{"id":81973,"date":"2025-11-13T19:22:19","date_gmt":"2025-11-13T19:22:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=81973"},"modified":"2025-11-13T19:23:04","modified_gmt":"2025-11-13T19:23:04","slug":"ultima-visita-desde-zorzalito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=81973","title":{"rendered":"\u00daltima visita desde Zorzalito"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Ultima-visista-desde-Zorzalito.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Ultima-visista-desde-Zorzalito-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-81974\" style=\"width:301px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Ultima-visista-desde-Zorzalito-683x1024.jpg 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Ultima-visista-desde-Zorzalito-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Ultima-visista-desde-Zorzalito-768x1152.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Ultima-visista-desde-Zorzalito-100x150.jpg 100w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Ultima-visista-desde-Zorzalito.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>(<em>A <\/em><strong>\u5927<\/strong><strong>\u536b<\/strong><strong> \u5218<\/strong><em>con la seguridad de que nos reencontraremos en Paran\u00e1, Pek\u00edn o donde sea<\/em>)<\/p>\n\n\n\n<p>El presentimiento que rondaba a Amado Astolfi fue, extra\u00f1amente, el modo m\u00e1s literario de morir que encontr\u00f3. Hay historias cuyo desenlace se decide lejos de nosotros, gobernadas por fuerzas externas, caprichosas, incontrolables.<\/p>\n\n\n\n<p>Astolfi era uno de esos hombres para quienes el tedio funciona como examen: la hondura de un esp\u00edritu se mide por su manera de soportar el aburrimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras jubilarse como mec\u00e1nico en su propio taller, intent\u00f3 recuperar el tiempo perdido. Desde la adolescencia hab\u00eda sido lector autodidacta en la biblioteca del barrio. Algunos textoslo marcaron y regresaban \u2014fieles\u2014 cada tanto. Despu\u00e9s la vida lo arrastr\u00f3 al trabajo, pero, soltero y sin ambiciones materiales, encontraba una felicidad modesta en leer por las noches.<\/p>\n\n\n\n<p>Le\u00eda sin programa ni m\u00e9todo: despu\u00e9s de S\u00e9neca, Garc\u00eda M\u00e1rquez; tras Dumas, un libro de astron\u00e1utica. Ca\u00f3tico, s\u00ed, pero feliz. Los no lectores jam\u00e1s entender\u00e1n la alegr\u00eda silenciosa de quien devora p\u00e1ginas.<\/p>\n\n\n\n<p>Con los a\u00f1os se anim\u00f3 a escribir: primero poes\u00eda, luego narrativa. Hab\u00eda publicado menos de diez cuentos en un peri\u00f3dico local. No era famoso ni pretend\u00eda serlo, pero hab\u00eda alcanzado algo parecido a la serenidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta que ocurri\u00f3 lo inesperado.<\/p>\n\n\n\n<p>Una tarde de primavera \u2014una primavera temprana y calurosa\u2014 alguien golpe\u00f3 el llamador de su casa. Astolfi nunca quiso poner un timbre el\u00e9ctrico: man\u00edas de rom\u00e1ntico.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba acostado, vestido, con pantuflas viejas manchadas de caf\u00e9 derramado en madrugadas distra\u00eddas.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer en la puerta no parec\u00eda simp\u00e1tica ni antip\u00e1tica: simplemente dura, como quien ha vivido demasiado.Se dirigi\u00f3 a \u00e9l con una cortes\u00eda anticuada, trat\u00e1ndolo de usted.<\/p>\n\n\n\n<p>Dijo llamarse Evelia \u2014nombre casi extinguido\u2014 y asegur\u00f3 ser maestra jubilada de un pueblo del interior llamado Zorzalito.<\/p>\n\n\n\n<p>Astolfi busc\u00f3 el lugar en su memoria, pero no apareci\u00f3, ni siquiera cuando ella precis\u00f3 la provincia.<\/p>\n\n\n\n<p>Se present\u00f3 como escritora y dijo sentir simpat\u00eda por \u201csus colegas solitarios\u201d.Para sorpresa de Amado, elogi\u00f3 uno de sus cuentos, se\u00f1alando detalles que solo una lectura atenta pod\u00eda haber detectado.<\/p>\n\n\n\n<p>Astolfi, que jam\u00e1s se crey\u00f3 un autor importante, no pod\u00eda entender c\u00f3mo una mujer de otra provincia, nacida en un pueblo ignoto, conoc\u00eda su obra.<\/p>\n\n\n\n<p>Sab\u00eda muy bien que no era famoso y, si bien ten\u00eda autoestima, tambi\u00e9n ten\u00eda conciencia: estaba lejos de ser el mejor cuentista del mundo.Sin embargo, hay un placer secreto en saberse le\u00eddo, m\u00e1s all\u00e1 de la exactitud de las observaciones. Le tom\u00f3 afecto inmediato y, movido por una cortes\u00eda casi caballeresca, la invit\u00f3 a pasar a la sala.<\/p>\n\n\n\n<p>Se sentaron.<\/p>\n\n\n\n<p>Astolfi trajo una tetera que hab\u00eda sido de su madre y dos tazas antiguas, muy bien cuidadas. Verti\u00f3 el t\u00e9 con esmero: sus manos curtidas de mec\u00e1nico se mov\u00edan con la delicadeza de un gran se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Evelia agradeci\u00f3 con una leve inclinaci\u00f3n de cabeza y elogi\u00f3 el sabor de la infusi\u00f3n.Luego, sin transici\u00f3n, comenz\u00f3 un soliloquio:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mi vida ha discurrido en la m\u00e1s profunda soledad. Nunca me cas\u00e9. Viv\u00ed dignamente como maestra y, al jubilarme, me dediqu\u00e9 a la actividad m\u00e1s hermosa del mundo: leer. Usted lo sabe, Astolfi, no hay comparaci\u00f3n posible.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero llega un momento en la vida del lector en que nace una necesidad: un insecto debajo de la piel que quiere abrirse paso como sea.<\/p>\n\n\n\n<p>Baj\u00f3 la mirada, casi avergonzada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014As\u00ed fue como, de un d\u00eda para otro, tom\u00e9 un cuaderno y una birome y escrib\u00ed mi primer cuento. Zorzalito no es un lugar inspirador: la plaza, la comisar\u00eda, las casas de los ricos; m\u00e1s all\u00e1, un caser\u00edo m\u00ednimo.Hay apenas una estaci\u00f3n de servicio a tres kil\u00f3metros.Sin embargo, mi imaginaci\u00f3n me permiti\u00f3 crear un mundo propio dentro de mi querido terru\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Guard\u00f3 silencio unos segundos, antes de a\u00f1adir:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ese inicio fue fundamental. Siempre hab\u00eda querido escribir, y la sensaci\u00f3n de felicidad de saber que lo estaba haciendo me llev\u00f3 a un Parnaso que nunca hab\u00eda imaginado.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto mi cabeza se desoxid\u00f3 y comenc\u00e9 a imaginar historias de todo tipo.No pod\u00eda creer que yo, una pobre maestra jubilada de Zorzalito, en Ninguna Parte, estaba creando. S\u00ed, Astolfi: creando.<\/p>\n\n\n\n<p>Respir\u00f3 hondo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hasta que un d\u00eda, hace unos pocos meses, comenc\u00e9 a escribir lo que considero que ser\u00e1 \u2014una vez terminado\u2014 mi mejor cuento.Intento encontrar un final, Astolfi, pero no lo encuentro.Ese desenlace que debe ser \u00fanico me est\u00e1 vedado y no s\u00e9 por qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Astolfi la escuchaba con una atenci\u00f3n que hac\u00eda a\u00f1os no dedicaba a nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El cuento surgi\u00f3 despu\u00e9s de almorzar algo sencillo y mientras miraba la calle ancha de Zorzalito. Trata de un hombre que guarda una campana sin badajo en su casa.No sabe de d\u00f3nde vino, pero est\u00e1 all\u00ed desde hace a\u00f1os.Un d\u00eda, un viajero misterioso le dice que conoce la leyenda de una campana muda cuyo badajo est\u00e1 escondido en otro pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre queda fascinado y se propone como \u00fanico fin en su vida unir la campana con su badajo.Carga la campana en un caballo y recorre distintos pueblos, preguntando a los lugare\u00f1os si saben algo del ap\u00e9ndice faltante.<\/p>\n\n\n\n<p>Hizo una pausa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El personaje no sabe a ciencia cierta por qu\u00e9 raz\u00f3n algo lo ha movido a una empresa tan balad\u00ed.Es curioso que los seres humanos nos embarquemos en historias cuyo sentido desconocemos.Duda de la existencia del badajo; comienza a pensar que fue v\u00edctima de una broma, de alg\u00fan desaprensivo que quiso burlarse de su lirismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Astolfi esboz\u00f3 una sonrisa indulgente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfMe est\u00e1 queriendo decir que usted vino a este pueblo, a mi casa, para contarme esto?<\/p>\n\n\n\n<p>Evelia apoy\u00f3 las manos sobre las rodillas, como quien se arma de valor.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> \u2014S\u00e9 que todo esto es extra\u00f1o, pero cuando le\u00ed uno de sus cuentos me percat\u00e9 de que usted era la persona indicada.<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy metida en un escollo y no puedo salir, y s\u00e9 que el final del cuento es pr\u00e1cticamente lo \u00fanico que deseo en la vida. Ay\u00fademe a terminarlo, Astolfi, y luego quedar\u00e1 liberado para siempre.Le prometo desaparecer de su vida y no molestarlo jam\u00e1s.La campana est\u00e1 incompleta, Astolfi. Y yo tambi\u00e9n. El badajo est\u00e1 en otra parte, como si lo hubiera escrito otra persona.Y esa persona es usted, lo s\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Entienda que el simbolismo de la campana sin su badajo me revela una existencia insondable, cr\u00edptica para mi mente. Supe, cuando me enter\u00e9 de su existencia y de su obra \u2014no sea modesto, Astolfi, tiene una obra\u2014, que usted era el depositario de una respuesta contundente a mi pregunta. Soy una persona de pocos recursos; mi jubilaci\u00f3n apenas me permite una comida digna al d\u00eda y algunos libros para solazarme. Comprenda el esfuerzo que signific\u00f3 venir desde Zorzalito para pedirle este favor. Sea digno de ese esfuerzo y <em>participe en la conclusi\u00f3n de la historia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Hubo un silencio breve y denso, en el que solo se o\u00eda el bullicio lejano de la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Astolfi, por primera vez en a\u00f1os, sinti\u00f3 un estremecimiento insano. La idea de algo legendario comenz\u00f3 a rondarle la mente, gener\u00e1ndole una desavenencia de esp\u00edritu dif\u00edcil de explicar. No sab\u00eda por qu\u00e9, pero estaba seguro de que hab\u00eda esperado esa visita durante a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Quiero mostrarle algo, Evelia \u2014dijo a media voz.<\/p>\n\n\n\n<p>Su expresi\u00f3n era la de quien necesita confesar algo que lo averg\u00fcenza. Se levant\u00f3 despacio y se dirigi\u00f3 a una vieja c\u00f3moda provenzal \u2014legado de su abuela\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>Abri\u00f3 el \u00faltimo caj\u00f3n, sac\u00f3 un envoltorio de tela pesado y lo deposit\u00f3 sobre la mesa. Desat\u00f3 la cuerda que sujetaba el pa\u00f1o desgastado y expuso ante los ojos de Evelia el badajo de una campana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Estuvo siempre en la casa. Nadie supo explicarme qu\u00e9 hac\u00eda aqu\u00ed ni a qui\u00e9n hab\u00eda pertenecido. Nunca le di demasiada importancia: pas\u00f3 a\u00f1os tirado en un rinc\u00f3n del taller, hasta que un d\u00eda lo envolv\u00ed y lo guard\u00e9, sin saber muy bien por qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez sea eso lo que est\u00e1 buscando, Evelia. Es suyo, le pertenece. Haga lo que deba hacer. <em>Yo no terminar\u00e9 el cuento.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Evelia lo mir\u00f3 fijo, con una serenidad que no era del todo terrenal.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tal vez usted sea lo que estoy buscando \u2014dijo, mientras observaba el badajo en el centro de la mesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Tom\u00f3 el pedazo de bronce con la mano derecha y lo acarici\u00f3 con la otra, a lo largo, como si fuera una criatura viva, un ser dotado de alma. Luego alz\u00f3 la vista hacia Astolfi, que se hab\u00eda acercado, hipnotizado, a contemplar el objeto. Evelia lo observ\u00f3 un instante y, con una decisi\u00f3n implacable, levant\u00f3 el bronce y le asest\u00f3 un golpe en la cabeza.La sangre se extendi\u00f3 lentamente sobre el piso de granito claro.<\/p>\n\n\n\n<p>Evelia sali\u00f3 de la casa sin mirar atr\u00e1s, con paso sereno, rumbo a una dimensi\u00f3n incierta llamada Zorzalito.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 13 de noviembre de 2025<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano (A \u5927\u536b \u5218con la seguridad de que nos reencontraremos en Paran\u00e1, Pek\u00edn [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[17,43],"tags":[],"class_list":["post-81973","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-espanol-2","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/81973","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=81973"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/81973\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":81976,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/81973\/revisions\/81976"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=81973"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=81973"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=81973"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}