{"id":81472,"date":"2025-11-02T14:50:59","date_gmt":"2025-11-02T14:50:59","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=81472"},"modified":"2025-11-02T14:51:34","modified_gmt":"2025-11-02T14:51:34","slug":"algun-lugar-sobre-el-arcoiris","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=81472","title":{"rendered":"Alg\u00fan lugar sobre el arco\u00edris"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Nicolau<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Algun-lugar-sobre-el-arcoiris.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Algun-lugar-sobre-el-arcoiris-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-81473\" style=\"width:291px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Algun-lugar-sobre-el-arcoiris-683x1024.jpg 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Algun-lugar-sobre-el-arcoiris-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Algun-lugar-sobre-el-arcoiris-768x1152.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Algun-lugar-sobre-el-arcoiris-100x150.jpg 100w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Algun-lugar-sobre-el-arcoiris.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Lupia\u00f1ez hojea las revistas desordenadas sobre su escritorio<\/strong>, acumuladas durante a\u00f1os como peque\u00f1as c\u00e1psulas de secretos y noticias que le llegan de todas partes del mundo. Cada p\u00e1gina encierra una historia, y tiene para \u00e9l, el valor de un devocionario para los hombres de fe. Su trabajo exige manejar informaci\u00f3n de manera sutil; aunque internet ha transformado la profesi\u00f3n de manera dram\u00e1tica \u2014una palabra que le encanta\u2014, nada puede reemplazar la textura y el sonido del papel. Evoca sus primeros pasos en una peque\u00f1a galer\u00eda de la ciudad, cuando cada cuadro se le abr\u00eda como un mundo nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy es una autoridad reconocida, consultada por expertos del ambiente. Ha acompa\u00f1ado a la polic\u00eda de arte en investigaciones de pinturas desaparecidas sin dejar rastro. Recuerda especialmente una escena en una galer\u00eda: el viejo que hab\u00eda desaparecido con el mismo temple que el cuadro. El original result\u00f3 ser un Ribera aut\u00e9ntico, y la expresi\u00f3n del anciano san Mateo ten\u00eda la fuerza que solo los originales pueden transmitir.<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo del arte est\u00e1 lleno de historias ins\u00f3litas, algunas tan extra\u00f1as que parecen inventadas. Como aquella que recorri\u00f3 el mundo entero: el robo del salero de Benvenuto Cellini, desaparecido durante a\u00f1os. Una pieza de oro considerada la m\u00e1s valiosa jam\u00e1s creada, que desapareci\u00f3 como si el tiempo mismo la hubiera olvidado.<\/p>\n\n\n\n<p>Trabajar con el arte a veces es gestionar lo ins\u00f3lito. No se sabe qu\u00e9 personaje puede aparecer detr\u00e1s de una obra olvidada.<\/p>\n\n\n\n<p>Lupia\u00f1ez decide que su jornada ha terminado. Ya respondi\u00f3 los correos de unos galeristas que buscan identificar un par de cuadros de menor valor. Est\u00e1 cansado de esas cosas. Decide tomar la ciudad por su cuenta y, en lugar de pedir un taxi como siempre, camina desde su oficina hasta un bar del centro.<\/p>\n\n\n\n<p>Unos chicos preadolescentes le gritan alguna tonter\u00eda; van vestidos con trajes inspirados en manga japon\u00e9s. El curador recuerda, de pronto, que es noche de Halloween. Por eso los chicos y chicas \u2014y algunos no tan chicos\u2014 est\u00e1n disfrazados en las plazas y calles de la ciudad. Reflexiona sobre la rareza de festejar esta tradici\u00f3n en estas latitudes, con v\u00ednculos misteriosos que nunca han estado del todo claros.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar al bar comprueba que las chicas que atienden y la gente detr\u00e1s de la barra est\u00e1n disfrazados, como estrategia comercial o para agradar a los parroquianos que esa noche se acercan a tomar algo. Los disfraces dejan mucho que desear. Un par de chicas simplemente llevan gorras con orejas de animal, pero nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Pide un whisky con soda y se sienta en una banqueta alta. Algunos habitu\u00e9s lo saludan desde una mesa. Lupia\u00f1ez es un tipo conocido y respetado. Tiene buen hablar y modales agradables, un escudo que siempre le sirve en su profesi\u00f3n para tratar con compradores pretenciosos y adinerados.<\/p>\n\n\n\n<p>Los disfraces de la calle pasan frente a la ventana del bar y miran hacia adentro, buscando compa\u00f1eros que puedan estar tomando algo.<\/p>\n\n\n\n<p>La puerta de vidrio se abre y entra un disfrazado singular. Su traje es un anacronismo, aunque hecho con ingenio y talento. El personaje elegido ya no es conocido por la gente joven: se trata del Hombre de Hojalata de El mago de Oz. La pel\u00edcula es una joya y un hito en la historia del cine. Una de las primeras veces que se us\u00f3 color dentro de una pel\u00edcula en blanco y negro, generando un asombro que cautiv\u00f3 al p\u00fablico para siempre. Trata de recordar el a\u00f1o: 1939.<\/p>\n\n\n\n<p>El Hombre de Hojalata es, como supone Lupia\u00f1ez, un hombre mayor, demasiado para disfrazarse en Halloween. El curador intuye alguna intenci\u00f3n oculta \u2014quiz\u00e1s delictiva\u2014, o simplemente un deseo de mezclarse con los j\u00f3venes, vaya a saber con qu\u00e9 objetivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Se sienta a su lado y pide una bebida que, aunque a\u00fan se vende, es tambi\u00e9n un anacronismo: hesperidina. La bebe con fruici\u00f3n, disfrutando de ese licor singular hecho con naranjas amargas. El traje es perfecto y la similitud con el personaje de la pel\u00edcula, casi exacta. Lupia\u00f1ez recuerda cuando vio El mago de Oz por primera vez. A veces, en su oficina, pone el fragmento de Judy Garland cantando <em>Over the rainbow<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfLe interesan los cuadros que no existen? \u2014dice el Hombre de Hojalata sin dejar de mirar la bebida, concentrado como si buscara alg\u00fan insecto flotando en el vaso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPerd\u00f3n? \u2014Lupia\u00f1ez queda azorado por un instante. Sabe que su profesi\u00f3n es conocida y que \u00e9l goza de cierta celebridad, convocado por televisi\u00f3n y medios, pero le extra\u00f1a lo directo del disfrazado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014En mi casa tengo un cuadro medieval. Nadie lo ha visto. Nadie lo ha tocado. Se trata de una parte de un retablo espa\u00f1ol del siglo XV. Est\u00e1 fuera de cat\u00e1logo y creo que poca gente lo conoce. No figura en registros, nunca fue expuesto. La iglesia a la que iba destinado se incendi\u00f3 antes de ser terminada y nunca se decidi\u00f3 continuar su construcci\u00f3n. Es posible que Juan II de Castilla se lo haya pasado a su hija Isabel y a Fernando de Arag\u00f3n tiempo despu\u00e9s. Pero desde entonces, nunca m\u00e1s se habl\u00f3 de la obra. El descubrimiento de Am\u00e9rica cambi\u00f3 el escenario y los intereses.<\/p>\n\n\n\n<p>El curador sonr\u00ede, apenas. Est\u00e1 acostumbrado a leyendas, rumores, falsificadores que se disfrazan de coleccionistas. Pero hay algo en la precisi\u00f3n del relato, en la elecci\u00f3n del disfraz, que lo inquieta. Tal vez se trata de un bromista cult\u00edsimo que quiere atraparlo con una obra falsa y hacerlo dictaminar su autenticidad para luego humillarlo en p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY usted qui\u00e9n es? \u2014pregunta.<\/p>\n\n\n\n<p>El Hombre de Hojalata sonr\u00ede y lo mira con unos ojos extra\u00f1os, profundos, que se mueven de un lado a otro antes de contestar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Digamos que soy&#8230; un curador de curadores. R\u00ede.<\/p>\n\n\n\n<p>El curador lo mira con desconfianza pero algo le lleva a suponer que detr\u00e1s de ese disfraz hay una historia interesante que no puede perderse. El Hombre de Hojalata comienza a canturrear la canci\u00f3n de Judy Garland en la pel\u00edcula: <em>\u00ab\u2026somewhere over the rainbow\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo s\u00e9 que usted no es un impostor o un estafador?, dice Lupia\u00f1ez con voz taimado, mostrando que no es tonto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Digamos que esto es un pacto entre caballeros. Entre dos curadores. Usted el distinguido y yo, el desconocido. Me voy a casa; si le interesa, s\u00edgame.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de irse, el Hombre de Hojalata saca de su bolsillo una diminuta l\u00e1mina dorada \u2014como un trozo de pan de oro para decorar retablos\u2014 y la deja sobre la barra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Para sellar el pacto \u2014dice.<\/p>\n\n\n\n<p>Lupia\u00f1ez siente que no puede negarse. No hay amenaza, pero tampoco alternativa. La l\u00e1mina brilla bajo la luz tenue del bar como si contuviera una promesa antigua.<\/p>\n\n\n\n<p>Salen juntos. La noche ha cambiado. La algarab\u00eda de Halloween se ha desplazado hacia el parque o la costanera, donde los disfraces cantan y bailan hasta el amanecer. Las calles que recorren est\u00e1n casi vac\u00edas, como si la ciudad se hubiera retirado a observarlos desde las sombras.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegan a una casona. Una de esas construcciones de principios del siglo pasado, con vitrales ostentosos. Aunque algo abandonada, se mantiene en buen estado. La calle est\u00e1 cerca del centro, pero ya se percibe la sensaci\u00f3n de barrio, de lugar lateral.<\/p>\n\n\n\n<p>Entran sin dificultad. El anfitri\u00f3n enciende la luz de un pasillo con mosaicos negros y blancos, ese t\u00edpico ajedrezado de las casas de la alta sociedad de anta\u00f1o. El ambiente es agradable. Una escalera conduce al piso superior; en un costado, un piano vertical bien cuidado descansa contra la pared. Hay partituras de obras cl\u00e1sicas sobre el atril. \u201cDebe tocar\u201d, piensa Lupia\u00f1ez.<\/p>\n\n\n\n<p>El Hombre de Hojalata lo conduce por un pasillo hasta un sal\u00f3n de estar amplio, que probablemente serv\u00eda como comedor familiar en A\u00f1o Nuevo o en cumplea\u00f1os con muchos invitados. Algunos cuadros menores cuelgan de las paredes, cubiertas por un empapelado antiguo, ligeramente desgastado en algunos rincones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bien, \u00bfqu\u00e9 le parece? \u2014dice el Hombre de Hojalata, se\u00f1alando la pared del fondo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lupia\u00f1ez se acerca. Queda boquiabierto por un instante. El silencio domina la estancia. Percibe que el disfrazado lo observa desde atr\u00e1s. No puede creer lo que ve. A lo largo de su vida ha tenido sorpresas extraordinarias: cuadros que cre\u00eda perdidos, obras desconocidas de autores c\u00e9lebres. Pero esto supera su capacidad de asombro: sobre la pared indicada no hay nada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el panel del retablo? \u2014pregunta, sin ocultar su decepci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El Hombre de Hojalata se sienta en una silla desvencijada. Lo mira con absoluta tranquilidad. No hay en \u00e9l maldad ni burla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Recuerde sus \u00e9pocas de estudiante, Lupia\u00f1ez&#8230; Cuando sus padres \u2014gente de campo, de esa aristocracia rural que a\u00fan ve\u00eda en un estudio un legado\u2014 le entregaron aquellos libros hermosos y pesados, con ilustraciones brillantes y reproducciones de obras que habitaban los grandes museos del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfLo recuerda?<\/p>\n\n\n\n<p>La pasi\u00f3n con que devoraba las p\u00e1ginas. Las tardes enteras leyendo an\u00e9cdotas, observando detalles, comparando estilos. La emoci\u00f3n al descubrir la vida de Miguel \u00c1ngel, de Andrea del Sarto, de Caravaggio, de Pontormo. Cada biograf\u00eda era una revelaci\u00f3n; cada imagen, una promesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego lleg\u00f3 la facultad. Y m\u00e1s tarde, los viajes: el Hermitage de San Petersburgo, con esas <em>Madonne<\/em> juveniles de Da Vinci; el Louvre, en Par\u00eds, y la primera vez frente a la Gioconda; el Prado, con sus sombras barrocas; los Uffizi, donde cada sala parec\u00eda un templo.<\/p>\n\n\n\n<p>El coraz\u00f3n acelerado al recorrer los pasillos del Metropolitan de Nueva York. Ese v\u00e9rtigo de estar frente a la belleza: lo que no se puede explicar, pero existe.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese amor por la est\u00e9tica \u2014por lo sublime\u2014 lo impuls\u00f3 a construir una vida. Y tambi\u00e9n&#8230; un personaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego vinieron los reconocimientos. El \u00e9xito. Las entrevistas. Las consultas internacionales.<\/p>\n\n\n\n<p>Y luego\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El Hombre de Hojalata se detiene. Lo mira. Lo invita a continuar con un silencio lleno de intenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY luego? \u2014dice Lupia\u00f1ez, esperando la continuaci\u00f3n del discurso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y luego, la siesta sobre los laureles, Lupia\u00f1ez. Empez\u00f3 a interesarse por cada vez menos cosas. Si no le pagaban la fortuna que quer\u00eda o cre\u00eda merecer, no aceptaba ciertos trabajos. Comenz\u00f3 a ejercer su tarea de forma mec\u00e1nica, comprobando la existencia de cuadros o esculturas, pero sin el fuego que lo hab\u00eda movido al principio. \u00bfMe equivoco?<\/p>\n\n\n\n<p>Lupia\u00f1ez traga saliva y baja la cabeza. Luego mira al extra\u00f1o anfitri\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, Lupia\u00f1ez, no. El retablo no existe. Nunca existi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY por qu\u00e9 disfrazarse? \u00bfPor qu\u00e9 todo este teatro?<\/p>\n\n\n\n<p>Detr\u00e1s del disfraz y el maquillaje el personaje sonr\u00ede. Se deja sentir el aliento a hesperidina.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Porque el arte tambi\u00e9n consiste en disfrazarse y decir alguna mentirilla. Para m\u00ed, lo que he hecho esta noche es un cuadro: un cuadro que usted necesitaba que existiese para volver a vivir. Ese cuadro imaginario tambi\u00e9n es arte, porque de alg\u00fan modo nos hizo encontrarnos y le permiti\u00f3 imaginar, mientras llegaba, el aspecto de un retablo del siglo XV. Pero no est\u00e1 todo dicho ah\u00ed: el cuadro existe en su interior. Y, a veces, para mostrar lo verdadero, es necesario disfrazarse de mentira.<\/p>\n\n\n\n<p>Lupia\u00f1ez habla en voz alta, pero para s\u00ed mismo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Desde mi juventud me he preguntado cu\u00e1l es el lugar verdadero del arte y cu\u00e1l es mi funci\u00f3n. Saberlo todo de los cuadros y sus obras a veces me lleva a un lugar anodino y desconocido. Es como si en vez de las miserias de galeristas, marchantes y curadores, el arte mismo me preguntara: <em>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el arte?<\/em> Es una pregunta muy dif\u00edcil de contestar\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El Hombre de Hojalata tambi\u00e9n se sumerge en un silencio introspectivo y dice a media voz:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Est\u00e1 en alg\u00fan lugar sobre el arco\u00edris.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n eres, Hombre de Hojalata?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Un hombre que le devolvi\u00f3 la alegr\u00eda a alguien valioso\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El curador se queda un rato m\u00e1s, mirando la pared vac\u00eda. En su mente, sin saber c\u00f3mo, comienza a formarse una imagen: un retablo dorado, figuras difusas, un san Mateo anciano con ojos que lo miran desde otro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Conserve la l\u00e1mina dorada; tal vez alg\u00fan d\u00eda sirva para restaurar nuestro retablo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lupia\u00f1ez sonri\u00e9. Cuando sale de la casona, la ciudad sigue disfrazada, pero \u00e9l ya no.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 2 de noviembre de 2025<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Nicolau Especial para Eco Italiano Lupia\u00f1ez hojea las revistas desordenadas sobre su escritorio, acumuladas durante a\u00f1os como peque\u00f1as c\u00e1psulas [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17,43],"tags":[],"class_list":["post-81472","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-espanol-2","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/81472","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=81472"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/81472\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":81474,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/81472\/revisions\/81474"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=81472"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=81472"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=81472"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}