{"id":82778,"date":"2025-11-26T16:11:12","date_gmt":"2025-11-26T16:11:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=82778"},"modified":"2025-11-26T16:18:45","modified_gmt":"2025-11-26T16:18:45","slug":"edicion-limitada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=82778","title":{"rendered":"Edici\u00f3n limitada"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Edicion-limitada.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"452\" height=\"547\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Edicion-limitada.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-82779\" style=\"width:244px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Edicion-limitada.jpg 452w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Edicion-limitada-248x300.jpg 248w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Edicion-limitada-124x150.jpg 124w\" sizes=\"(max-width: 452px) 100vw, 452px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca se sabe el porqu\u00e9 de los encuentros. Coincidencias que carecen de sustento y que, sin embargo, llevan a las personas a construir amistades o enemistades. A veces alguien cree conocer el argumento de su propia vida, aunque en realidad es solo un personaje de una historia que morir\u00e1 sin conocer. Lo que hace, siente o deja de hacer es la obra de una entidad desconocida. Ll\u00e1menla hado, demiurgo o como sea. Poco importa.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad es peque\u00f1a, antigua, con caserones de principio de siglo, aunque bien mantenidos. Las veredas muestran un pa\u00f1o verde que, con la tremenda sequ\u00eda de los \u00faltimos meses, se reduce a un cuadrado de tierra salpicado de matojos amarillos. Se anuncia una gran tormenta para la tarde \u2014escuch\u00f3 en el hotel\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>La librer\u00eda est\u00e1 vac\u00eda. Un joven ordena libros; se detiene un instante y lo saluda con un \u201cbuenos d\u00edas\u201d jovial. Le llama la atenci\u00f3n: esperaba la circunspecci\u00f3n habitual de los libreros. Quiz\u00e1 sea un prejuicio, pero con los a\u00f1os ha aprendido que los vendedores de libros poseen un \u00e1ngel dif\u00edcil de percibir a la primera. A veces se necesitan a\u00f1os para conocer siquiera una parte del alma de uno de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>El muchacho tiene un rostro extra\u00f1o, lobuno. Sus brazos esbeltos se mueven con precisi\u00f3n coreogr\u00e1fica y su cuerpo flaco parece ocultar una fuerza de otro mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca ha estado en esta librer\u00eda. Es de otra ciudad y est\u00e1 aqu\u00ed solo de paso, asistiendo a un congreso donde expone algo sin importancia y escucha cosas que tampoco la tienen. El mundo acad\u00e9mico le parece una convenci\u00f3n de frustrados que pretenden ser interesantes.<\/p>\n\n\n\n<p>La librer\u00eda est\u00e1 ordenada y limpia, pero hay un olor extra\u00f1o, como de abandono, que se infiltra entre los estantes. Los lomos de los libros relucen con un brillo que no parece provenir \u00fanicamente del cart\u00f3n plastificado, sino de una luz particular, de tinte ominoso, como si cada volumen guardara algo que no pertenece del todo a este mundo. Aun as\u00ed, como buen lector, siente algo especial al entrar en un espacio as\u00ed. Desde ni\u00f1o se acostumbr\u00f3 a concebir a las librer\u00edas y bibliotecas como templos del conocimiento. Con el devenir de la inform\u00e1tica y las tecnolog\u00edas modernas, muchos cambian de opini\u00f3n, creyendo que el conocimiento puede existir en un \u00e9ter incorp\u00f3reo que prescinde del papel. All\u00e1 ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>El empleado se acerca con respeto y una gracia rid\u00edcula. Parece un bailar\u00edn de ballet en un escenario. Sus movimientos ampulosos acomodan los libros con una precisi\u00f3n que roza lo imposible, como si los libros se acomodaran solos. Sin dejar de trabajar, le pregunta qu\u00e9 busca.<\/p>\n\n\n\n<p>Con una sonrisa m\u00ednima responde que solo est\u00e1 mirando. Comienza a sentirse inc\u00f3modo. La actitud del joven tiene algo de groser\u00eda velada, con una mueca que lo desaf\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Mirar libros es como mirar un sue\u00f1o moment\u00e1neamente quieto<\/em> \u2014espeta el muchacho, como si recitara de memoria, con una voz filosa que hace vibrar el aire\u2014. <em>Tal vez la existencia perfecta sea un equilibrio entre los refinamientos del intelecto y el barro del mundo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>R\u00ede con una carcajada que rompe la serenidad de la estancia\u2026 \u00bfpor qu\u00e9 dice eso?<\/p>\n\n\n\n<p><em>Me llamo barro aunque Miguel me llame.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Barro es mi profesi\u00f3n y mi destino<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>que mancha con su lengua cuanto lame.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Soy un triste instrumento del camino.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Soy una lengua dulcemente infame<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>a los pies que idolatro desplegada.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Los versos surgen desde alg\u00fan rinc\u00f3n de su mente, sin que pueda recordar cu\u00e1ndo los ley\u00f3 por primera vez. No es un hombre de poes\u00eda, pero reconoce que hay textos capaces de dejar una huella imposible de borrar.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelve a la realidad. El joven sigue sonriendo. La librer\u00eda es, en verdad, una vieja casona refaccionada con primor. En la parte trasera, un antiguo mueble de madera acoge libros de arte y fotograf\u00eda, en grandes formatos, con tapas donde desfilan los grandes pintores y escultores de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa en los a\u00f1os dedicados a estudiar, viajar, indagar, escribir\u2026 Algunas obras han tenido buena aceptaci\u00f3n, aunque en c\u00edrculos reducidos. Sin embargo, siente que reci\u00e9n ahora, pasada su madurez, trabaja en lo que ser\u00e1 el \u00fanico texto que realmente valga la pena. Este congreso no hace m\u00e1s que distraerlo. No ve la hora de hundirse en su sill\u00f3n y continuar dando forma a su sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Una primera gota \u2014casi una entidad arcana\u2014 golpea la vidriera. <em>Ploc<\/em>. Es la esencia misma de la lluvia. A esa primera le sigue otra, m\u00e1s intensa. Luego, el torrente ensordece el lugar. Una gran tormenta. El peque\u00f1o cuadrado de tierra de la vereda se oscurece; se forma un lodo incipiente donde los globitos de aire presagian lluvia hasta la noche.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Barro en vano me invisto de amapola,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>barro en vano vertiendo voy mis brazos\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Mientras revisa los estantes, encuentra su primera obra, publicada hace ya veintitantos a\u00f1os. La sonrisa y el ardor en los p\u00f3mulos lo delatan. Una obra primeriza, con errores m\u00ednimos, pero \u00fatil para quienes comienzan en el tema. La vida da sorpresas.<\/p>\n\n\n\n<p>El dependiente bailar\u00edn se acerca por detr\u00e1s y mira el libro por encima de su hombro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Parece interesante, \u00bfno? Sin embargo, la gente lo ve y lo desecha al instante.<\/p>\n\n\n\n<p>R\u00ede. R\u00ede entre dientes. Risa sat\u00e1nica. Odiosa. Demon\u00edaca.<\/p>\n\n\n\n<p>Siente un fr\u00edo interno e intenta ignorarlo. Pero el joven deja de danzar, lo mira fijo, con la sonrisa todav\u00eda prendida en el rostro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No te preocupes, era solo tu primer libro \u2014dice el muchacho.<\/p>\n\n\n\n<p>El pasmo lo deja paralizado: cada idea se dispersa antes de tomar forma. Piensa que quiz\u00e1 sea una burla de colegas inescrupulosos. No acierta a hablar. Una transpiraci\u00f3n fr\u00eda le recorre las sienes; el coraz\u00f3n, desbocado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Con el tiempo, las cosas se perfeccionan. Por ejemplo, este otro de aqu\u00ed \u2014dice, tomando un libro de una mesa\u2014. Est\u00e1 mucho, mucho mejor. Has aprendido, diablito.<\/p>\n\n\n\n<p>Acerca la tapa a sus ojos, casi hasta rozarlos. \u00a1Es el t\u00edtulo que hab\u00eda elegido para el libro que a\u00fan escribe y que no ha revelado a nadie!<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Claro que el costo de esta gran obra es elevado, diablito \u2014sonr\u00ede, con un filo en la voz\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>Merec\u00edas quedarte solo.<\/p>\n\n\n\n<p>Abandonaste a tu novia con arrogancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Dejaste a tus padres en un hogar.<\/p>\n\n\n\n<p>Despreciaste a tus vecinos por poner la m\u00fasica un poco alta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfTe parece que esta obra vale todo eso, gusano?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSab\u00e9s lo que has sido, diablito? \u2014susurra, incisivo\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Un error. <\/em>Una desgraciada malinterpretaci\u00f3n del c\u00f3digo universal. Eres una l\u00e1grima. Un intelectualoide incapaz de arreglar un desperfecto el\u00e9ctrico. Nunca aprendiste siquiera a barrer o lavar los platos; siempre leyendo o escribiendo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Un ser humano puede encender fuego y generar arte. Vos nunca prendiste un miserable hato de le\u00f1a para asar un pedazo de costilla, la comida preferida de tu madre. Y tu arte\u2026 lamentable: citas, repeticiones, palabrer\u00eda vac\u00eda. Brillar solo donde tus pares te lo permiten.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Eres un buf\u00f3n del \u201cControl C\u2013Control V\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> Su mirada permanece inm\u00f3vil. Cada palabra, un martillo. El coraz\u00f3n, desbocado. La lluvia golpeando la vidriera marca el ritmo de cada frase. Una pesadilla de la que no puede escapar. Es cierto: su vida intelectual fue un par\u00e9ntesis sin acci\u00f3n, un vicio de palabras huecas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Decid\u00ed ahora \u2014sentencia el librero, firme, implacable\u2014: \u00bfvolver al barro primordial o seguir cargando el peso de la existencia por muchos, muchos a\u00f1os m\u00e1s?<\/p>\n\n\n\n<p>La frustraci\u00f3n lo invade, r\u00edgida, disciplinaria. No podr\u00e1 soportar por mucho m\u00e1s tiempo las verdades de ese demonio rid\u00edculo y truhan.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>La polic\u00eda, con impermeables amarillos, rodea el cuerpo que yace en la vereda, la cara hundida en el barro del peque\u00f1o rect\u00e1ngulo. La lluvia no ha cesado en horas. Nadie dio aviso antes. La casa est\u00e1 deshabitada: una librer\u00eda cerrada hace m\u00e1s de veinte a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>La cinta pl\u00e1stica blanca y roja, sujeta con ramitas, delimita un cuadro alrededor del hombre que abraza la \u00fanica edici\u00f3n de un libro que nadie leer\u00e1 jam\u00e1s. Ser\u00eda desestimado como prueba por la justicia: muri\u00f3 de un infarto.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Teme un asalto de ofendida espuma<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y teme un amoroso cataclismo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Antes que la sequ\u00eda lo consuma<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>el barro ha de volverte de lo mismo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Dicen que va a llover tres d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 26 de noviembre de 2025<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano Nunca se sabe el porqu\u00e9 de los encuentros. 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