{"id":80468,"date":"2025-10-09T12:56:34","date_gmt":"2025-10-09T12:56:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=80468"},"modified":"2025-10-09T12:56:57","modified_gmt":"2025-10-09T12:56:57","slug":"la-madre-del-profeta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=80468","title":{"rendered":"La madre del profeta"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/La-madre-del-profeta.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/La-madre-del-profeta-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-80469\" style=\"width:350px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/La-madre-del-profeta-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/La-madre-del-profeta-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/La-madre-del-profeta-768x512.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/La-madre-del-profeta-150x100.jpg 150w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/La-madre-del-profeta.jpg 1536w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Hija de un tiempo sin calendario y del color del cielo lejano de su tierra, Kaira creci\u00f3 entre monta\u00f1as, rodeada de animales y sembrad\u00edos, con escasa instrucci\u00f3n y una ni\u00f1ez marcada por el aislamiento. Su belleza, sin embargo, era tan luminosa como inesperada en aquel entorno agreste. Al llegar a la adolescencia, sabedora del poder que ejerc\u00eda su presencia, decidi\u00f3 abandonar su terru\u00f1o y dirigirse hacia las tierras donde habitaban los poderosos. All\u00ed, en los m\u00e1rgenes de la corte, ofreci\u00f3 su cuerpo como medio de subsistencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Convertida en cortesana, Kaira no olvid\u00f3 sus or\u00edgenes y regres\u00f3 a la aldea para llevar ayuda a sus familiares. Pero las malas cosechas y los designios divinos hicieron caer el hambre en el pa\u00eds. Los l\u00edderes del pueblo decidieron buscar fortuna y sustento en otros horizontes.<\/p>\n\n\n\n<p>Armados de hierro y soberbia, la suerte favoreci\u00f3 a esa gente que arras\u00f3 las tierras que consideraba enemigas.<\/p>\n\n\n\n<p>Kaira, que hab\u00eda acompa\u00f1ado al ej\u00e9rcito prestando su oficio, entr\u00f3 asombrada en la capital, contemplando sus calzadas y recintos de piedra blanca. Nunca hab\u00eda estado \u2014ni siquiera lo hab\u00eda so\u00f1ado\u2014 en un lugar semejante.<\/p>\n\n\n\n<p>Los mercaderes y vendedores ambulantes cayeron bajo el filo de las espadas, pues los soldados mataban por diversi\u00f3n. Algunos pr\u00edncipes del senado y funcionarios fueron respetados por su capacidad de proveer riquezas. Esa es la ley de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la urbe cay\u00f3 \u2014de columnas sin sombra, de p\u00f3rticos de m\u00e1rmol y tr\u00edpodes adornados con dragones y quimeras\u2014, la mujer entr\u00f3 a mirar, boquiabierta, las aras sagradas, descalza y con el silencio como \u00fanica protecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Recorri\u00f3 los pasillos con un embeleso que desconoc\u00eda. El temor m\u00edstico suele servirnos como senda para encontrarnos a nosotros mismos. Los \u00eddolos parec\u00edan observarla desde una eternidad asombrosa, como si los dioses se ocultaran tras el m\u00e1rmol, la malaquita y el p\u00f3rfido, piedras caras a los gobernantes que pretend\u00edan ser divinos.<\/p>\n\n\n\n<p>De pie en la nave central, flanqueada por columnas cicl\u00f3peas, sinti\u00f3 manos rudas que la redujeron y arrojaron al suelo. La osad\u00eda de penetrar en lugares sagrados, si no se pertenec\u00eda a la casta de dioses y gobernantes, pod\u00eda pagarse con la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>El ej\u00e9rcito invasor la traicion\u00f3 y la entreg\u00f3 a los esbirros del culto, que ya hab\u00edan negociado con los invasores. Una prostituta serv\u00eda bien de ejemplo y resultaba provechoso encarcelarla por haber ingresado sin permiso en un recinto sagrado.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed qued\u00f3 bajo custodia de la jerarqu\u00eda sacerdotal, que manten\u00eda su propio sistema de castigos y prisiones junto a las figuras deificadas.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed, en el fondo de un nicho, conoci\u00f3 a Elario, uno de los ancianos consejeros de la ciudad vencida. Los invasores respetaron su vida por su posible conocimiento de los lugares donde se ocultaban riquezas, y lo entregaron a los guardianes del templo. As\u00ed, Elario y Kaira \u2014dos seres dis\u00edmiles, se\u00f1alados por bandos opuestos\u2014 hallaron un mismo destino.<\/p>\n\n\n\n<p>En aquel encierro, perfumado de humedad e incienso acumulado durante siglos, la mujer contempl\u00f3 al extra\u00f1o. Su porte se\u00f1orial no hab\u00eda menguado con la prisi\u00f3n; al contrario, la desgracia acentuaba su nobleza y su aire introspectivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Elario la mir\u00f3 y, con intuici\u00f3n inmediata, descifr\u00f3 su condici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No debes sentir verg\u00fcenza ni pena \u2014dijo con voz grave\u2014. Estamos hechos de la misma materia. Alg\u00fan d\u00eda seremos nada otra vez, y hoy apenas somos algo m\u00e1s que eso. Se te ve a\u00fan joven, pese a la vida que has llevado. Tus ojos revelan que has visto bastante del mundo como para desconfiar. Y la desconfianza\u2026 es la base de la sabidur\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfDesconfiar de qu\u00e9? \u2014pregunt\u00f3 ella, siguiendo las arrugas de su rostro, que parec\u00edan un mapa de tierras remotas donde acaso existieran templos verdaderos.<\/p>\n\n\n\n<p>Elario alz\u00f3 apenas las manos encadenadas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014De estas piedras, de sus \u00eddolos. De las mentiras de los sacerdotes y de sus plegarias fingidas, que solo sirven para enriquecerse con el oro vac\u00edo. Solo hay un Dios, Kaira\u2026 y no habita en este templo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella se estremeci\u00f3. \u00bfC\u00f3mo conoc\u00eda su nombre? Pens\u00f3 en hechicer\u00edas, en artes secretas, en fuerzas invisibles capaces de atravesar muros y cadenas. Por primera vez comprendi\u00f3 que aquella celda no era la \u00fanica prisi\u00f3n: exist\u00edan mundos dentro de otros, y este era solo una de esas cajas, la apenas visible.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hace mucho \u2014continu\u00f3 el senador\u2014 vino a estas tierras un profeta. Hablaba en met\u00e1foras oscuras que cautivaron al pueblo. Predicaba un mundo por venir, un orden nuevo que dar\u00eda consuelo a los que hab\u00edan sufrido en vano. Su infancia fue una cosecha de dolores y frustraciones; dec\u00eda haber aprendido todo de su madre, una prostituta de origen incierto. Tal vez por eso sinti\u00f3 un natural apego por los humillados y los ofendidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Kaira olvid\u00f3 por un instante las cadenas que atenazaban sus miembros y escuch\u00f3 el relato.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El profeta recorri\u00f3 muchas regiones \u2014prosigui\u00f3 Elario\u2014 y en pocos meses reuni\u00f3 numerosos seguidores. Muri\u00f3 asesinado por designio de los sacerdotes de la antigua religi\u00f3n, que vieron en \u00e9l un enemigo del orden establecido. Con el tiempo, sus ideas se convirtieron en las oficiales: la doctrina que hoy nos oprime a ambos. Lo que hab\u00eda nacido como revelaci\u00f3n termin\u00f3 en dogma, protegido por premios y castigos injustos, donde la tortura ten\u00eda su sitio.<\/p>\n\n\n\n<p>El senador baj\u00f3 la voz.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El tiempo es un ciclo perpetuo de historias y de dolores. Donde hubo guerra, la habr\u00e1 de nuevo. Donde floreci\u00f3 el amor, volver\u00e1 a florecer y a marchitarse, dejando las semillas de otro. Es una ley del universo que nuestras mentes, prisioneras de conceptos y tradiciones, no pueden concebir.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tus palabras son extra\u00f1as \u2014dijo Kaira\u2014. Soy una mujer humilde y solo entiendo de cosas simples: el alimento, el techo. Tu sabidur\u00eda escapa a mi cabeza. Sin embargo, hay algo en ti que me atrae infinitamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Elario la mir\u00f3 con una expresi\u00f3n que parec\u00eda anticipar esas palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A veces conocemos las respuestas antes de formular las preguntas \u2014murmur\u00f3. Guard\u00f3 silencio un instante, midiendo el peso de lo que iba a decir\u2014. Antes de morir, el profeta pidi\u00f3 ver a su madre.<\/p>\n\n\n\n<p>El senador alz\u00f3 la vista, como si contemplara algo en su interior.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Era una mujer ya entrada en a\u00f1os; sus ojos guardaban el cansancio de muchas noches en vela.<\/p>\n\n\n\n<p>Kaira sinti\u00f3 un malestar que le sub\u00eda desde el est\u00f3mago. Hab\u00eda algo en aquel relato que le produc\u00eda una angustia profunda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY su nombre? \u2014pregunt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya lo sabes \u2014respondi\u00f3 Elario\u2014. No hace falta decirlo, ni cambiar\u00eda nuestra historia. El silencio los envolvi\u00f3. Elario, al verla p\u00e1lida, comprendi\u00f3 que no deb\u00eda a\u00f1adir m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>No hay m\u00e1s tiempo que el que concebimos con nuestras mentes falibles. El universo es una masa informe, sin antes ni despu\u00e9s. El hijo que has de concebir ser\u00e1 tu carcelero.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Kaira, hija de un tiempo sin calendario y del color del cielo lejano de su tierra, cerr\u00f3 los ojos y apoy\u00f3 la frente contra el muro. Comprendi\u00f3 que no siempre se castiga al que profana una religi\u00f3n, sino tambi\u00e9n al que la engendra.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 9 de octubre de 2025<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano Hija de un tiempo sin calendario y del color del cielo lejano [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17,43],"tags":[],"class_list":["post-80468","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-espanol-2","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/80468","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=80468"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/80468\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":80470,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/80468\/revisions\/80470"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=80468"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=80468"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=80468"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}