{"id":85305,"date":"2026-01-30T17:38:47","date_gmt":"2026-01-30T17:38:47","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=85305"},"modified":"2026-01-30T17:39:22","modified_gmt":"2026-01-30T17:39:22","slug":"catorce-gotas-de-rocio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=85305","title":{"rendered":"Catorce gotas de roc\u00edo"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><br><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/Catorce-gotas-de-rocio.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/Catorce-gotas-de-rocio-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-85306\" style=\"width:259px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/Catorce-gotas-de-rocio-683x1024.jpg 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/Catorce-gotas-de-rocio-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/Catorce-gotas-de-rocio-768x1152.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/Catorce-gotas-de-rocio-100x150.jpg 100w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/Catorce-gotas-de-rocio.jpg 800w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>A Lorena Panelli que puede leer ese otro lenguaje<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Empiezo de nuevo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La historia es antigua y misteriosa, como el perfil de una dama en un camafeo olvidado en el fondo de una c\u00f3moda. Me la cont\u00f3 <strong>tu abuela<\/strong>. A ella, su abuela. As\u00ed viajan algunas historias: de boca en boca, gast\u00e1ndose un poco, pero sin desaparecer nunca. Como un eco que insiste.<\/p>\n\n\n\n<p>Pas\u00f3 hace much\u00edsimos a\u00f1os. Tantos que, si uno pudiera apilarlos \u2014los a\u00f1os, digo\u2014, tal vez llegar\u00edan hasta alg\u00fan rinc\u00f3n del espacio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfLos a\u00f1os se pueden apilar?<\/p>\n\n\n\n<p>Depende de c\u00f3mo mires el tiempo. Si lo pens\u00e1s como libros, por ejemplo, no suena tan descabellado.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay a\u00f1os fuertes, esos que bancan peso. Son macizos, densos, llenos de cosas que cambian a las personas y dejan marca, aunque uno no quiera.<\/p>\n\n\n\n<p>Y hay a\u00f1os d\u00e9biles.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1os que no sostienen ni una pluma. Pasan livianos, casi sin hacer ruido, hechos de recuerdos fr\u00e1giles, de cosas que no dejaron huella. A veces son demasiados. Y cuando uno se da cuenta, ya es tarde. \u00bfSab\u00e9s por qu\u00e9 se dejan pasar los a\u00f1os as\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>Por miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s est\u00e1n los a\u00f1os bravos. Duros, como el golpe de un herrero. A\u00f1os capaces de cargar una vida entera de dolores y desgracias, pesados\u2026 como un yunque.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero dejemos hablar de los a\u00f1os. Que pasen como puedan. As\u00ed es el destino que el universo le tiene reservado al tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>La abuela de <strong>tu abuela<\/strong> ten\u00eda quince a\u00f1os \u2014dec\u00edan\u2014 cuando vivi\u00f3 esta historia. \u00bfQui\u00e9n me la cont\u00f3? No importa demasiado. Podr\u00eda haber sido cualquiera.<\/p>\n\n\n\n<p>Dec\u00edan que hab\u00eda entablado amistad con alguien un poco distinto, como esas nubes de forma rara que aparecen muy de vez en cuando y se quedan para siempre en la memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 si la relaci\u00f3n entre ellos era algo f\u00e1cil de entender. Tal vez hab\u00eda dificultades de lenguaje. Las palabras suelen quedarse cortas cuando se trata de personas verdaderamente distintas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ellos lo eran.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 sentido?, te preguntar\u00e1s. Distintos de verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicen que se conocieron en el a\u00f1o del cometa. Vaya uno a saber. El asunto es que, en alg\u00fan momento, \u00e9l apareci\u00f3 y se hicieron amigos: la abuela de <strong>tu abuela<\/strong>, \u00bfse entiende? Y as\u00ed, entre juegos, empezaron a congeniar, a entenderse de una manera\u2026 casi <strong>sobrenatural<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>A la abuela de <strong>tu abuela<\/strong> le gustaba mucho leer. En esos a\u00f1os no hab\u00eda televisi\u00f3n ni cosas parecidas. La gente se entreten\u00eda de dos maneras: mirando las flores o leyendo libros. Era otra vida, \u00bfsab\u00e9s?<\/p>\n\n\n\n<p>Se valoraba la simple posibilidad de ver lo que estaba ah\u00ed, en todas partes, solo por el hecho de existir. Hoy ni siquiera sabemos que existimos. Es triste, s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Su amigo le ense\u00f1\u00f3 muchas cosas. Por ejemplo, a contar las gotas de roc\u00edo para interpretar ciertos mensajes del mundo que los rodeaba. Veinte gotas sobre una hoja pod\u00edan anunciar una vida larga y pr\u00f3spera; diecinueve, que la gata de la casa estaba pre\u00f1ada.<\/p>\n\n\n\n<p>El lenguaje con el que se expresa el universo es misterioso para quienes piensan siguiendo reglas fijas. Por eso hace bien volar un poco, salirse de uno mismo y pasar a formar parte del todo, para pensar juntos.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces hab\u00eda tantas gotas que resultaba dif\u00edcil entender el mensaje, pero ella se entreten\u00eda igual, cont\u00e1ndolas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSab\u00e9s por qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>Porque no siempre hace falta que las cosas tengan un objetivo para darnos placer. Esa capacidad tambi\u00e9n se nos fue apagando con el tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero nos desviamos un poco en este paseo por la vida de la abuela de <strong>tu abuela<\/strong>. Te dec\u00eda que le gustaba leer, y ah\u00ed est\u00e1 la clave de lo que vino despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>No hablo del simple hecho de descifrar letras, sino del verdadero arte de la <strong>lectura<\/strong>, un arte que hoy casi hemos olvidado.<\/p>\n\n\n\n<p>Con su amigo aprendi\u00f3 a leer de verdad. Y leer de verdad es crear. Suena lindo, \u00bfno?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero cuando uno reci\u00e9n empieza tiene que tener cuidado, porque a veces las cosas se van de las manos\u2026 o del alma.<\/p>\n\n\n\n<p>Una ma\u00f1ana, la abuela de <strong>tu abuela<\/strong> ley\u00f3 un libro sobre p\u00e1jaros. Ley\u00f3 toda la ma\u00f1ana: las plumas, los picos, los cantos, las <strong>costumbres<\/strong> raras, los h\u00e1bitos <strong>nocturnos<\/strong> de las lechuzas, las migraciones de los gansos.<\/p>\n\n\n\n<p>Se le abri\u00f3 un mundo entero. Qued\u00f3 asombrada, no solo por lo que aprend\u00eda, sino por la belleza.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la tarde, la cosa se volvi\u00f3 insostenible. En la casa ya no sab\u00edan qu\u00e9 hacer con tantas plumas ni con los cantos ensordecedores que hab\u00edan invadido los pasillos de la casona. La imaginaci\u00f3n de la chica hab\u00eda pasado todos los l\u00edmites conocidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Su amigo se ocup\u00f3 entonces de atrapar, uno por uno, a los p\u00e1jaros y devolverlos \u2014con precisi\u00f3n de relojero\u2014 al interior del libro, que cerr\u00f3 finalmente con un golpe seco.<\/p>\n\n\n\n<p>Por esos d\u00edas, me contaron, se anunci\u00f3 la llegada del cometa. No era algo com\u00fan: no se trataba de ning\u00fan astro conocido por los astr\u00f3nomos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay rarezas del universo que aparecen una sola vez cada muchos siglos, y los <strong>estudiosos<\/strong> se entregan a observarlas, porque a veces esos prodigios dicen m\u00e1s del cosmos que los fen\u00f3menos de siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece que el universo \u2014o sus arcanos\u2014 decide ofrecernos su esencia de a pedazos, para no abrumarnos de golpe con tanto saber.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed fue que el amigo de la abuela de <strong>tu abuela<\/strong> le dijo, de manera simple y directa, que estaba esperando la llegada del cometa para irse.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hace tiempo que aguardaba esto. Fue un placer estar con vos. Hace muchos a\u00f1os, en mi mundo, le\u00ed la historia de un cometa que ven\u00eda desde el fondo del espacio a buscarme. Era claro que, tarde o temprano, iba a pasar.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces lleg\u00f3 la desesperaci\u00f3n. La sensaci\u00f3n de abandono. Pensar que alguien que, por primera vez, la hab\u00eda entendido de verdad y le hab\u00eda revelado secretos \u00fanicos, se iba como si nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue como perder un tesoro de repente, pero aquel don era m\u00e1s valioso que cualquier riqueza. La abuela de <strong>tu abuela<\/strong> hab\u00eda conocido algo que muy pocas personas llegan a conocer de verdad: la amistad sincera.<\/p>\n\n\n\n<p>Acongojada, cont\u00f3 las gotas de roc\u00edo de esa ma\u00f1ana. Hab\u00eda catorce sobre una margarita. Eso quer\u00eda decir que su amigo iba a estar siempre con ella. Primero llor\u00f3. Despu\u00e9s, sonri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de irse, su amigo le explic\u00f3 algunas cosas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSab\u00e9s que todos somos el reflejo de alguien? \u2014dijo\u2014. Detr\u00e1s de cada persona hay otras que han tejido vidas, que han dado forma a historias: bellas o \u00e1speras, intensas o apenas tibias, pero historias al fin.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vos y yo somos producto de alguien que nos ha creado. Esas personas son lectores.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El universo est\u00e1 hecho de lectores que se leen unos a otros. As\u00ed se va conformando la existencia: cada uno depende de otros y, a su vez, engendra a quienes vendr\u00e1n despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo fui le\u00eddo alguna vez por alguien, que quiz\u00e1 tambi\u00e9n fue le\u00eddo por otro. En eso reside el verdadero poder de la <strong>lectura<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hizo una pausa, como si midiera el peso de sus palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es probable que no me extra\u00f1es \u2014continu\u00f3\u2014, porque aunque no me veas, seguir\u00e1s ley\u00e9ndome de alg\u00fan modo. El cometa es solo una excusa para irme. Ya est\u00e1s lista para hacer <strong>tus propias lecturas<\/strong>, sola.<\/p>\n\n\n\n<p>La abuela de <strong>tu abuela<\/strong> se estremeci\u00f3. Luego comprendi\u00f3 que aquella amistad le hab\u00eda revelado un secreto antiguo: la existencia de un poder oculto y, al mismo tiempo, la manera de ejercerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Solo te pido una cosa \u2014agreg\u00f3 la amistad\u2014: no digas que me conociste. No te van a creer. Y si insist\u00eds, se van a re\u00edr y te van a hacer la vida imposible. Guardemos nuestra amistad como una moneda \u00fanica, cuyo valor solo nosotros conocemos. En manos de otro, terminar\u00eda olvidada en el fondo de un caj\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho esto, la amistad desapareci\u00f3 y dej\u00f3 como recuerdo catorce gotas de roc\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed, la abuela de <strong>tu abuela<\/strong> se dedic\u00f3 a leer la historia de su descendencia. Vio una familia rica de alma, con subidas y bajadas, con dolores, pero supo que eran suyos porque los hab\u00eda le\u00eddo.<\/p>\n\n\n\n<p>Como te estoy leyendo a vos ahora, entre gotas de roc\u00edo que brillan sobre las plantas del patio.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y as\u00ed, empiezo de nuevo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 30 de enero de 2026<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano A Lorena Panelli que puede leer ese otro lenguaje Empiezo de nuevo. 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