{"id":83819,"date":"2025-12-18T14:02:52","date_gmt":"2025-12-18T14:02:52","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=83819"},"modified":"2025-12-18T14:03:25","modified_gmt":"2025-12-18T14:03:25","slug":"realidad-subjuntiva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=83819","title":{"rendered":"Realidad subjuntiva"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Realidad-subjuntiva.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Realidad-subjuntiva-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-83820\" style=\"width:381px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Realidad-subjuntiva-683x1024.jpg 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Realidad-subjuntiva-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Realidad-subjuntiva-768x1152.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Realidad-subjuntiva-100x150.jpg 100w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Realidad-subjuntiva.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 el viento? \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>Es como un paisaje que se mueve aun cuando parece quieto. Los carteles acompa\u00f1an ese desplazamiento con un sonido conocido, el anuncio de una tormenta que \u2014en horas\u2014 bautizar\u00e1 la ciudad con agua lustral.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que tiene el dibujito de la espuma de la cerveza, que parece trazar una historia sobre el vidrio? El logo de la jarra repite, en todas las mesas, el nombre inici\u00e1tico que tambi\u00e9n figura, como en un altar, en los amplios vidrios de la vieja casona transformada en pizzer\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 me ten\u00e9s que decir de todo esto? \u2014le pregunta el muchacho, que de pronto se acomoda con esfuerzo en la silla sin dejar de mirar, embelesado, las flores amarillas y rojas, grandes, agresivamente tropicales, que parecen sostener un principio de identidad en el vestido de la mujer que sonr\u00ede.<\/p>\n\n\n\n<p>Es una sonrisa llena de luces: sus dientes hermosos contrastan con la piel de su mundo tropical e insular, cuyo nombre y precisi\u00f3n geogr\u00e1fica no interesan, porque caribe\u00f1o o antillano han sido los ep\u00edtetos preferidos durante a\u00f1os para referirnos a millones de personas distintas entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Las palabras hacen lo suyo. Un no s\u00e9 qu\u00e9 de enredos literarios y unas lecturas que se van colando entre el sonido del viento y la mirada de la chica, como si fueran los mismos libros, al mover sus hojas, los que convocan a este encuentro.<\/p>\n\n\n\n<p>Se apasiona el muchacho y mueve las manos, relatando un episodio vivido a trav\u00e9s de las p\u00e1ginas que ambos frecuentan. El viento sopla repentinamente, como si los personajes comenzaran a aparecer detr\u00e1s de los a\u00f1osos \u00e1rboles del boulevard. \u00c1rboles que fungen como los lares protectores de los bebedores de cerveza y los devoradores de pizza en la ciudad acalorada.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ca\u00f1os cromados brillan un momento mientras el muchacho los acomoda a su costado, apoy\u00e1ndolos con cuidado.<\/p>\n\n\n\n<p>La chica escucha, embelesada, la historia recreada por la boca del joven, que se mueve como una entidad liberada del resto del cuerpo. Los brackets que asoman entre sus labios remiten a elementos salidos de un relato antiguo: guerras inentendibles, bellezas paladinescas; techos escamados de <em>ch\u00e2teaux<\/em> parisinos de Hugo y Balzac, y un mundo indefinido que ha decidido volar \u2014s\u00ed, volar\u2014 en este viento de un verano temprano.<\/p>\n\n\n\n<p>Una r\u00e1faga la despeina ligeramente y, sin alterarse, recompone las trenzas con un movimiento de cabeza que deja ver la frente impoluta de ese \u00e9bano que se lustra y adquiere un brillo serpentino.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Acuso \u2014dice el muchacho\u2014. Acuso, y lo digo con toda la fuerza que puedo sacar de este cuerpo maltrecho, de esta cris\u00e1lida que no lleg\u00f3 a concretarse en un ser formado. Acuso sabiendo que fue la literatura la que me dio una libertad que el cuerpo no pudo. Estas piernas no saben moverse con gracia. Las palabras, s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Sin el poder de la palabra no podr\u00edamos ser nada: ni vos ni yo, ni tu gente ni la m\u00eda. Vos sos el triunfo exacerbado de un grupo de despose\u00eddos, de castigados por la miseria impuesta por los poderosos de un continente en decadencia. Yo soy el producto del pecado perpetrado por mi gente.<\/p>\n\n\n\n<p>El chico se acomoda nervioso en el asiento antes de continuar con su discurso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pero juntos nos encontramos en esta isla de palabras: vos, un indicativo visceral, poderoso; yo, tu subjuntivo, tu seguidor fiel. Las flores que pintan tu vestido son nuestra alianza de coraz\u00f3n y de palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>La muchacha, ahora con la cabeza inclinada hacia atr\u00e1s, deja anidar en su rostro una seriedad ancestral: la mirada de una persona que son varias a la vez. El mundo que sostiene esa existencia es colectivo, un organismo gigante que siente a trav\u00e9s de todos sus representantes, dispersos por la faz de la tierra, lejos de su lugar de origen, donde el fuego primigenio los dio a luz.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> S\u00ed, luz: esa es la palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>Una imagen se enreda entre los pensamientos desordenados de la joven mujer, que ahora recorre con el dedo el borde de una de las flores de su vestido, hasta detenerse en un escarabajo min\u00fasculo que camina sobre la tela: un bichito negro, reluciente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 es? \u00bfEl viento borra las ideas? No sabe si lo est\u00e1 pensando o si alguien se lo dicta.<\/p>\n\n\n\n<p>El muchacho se percata entonces de la existencia del insecto: ve la mano de la joven, inm\u00f3vil, y la mirada concentrada con que lo acompa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es como ese bicho que ten\u00e9s ah\u00ed en la mano, amiga m\u00eda \u2014dice\u2014, dando vueltas sin saber muy bien para qu\u00e9 existe. As\u00ed es, muchas veces, la creaci\u00f3n literaria: un camino sinuoso que no lleva a ninguna parte.<\/p>\n\n\n\n<p>Y sin embargo \u2014o por eso mismo\u2014 ah\u00ed es donde yo quiero estar: perdido entre palabras que me obligan desde hace a\u00f1os, buscando un encuentro con quienes vinieron antes\u2026 con los que todav\u00eda leen.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella deja que el escarabajo avance hasta el borde de la flor bordada. No lo aplasta ni lo ahuyenta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Capaz que no quiere llegar a ning\u00fan lado \u2014dice la chica ensimismada\u2014. Capaz que ya est\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>El muchacho se acomoda en la silla, inquieto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Porque nosotros mismos somos una historia le\u00edda por alguien. Alguien que puede cerrarla\u2026 o seguir escribiendo. Tal vez seamos eso: el producto de un escritor perdido que escribe sin parar porque no sabe c\u00f3mo terminar. \u00bfTe das cuenta?<\/p>\n\n\n\n<p>Las hojas empiezan a moverse repentinamente en el viento que cobra fuerza. Se escucha el sonido \u00e1spero, rasante, de una caja de cart\u00f3n escapada de la basura de un supermercado vecino, arrastrada por la calle por una r\u00e1faga.<\/p>\n\n\n\n<p>El llamador de \u00e1ngeles del bar, colgado como un atractivo entre las ramas frondosas de uno de los \u00e1rboles, se vuelve un delirio sonoro: los cilindros chocan entre s\u00ed, unidos a una circunferencia met\u00e1lica, y todo el conjunto golpea contra una rama. Es una sinfon\u00eda de misterio, un \u00faltimo intento desesperado del instrumento por convocar a alg\u00fan \u00e1ngel, al precio que sea.<\/p>\n\n\n\n<p>La muchacha empieza a reacomodarse en la silla, como indic\u00e1ndole al muchacho que ser\u00eda bueno irse, o al menos entrar al bar, donde ya hay gente ocupando las pocas mesas que estaban vac\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Acuso \u2014dice ahora el muchacho, con una voz m\u00e1s fuerte, que se deja o\u00edr entre las mesas vecinas\u2014. Acuso que la literatura es mi sistema y mi camino, la \u00fanica salida v\u00e1lida que me lleva adonde mis piernas no pueden. Los libros son el templo de una belleza eterna que no logr\u00f3 manifestarse en el despojo de mi cuerpo, aunque sea una vanidad decirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis palabras y las tuyas son la obra que todav\u00eda no puedo cerrar. Vos \u2014y los tuyos\u2014 saben lo que es hablar desde la herida. Cuando viniste ac\u00e1\u2026 no esperabas encontrarme, \u00bfno? Decime\u2026 \u00bfte defraud\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>Deja caer las muletas y se lleva las manos al rostro. Llora. Llora como nunca lo hizo en su corta vida, con una cadencia infantil, como un chico que se despierta y no encuentra en la habitaci\u00f3n a su madre. Llora con rapidez, como si no quisiera perder tiempo en algo que no vale la pena prolongar.<\/p>\n\n\n\n<p>La muchacha se levanta de golpe mientras la gente a su alrededor se refugia bajo el alero del bar. Toma su bolso, se acerca al muchacho, recoge las muletas, lo ayuda a calz\u00e1rselas en los antebrazos y lo levanta con cuidado, con un amor desconocido para ambos.<\/p>\n\n\n\n<p>La gente los mira: algunas sonrisas, algunas miradas graves.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando ya son los \u00fanicos en la vereda, ella le toma la cara entre las manos y lo besa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ven\u00ed, mi amor, entremos ya\u2026 mir\u00e1 que se larga y te vas a mojar de balde.<\/p>\n\n\n\n<p>La chica camina despacio para acompa\u00f1ar la cadencia de las peque\u00f1as piernas del joven. Algunos que ya pagaron de apuro han conseguido taxi y se van a casa, a seguir la noche all\u00ed. Otros apuestan a quedarse adentro y tomar alguna cerveza m\u00e1s, aunque sea de parado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si te vas solo, te vas a hacer un l\u00edo con esas muletas. Ven\u00ed a casa, que est\u00e1 cerca.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ojos de la chica brillan desde arriba, como una diosa africana de nombre impronunciable.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, s\u00ed, dale, te estaba por pedir eso \u2014dice el chico, sonriendo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Esper\u00e1 un poco, que me pinto los labios.<\/p>\n\n\n\n<p>Al acercarse a un taxi que se detiene, las muletas escriben las primeras palabras de una historia de amor en potencia, sazonada de viento y letras.<\/p>\n\n\n\n<p>En la vereda queda la \u00faltima mesa, con un escarabajo caminando por el borde.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 18 de diciembre de 2025<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano \u00bfPor qu\u00e9 el viento? \u00bfPor qu\u00e9? 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