{"id":84772,"date":"2026-01-17T13:41:39","date_gmt":"2026-01-17T13:41:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=84772"},"modified":"2026-01-17T13:42:04","modified_gmt":"2026-01-17T13:42:04","slug":"el-tercio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=84772","title":{"rendered":"El tercio"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/El-tercio.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/El-tercio-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-84773\" style=\"width:348px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/El-tercio-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/El-tercio-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/El-tercio-768x512.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/El-tercio-150x100.jpg 150w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/El-tercio.jpg 1536w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>La tarde cae. Una jornada de calor y marcha por los campos de esta Italia que tanto interesa al emperador. No entiendo de estas cosas. Creo que ni siquiera los capitostes que aconsejan al gran Carlos las entienden del todo.<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo es un escenario levantado por los hombres, donde Dios improvisa su papel, acaso por mero entretenimiento; y no siempre resulta claro para nosotros si r\u00ede o aparta la vista. De la conjunci\u00f3n de ambas voluntades surge todo lo que vemos: la injusticia, el hambre, la miseria, la avidez por el oro, y esta marcha que ya no parece pertenecer a nadie, signada de presencias.<\/p>\n\n\n\n<p>El triunfo nos ha sonre\u00eddo desde que comenzamos la campa\u00f1a. No hay ej\u00e9rcito, sea flamenco, borgo\u00f1\u00f3n o italiano, que haya podido batirnos. El destino nos ha allanado el camino, y hemos cumplido la tarea que Dios Nuestro Se\u00f1or, por mano de Carlos, nos ha encomendado. El hereje y el infiel han conocido la combinaci\u00f3n del arcabuz, la pica y la espada: los tercios creemos hacer la voluntad del Creador.<\/p>\n\n\n\n<p>El avance es implacable. Los terrones de barro, arrancados al suelo por el empuje de nuestras botas, salpican los morriones y los rostros. Hacemos caso omiso de las asperezas del terreno y de las quejas del cuerpo. Este cuadro no conoce otra ciencia que la de avanzar, ni otro destino que arrastrar consigo cuanto se interponga en su marcha.<\/p>\n\n\n\n<p>Los disparos del arcabuz levantan una humareda azul y espesa, un estruendo que enceguece y ensordece y que, al disiparse, deja al descubierto al enemigo revolc\u00e1ndose entre sus propias entra\u00f1as, sorprendido a\u00fan de estar muriendo. Hacer la guerra se parece al amor: solo que aqu\u00ed la entrega se consuma cuando el otro expira, y la plenitud se alcanza en el instante exacto de su muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Los gritos de los camaradas no nos inducen a la compasi\u00f3n. El alarido ahogado del compa\u00f1ero es, antes bien, una se\u00f1al que nos convida a proseguir la tarea encomendada: poner orden en la pol\u00edtica de la tierra y en la religi\u00f3n de la eternidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pues sin los m\u00fasculos de los hombres, los retablos y los tur\u00edbulos no ser\u00edan sino vana ornamentaci\u00f3n: madera dorada y humo sin sustento.<\/p>\n\n\n\n<p>Enfrentamos al hereje. Su soberbia rezuma el dolor acerbo de las almas extraviadas en una fe equ\u00edvoca. A veces, la luz verdadera se muestra esquiva para quienes adoran al Becerro de Oro.<\/p>\n\n\n\n<p>Su formaci\u00f3n es s\u00f3lida, mas no iguala la disciplina de nuestros hombres, templada en el ejercicio de las armas y en la doctrina.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer ataque es rechazado con la firmeza de las picas, que enhebran las v\u00edsceras de los caballos como las agujas de las ni\u00f1as flamencas en la labor paciente de la encajer\u00eda. El barro \u2014enemigo com\u00fan de ambos bandos\u2014 se confabula por un momento a favor de los nuestros.<\/p>\n\n\n\n<p>El instante que sigue se me presenta como un paisaje que no recuerdo haber contemplado jam\u00e1s. Desde las travesuras de la infancia por los campos de Castilla, entre la nobleza menor y el trato cotidiano con la gente llana del pueblo, muchas cosas curiosas me han sido dadas a conocer; pero el escenario que ahora se ofrece ante mis ojos es distinto a todo cuanto, por mano de Dios, me haya sido mostrado.<\/p>\n\n\n\n<p>Pareciera que el mundo hubiese detenido su movimiento: esa mudanza perpetua dispuesta para toda la obra del Creador, visible en la sucesi\u00f3n de las estaciones y en el curso incesante de las estrellas del firmamento.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo vivir la misma experiencia que conoci\u00f3 Josu\u00e9 cuando combati\u00f3 a los cinco reyes amorreos y, por designio del Alt\u00edsimo, el sol detuvo su marcha durante un d\u00eda entero.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada se mueve. No hay nadie. Ni uno solo de mis compa\u00f1eros. El paisaje es el mismo de hace un segundo: el barro, los muertos, la sangre. Pero ya no hay ser vivo alguno. Ni siquiera los heridos.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto, la forma se impone ante m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>No la veo llegar. Est\u00e1. Surge a mi espalda y, con brusquedad, ocupa el lugar frente a mi persona, oblig\u00e1ndome a enfrentarla. No da un paso. No produce sonido alguno al moverse. Simplemente ocupa el espacio que antes estaba vac\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca he sido hombre de miedo. He visto sangre, v\u00edsceras, caballos agonizando, hombres sin cabeza correr a\u00fan por un instante antes de caer en el barro. No soy un cobarde. Pero esta vez la pavura se apodera de m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Es blanco.<\/p>\n\n\n\n<p>No blanco como una mortaja, ni como la cal de las iglesias, ni como el hueso limpio. Es un blanco sin sombra, como si la luz no lo tocara, o como si proviniera de \u00e9l mismo. Tiene forma humana, aunque le falta algo \u2014o le sobra\u2014 para serlo del todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces la voz cobra vida en la forma. No s\u00e9 si la escucho con los o\u00eddos o si me brota dentro del pecho.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No temas.<\/p>\n\n\n\n<p>La voz no consuela. Enuncia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No he venido a hacerte da\u00f1o \u2014dice\u2014. M\u00e1s da\u00f1o es el que t\u00fa y tus camaradas provoc\u00e1is en el enemigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero responder, pero no encuentro palabras. El arcabuz me pesa como si nunca lo hubiera sostenido antes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A m\u00ed no me ha sido dado el gusto de la carnicer\u00eda ni de la violencia \u2014contin\u00faa\u2014. He tenido m\u00e1s temor que valent\u00eda. No me arrepiento. Esa prudencia me ha permitido seguir existiendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Guarda silencio. El campo sigue inm\u00f3vil. Pienso que, si alzara la mano, el gesto quedar\u00eda suspendido para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No me he destacado en la vida \u2014prosigue\u2014. Los honores fueron siempre para otros. A m\u00ed me fue dado mirar desde un costado, y tal vez por eso he sobrevivido cuando los m\u00e1s ruidosos quedaron en el camino.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014He vivido con dignidad. A mi mesa no le ha faltado el sustento, ni a mi vida alguna que otra alegr\u00eda. He visto mundo. He rozado las artes y las ciencias sin llegar a poseerlas del todo.<\/p>\n\n\n\n<p>La palabra ciencias resuena en el aire inm\u00f3vil como algo ajeno a este campo de barro y muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Los astros iluminaron mi vida desde temprano. Con esfuerzo aprend\u00ed a observarlos. Estudi\u00e9 las plantas y las cosechas. Nada grandioso. Lo suficiente para comprender que todo crece, se inclina y desaparece.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace una pausa. Siento que espera algo de m\u00ed, aunque no s\u00e9 qu\u00e9. El terror inicial ha dado lugar a una paz interior que me lleva a una sensaci\u00f3n de resignaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La soledad marc\u00f3 mi existencia. No he tenido compa\u00f1era fiel. Mis padres y mi hermano se han ido.<\/p>\n\n\n\n<p>No ha sido mi intenci\u00f3n aparecer aqu\u00ed \u2014a\u00f1ade\u2014. Estaba escribiendo sobre ti cuando, por designio angelical \u2014o quiz\u00e1 por otra causa que no alcanzo a nombrar\u2014, te encuentro en este campo donde se dirimen destinos que luego conformar\u00e1n mapas que ver\u00e9 de ni\u00f1o, en libros que a\u00fan no existen.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSabes que la historia es un secreto que quienes la hacen rara vez comprenden? Muchas de las cosas que haces vivir\u00e1n m\u00e1s que t\u00fa. Otras desaparecer\u00e1n sin dejar rastro. Nada de eso importa ahora.<\/p>\n\n\n\n<p><em>No tengo intenci\u00f3n de burlar tus pensamientos. Solo debo advertirte esto: tu destino est\u00e1 a tres pasos de donde est\u00e1s ahora.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>No se\u00f1ala. No mira el suelo. No mira nada.<\/p>\n\n\n\n<p>La voz se apaga. La forma permanece. El barro aguarda, paciente, a que la batalla contin\u00fae o se disuelva para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Jam\u00e1s he esperado ver una imagen como esta. No puedo definirla ni ordenar pensamientos para describir aquello que ni siquiera s\u00e9 si veo o escucho.<\/p>\n\n\n\n<p>Es posible que esta presencia marque en mi mente y en mi existencia un surco indeleble. He pecado. He cometido \u2014obligadamente\u2014 las atrocidades propias de las artes de Marte. No s\u00e9 qui\u00e9n soy. No s\u00e9 por qu\u00e9 estoy aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>El dolor de un recuerdo de infancia \u2014una escena m\u00ednima, sin sangre\u2014 me atormenta m\u00e1s que todas las muertes que produjo mi arcabuz. Las cosas m\u00e1s peque\u00f1as irrumpen de pronto en este escenario: el ala de una mariposa o el silbido de una pastora poseen mayor gravedad que todo este encuentro en los campos de Italia, henchidos de caos y muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez esta sea mi \u00faltima sensaci\u00f3n. No el estruendo ni la sangre, sino esto: el mundo detenido, y yo dentro de \u00e9l, sin saber ya a qui\u00e9n pertenezco.<\/p>\n\n\n\n<p>Perd\u00f3name por haberte gritado esa tarde, madre.<\/p>\n\n\n\n<p>No somos lo que todos pensamos. Tal vez luego de estos tres pasos empiece a entender algo de ti, mi buen Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> Paran\u00e1, Argentina, 17 de enero de 2026<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano La tarde cae. 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