{"id":78944,"date":"2025-08-31T14:51:21","date_gmt":"2025-08-31T14:51:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=78944"},"modified":"2025-08-31T14:51:48","modified_gmt":"2025-08-31T14:51:48","slug":"el-comitente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=78944","title":{"rendered":"El comitente"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/El-comitente.png\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/El-comitente-683x1024.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-78945\" style=\"width:387px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/El-comitente-683x1024.png 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/El-comitente-200x300.png 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/El-comitente-768x1152.png 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/El-comitente-100x150.png 100w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/El-comitente.png 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p><strong>Especial para Eco Italiano<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A la ma\u00f1ana temprano, la luz del sol entra en mi estudio, col\u00e1ndose por la rendija de la persiana como un hilo de oro. Prendo la computadora y arranca otra jornada de trabajo. Los clientes est\u00e1n en contacto constante: a veces con instrucciones precisas, otras con ideas que parecen inventadas sobre la marcha. Termino explic\u00e1ndoles lo que, desde mi experiencia, considero mejor para ellos y sus usuarios. Hago bien mi trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy tengo que revisar un programa particularmente complicado. Una mujer pidi\u00f3 un modelo con varios niveles de dificultad. No es nada fuera de lo com\u00fan: en este mundo, los problemas de programaci\u00f3n suelen parecer sencillos; todo se puede arreglar, corregir, rehacer. Pero detr\u00e1s de cada l\u00ednea de c\u00f3digo hay una red invisible, poblada de expertos que se comunican entre s\u00ed, nodos de una matriz infinita de conocimiento. Cada uno aporta un fragmento a algo m\u00e1s grande, m\u00e1s complejo, m\u00e1s potente. Es fascinante sentirse parte de algo as\u00ed, pero tambi\u00e9n desolador saber que uno no es indispensable. El verdadero desaf\u00edo est\u00e1 en ponerse de acuerdo con los dem\u00e1s: emprendedores, clientes, colegas.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo mi juventud, cuando la rebeld\u00eda era mi br\u00fajula y la curiosidad mi alimento. La facilidad con que me intern\u00e9 en la filosof\u00eda y la ciencia fue asombrosa. Cr\u00edticas, disputas, comparaciones atrevidas: todo me ense\u00f1\u00f3 a mirar m\u00e1s all\u00e1 de lo evidente. Mi familia no cre\u00eda en m\u00ed; me ve\u00edan como una persona rara dentro de la estructura tribal. Piensen que todos mis ancestros vivieron de la supervivencia en el desierto, caminando largas jornadas para alimentar a los animales y buscar agua. Cuando les dije que quer\u00eda dedicarme a la inform\u00e1tica, se rieron de m\u00ed. \u2014No sabes traernos el agua a la casa y vas a manejar esas cosas \u2014dijo mi pap\u00e1. Sin embargo, mi abuelo crey\u00f3 en m\u00ed. Si no fuera por \u00e9l, no estar\u00eda aqu\u00ed, sino a <em>millones<\/em> de kil\u00f3metros, trabajando al sol calcinante.<\/p>\n\n\n\n<p>Los juegos de la tribu con huesos de roedores eran el \u00fanico entretenimiento al llegar la noche. Se reun\u00edan en c\u00edrculo, arrojando tabas de rata gigante que formaban combinaciones y figuras que adquir\u00edan diversos valores. Las bazas que se pod\u00edan formar eran infinitas. A veces no entend\u00eda c\u00f3mo pod\u00edan conformarse con sobrevivir y divertirse con un juego tan primitivo a la luz de una hoguera hecha con matojos y ramas de arbustos. De este singular or\u00e1culo surgi\u00f3 mi inter\u00e9s por las matem\u00e1ticas y la l\u00f3gica. No puedo quejarme de haber asistido a esas sesiones m\u00edsticas cada atardecer, escuchando las historias y contemplando, embelesado, a Sannia bailar con sus amigas alrededor de la hoguera.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p><em>La nave vibra bajo mis pies. A trav\u00e9s de la ventana, veo la estructura met\u00e1lica de la base, cubierta de signos que no entiendo y que, de todos modos, nadie parece leer. El acoplamiento es violento; todos estamos descompuestos, frustrados, inc\u00f3modos. Dej\u00e9 mi planeta, el desierto. Ahora soy un joven que viaja por el espacio en busca de su futuro, entre las computadoras y el misterio del c\u00e1lculo combinatorio que me ense\u00f1aron los huesos de ratones.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No s\u00e9 si volver\u00e9 a ver a mi familia. S\u00e9 que mis padres est\u00e1n resentidos conmigo. S\u00e9 que los extra\u00f1ar\u00e9, como tambi\u00e9n a mis amigos y a ella, a quien a\u00fan imagino con su paso suave, danzando sobre las arenas del planeta.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Al poco tiempo de llegar a la Tierra me enter\u00e9 de lo de mi familia.<\/p>\n\n\n\n<p>Una coalici\u00f3n de Feres e Iglandia con algunos planetas menores \u2014que solo se un\u00edan para evitar represalias comerciales\u2014 atacaron mi mundo. La destrucci\u00f3n fue total. Luego de eso y de que los problemas ecol\u00f3gicos se fueran apaciguando tomaron el planeta y fueron directo, sin disimulos, a lo que buscaban: las minas de litio. As\u00ed funciona el universo hoy en d\u00eda. Nunca m\u00e1s tuve noticias de mis padres, de mi abuelo ni de los ratones del desierto. Tampoco de Sannia. Todo acab\u00f3. S\u00e9 que llor\u00e9 un tiempo, pero no pod\u00eda vivir sin trabajar. Me di cuenta de que los quer\u00eda a pesar de haber huido a la Tierra para estudiar. El amor nos revela sus verdaderos intereses generalmente tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>El rostro se forma en la pantalla. Es una humana espl\u00e9ndida, posiblemente nacida en la Tierra y de sangre pura. Nada de linajes feresios o iglandinos. Terr\u00e1quea a secas. Adhiere a la moda de vestirse como a finales del siglo XX, una costumbre que cobra cada vez m\u00e1s adeptos. Siempre lo antiguo resulta nost\u00e1lgico y elegante.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer lleva un pul\u00f3ver rojo discreto y una minifalda que deja ver sus piernas en medias brillantes. Su cartera, hecha de cuero sint\u00e9tico en blanco y beige con apliques dorados que imitan una famosa marca del siglo XX, combina a la perfecci\u00f3n con su vestimenta. No puedo evitar mirarla. Ella me devuelve una sonrisa agradable.<\/p>\n\n\n\n<p>Dice que hasta el momento est\u00e1 muy conforme: me felicita por mi capacidad, pero tambi\u00e9n me se\u00f1ala algunos errores, manifestando que lo que ha pedido requiere una precisi\u00f3n fuera de lo com\u00fan. \u00bfC\u00f3mo explicarle que lo m\u00e1s cautivador de esta profesi\u00f3n es detectar errores? Uno revive cuando se da cuenta de que domina una matriz inasible, virtual.<\/p>\n\n\n\n<p>En la escuela nos ense\u00f1aron los or\u00edgenes de la inform\u00e1tica, cuando la gente escrib\u00eda palabra por palabra, c\u00f3digos extensos que muchas veces solo lograban c\u00e1lculos sencillos. Despu\u00e9s lleg\u00f3 la automatizaci\u00f3n. Con la llegada del siglo XXI, la inteligencia artificial comenz\u00f3 a programar por su cuenta, primero como ayuda y luego de forma aut\u00f3noma.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de all\u00ed surgieron las primeras restricciones y se empez\u00f3 a exigir nuevamente que los programadores tuvieran conciencia basada en aptitudes biol\u00f3gicas: en s\u00edntesis, se necesitaban seres vivos y pensantes que examinaran los programas y los sistemas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Espere un momento y ya le muestro c\u00f3mo va quedando esto \u2014le digo\u2014. Aunque est\u00e1 a una gran distancia f\u00edsica de m\u00ed, sentada en su despacho con esa computadora que imita un modelo del siglo XX, percibo algo que se cuela entre la distancia: una sensaci\u00f3n de sosiego, de comodidad de estar con ella. Sigo trabajando, moviendo bloques completos de un lugar a otro, probando al instante qu\u00e9 es lo que pasa, perfeccionando el encargo de esta terr\u00e1quea que se muestra respetuosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Me es imposible no pensar en mi abuelo con los huesos de rata en el desierto, c\u00f3mo formaban im\u00e1genes y combinaciones en la arena. A veces, cuando trabajo, me imagino que los espacios de memoria son como esas tabas: se combinan de formas distintas para crear nuevas realidades. Termino, y ella est\u00e1 satisfecha. Me tomo el atrevimiento de decirle que yo tambi\u00e9n estoy contento, que me gusta mi trabajo, que me hace pensar en el orden del universo y en c\u00f3mo nosotros, una min\u00fascula parte, podemos modificarlo con un programa.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras ajusto l\u00edneas de c\u00f3digo, pienso en c\u00f3mo su sonrisa, apenas perceptible entre los errores y la tensi\u00f3n, se ha vuelto un faro en la complejidad de mi existencia. Cada instrucci\u00f3n que recibe mi programa, cada correcci\u00f3n que hago, parece acercarme a ella, en un momento en que el trabajo y la vida personal se entrelazan sin permiso. Me doy cuenta de que no estoy simplemente resolviendo un problema: estoy aprendiendo a sentir de nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer quiebra el silencio y lo que dice me deja helado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Como cuando mirabas los huesos de rat\u00f3n formar figuras en la esterilla<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Veo en la pantalla que quita el filtro de voz, la aplicaci\u00f3n que sirve para que cada uno de nosotros escuche en su propio idioma las palabras de los habitantes de cientos de planetas diferentes. <em>Escucho hablar mi idioma a la perfecci\u00f3n con todas las inflexiones y musicalidad de la gente del desierto<\/em>. Las palabras cansinas de los buscadores de agua, el viento de la tarde arriando los animales r\u00fasticos, el canto de los pastores cuando se re\u00fanen en la noche a hablar de las leyendas que durante miles de a\u00f1os han repetido casi sin cambiar de palabras. <em>Esa mujer est\u00e1 hablando mi lengua a la perfecci\u00f3n porque es de mi planeta.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tu mundo de programas y conocimientos ya fue concebido e incorporado a ti antes de tu nacimiento. Tu presente es solo la consumaci\u00f3n de las ideas de tu gente, de tu sangre, de tus pares que te protegieron durante a\u00f1os con admiraci\u00f3n y respeto. Sab\u00edan que alg\u00fan d\u00eda ser\u00edas la memoria viva de todos. Pensaste que te odiaban pero no es as\u00ed. Tu abuelo y tu gente permitieron que vinieras aqu\u00ed a sumergirte en este laberinto de sentencias y c\u00f3digos que tan bien dominas. Pero no lo est\u00e1s haciendo solo, hay otros detr\u00e1s de ti.<\/p>\n\n\n\n<p>Me quedo por un momento mirando la pantalla. Ahora la mujer ha quitado los filtros de la aplicaci\u00f3n y se muestra tal cual es, con su piel hecha para resistir el sol abrazador del desierto y los ojos rasgados y amarillos de nuestra gente. Jam\u00e1s pens\u00e9 que iba a volver a verla pero est\u00e1 ah\u00ed, delante de m\u00ed, en la pantalla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Te busqu\u00e9 por media Tierra\u2014 me dice Sannia.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que me desmayo sobre la mesa.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p><em>El viejo, de piel curtida por los a\u00f1os y el sol, avanza despacio. La muchacha lo acompa\u00f1a hasta un grupo de arbustos, apenas un destello de vida en el paisaje infernal. Nada es sin un porqu\u00e9, piensa el anciano mientras juguetea con unos huesos que oculta entre las manos bajo la t\u00fanica. La chica sabe que es un hombre sabio, y que cada palabra suya es un tesoro de experiencias y conocimiento.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Con las \u00faltimas fuerzas que le quedan, el hombre se agacha y mira el sol rojizo que se esconde tras el horizonte. La noche llegar\u00e1 en minutos, vestida de aire fr\u00edo y recuerdos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Siempre supe que \u00e9l estaba destinado a vivir muy lejos de aqu\u00ed. Sin embargo, lo siento cerca, como si nunca se hubiera ido \u2014murmura, mientras arroja los huesos sobre una esterilla que la muchacha ha extendido sobre la arena. El anciano observa el dibujo formado por las tabas y se vuelve de pronto reflexivo, su rostro iluminado por una introspecci\u00f3n que lo embellece. La chica lo contempla con admiraci\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>\u00bfSabes una cosa? \u00c9l lleva consigo la tradici\u00f3n de su pueblo. Ese mundo irreal de sentencias y \u00f3rdenes que da a sus m\u00e1quinas tiene mucho que ver con la sabidur\u00eda de todos nosotros. Pronto no quedar\u00e1 ninguno de los nuestros. Lo so\u00f1\u00e9 hace muchos a\u00f1os, cuando ten\u00eda la misma edad que \u00e9l al partir. Soy su abuelo; lleva mi sangre y puse en \u00e9l los recuerdos y vivencias de miles de individuos. Era el m\u00e1s preparado, por eso lo hice.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>La muchacha asiente, embelesada por la puesta del sol.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Si te quedas aqu\u00ed, desaparecer\u00e1s, y \u00e9l quedar\u00e1 solo, sin contacto con nosotros. Un mercader de la ciudad partir\u00e1 en unos d\u00edas hacia el planeta azul, donde vive y se gana el sustento. Ya he hecho los arreglos para que viajes segura y seas bien recibida. No me animaba a enviarte por tu juventud, pero a veces la necesidad no distingue edades. T\u00fa ir\u00e1s a buscarlo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Concertamos un encuentro para dentro de poco tiempo. Est\u00e1 aqu\u00ed en la Tierra. Necesitamos vernos, tocarnos y hablar de todo un poco. De nuestra gente, del destino del pueblo, de los desastres de la guerra. S\u00e9 que no estoy solo y que todo lo que program\u00e9 en los \u00faltimos a\u00f1os contiene la esencia de mi pueblo. Ahora tengo un fin en el universo y es reconstruir la tradici\u00f3n a trav\u00e9s de mi ciencia y del amor de Sannia.<\/p>\n\n\n\n<p>El reencuentro con nuestra memoria ancestral ser\u00e1 nuestro mejor programa.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina 31 de agosto de 2025<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano A la ma\u00f1ana temprano, la luz del sol entra en mi estudio, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17,43],"tags":[],"class_list":["post-78944","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-espanol-2","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/78944","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=78944"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/78944\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":78946,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/78944\/revisions\/78946"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=78944"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=78944"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=78944"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}