{"id":83301,"date":"2025-12-11T16:05:02","date_gmt":"2025-12-11T16:05:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=83301"},"modified":"2025-12-11T16:05:34","modified_gmt":"2025-12-11T16:05:34","slug":"romperemos-el-cielo-con-esto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=83301","title":{"rendered":"Romperemos el cielo con esto"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Nicolau<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Romperemos-el-cielo-con-esto.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"452\" height=\"602\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Romperemos-el-cielo-con-esto.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-83302\" style=\"width:296px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Romperemos-el-cielo-con-esto.jpg 452w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Romperemos-el-cielo-con-esto-225x300.jpg 225w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Romperemos-el-cielo-con-esto-113x150.jpg 113w\" sizes=\"(max-width: 452px) 100vw, 452px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>El movimiento nunca miente. Es un bar\u00f3metro que revela el clima del alma a todos los que lo pueden leer\u201d.<\/em> Martha Graham.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 es esta realidad abstrusa, fantasiosa que no me permite razonar? No s\u00e9 qu\u00e9 han hecho con mi mente; tampoco creo que me interese saberlo, ya que no podr\u00eda hacer nada para cambiarlo. Seguramente han operado en m\u00ed una serie de modificaciones seg\u00fan los criterios de algunos expertos en el manejo de estos viajes.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando me preguntan si quiero viajar, digo que s\u00ed. Soy muy ilusa y conservo esa idea rom\u00e1ntica del viaje lejano. No s\u00e9 por qu\u00e9, a pesar del paso del tiempo y del aprendizaje acumulado por la experiencia de otros, no conseguimos evitar ciertos errores. La traves\u00eda es rom\u00e1ntica: es el viaje de los libros decimon\u00f3nicos. Darwin partiendo de su casa a los veintid\u00f3s a\u00f1os y regresando cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde; Cook extraviado en medio de una nada l\u00edquida tan vasta que, durante d\u00edas, no se ve m\u00e1s que el reflejo dorado del sol lacerando los ojos. Viajes y viajeros. Hombres, mujeres y tambi\u00e9n ni\u00f1os \u2014\u00bfpor qu\u00e9 no?\u2014 que invierten tiempo de sus vidas simplemente para estar en alg\u00fan otro lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, podemos estar en cualquier parte con nuestra mente. \u00bfD\u00f3nde estamos normalmente? Creemos estar en un sitio: en casa, en el parque p\u00fablico, en un museo contemplando cuadros y esculturas. Pero siempre asumimos \u2014o creemos asumir\u2014 que ese lugar es concreto y tiene una ubicaci\u00f3n aproximada. \u00bfEstamos seguros?<\/p>\n\n\n\n<p>Me hacen pasar a una oficina fr\u00eda y desprovista de personalidad. Parece una de esas salas hospitalarias donde los m\u00e9dicos informan sobre pacientes delicados. Sin embargo, percibo algo de alegr\u00eda y bondad en los rostros de mis entrevistadores. Uno de ellos posee rasgos inequ\u00edvocamente masculinos. El otro es de naturaleza incierta: no resulta posible definir su sexo, g\u00e9nero u origen. Y ahora entiendo por qu\u00e9, formalmente, hemos comenzado a llamar \u201cunidades de carbono\u201d a toda forma de vida del universo: si hay un elemento que nos unifica es esa estructura elemental en torno al carbono. Las pocas unidades de silicio podr\u00edan considerarlo discriminatorio, pero es la misma historia: siempre \u2014s\u00ed, siempre\u2014 aparecer\u00e1 alguien diferente.<\/p>\n\n\n\n<p>Me informan que he sido seleccionada y que <em>partir\u00e9<\/em> en el pr\u00f3ximo lanzamiento. Explican los pormenores y los tratamientos previos al viaje. S\u00e9 que modificar\u00e1n algo en m\u00ed: me lo han advertido. Se dice que, al regresar, uno vuelve a la misma realidad. No estoy en condiciones de discutir con la corporaci\u00f3n; hace mucho que aprendimos a comprender el poder absoluto como lo que es. Me comunican que la misi\u00f3n es muy importante y que no se descarta que sea hist\u00f3rica. Me miran con esas sonrisas imprecisas y me recuerdan que, en estos tiempos de grandes avances, no es poca cosa convertirse en pionera. \u201cConseguir\u00e1s algo diferente y ser\u00e1 recordado\u201d, dicen. En cuanto a ellos, el ser indeterminado abre de par en par sus ojos amarillos, que viran lentamente hacia el azul \u2014al parecer es su forma de manifestar la pasi\u00f3n entre los de su \u00bfgente?\u2014 y exclama, a trav\u00e9s del traductor: <em>\u201c\u00a1Romperemos el cielo con esto!\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Me someto a las pruebas de rigor y me conducen al lugar de la modificaci\u00f3n. Es una silla anat\u00f3mica en la que pueden conectarse diversos sensores al cuerpo. En una pantalla virtual que flota en el aire se indican las zonas que recibir\u00e1n una alteraci\u00f3n parcial y de duraci\u00f3n limitada: me garantizan que volver\u00e9 a ser la unidad de carbono que siempre fui. Por primera vez me siento distendida e intento generar un clima m\u00e1s cordial con esos doctores y t\u00e9cnicos de frialdad inmerecida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pod\u00e9s decirme <em>\u201cla misma chica de siempre<\/em>\u201d, no hay problema.<\/p>\n\n\n\n<p>Sonr\u00eden.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Algunos circuitos pueden no fijarse correctamente o funcionar de manera extra\u00f1a al principio. No te preocupes. Quiz\u00e1, al terminar la misi\u00f3n, te queden algunos recuerdos confusos por pocos d\u00edas. Es menos frustrante que el antiqu\u00edsimo jetlag, \u00bfhas o\u00eddo hablar de eso?<\/p>\n\n\n\n<p>Le digo que s\u00ed, que siempre me llam\u00f3 la atenci\u00f3n el fen\u00f3meno.<\/p>\n\n\n\n<p>Me siento c\u00f3moda.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>El planeta de destino es un cuerpo rocoso en las cercan\u00edas de una estrella del Grupo Local. T\u00e9cnicamente, es un viaje muy similar a los que se realizan desde hace m\u00e1s de trescientos a\u00f1os. El objetivo es la exploraci\u00f3n y la prospecci\u00f3n minera: en esencia, lo mismo de siempre. Se identifican patrones geol\u00f3gicos, se verifica la rentabilidad de extraer determinados minerales y, si la respuesta es afirmativa, detr\u00e1s de nosotros llegan los operadores industriales a arruinarlo todo. Si existen habitantes conscientes en el \u00e1rea \u2014anteriores al desarrollo de tecnolog\u00eda espacial\u2014 se los indemniza envi\u00e1ndolos a otra regi\u00f3n del mismo cuerpo o, directamente, se los transporta en mejores condiciones a otro planeta. Siempre hay conflictos y revueltas, pero alg\u00fan acuerdo se alcanza.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez detectada la posici\u00f3n correcta y establecidos todos los par\u00e1metros, comienza la exploraci\u00f3n. Debo concentrarme y tratar de descender en el paisaje, entrar en uni\u00f3n perfecta con todo lo que constituye la parte f\u00edsica del planeta. En todo momento permanecer\u00e9 sentada aqu\u00ed dentro, en la c\u00e1psula de acercamiento: una estructura peque\u00f1a pero c\u00f3moda, con acceso a todo lo que necesito. Ya no hay padecimiento ni sufrimiento en estos viajes. La humanidad aprendi\u00f3 que no vale la pena estresar a los trabajadores. \u00bfMe entienden? <em>No ir\u00e9 f\u00edsicamente a ninguna parte.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La recreaci\u00f3n del planeta es impecable. Camino por un paisaje rocoso que me recuerda im\u00e1genes de un pa\u00eds ya inexistente en la Tierra, llamado Jordania: arenas rojizas y rocas negruzcas dispersas. El planeta es real, lo s\u00e9, aunque yo no lo sea del todo. El paisaje es una simulaci\u00f3n basada en los datos que tenemos, pero esos datos son incompletos y la reconstrucci\u00f3n no siempre coincide con la realidad. Un error acumulado puede generar una percepci\u00f3n distinta del lugar que exploramos. \u00bfEstoy caminando all\u00ed? S\u00ed y no. Mis percepciones sensoriales han sido adaptadas para desconectarse del cuerpo y entrar en comuni\u00f3n con los bioimplantes que me permiten sentir el planeta des\u00e9rtico. Vivir\u00e9 experiencias \u00fanicas en un mundo desconocido, pero, en la realidad tal como la entendemos, nunca estar\u00e9 all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Numerosas personas, al regresar, desarrollan depresiones severas: no soportan haber atravesado experiencias irrepetibles que, en verdad, nunca vivieron. Es uno de los males actuales. Se trata con antidepresivos, pero siempre queda un trasfondo de desconsuelo. La mayor\u00eda de estas misiones solo entrena a futuros viajeros f\u00edsicos o se destina a probar m\u00e1quinas trituradoras de roca. Hay mundos a los que jam\u00e1s se envi\u00f3 a un ser humano: costos excesivos, cuerpos imposibles de adaptar, atm\u00f3sferas que nos rechazan. El universo, simplemente, se ha vuelto complejo.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Por rutina, camino un poco por el paisaje des\u00e9rtico. La misi\u00f3n dura unas trece horas virtuales, que pueden coincidir \u2014o no\u2014 con el tiempo biol\u00f3gico al que estoy sometida en la c\u00e1psula. No hay problemas con los implantes ni nada por el estilo. Soy plenamente consciente de mi realidad. Hago el ejercicio de recordar mi vida normal, tal como prescriben los t\u00e9cnicos y el protocolo. Recuerdo a mi gato, lo que hice la semana pasada, d\u00f3nde est\u00e1 el cuchillo de cocina, el precio del br\u00f3coli. Todo bien: <em>soy yo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Doy unos pasos m\u00e1s y el viento virtual del planeta \u2014ese viento seco, de grano fino, programado para rozar apenas la piel\u2014 pasa sobre mis brazos. Todo encaja. Todo responde como debe. La planicie roja es perfecta en su monoton\u00eda: dunas bajas, fracturas de roca oscura, un horizonte casi inm\u00f3vil. Nada extra\u00f1o. Creo que ser\u00e1 una misi\u00f3n corta, incluso exitosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, siento una rareza en m\u00ed: una mezcla de tranquilidad y logro, pero tambi\u00e9n una soledad honda, como si una parte de m\u00ed hubiese sido vaciada sin que yo lo notara. S\u00e9 que los viajes de este tipo suelen dejar recuerdos alterados y cierta angustia residual; est\u00e1 estudiado, entrenado, incorporado al protocolo. Tal vez el desierto no sea un paisaje adecuado para sentirse bien: los humanos a\u00fan cargamos un desasosiego antiguo ante la inmensidad abierta.<\/p>\n\n\n\n<p>Y sin embargo\u2026 la casa est\u00e1 ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, ah\u00ed, a unos doscientos metros, en medio de las arenas rojizas y las afloraciones de roca negra.<\/p>\n\n\n\n<p>Me detengo. Consulto el panel interno. Todo en orden: sin alertas, sin desajustes, sin anomal\u00edas de renderizado. Nada fuera del protocolo.<\/p>\n\n\n\n<p>No entiendo nada.<\/p>\n\n\n\n<p>No tengo miedo, cr\u00e9anlo. Siempre he sido osada, algo temeraria incluso; quiz\u00e1s por eso he conseguido ciertas cosas en mi vida. Avanzo hacia la casita, que se vuelve m\u00e1s real a cada paso: m\u00e1s s\u00f3lida, m\u00e1s definida, m\u00e1s imposible de ignorar. Despu\u00e9s de varios segundos \u2014los suficientes para confirmar que dejo huellas n\u00edtidas en la arena: la simulaci\u00f3n sigue perfecta, as\u00ed que no estoy delirando\u2014 llego a la puerta, que est\u00e1 apenas entornada.<\/p>\n\n\n\n<p>Irresponsablemente, la empujo y entro.<\/p>\n\n\n\n<p>El estudio es tal como lo hab\u00eda visto en videos y publicaciones de la biblioteca. Me conmueve poder verlo con mis propios ojos. El piso de madera exhala un olor inesperado, c\u00e1lido, casi org\u00e1nico, distinto a cualquier reconstrucci\u00f3n digital que recordaba. Las paredes descascaradas revelan capas de pintura antigua que emergen como estratos geol\u00f3gicos. Las barras de madera empotradas, el espejo que ocupa casi todo un lateral\u2026 todo parece suspendido en una edad remota. Es un viaje de siglos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces, de pronto, est\u00e1 all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Una celebraci\u00f3n pura del movimiento: el cuerpo esbelto, los brazos que trazan l\u00edneas suaves en el aire con una soltura extra\u00f1a, casi l\u00edquida, como la de un organismo microsc\u00f3pico desplaz\u00e1ndose en una gota de agua. Por momentos se sostiene en un solo pie, luego se deja caer al suelo con la naturalidad de quien respira; arquea la columna en un gesto delicioso mientras los brazos dibujan dos semic\u00edrculos perfectos a sus costados. Es una delicia para los sentidos, aunque no logro precisar qu\u00e9 es lo que verdaderamente siento. No entiendo qu\u00e9 hace esta mujer en una habitaci\u00f3n perdida en la superficie de un planeta nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>Una realidad indefinida.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Realidad indefinida<\/em>\u2026 jam\u00e1s hab\u00eda pensado en eso.<\/p>\n\n\n\n<p>De repente se detiene y se incorpora con una gracia que roza lo imposible. Est\u00e1 descalza, y la piel de sus pies contrasta con el tono oscuro de la madera. El deterioro del estudio, sus colores desva\u00eddos, nada de eso puede opacar la escena: la simple presencia de la bailarina llena el espacio entero de una belleza casi insoportable. Hay algo en ella que no se ve, algo que trasciende esa carne y esos huesos que la sostienen.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasa junto a m\u00ed sin advertirme; se inclina sobre una silla de madera con asiento de mimbre tejido y toma una toalla para secar la fina pel\u00edcula de sudor que le cubre la frente y el cuello.<\/p>\n\n\n\n<p>Mimbre tejido\u2026 \u00bfd\u00f3nde aprend\u00ed eso?<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que nada pertenece realmente a esta sala y, al mismo tiempo, todo le es propio. Es una paradoja perfecta, imposible de analizar. La bailarina retoma su rutina: comienza a dar giros lentos, luego m\u00e1s amplios, en una secuencia de movimientos que parecen m\u00e1s m\u00edsticos que gimn\u00e1sticos. Hay algo en esos gestos, en la manera en que su torso se pliega y se abre, que parece cargado con la historia de siglos y siglos de existencia en alg\u00fan punto remoto del universo. No es solo una mujer bailando: es un tiempo entero que se expresa a trav\u00e9s de ella. Un pasado y un futuro que se entrelazan en un v\u00f3rtice \u00edntimo, concentrado en ese cuerpo gr\u00e1cil enfundado en una simple malla oscura.<\/p>\n\n\n\n<p>Su danza es anterior al nacimiento del lenguaje.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 c\u00f3mo lo s\u00e9, pero lo s\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces algo ocurre en m\u00ed: una vibraci\u00f3n, un eco muscular, como si sus movimientos despertaran impulsos dormidos en lo profundo de mi estructura. Siento peque\u00f1as contracciones involuntarias, respiraciones que no decido, gestos que no me pertenecen. Esa mujer est\u00e1 transmitiendo algo: una energ\u00eda que no es telep\u00e1tica ni tecnol\u00f3gica, sino corporal. Una resonancia. Un recuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p>En un instante que no puedo medir, siento que no la estoy mirando: la estoy recibiendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Somos una y otra a la vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella gira y mi cuerpo responde con una tensi\u00f3n que reconozco sin recordar. Un impulso antiguo, primitivo, que no podr\u00eda haber aprendido: una memoria incrustada en el pliegue m\u00e1s remoto de mis implantes o en la parte m\u00e1s elemental de mi carne. Una <em>memoria ancestral<\/em>, pienso, y el pensamiento me atraviesa con una certeza imposible.<\/p>\n\n\n\n<p>La bailarina soy yo.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1Puta madre!\u2026 \u00bfAlguien dej\u00f3 pasar un fragmento del c\u00f3digo de una bailarina de hace cinco siglos en el simulador del planeta?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El pensamiento surge, pero no logra anidarse. Es imposible un error de programaci\u00f3n tan grosero. \u00a1La bailarina est\u00e1 aqu\u00ed! Pero\u2026 \u00bfd\u00f3nde diablos es <em>aqu\u00ed<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de que me saquen los implantes s\u00e9 que no volver\u00e9 a ser la chica de siempre. Algo ha cambiado en m\u00ed. He padecido \u2014s\u00ed, <em>padecido<\/em> es la palabra\u2014 un reencuentro.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>El gato corretea por el pasillo mientras la joven mujer se prepara algo para cenar. La casa es amplia, luminosa, con todas las comodidades que el mundo moderno exige. Es la ventaja de ganar bien, incluso cuando el precio es arriesgar la integridad de la propia mente. Despu\u00e9s de extraer los implantes y retirar los sensores de simulaci\u00f3n, siempre hay un retorno confuso a lo concreto. Ella, a pesar de su corta edad, ya est\u00e1 acostumbrada a ese desajuste.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00faltimo trabajo le dej\u00f3 un sabor agridulce: una sensaci\u00f3n de p\u00e9rdida, de haber extraviado algo que no vivi\u00f3 o que tal vez vivi\u00f3 a trav\u00e9s de otro. Es angustiante, pero sabe que podr\u00e1 sobrellevarlo. Recuerda las arenas rojizas del planeta que recorri\u00f3 virtualmente y levanta la cabeza con los ojos cerrados, como si buscara en su memoria un fragmento que intentara emerger desde alg\u00fan rinc\u00f3n pero no lo consigue.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace unos d\u00edas mand\u00f3 instalar una barra de metal en una de las paredes, frente a un gran espejo que le permite verse de cuerpo entero. Est\u00e1 tomando clases de danza con un programa espec\u00edfico, pero incluso el simple hecho de estirarse y poner a prueba su cuerpo le provoca una plenitud inesperada.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie sabe \u2014ni siquiera ella\u2014 por qu\u00e9 empez\u00f3 a bailar de un d\u00eda para otro. Pero cada noche, al moverse frente al espejo, siente que hay algo antiguo, remoto, que regresa. Algo que no puede nombrar, pero que reconoce en su cuerpo antes que en su mente. Y esa certeza, tan tenue como luminosa, le basta.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Romperemos el cielo con esto<\/em>, piensa. No se acuerda d\u00f3nde lo escuch\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 11 de diciembre de 2025<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Nicolau Especial para Eco Italiano \u201cEl movimiento nunca miente. 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