortaja la cabeza y los sentidos. No veremos m\u00e1s al Negro.<\/p>\n\n\n\n<p>En pocos minutos repaso todas las historias que vivo con el Negro. Veo al ni\u00f1o r\u00fastico que no termina la escuela porque sus familiares lo decretan bruto; los partidos de f\u00fatbol en la calle con esas pelotas de pl\u00e1stico que se destruyen a la tercera patada. Las escondidas entre los pasillos vecinales y las \u00faltimas huertas del barrio, recuerdos del descampado que alguna vez fue.<\/p>\n\n\n\n<p>Con los a\u00f1os, el Negro lleva una vida sencilla, lejos de los festejos acad\u00e9micos, de las colaciones de grado con discursos y l\u00e1grimas actuadas, de los viajes y las experiencias que nosotros \u2014los de clase media\u2014 creemos importantes. Ahora es un muerto m\u00e1s, un cad\u00e1ver ceniciento dentro de un ata\u00fad est\u00e1ndar esperando turno en un crematorio.<\/p>\n\n\n\n<p>Es dif\u00edcil reunir todas las vivencias cuando alguien se va de golpe. Lo veo los \u00faltimos d\u00edas. No est\u00e1 enfermo, sale a la calle sin destino, con su ropa informal que le da un aspecto adolescente a sus sesenta y pico.<\/p>\n\n\n\n<p>Hijos, ninguno conocido; pareja, jam\u00e1s. Despu\u00e9s de jubilarse en la municipalidad se dedica a hacer una de las cosas m\u00e1s deseadas por los humanos aunque no la confiesen: nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Evoco la figura del Negro caminando por la vereda en una tarde de calor intenso, con el sol calcinando las baldosas mientras los vecinos presentan batalla a la can\u00edcula armados con ventiladores ruidosos. El verano no es solo una estaci\u00f3n en la ciudad, es un estado de \u00e1nimo que se cuela en la mente. Y vos, Negro, caminas por la estrecha sombra que proyectan los tapiales, intentando acomodar tu cuerpo voluminoso a esa franja de frescor.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece que empez\u00e1s a desaparecer poco a poco. Primero te vemos unas pocas cuadras despu\u00e9s de salir de tu casa, luego menos. Al final, cuando das la vuelta a la esquina, ya no est\u00e1s. Tu desaparici\u00f3n es gradual, como si nos prepararas, a los pocos que te prestamos atenci\u00f3n, para que llegue el d\u00eda en que solo queden a\u00f1icos de tu recuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, mayo asoma en la entrada de la calle, con una brisa fr\u00eda que anuncia el cercano invierno entre lloviznas oto\u00f1ales. La tarde est\u00e1 presente con el sol d\u00e1ndonos de lleno en los ojos, molestando a los automovilistas que regresan del centro hacia el barrio. Ven\u00eds mirando hacia el oeste, por eso s\u00e9 que cuando nos cruzamos apenas me ves. Da igual no me salud\u00e1s. porque no ten\u00e9s la costumbre, como si toda la comunidad que te rodea fuera parte de vos, un paisaje que se mueve conforme avanz\u00e1s con tus pasos raros, desacompasados.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 que ten\u00e9s un televisor enorme, Negro. Tus \u00fanicos lujos son las zapatillas caras y mirar la tele en la cama. \u00bfCu\u00e1nto se puede disfrutar de una vida sin amor, experiencias, logros, gustos materiales, comidas novedosas, autos, jardines? Cuando se tiene a uno mismo, se prescinde de todo eso para estar bien.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 necesidad ten\u00e9s de dar explicaciones? Tal vez tu mayor lujo sea ese: no dar explicaciones a nadie. Cuando no est\u00e1s en ning\u00fan lado y en todos, no hace falta. Quiz\u00e1s somos nosotros los que debemos explicarte nuestras angustias, fracasos, vanos intentos de trascender. Una vez muertos, somos pronto olvidados.<\/p>\n\n\n\n<p>Te encuentro bajo los \u00e1rboles de la plaza grande, en una de las mesas con tablero de ajedrez hecho de mosaicos de colores, donde los jubilados debaten sobre el gobierno y leen el diario. Est\u00e1s sentado al costado, solo como siempre, me mir\u00e1s y me reconoc\u00e9s, pero cumpl\u00eds con la formalidad de no saludarme. Te ha crecido el pelo desde la \u00faltima vez que te v\u00ed y luc\u00eds una mata revuelta, entrecana, rebelde, peinada a contrapelo y lavada con champ\u00fas baratos de supermercado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 pensamientos ancestrales anidan tras esos ojos? Imposible descifrarlos. Sos un mazo de cartas, un conjunto de personajes guardados en su cajita de cart\u00f3n, y al barajarte, nunca se sabe qu\u00e9 figura saldr\u00e1. A nosotros nos pasa igual: nunca sabemos qu\u00e9 figura somos en el juego. Hoy un cuatro de copas, ma\u00f1ana el as de bastos. A veces un comod\u00edn \u2014un buf\u00f3n de colores desalineados\u2014 haciendo un castillo de naipes.<\/p>\n\n\n\n<p>Paso al lado del grupo camino a la casa de un compa\u00f1ero de la facultad. Es \u00e9poca de estudiante irresponsable, de so\u00f1ador, de cultor del ocio creativo. Es el tiempo de la juventud. De repente te levant\u00e1s sin apuro y, por primera vez en la vida, te acerc\u00e1s a m\u00ed. Me mir\u00e1s con ojos penetrantes, la piel oscura brillante y la barba incipiente. Vest\u00eds ese buzo de un club de rugby extranjero que te trajo uno de los chicos del barrio desde Europa, pantalones cargos camuflados y zapatillas de buena marca. Lejos del barrio, me percib\u00eds como uno de los tuyos y quer\u00e9s mostrar que, digan lo que digan, sos parte de un mundo al cual ambos pertenecemos. Me dec\u00eds algo inentendible, en ese idioma que solo vos y tu madre hablan. Sonre\u00eds y volv\u00e9s a sentarte. Siento que Dios quiso hablar conmigo y yo no comprendo su lengua, indigno de ser el beneficiado por una revelaci\u00f3n misteriosa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 sirve no recordar que desaparecen cosas en el barrio? Bicicletas, juguetes, algunas macetas con flores. \u00bfA qui\u00e9n reclamarle cuando nadie vio ad\u00f3nde fueron? \u00bfArruina mi vida o la de otros la falta de esas cosas? Con el tiempo, entendemos que son complementos de la vida, <em>no la vida misma<\/em>. Tal vez, Negro, sos un demiurgo enviado por el Creador para ense\u00f1arnos eso, un maestro del arte de la ausencia: la propia y la de las cosas que hacespasar a un plano de inexistencia, mientras te paseas inocente, mirando hacia abajo, tranquilo.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> Aparec\u00e9s al otro d\u00eda con cara de reci\u00e9n despierto rumbo a la panader\u00eda de la esquina a comprar las especiales y las facturas. Despu\u00e9s te met\u00e9s en la pieza a mirar la tele en tu mundo incierto, sin testigos, dej\u00e1ndote llevar por series que transcurren en lugares irreales como Nueva York o Los \u00c1ngeles.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora que est\u00e1s muerto vos sal\u00eds para alg\u00fan lado y yo me quedo un rato. Pensar que somos casi lo mismo, Negro: cenizas en acto y potencia respectivamente y por la Gracia de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina 23 de agosto de 2025<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano Maruca pasa, como siempre, con el perro, y me da la noticia. 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