{"id":85766,"date":"2026-02-08T13:11:26","date_gmt":"2026-02-08T13:11:26","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=85766"},"modified":"2026-02-08T13:11:47","modified_gmt":"2026-02-08T13:11:47","slug":"el-gesto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=85766","title":{"rendered":"El gesto"},"content":{"rendered":"\n<p><br><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/El-gesto.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/El-gesto-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-85767\" style=\"width:271px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/El-gesto-683x1024.jpg 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/El-gesto-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/El-gesto-768x1152.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/El-gesto-100x150.jpg 100w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/El-gesto.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">I<\/p>\n\n\n\n<p>El espacio es amplio, pero est\u00e1 casi vac\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Grandes ventanales permiten que la luz del sol inunde la estancia y le otorgue una alegr\u00eda valiosa, en un mundo que ha renunciado a casi todo o que ha decidido que casi nada sirve ya. Aun as\u00ed, se admite que el sol conserva alguna utilidad, aunque no siempre adopte una forma directa ni evidente.<\/p>\n\n\n\n<p>En el centro de la oficina hay un escritorio de un material casi invisible a los ojos humanos. Un sistema permite que un observador perciba una est\u00e9tica particular, elegida por el usuario del mueble. Se puede cambiar el dise\u00f1o de una silla o de un escritorio simplemente reprogramando su aspecto. Sin esto, los funcionarios del Ministerio de Reconstrucci\u00f3n Hist\u00f3rica parecer\u00edan estar flotando en el aire.<\/p>\n\n\n\n<p>En el mismo edificio coexisten escritorios barrocos, de estilo Imperio, con patas estilizadas, integrados a escenograf\u00edas irreales de largos cortinados rojos que evocan el per\u00edodo napole\u00f3nico. Trabajar en este lugar vuelve a la gente dependiente y aficionada a las modas de diferentes per\u00edodos de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Una maceta con un lazo de amor parece recordar que el planeta alguna vez fue un reservorio de vida, cuando bastaba con mirar en cualquier direcci\u00f3n para encontrar un \u00e1rbol y un jard\u00edn. Hoy, las masas urbanas cubren kil\u00f3metros de paisaje sin dejar espacio para una vista natural o boscosa. Incluso los desiertos han reducido su superficie.<\/p>\n\n\n\n<p>En la pantalla de la computadora, el listado de temas avanza sin pausa. Letras y caracteres flotan en el aire, desplaz\u00e1ndose de manera aut\u00f3noma para facilitar el an\u00e1lisis visual de la informaci\u00f3n. Desde hace d\u00e9cadas, los problemas estad\u00edsticos, archiv\u00edsticos y matem\u00e1ticos ya no requieren control humano: las bases de datos se ajustan solas y recalculan en tiempo real los valores necesarios para cualquier toma de decisiones.<\/p>\n\n\n\n<p>La ingeniera de gestos, Zmatilde, piensa en funci\u00f3n de su profesi\u00f3n. Posee una necesidad casi compulsiva de analizar todo, una virtud \u2014o un vicio\u2014 adquirida en la infancia. Sus padres eran personas pr\u00e1cticas, una cualidad t\u00edpica del siglo y del mundo actual. La divagaci\u00f3n y el ejercicio especulativo del intelecto se consideran vanidades mal vistas, salvo en los estamentos gubernamentales y entre los tomadores de decisiones, que conocen bien el valor de contar con individuos capaces de ir m\u00e1s all\u00e1 de lo inmediato.<\/p>\n\n\n\n<p>La t\u00e9cnica de la mnemopl\u00e1sica requiere especialistas capaces de interactuar con los sistemas mediante el pensamiento. La mayor\u00eda de quienes trabajan all\u00ed \u2014sin que exista una explicaci\u00f3n concluyente\u2014 necesita teclados para acceder a los sistemas. Parece que mover los dedos ayuda a ordenar las ideas, un ejercicio tal vez vano en un mundo donde ya casi nadie interacciona f\u00edsicamente con dispositivos.<\/p>\n\n\n\n<p>La mnemopl\u00e1sica ha modificado por completo la historia y la forma de registrar episodios y administrar informaci\u00f3n. Hoy podr\u00eda decirse que conocemos el pasado narrado por los propios individuos que lo vivieron y lo construyeron. Los viajes temporales te\u00f3ricos, basados en escenarios de m\u00e1xima probabilidad, han permitido durante los \u00faltimos doscientos a\u00f1os reensamblar personalidades hist\u00f3ricas y devolverles una forma de vida a partir de la informaci\u00f3n recuperada.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de a\u00f1os de trabajo, el modelado de escenarios se ha revelado como una tarea que exige una dedicaci\u00f3n exclusiva. No basta con observar par\u00e1metros ni con corregir informaci\u00f3n a partir de los miles de datos acumulados y procesados por los modelos y los sistemas de razonamiento: hay que interactuar con ellos, conocerlos \u00edntimamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Dialogar con un ser mnemoconformado \u2014o <em>mnemos<\/em>\u2014 brinda informaci\u00f3n crucial, siempre que se est\u00e9 preparado para percibirla. Y es all\u00ed donde la ingenier\u00eda de gestos cumple su misi\u00f3n. En un principio se aseguraba que m\u00ednimas expresiones, miradas o formas de moverse revelaban el \u00e9xito del proceso. De ah\u00ed surgi\u00f3 el nombre de la especialidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Zmatilde es una profesional apasionada. Le fascina conversar con un romano de hace miles de a\u00f1os, detectar sus patrones de comportamiento y corroborar si el procedimiento de mnemopl\u00e1sica ha sido exitoso o no. A veces, informaci\u00f3n espuria se filtra en el proceso y emergen personalidades irreales, incapaces de brindar los datos que los historiadores necesitan.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace algunos a\u00f1os, un investigador afirm\u00f3 que Pericles le hab\u00eda narrado con lujo de detalles una batalla ocurrida siglos despu\u00e9s. Un artesano de la Edad Media asegur\u00f3 conocer conceptos elementales de inform\u00e1tica. Tal vez se trate de bromas, interpolaciones o errores sist\u00e9micos, pero la sombra de la duda persiste. Incluso hay evidencia de que muchos mnemoconformados proporcionan informaci\u00f3n err\u00f3nea de manera deliberada, por motivos que nadie ha logrado determinar.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin ir m\u00e1s lejos, Zmatilde tom\u00f3 su nombre de una versi\u00f3n mnemoconformada de Matilde de Flandes, quien asegur\u00f3 que su nombre hab\u00eda sido mal registrado y que en el siglo XI se escrib\u00eda con una Z inicial, algo que, seg\u00fan los registros conocidos, es completamente falso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 sabemos realmente de las personas que nos precedieron? \u00bfNos precedieron siquiera?<\/p>\n\n\n\n<p>Si tanto se ha hablado de la circularidad del tiempo, de los bucles, de los misteriosos gusanos del espacio y de las geometr\u00edas de Lobachevski, \u00bfqu\u00e9 garant\u00eda tenemos de que las personas del pasado lo sean realmente?<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez exista una necesidad profunda de reconstruir vidas anteriores para que nos cuenten sus versiones de la realidad. O tal vez esos personajes no hagan m\u00e1s que devolvernos, con una coherencia inquietante, aquello que nosotros mismos \u2014sus creadores\u2014 les indicamos de manera inconsciente.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta persiste, como un perro que muerde los talones del pensamiento de Zmatilde:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo estaremos inventando personalidades que cumplen exactamente con lo que queremos o\u00edr, ver y, por qu\u00e9 no, sentir?<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que tengo que ver o ser? Nada m\u00e1s que la gota de agua que cae y sigue cayendo por un tiempo infinito, hasta que el mismo tiempo se agote o se agoste en este jard\u00edn de delicias, hecho de una materia inerte, inerme e inestable.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabes que no soy lo que soy, mi paz.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 son esos campos de avena? \u00bfQu\u00e9 son?<\/p>\n\n\n\n<p>Nada m\u00e1s que un paisaje verde ondeando al sol, la estrella que brilla desgastando toda su energ\u00eda hasta la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Veo, ver\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo.<\/p>\n\n\n\n<p>Crear\u00e9 un mundo que est\u00e1 deformado como un torbellino.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 veo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfA trav\u00e9s de qu\u00e9 veo?<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 qu\u00e9 es ver,<\/p>\n\n\n\n<p>o sentir,<\/p>\n\n\n\n<p>o llorar,<\/p>\n\n\n\n<p>o cantar.<\/p>\n\n\n\n<p>Es una danza de olores y colores.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada que pueda decirse que es ver.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo es una mentira, una atroz mentira que se sucede desde el lunes martes mi\u00e9rcoles jueves viernes s\u00e1bado y domingo.<\/p>\n\n\n\n<p>El cielo est\u00e1 claro sobre el r\u00edo. Un espejo que refleja el sino del cielo en las aguas quietas.<\/p>\n\n\n\n<p>Un sol de n\u00e1car pinta las copas de los \u00e1rboles en este lugar que es ning\u00fan lugar en concreto.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces no s\u00e9 qu\u00e9 es lo que quieres de m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 quieres de m\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 quieren de m\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 quiero de m\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero una pluma.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Au clair de la lune,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Mon ami Pierrot,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pr\u00eate-moi ta plume<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pour \u00e9crire un mot.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Soy parte de partes de partes. Una serie infinita de pedazos pegados como se puedan pegar.<\/p>\n\n\n\n<p>El que tiene y guarda siempre tiene.<\/p>\n\n\n\n<p>No\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Fluye r\u00edo, fluye como una canci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo era tu nombre r\u00edo?&#8230;Marne, me acord\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> \u00bfNo esperas demasiado de m\u00ed, petite renarde?<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>Zmatilde se concentra en el trabajo del d\u00eda. Es de ma\u00f1ana en la ciudad. Ma\u00f1ana real, con la cara de la Tierra iluminada por el sol. En algunas oficinas virtuales existen ma\u00f1anas y tardes virtuales, de acuerdo con los requerimientos de ingenieros y t\u00e9cnicos. Hay quienes necesitan la sensaci\u00f3n real de medianoche aunque sean las tres de la tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer se acoda en el escritorio y comienza a revisar los protocolos de un nuevo mnemoconformado. Es un trabajo rutinario, nada que pueda generar conflictos y, en caso de hacerlo, el problema suele ser de f\u00e1cil resoluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de un militar de la Primera Guerra Mundial, un episodio b\u00e9lico de hace unos mil a\u00f1os que marc\u00f3 con creces la historia posterior. En su momento se habl\u00f3 de que era la guerra m\u00e1s importante que se hab\u00eda desarrollado en la Tierra y de que pasar\u00edan a\u00f1os antes de que se volviera a vivir un episodio de semejante magnitud, tanto en n\u00famero de muertes como, sobre todo, en violencia. Seis a\u00f1os despu\u00e9s se desarroll\u00f3, como consecuencia del primero, un conflicto que super\u00f3 ampliamente lo ya vivido.<\/p>\n\n\n\n<p>El <em>trabajo<\/em> est\u00e1 acabado con una precisi\u00f3n fuera de lo com\u00fan; de hecho, se trata de una prueba piloto de mnemopl\u00e1sica basada en nuevas mejoras tecnol\u00f3gicas. Se han eliminado muchos errores derivados de modelos de creaci\u00f3n de escenarios posibles y de interacciones con millones de casos que comparten datos con el individuo mnemoconformado.<\/p>\n\n\n\n<p>La ingeniera de gestos evoca al militar.<\/p>\n\n\n\n<p>La palabra no es casual. Desde que se desarroll\u00f3 la disciplina se habla del t\u00e9rmino evocaci\u00f3n como si fuera un neologismo, y hay razones para ello. <em>Evocar<\/em>, piensa Zmatilde, y repasa la etimolog\u00eda como si fuera un mantra en lat\u00edn: \u0113voc\u0101re, <em>hacer salir mediante un llamado<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Evocar es llamar a la conciencia de un mnemoconformado para que exista como imagen, emoci\u00f3n o presencia exterior\u2026 pero \u00bfqu\u00e9 es la conciencia de estos seres que est\u00e1n en ninguna parte y que utilizan las experiencias de millones de personas?<\/p>\n\n\n\n<p>Los mnemos llevan consigo informaci\u00f3n propia, de sus vidas, de sus dolores. Pero para que puedan completar su entidad es necesario acoplarles informaci\u00f3n parcial de quienes los rodearon. Y esto es lo que trae problemas.<\/p>\n\n\n\n<p>Se puede trabajar con la m\u00e1xima perfecci\u00f3n para reconstruir personalidad, aspecto, voz y pensamiento, pero si el marco es equ\u00edvoco pueden producirse entidades irreales, inexistentes.<\/p>\n\n\n\n<p>El trabajo de Zmatilde y de sus colegas es controlar que el resultado tenga al menos un noventa y nueve coma nueve por ciento de fidelidad respecto de lo buscado.<\/p>\n\n\n\n<p>El soldado se presenta como una nube de plasma informe en el espacio frente al escritorio de Zmatilde. Es un hombre joven, pero castigado por los rigores de la guerra. Est\u00e1 muy venido a menos y tiene la t\u00edpica mirada de los soldados de la \u00e9poca: harto de ver mutilaciones, sangre y, sobre todo, hambre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Madame, puis-je vous aider?<\/p>\n\n\n\n<p>Es claramente un hombre de otra \u00e9poca, con costumbres y lenguaje largamente olvidados entre las clases acomodadas del planeta. Suena extra\u00f1o escucharlo hablar as\u00ed y despierta una nostalgia por una cortes\u00eda que Zmatilde nunca vivi\u00f3. Al menos, no de esta manera.<\/p>\n\n\n\n<p>Zmatilde habla franc\u00e9s a la perfecci\u00f3n. Form\u00f3 parte de sus estudios.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre no parece estar confundido como suelen estarlo muchos reci\u00e9n nacidos \u2014como se los llama en la jerga\u2014. Se lo ve seguro de s\u00ed mismo, como si ya supiera que lo iban a traer de nuevo a esta suerte de existencia mixta entre la realidad y lo no del todo real.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer se concentra en los par\u00e1metros que van surgiendo en la pantalla sobre la imagen, una tecnolog\u00eda arcaica, el danmaku, que sin embargo ha recobrado inter\u00e9s en los \u00faltimos tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo parece indicar que el proceso sali\u00f3 bien y <em>que el pan est\u00e1 bien leudado y cocido<\/em>, seg\u00fan otra de las expresiones del laboratorio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Je vous salue, capitaine Boyer. Comment allez-vous?<\/p>\n\n\n\n<p>Repentinamente el capit\u00e1n Boyer mueve las manos hacia un bolsillo del uniforme y extrae un objeto fr\u00e1gil, liviano. El rostro severo comienza a fundirse en un ensayo de sonrisa, tierna, casi infantil.<\/p>\n\n\n\n<p>Zmatilde ve una peque\u00f1a pluma de ave, tal vez de una paloma ca\u00edda en el estruendo de la batalla.<\/p>\n\n\n\n<p>El soldado levanta la mano y acaricia la mejilla de Zmatilde con la pluma. Es un gesto tierno, que la mujer nunca hab\u00eda conocido.<\/p>\n\n\n\n<p>Boyer canta en voz muy baja:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Au clair de la lune,<br>Mon ami Pierrot,<br>Pr\u00eate-moi ta plume<br>Pour \u00e9crire un mot.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em><br>Ma chandelle est morte,<br>Je n\u2019ai plus de feu.<br>Ouvre-moi ta porte,<br>Pour l\u2019amour de Dieu.<br><\/em><br><br><\/p>\n\n\n\n<p>Luego sobreviene el silencio. Boyer y Zmatilde ahora son uno solo. Zmatilde llora.<\/p>\n\n\n\n<p>Llora la muerte de miles de compa\u00f1eros convertidos en despojos de carne y sangre regando las orillas del r\u00edo. Llora las guerras pasadas y las que vendr\u00e1n. Llora la destrucci\u00f3n de una especie por s\u00ed misma. Llora el color de la sangre que est\u00e1 en las banderas. Llora la caricia de una pluma en su mejilla.<\/p>\n\n\n\n<p>Llora por lo min\u00fasculo del gesto.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 8 de febrero de 2026<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano I El espacio es amplio, pero est\u00e1 casi vac\u00edo. 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