{"id":81166,"date":"2025-10-26T14:33:46","date_gmt":"2025-10-26T14:33:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=81166"},"modified":"2025-10-26T15:39:13","modified_gmt":"2025-10-26T15:39:13","slug":"el-trujaman","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=81166","title":{"rendered":"El trujam\u00e1n"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/mkl-22.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"627\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/mkl-22-627x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-81167\" style=\"width:263px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/mkl-22-627x1024.jpg 627w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/mkl-22-184x300.jpg 184w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/mkl-22-768x1254.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/mkl-22-940x1536.jpg 940w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/mkl-22-92x150.jpg 92w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/mkl-22.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 627px) 100vw, 627px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p><br>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> En medio de la nada, dos hombres descansan junto a sus dromedarios; a lo lejos, el campamento bulle de movimiento. Ambos se han separado de sus grupos para conversar en la intimidad. Los tratos entre hombres requieren a veces la soledad del desierto. De pronto uno de ellos, el de piel cetrina, se\u00f1ala el paisaje con la mano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSabes cu\u00e1l es el secreto de todo esto? La m\u00e1scara.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Son a\u00f1os de recorrer la tierra que Dios \u2014El que se vuelve hacia quien lo busca\u2014 cre\u00f3 para su gloria. He aprendido que el trato con los hombres solo es posible si llevamos una m\u00e1scara que difumine el alma, pues mostrarla es vulnerabilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El cielo se ti\u00f1e de un azul et\u00e9reo, casi como si Dios mismo tuviera ese color en los ojos y mirara una realidad que le incomoda. A veces los dioses sienten envidia de sus criaturas, como los padres que se resienten al ver a sus hijos lograr lo que ellos no pudieron. Son leyes mezquinas de la vida. Tal vez el ser humano deber\u00eda pensarse como un continuo en el tiempo, y no solo como un individuo que ve una o dos generaciones por delante y por detr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Negocios y tratados comerciales han reunido a los dos hombres en este lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>El moro se despereza con una sonrisa que no pierde el respeto por su par cristiano. Muestra su cansancio, pero con un gesto de buena disposici\u00f3n, fruto de las largas caravanas y los extensos di\u00e1logos en esa lengua gritada que resuena en las tiendas nocturnas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tu Dios est\u00e1 en guerra con nosotros, cristiano. Los poderosos de Constantinopla, apa\u00f1ados por sus logotetas, te\u00f3logos y prestes, han querido reprimir nuestras creencias en vano. Sin embargo, no te guardamos rencor. Los m\u00edos creen que, en el fondo, puedes redimirte de tu confusi\u00f3n y ser una persona cercana a nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>El trujam\u00e1n mira al mercader con cierto resentimiento, pero su mirada interior delata la b\u00fasqueda de una verdad que a\u00fan no ha hallado. Celebra, no obstante, la cordialidad con que el infiel lo recibe. En el desierto, muchas veces los l\u00edmites religiosos y las costumbres se disuelven en una amistad c\u00e1lida y profunda. Tal vez el Hijo de Dios busc\u00f3 eso en sus cuarenta d\u00edas en el desierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Un olor extra\u00f1o se desprende del caldero que el musulm\u00e1n agita sobre un fuego improvisado con la poca le\u00f1a que lleva. Es un l\u00edquido negruzco que se mueve burbujeante, exhalando un aroma lleno de recuerdos, como si el simple olor del brebaje trajera consigo todas las historias que alguna vez se contaron en torno a una cocina semejante.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Qahwa \u2014informa el musulm\u00e1n\u2014. Es una planta de Yem\u00e9n. Un mercader la trajo de all\u00ed. Es estimulante, aunque en exceso quita el sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>El cristiano prefiere, dado que no pesan prohibiciones divinas sobre sus hombres, un rojo vino de al-\u00c1ndalus, con su aroma mezcla de introspecci\u00f3n y pecado.<\/p>\n\n\n\n<p>La noche comienza a caer sobre el desierto. Los dos hombres se enredan en un di\u00e1logo donde el silencio tiene un papel principal. A veces no decir es la manera m\u00e1s intensa de tocar el alma del otro. Ambos son diestros en el manejo de las lenguas: pueden conversar en varias. Pero la gravitaci\u00f3n de Constantinopla se hace sentir, y dialogan en un griego mezclado con voces de la tierra de cada uno. Conversan sobre t\u00e9rminos comerciales, mostrando inteligencia y habilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El negocio asume el papel principal, pero entre los pergaminos que vuelan con el viento \u2014tasas, valores, nombres, signos\u2014 se cuela algo que ninguno nombra. El comercio es una forma de di\u00e1logo, y toda transacci\u00f3n lleva escondido un sentimiento. El amor por una joya trasluce el recuerdo de una muchacha; el sabor de una bebida convoca la voz de un abuelo contando historias en el caravasar.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya con el trato cerrado, comparten una comida. El trujam\u00e1n cristiano y el musulm\u00e1n se relajan, dejando abiertas las puertas de una intimidad compartida. En el desierto, dos son compa\u00f1\u00eda porque comparten la misma soledad.<\/p>\n\n\n\n<p>Confiesan su escepticismo religioso. No creen del todo en sus dioses, aunque siguen siendo parte de su cultura.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014He tenido desaciertos en el amor \u2014dice el musulm\u00e1n, mientras recorre con la vista las cacharpas del campamento\u2014. No siempre la carne se condice con el alma, y desfigura los verdaderos sentimientos. Pero las construcciones del esp\u00edritu tambi\u00e9n alejan el deseo de la carne. \u00bfPor qu\u00e9 vivir en esa contradicci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>El viento sopla m\u00e1s fuerte. El fuego del campamento se inclina en una reverencia. El musulm\u00e1n, en un gesto de cordialidad, alcanza el odre y vierte vino en la copa del cristiano y, durante un instante, sus manos se rozan apenas. Luego callan.<\/p>\n\n\n\n<p>Solo el silencio y el aroma del qahwa se mezclan en la noche interminable del desierto.<\/p>\n\n\n\n<p>El musulm\u00e1n se concentra en el jarro de bebida y se pierde en un soliloquio que es, a su vez, un laberinto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Fue en una tarde que no se resolv\u00eda a\u00fan en noche cuando vi su rostro al quitarse la m\u00e1scara. Una mujer refinada, de aspecto delicado y mirada inc\u00f3gnita me fue presentada por una pareja de nobles luego de cerrar un trato. No era la misma belleza de las mujeres de nuestra tierra, sino que compart\u00eda el color de piel de la gente de las estepas y las tierras de los huihui.<\/p>\n\n\n\n<p>No dejaba traslucir pensamiento alguno, su presencia carec\u00eda del peso del tiempo. Podr\u00eda haber estado all\u00ed desde hac\u00eda milenios, y perdurar otros tantos sin que la serenidad del semblante acusara cambio alguno.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que eso fue lo que me impresion\u00f3. Su complexi\u00f3n menuda acentuaba su feminidad, torn\u00e1ndola algo cercano a lo divino. No comprend\u00eda que fuerza me atra\u00eda hac\u00eda aquella gacela venida de tierras desconocidas. Alguien me dijo que, m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites del mundo, hay mares y otras tierras que no conocemos. Dudamos de su gente cuando la vemos porque no nos transmiten ninguna idea conocida. Cre\u00ed que esta mujer proven\u00eda de all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>La pasi\u00f3n pudo m\u00e1s que la raz\u00f3n, y ca\u00ed en la trampa del deseo. Los hombres y la mujer que me hab\u00edan conducido hacia la tienda desaparecieron detr\u00e1s de la entrada, sin dejar ver ni siquiera su sombra. \u00bfQu\u00e9 perversidad hab\u00edan perge\u00f1ado? \u00bfQu\u00e9 quer\u00edan de mi en ese lugar oculto a todas las miradas?<\/p>\n\n\n\n<p>La sospecha comenz\u00f3 a asomar pero no di un paso atr\u00e1s. No s\u00e9 qu\u00e9 fue lo que sent\u00ed al estar junto a la extra\u00f1a mujer. Algo en su rostro imp\u00e1vido me dec\u00eda que una verdad secreta se escond\u00eda bajo de esos ricos ropajes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 es la belleza si no podemos racionalizarla? Un sentimiento que confunde los sentidos, como dicen algunos sabios, que muta el verdadero aspecto y el significado de todo lo que existe.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abVendr\u00e1n tiempos en que por razonamiento o ciencia podremos entender la verdad de las cosas<\/em>\u00bb, pens\u00e9 en ese momento.<\/p>\n\n\n\n<p>Acarici\u00e9 los brazos de la mujer y lentamente comenc\u00e9 a indagar en los pliegues de su ropa, buscando una respuesta a una pregunta que no comprend\u00eda. \u00bfHab\u00eda llegado al para\u00edso deseado; a un extremo que jam\u00e1s hab\u00eda imaginado conocer?<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta fue, ir\u00f3nicamente, afirmativa. Debajo de la t\u00fanica percib\u00ed, entre las piernas, que la tal mujer no lo era, sino que albergaba un atributo impensado.<\/p>\n\n\n\n<p>La abandon\u00e9 r\u00e1pidamente y me retraje como un rayo. No pod\u00eda entender c\u00f3mo una belleza superlativa pod\u00eda provocarme un rechazo tan fiero y defraudante. Comprend\u00ed que el enga\u00f1o de mis deudores no era una maldad ni una venganza, sino que hab\u00edan querido premiarme con el goce de una rareza.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasado el primer embate de la sorpresa, creo que los comprend\u00ed. A veces, las costumbres de otros pueblos pueden parecernos perversas cuando en realidad no lo son.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez lo que estemos viendo es la m\u00e1scara de nuestros dioses, cristiano. Esa mujer quim\u00e9rica me mostr\u00f3 que la realidad puede ocultarse, y que nuestros dioses, el tuyo y el m\u00edo, tambi\u00e9n usan m\u00e1scaras y extra\u00f1os ropajes para ocultar su verdadera facci\u00f3n. No porque teman ser vistos, sino porque el ojo humano no soporta su desnudez. Nos muestran el rostro que deseamos, el reflejo de nuestras pasiones y errores.<\/p>\n\n\n\n<p>En mi error comprend\u00ed que la divinidad no habita en la verdad, sino en un enga\u00f1o piadoso que necesitamos para creer. Pero nuestra fruici\u00f3n por aferrarnos a las propias creencias nos confunde: el deseo, en su error, se vuelve conocimiento sagrado.<\/p>\n\n\n\n<p>El trujam\u00e1n se queda pensativo, mirando la soledad del paisaje. Parece que una vivencia pret\u00e9rita se despierta en su interior. Sin embargo, cuando retoma la palabra, lo hace con una serenidad notable.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lo que te sucedi\u00f3 fue solo un indicio de lo que los dioses, el tuyo y el m\u00edo \u2014ambos \u00fanicos\u2014 nos deparan. Tal vez llegue un tiempo en que las personas quim\u00e9ricas, como esa mujer que no lo era, se vuelvan algo normal en nuestra existencia. La divinidad tiene en cuenta a todos. Somos nosotros, los hombres y mujeres falibles y prejuiciosos, quienes no la entendemos.<\/p>\n\n\n\n<p>Uni\u00f3 las puntas de sus dedos para albergar algo desconocido en el hueco que se formaba entre ambas palmas. Permaneci\u00f3 en silencio, mirando ese algo que para \u00e9l era visible.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Cuando el destino me llev\u00f3 a ser un trujam\u00e1n, comprend\u00ed que algo me hab\u00eda otorgado el don de entenderme en diversas lenguas con el resto de la gente. Dios me regal\u00f3 la posibilidad de comprender a los diferentes a trav\u00e9s del idioma, pens\u00e9. Sin embargo, hay quienes, precisamente por no entender la lengua del resto, los ven como enemigos. Creo que deber\u00edamos ser todos un poco m\u00e1s accesibles a las diferencias que creemos ver en otros. Lamentablemente, los sacerdotes que rigen nuestras creencias, no piensan igual. Los deseos no siempre son pecados; las diferencias de dioses no justifican la guerra. Es posible que nunca m\u00e1s nos veamos pero estoy seguro que llevar\u00e9 algo de ti, mercader.<\/p>\n\n\n\n<p>Ambos hombres se sumen en un silencio en consonancia con la noche, que ya deja ver las estrellas en una tela inmensa de azul oscuro. La bebida estimula el deseo de distenderse y tomar un descanso, luego de las negociaciones que han llevado a cabo.<\/p>\n\n\n\n<p>El musulm\u00e1n dibuja una peque\u00f1a sonrisa que apenas se ve, oculta por la noche y el resplandor del fuego.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfTienes hijos, cristiano?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Seis.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014H\u00e1blame de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al rato, la noche se ilumina con un par de risas.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 26 de octubre de 2025<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano En medio de la nada, dos hombres descansan junto a sus dromedarios; [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17,43],"tags":[],"class_list":["post-81166","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-espanol-2","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/81166","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=81166"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/81166\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":81169,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/81166\/revisions\/81169"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=81166"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=81166"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=81166"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}