{"id":81740,"date":"2025-11-09T14:27:44","date_gmt":"2025-11-09T14:27:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=81740"},"modified":"2025-11-09T16:06:11","modified_gmt":"2025-11-09T16:06:11","slug":"vuelta-carnero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=81740","title":{"rendered":"Vuelta carnero"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Vuelta-carnero.jpeg\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Vuelta-carnero-683x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-81741\" style=\"width:227px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Vuelta-carnero-683x1024.jpeg 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Vuelta-carnero-200x300.jpeg 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Vuelta-carnero-768x1152.jpeg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Vuelta-carnero-100x150.jpeg 100w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Vuelta-carnero.jpeg 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Los primeros d\u00edas de enero llegan con juguetes nuevos: camiones de pl\u00e1stico, pelotas brillantes, mu\u00f1ecas que lloran con solo inclinarlas. Diciembre se fue en un reguero de ilusiones que, en pocos d\u00edas, se diluyeron en los rostros cansados de los adultos.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la hora esencial de la siesta. La calle respira un silencio tan denso, que parece un mundo anterior a todas las cosas. El calor aplasta los ruidos, espesa el aire y ralentiza el tiempo. La siesta es una galaxia inm\u00f3vil: polvo en la luz dorada, sombras est\u00e1ticas, respiraciones lentas. La infancia, en cambio, conserva una sabidur\u00eda antigua: sabe que la magia puede aparecer en cualquier momento.<\/p>\n\n\n\n<p>En la vereda, los chicos juegan. Nadie intenta impedirlo; ser\u00eda in\u00fatil. Corren descalzos sobre el cemento ardiente, apurados por la pelota, por la risa y por el rumor lejano del heladero. El alivio llega cuando pisan el peque\u00f1o cuadrado de c\u00e9sped que los salva del fuego por un momento.<\/p>\n\n\n\n<p>La pelota rebota y su eco atraviesa el silencio de las dos de la tarde, como una antim\u00fasica que hace visible la quietud. Mingo est\u00e1 en el arco y se siente h\u00e9roe. Tito y Nandito imitan movimientos de jugadores famosos. Luc\u00eda corre detr\u00e1s de la pelota como un destello: la luz parece rodearla. No hay reglas: solo juego.<\/p>\n\n\n\n<p>Tito empuja a Nandito con descaro y roba la pelota en un movimiento de piernas virtuoso para la corta edad que tiene; un gesto que ya prefigura a un gran jugador. Luc\u00eda r\u00ede, se lanza tras ella y trata de dominar el bal\u00f3n marr\u00f3n con estr\u00edas claras, pero la pelota se escapa, rueda hacia la cuneta y se deja arrastrar por la pendiente. Luc\u00eda corre detr\u00e1s, feliz, sin medir nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dem\u00e1s jugadores estallan en burlas y comentarios mordaces sobre las supuestas nulas dotes futbol\u00edsticas de la ni\u00f1a. A ella, sin embargo, las cr\u00edticas parecen rozarle apenas, como si no terminaran de alcanzarla. Para Luc\u00eda, la pelota no es un objeto que deba ser empujado con destreza y elegancia hacia el arco \u2014un arco imaginario que, precisamente por serlo, posee una magia propia\u2014, sino un peque\u00f1o milagro que brilla bajo el sol. Le basta verla rodar para sentir que el mundo, de pronto, se vuelve un lugar m\u00e1s alegre.<\/p>\n\n\n\n<p>La nena retoma la pelota y corre con pasitos desacompasados por la vereda. Por primera vez desde que comenz\u00f3 la contienda, se acerca al arco. Se le llenan los ojos de alegr\u00eda y patea con todas sus fuerzas. La pelota sale disparada por un costado, hacia el fondo de la calle. Los abucheos se elevan sobre el calor de las baldosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces ocurre lo imposible.<\/p>\n\n\n\n<p>Luc\u00eda corre detr\u00e1s de la pelota, mir\u00e1ndola fijamente, hasta que ve un par de extra\u00f1as patas, largas y delgadas, de una bestia que nadie vio llegar al barrio.<\/p>\n\n\n\n<p>Un dromedario est\u00e1 detenido en medio de la calle, bajo el inclemente sol de enero. Sobre \u00e9l, un hombre de barba antigua porta sobre su cabeza una corona que cae hacia un costado, como vencida por la fatiga. Lleva una capa pesada y anacr\u00f3nica y su rostro est\u00e1 signado por una oscura melancol\u00eda. Las cintas que adornan al animal est\u00e1n deste\u00f1idas por miles de veranos.<\/p>\n\n\n\n<p>A ciencia cierta, es muy dif\u00edcil saber, por la cara del animal, cu\u00e1l es su estado interior. Sin tener la ciencia experta sobre cam\u00e9lidos, parece estar claro, sin embargo, que el dromedario est\u00e1 m\u00e1s asustado que la nena, que lo mira con la pasi\u00f3n que se tiene, a temprana edad, por lo truculento y desconocido.<\/p>\n\n\n\n<p>Los chicos se quedan quietos. No hablan, no corren: son estatuas sorprendidas, sin miedo y sin explicaci\u00f3n. Acompa\u00f1an con su estupor a la ni\u00f1a, que contin\u00faa mirando el morro del animal, el cual ya empieza a acostumbrarse a la presencia de los peque\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Repentinamente, el aire cambia. La siesta da una vuelta carnero y todo es diferente: la poca sombra que cae sobre la calle le da una quietud nueva a la siesta estival.<\/p>\n\n\n\n<p>Luc\u00eda se adelanta. Observa al dromedario como quien mira un secreto revelado. Despu\u00e9s, sonr\u00ede, con la calma de quien entiende lo extraordinario mejor que los adultos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfVos sos un Rey Mago? \u2014pregunta\u2014. \u00bfTe perdiste? Reyes ya pas\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El extra\u00f1o jinete la mira sin sonre\u00edr, pero, sin embargo, hay algo de simpat\u00eda en esos ojos renegridos que miran desde el fondo de un desierto inc\u00f3gnito, perdido entre la realidad y las p\u00e1ginas de alg\u00fan libro ominoso. Con voz profunda, pero de mediano volumen, le informa respetuosamente a la ni\u00f1a que no quiere escuchar hablar de esos reyes magos y que \u00e9l solo es un comerciante del lejano imperio aquem\u00e9nida; que no entiende por qu\u00e9 esos ni\u00f1os est\u00e1n solos en la calle, sin el concurso de ning\u00fan adulto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero vos parec\u00e9s un rey mago \u2014contin\u00faa Luc\u00eda, con ese tono de los ni\u00f1os cuando declaran una verdad indiscutible que a los adultos puede no gustarles\u2014; ten\u00e9s hasta camellito y todo.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre sobre el cam\u00e9lido sonr\u00ede por primera vez, con una mueca ladina, de hombre h\u00e1bil en las compras y ventas, en la fijaci\u00f3n de tasas y cotizaciones, experto en contabilizar esas semillitas de un \u00e1rbol llamado quilate que alguna vez se transformaron en patr\u00f3n de mercadeo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mi historia es una pl\u00e9tora de tristezas \u2014dice el hombre del dromedario.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo sorprendente no es el contenido de la frase, sino el hecho de que se haga entender. Su lengua materna es otra, distante en siglos y geograf\u00edas, pero, de alg\u00fan modo, los chicos lo comprenden\u2026 o eso cree. Fruncen el entrecejo y se quedan con la boca abierta, desconcertados por algunas palabras que suenan viejas, como si la entidad intangible que oficia de traductor hubiera quedado detenida en tiempos del manco Cervantes o del ingenioso Lope, sin advertir que el idioma ha mutado lo suficiente en los \u00faltimos siglos.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante eso \u2014y otras cosas m\u00e1s\u2014, los ni\u00f1os se dan cuenta de que es un hombre triste, pese a su aspecto imponente, acentuado por el hecho de tener sus posaderas sobre el lomo del cam\u00e9lido.<\/p>\n\n\n\n<p>Al parecer \u2014interpretan los ni\u00f1os\u2014, los otros tres alguna vez fueron amigos suyos, pero, por alguna raz\u00f3n, se pelearon. Lo m\u00e1s triste, en realidad, no es solo eso: no fue \u00e9l el \u00fanico excluido, sino que hubo otros reyes menores que quedaron al margen de la empresa gloriosa de Gaspar, Melchor y Baltasar. El hombre dice llamarse Ofir y venir desde un sitio que, con el paso de los siglos, ser\u00e1 conocido como Persia. Ofir desconoce que, alg\u00fan d\u00eda, hombres demasiado santos convertir\u00e1n a su naci\u00f3n en un gobierno de semidioses hambrientos de c\u00e1rcel y de sangre.<\/p>\n\n\n\n<p>Ofir no tiene familia: la ha perdido en una guerra entre intereses mezquinos y, es as\u00ed, como ha solicitado formar parte de la santa comitiva junto a los otros tres. Pero la discriminaci\u00f3n y el desprecio que tienen los hombres por otras naciones lo han dejado de lado.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ese motivo \u2014explica el frustrado rey mago\u2014, nosotros, los peregrinos que fuimos v\u00edctimas de aquel desafuero, recorremos el mundo buscando a quienes merecen amor y paz, para ofrec\u00e9rselos en cualquier momento del a\u00f1o. Consideramos \u2014exclama, a modo de rebeld\u00eda, con ojos brillantes\u2014 que los ni\u00f1os y ni\u00f1as merecen el amor durante toda su infancia y no solo cuando empieza el a\u00f1o para justificar los ingresos de mercachifles o el manoseo de los pobres por parte de los hombres de gobierno.<\/p>\n\n\n\n<p>La siesta es una canci\u00f3n de cuna para el vecindario que, en ese momento \u2014es tarde de s\u00e1bado\u2014, est\u00e1 luchando contra las ping\u00fces carnes y los vasos de cerveza que abordaron al mediod\u00eda como desquite de los sinsabores de la semana laboral. El asunto es que, del mundo de los coherentes y racionales adultos, no hay representantes ni testigos de la escena.<\/p>\n\n\n\n<p>La ni\u00f1a se queda est\u00e1tica durante unos segundos mientras los compa\u00f1eritos recuperan la movilidad. Ofir la mira fijamente, mueve las manos sujetando las riendas del dromedario y parece desprenderse un aroma a especias de todas las tierras que ha visitado: el penetrante comino, el agradable or\u00e9gano, la m\u00fasica noble del estrag\u00f3n y la siempre petulante albahaca. El mago re\u00fane en s\u00ed mismo todas las historias que alguna vez se han contado de mercaderes y viajeros en las largas caravanas del desierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay algo que no puede establecerse en forma definida, pero este rey, en sus innumerables viajes, ha percibido algo acerca de esta escena que est\u00e1 viviendo en este momento. No sabe nada de este pa\u00eds que lo recibe a esta hora de riguroso verano ni tampoco qui\u00e9nes son los ni\u00f1os. Pero hay algo ancestral que lo une con la peque\u00f1a Luc\u00eda. Tal vez un sue\u00f1o le habl\u00f3 de ella alguna noche, mientras cabeceaba junto a una fogata.<\/p>\n\n\n\n<p>Luc\u00eda se acerca al hombre, que hace arrodillar al dromedario para poder bajar de su montura. Con gesto ampuloso, se arregla la capa y se agacha a escuchar la petici\u00f3n de la ni\u00f1a. Luc\u00eda balbucea unos sonidos agudos en el o\u00eddo del hombre, tap\u00e1ndose la boca con la mano para evitar que sus compa\u00f1eros escuchen. La gracia solicitada es concedida.<\/p>\n\n\n\n<p>Ofir se incorpora, asiente con solemnidad y vuelve a montar el animal. Dobla la esquina y desaparece de la visi\u00f3n del grupo. Los chicos corren para saludarlo una vez m\u00e1s, pero al llegar al cruce de calles no ven a nadie. Se ha ido.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar del asombro por el episodio fe\u00e9rico, los tres nenes y Luc\u00eda retoman el juego de pelota, olvidado por un momento. Luego de unos minutos, un penal favorece al equipo imaginario de Luc\u00eda, que es la elegida para ejecutarlo. Mingo se apronta con gestos exagerados, remedos de los arqueros de la televisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Luc\u00eda se planta delante de la pelota y toma una coqueta carrerita para patear el penal m\u00e1s brillante de toda su vida. Mingo queda tirado en la vereda, mirando la pelota certera que vuelve rebotando desde la pared, mientras Luc\u00eda se entrega a una danza fren\u00e9tica con los brazos en alto. La melenita se le despeina en formas extra\u00f1as, como si un viento des\u00e9rtico soplara en la calle desde detr\u00e1s del arco.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque los libros de los sabios no lo digan, los milagros prefieren la siesta.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 9 de noviembre de 2025<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano Los primeros d\u00edas de enero llegan con juguetes nuevos: camiones de pl\u00e1stico, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17,43],"tags":[],"class_list":["post-81740","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-espanol-2","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/81740","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=81740"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/81740\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":81743,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/81740\/revisions\/81743"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=81740"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=81740"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=81740"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}