{"id":86605,"date":"2026-02-27T14:32:19","date_gmt":"2026-02-27T14:32:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=86605"},"modified":"2026-02-27T14:32:39","modified_gmt":"2026-02-27T14:32:39","slug":"un-zorzal-en-alguna-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=86605","title":{"rendered":"Un zorzal en alguna parte"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Un-zorzal-en-alguna-parte.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Un-zorzal-en-alguna-parte-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-86606\" style=\"width:263px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Un-zorzal-en-alguna-parte-683x1024.jpg 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Un-zorzal-en-alguna-parte-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Un-zorzal-en-alguna-parte-768x1152.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Un-zorzal-en-alguna-parte-100x150.jpg 100w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Un-zorzal-en-alguna-parte.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>El canto del zorzal, posado sobre el tapial de ladrillos vistos, es una imagen sin tiempo. Un sonido que no pertenece a ninguna \u00e9poca. La mujer sentada en el sill\u00f3n de mimbre parece tan antigua como la casa que ha visto pasar generaciones de tardes y puestas de sol. Es una ciudad peque\u00f1a, del interior, de esas que fueron construidas como si el tiempo no fuera un problema.<\/p>\n\n\n\n<p>El rojo del atardecer incendia los \u00e1rboles del fondo. La cuerda de la ropa corta el oeste como una l\u00ednea trazada a mano, y las camisetas parecen absorber entre sus fibras el canto del p\u00e1jaro, como si la tela tambi\u00e9n pudiera guardar memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfConocer\u00e1n all\u00e1 el placer de salir todas las tardes a escuchar un zorzal? No hay que pagar entrada ni reproducir una grabaci\u00f3n. Est\u00e1 aqu\u00ed, ahora, irrepetible. El canto es exactamente este canto, en este instante. Hay quienes no logran entenderlo. Tal vez esperan que el sentido venga empaquetado.<\/p>\n\n\n\n<p>La otra mujer se acerca desde atr\u00e1s con un termo y un mate gastado por el uso. Ceba despacio, con una precisi\u00f3n casi ceremonial.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Canta lindo \u2014dice.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada m\u00e1s. No hace falta.<\/p>\n\n\n\n<p>Los a\u00f1os han vuelto innecesarias muchas palabras. La mujer del sill\u00f3n escucha concentrada, perdida en un territorio al que nadie m\u00e1s tiene acceso. El mundo ha avanzado, la tecnolog\u00eda ha hecho milagros, pero la ancianidad sigue siendo un misterio. Nadie sabe d\u00f3nde est\u00e1 una mente que ha vivido tanto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY el Carlitos? \u2014pregunta con voz ani\u00f1ada.<\/p>\n\n\n\n<p>No busca respuesta. Nombra para sostener. Nombra para traer al presente.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer baja la vista al mate. Decir la verdad es lo mismo que mentir. El pasado y el presente se trenzan sin concesiones en la cabeza de la anciana. La vejez es eso: intentar quedarse en un ahora que se desarma.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Carlitos no est\u00e1. Se fue. Pero manda saludos como siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfAd\u00f3nde se fue?<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer levanta la vista hacia el horizonte, detr\u00e1s del tapial bajo. Repite lo que viene repitiendo cada tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A Marte se fue.<\/p>\n\n\n\n<p>Y m\u00e1s bajo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014A Marte.<\/p>\n\n\n\n<p>El zorzal vuelve a cantar.<\/p>\n\n\n\n<p>La anciana sonr\u00ede apenas, como si reconociera algo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Canta lindo \u2014repite la mujer del mate, casi en un susurro.<\/p>\n\n\n\n<p>Las hojas secas del patio se mueven con una brisa leve. El rojo del cielo se apaga lentamente. Todo parece en su lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>En alg\u00fan punto, muy lejos de ese patio, alguien mira un horizonte de polvo rojizo que se parece demasiado a este. Y quiz\u00e1s, por un instante, escucha tambi\u00e9n un p\u00e1jaro que no est\u00e1 all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en esta casa, cada tarde, Carlitos se ha ido a Marte. Y eso basta.<\/p>\n\n\n\n<p>El mensaje llega siempre con demora. No es mucho: unos minutos que el espacio impone como recordatorio de su distancia. La mujer lo descarga en la tableta y lo deja guardado hasta la tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hoy mand\u00f3 saludos \u2014dice, como si fuera una carta tra\u00edda por el cartero.<\/p>\n\n\n\n<p>La anciana no entiende de \u00f3rbitas ni de desfases temporales. Para ella, la voz que suena es simplemente la de Carlitos, un poco m\u00e1s met\u00e1lica, pero intacta. Es el mismo canto del ni\u00f1o corriendo con los brazos abiertos por el c\u00e9sped del fondo, en un lejano febrero, mientras la tarde cae sobre la ciudad y la casa. Esa tarde Carlitos le regal\u00f3 a la nona su manito estampada con t\u00e9mpera roja sobre un papel.<\/p>\n\n\n\n<p>En la pantalla, detr\u00e1s de \u00e9l, el horizonte rojizo parece un atardecer sin \u00e1rboles, un paisaje que muestra nuestro planeta en una \u00e9poca pret\u00e9rita. Viajar al espacio es retroceder o adelantarse en nuestro concepto del tiempo. Carlitos sonr\u00ede con esa misma inclinaci\u00f3n leve de la cabeza que ten\u00eda de chico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Abuela, ac\u00e1 tambi\u00e9n hay viento \u2014dice.<\/p>\n\n\n\n<p>El audio es al principio apenas audible. La se\u00f1al tarda en estabilizarse.<\/p>\n\n\n\n<p>La anciana acerca la cara a la pantalla como si pudiera tocarlo. No pregunta c\u00f3mo respira ni qu\u00e9 come. Solo lo mira.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Mir\u00e1 al Carlitos qu\u00e9 grande que est\u00e1! \u00bfNo est\u00e1s inc\u00f3modo ah\u00ed encerrado, mijito?<\/p>\n\n\n\n<p>El audio devuelve una frase en tono cari\u00f1oso y una risa que encuentra su eco en los ojos de la anciana. Hay una gran distancia y una cercan\u00eda inexplicable.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s el mensaje termina. Siempre termina. La mujer llora como siempre, con un quejido bajito.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El Carlitos, la manito roja del Carlitos\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer del mate apaga la tableta y el zorzal canta desde el tapial.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante un segundo, nadie sabe cu\u00e1l de los dos mundos es el m\u00e1s lejano.<\/p>\n\n\n\n<p>Carlitos se queda contemplando a Fobos, el sat\u00e9lite diminuto que cruza lentamente el campo de la pantalla. Lo observa crecer y achicarse seg\u00fan el \u00e1ngulo, como si su presencia dependiera del punto de vista. Hay un orden estricto en todo el protocolo del viaje, pero ese momento le pertenece.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el espacio reducido de la sala de mandos graba un mensaje breve. Dice que est\u00e1 bien. Dice que todo funciona como estaba previsto. No dice cu\u00e1nto pesa el silencio ni cu\u00e1n lejos queda ahora cualquier gesto cotidiano. Le basta con nombrar lo esencial.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabe que la se\u00f1al tardar\u00e1. Catorce minutos, a veces un poco m\u00e1s. El espacio no admite apuros. Le resulta extra\u00f1o pensar que, cuando su voz llegue, all\u00e1 ser\u00e1 otra hora, otro color del cielo. Tal vez el sol est\u00e9 cayendo detr\u00e1s de un tapial bajo. Tal vez alguien est\u00e9 cebando un mate y mirando las estrellas que empiezan a aparecer en el cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de enviar el mensaje, mira una vez m\u00e1s el paisaje rojizo. El polvo suspendido, la luz oblicua, la sensaci\u00f3n de un atardecer que se parece demasiado a los de la Tierra. No hay p\u00e1jaros. No hay sonido. Sin embargo, en alg\u00fan lugar de su memoria, un canto insiste.<\/p>\n\n\n\n<p>Env\u00eda el mensaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s apaga la pantalla y se queda quieto, flotando apenas, como si escuchara algo que no est\u00e1 all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabe \u2014no sabe c\u00f3mo\u2014 que dentro de unos minutos, en un patio del interior, un zorzal va a cantar.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese p\u00e1jaro cant\u00f3 la tarde en que un ni\u00f1o, al cuidado de su abuela, vio en una enciclopedia una foto de la superficie roja de Marte. Tom\u00f3 el pomo de t\u00e9mpera roja y lo vaci\u00f3 entero en su mano izquierda y la estamp\u00f3 en una boleta de la luz. Se lo mostr\u00f3 a la abuela y le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> \u2014Cuando sea grande voy a ir a Marte.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese mismo lugar, alguien recuerda algo que no vivi\u00f3, pero que siente como propio.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en otro, muy lejos, el polvo rojizo se mueve en torbellinos bajo una luz oblicua de un atardecer marciano.<\/p>\n\n\n\n<p>El zorzal canta.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso basta.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 15 de febrero de 2026<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano El canto del zorzal, posado sobre el tapial de ladrillos vistos, es [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[43],"tags":[],"class_list":["post-86605","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/86605","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=86605"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/86605\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":86607,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/86605\/revisions\/86607"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=86605"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=86605"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=86605"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}