{"id":88409,"date":"2026-04-05T14:13:12","date_gmt":"2026-04-05T14:13:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=88409"},"modified":"2026-04-05T14:13:13","modified_gmt":"2026-04-05T14:13:13","slug":"uroboro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=88409","title":{"rendered":"Ur\u00f3boro"},"content":{"rendered":"\n<p><br><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Uroboro-2.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Uroboro-2-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-88410\" style=\"width:259px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Uroboro-2-683x1024.jpg 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Uroboro-2-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Uroboro-2-768x1152.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Uroboro-2.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Se levanta de la cama de un salto. Los retazos de conciencia se entremezclan con los \u00faltimos vestigios del sue\u00f1o, que apenas recuerda ahora en estado de vigilia: un desierto, unas pocas plantas ralas dispersas en el paisaje, el calor y la imagen de una mujer que se aleja. En la inmensidad del p\u00e1ramo solo queda una serpiente mordi\u00e9ndose la cola.<\/p>\n\n\n\n<p>Con paso cansino se dirige al ba\u00f1o para su aseo matinal. La desinfecci\u00f3n en la c\u00e1psula y la comprobaci\u00f3n de los niveles de radiactividad en el exterior resultan m\u00e1s que aceptables, seg\u00fan el indicador injertado en su antebrazo. Todo parece perfilar un d\u00eda como cualquier otro, lleno de rutina y trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ordena en voz baja, hacia la nada, que suene algo de la m\u00fasica que le gusta. De pronto comienza a o\u00edrse una vieja grabaci\u00f3n en vivo de <em>Voodoo Child<\/em>, interpretada por Orianthi hace siglos. A Yekaterina le gusta la m\u00fasica antigua: la transporta a la a\u00f1oranza de un mundo que nunca conoci\u00f3, salvo a trav\u00e9s de miles de filmaciones y registros almacenados en el planeta. El <em>Homo sapiens<\/em> se ha dedicado a grabarlo todo durante d\u00e9cadas y ahora el mundo es un marem\u00e1gnum de informaci\u00f3n en el que uno puede perderse sin retorno o emerger en la mayor de las confusiones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 ha pasado con la humanidad, Dios? \u2014murmura.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios: ese concepto, discutido hasta el agotamiento en el \u00faltimo siglo, sigue pesando en su mente.<\/p>\n\n\n\n<p>Mira hacia afuera. La Ciudad contin\u00faa siendo el caos de siempre: gente sin objetivos, perdida. A veces, quienes parecen extraviados est\u00e1n siguiendo el camino correcto; simplemente no lo saben.<\/p>\n\n\n\n<p>Desciende desde el piso doscientos hasta el tren por el camino directo. No vale la pena salir a la calle, exponerse al fr\u00edo y contaminarse un poco m\u00e1s. Si no fuera porque su trabajo requiere revisar informaci\u00f3n confidencial, no abandonar\u00eda jam\u00e1s su departamento. Hay personas que llevan a\u00f1os sin interactuar con otros. Desde el \u00faltimo pico de contaminaci\u00f3n \u2014que puso en alerta roja a todo el planeta\u2014 la no interacci\u00f3n se ha vuelto norma. Hoy en d\u00eda, bautizos, casamientos y entierros se realizan mediante hologramas. Durante su \u00e9poca de estudiante conoci\u00f3 a un profesor de lat\u00edn que nunca hab\u00eda salido de su departamento. Ten\u00eda ya ochenta a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Llega al Instituto de Investigaciones de Arqueolog\u00eda Inform\u00e1tica, donde trabaja desde hace varios a\u00f1os. No deja de resultar curioso mantenerse tanto tiempo en un mismo puesto en una \u00e9poca en la que las disciplinas cambian por completo en apenas un lustro.<br><br><\/p>\n\n\n\n<p>Su colega, Taianos, la espera en un escritorio de material transparente, donde todo parece flotar en el aire. Una moda reciente que, seg\u00fan dicen, lleg\u00f3 para quedarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Se saludan con respeto y a la distancia. En alg\u00fan tiempo remoto, el beso hab\u00eda sido una forma habitual de saludo, pero la costumbre desapareci\u00f3 a comienzos del siglo XXIV, tras las sucesivas pandemias que asolaron a la poblaci\u00f3n durante doscientos a\u00f1os de guerras.<\/p>\n\n\n\n<p>Taianos es demasiado serio para su gusto: tez cetrina, temperamento mediterr\u00e1neo, dif\u00edcil de asimilar para alguien como ella. Tal vez \u2014piensa\u2014 la educaci\u00f3n del futuro deber\u00eda ense\u00f1ar algo m\u00e1s b\u00e1sico: c\u00f3mo tolerarse entre g\u00e9neros, etnias y costumbres. El mundo mejorar\u00eda un poco.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yekaterina Sime\u00f3novna Volkova, es un gusto tenerla aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella agradece la deferencia de que utilice su nombre completo con una ligera inclinaci\u00f3n del cuerpo, casi como una bailarina. Si algo no ha logrado quitarle la universidad, es el sentido del humor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La he hecho venir personalmente porque tenemos un caso algo\u2026 extra\u00f1o \u2014dice Taianos.<\/p>\n\n\n\n<p>La afirmaci\u00f3n resulta, en s\u00ed misma, curiosa: el prop\u00f3sito del instituto es, precisamente, estudiar casos at\u00edpicos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se trata de un fragmento de un correo electr\u00f3nico rescatado del ciberespacio \u2014contin\u00faa\u2014 Contiene informaci\u00f3n\u2026 confusa y un poco inquietante.<\/p>\n\n\n\n<p>El trabajo consiste en recuperar antiguos correos electr\u00f3nicos \u2014una forma de comunicaci\u00f3n de cuatro siglos atr\u00e1s\u2014 que permiten reconstruir aspectos del mundo previo a la Guerra. Costumbres, conocimientos y modas resurgen a partir de esa masa flotante de datos que a\u00fan persiste en el entramado de ondas electromagn\u00e9ticas del planeta.<\/p>\n\n\n\n<p>En su momento, nadie imagin\u00f3 que todo lo escrito, enviado o almacenado en forma digital quedar\u00eda suspendido, de alg\u00fan modo, como una huella recuperable. Hoy es posible decodificar esos rastros y \u201cleerlos\u201d, si es que la palabra a\u00fan aplica.<\/p>\n\n\n\n<p>La mayor\u00eda de los hallazgos son triviales. Pero, ocasionalmente, aparecen mensajes reveladores. No es lo mismo un correo de un cardenal al Papa que una receta compartida entre amigos. Sin embargo, todo forma parte del mismo archivo de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Taianos se acerca a la pantalla \u2014tambi\u00e9n transparente\u2014 y despliega la informaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El correo contiene un archivo adjunto \u2014explica\u2014. Una forma primitiva de transmisi\u00f3n de datos, com\u00fan en el siglo XXI, antes de la consolidaci\u00f3n de las memorias s\u00f3lidas y la transmisi\u00f3n por espines electr\u00f3nicos, que volvieron pr\u00e1cticamente instant\u00e1nea la transferencia de informaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella asiente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lo cual modific\u00f3 el paradigma de la guerra \u2014agrega, con seguridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Taianos sonr\u00ede apenas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El correo fue enviado por un individuo del siglo XXI. Su nombre era Florencio. Hemos decidido no revelar m\u00e1s datos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 escribi\u00f3?<\/p>\n\n\n\n<p>Taianos duda un instante antes de responder.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nada extraordinario, en principio. Al parecer era escritor, o al menos aspiraba a serlo. El archivo adjunto contiene un cuento de ficci\u00f3n ambientado en el futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Eso no suena particularmente extra\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No lo ser\u00eda\u2026 si no fuera por el contenido.<\/p>\n\n\n\n<p>Taianos la mira fijamente. Sus ojos oscuros brillan con una intensidad inc\u00f3moda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El relato describe un episodio del siglo XXV \u2014dice finalmente\u2014. Un mundo superpoblado, marcado por guerras devastadoras. El escenario es un instituto de arqueolog\u00eda inform\u00e1tica dedicado a recuperar antiguos correos electr\u00f3nicos\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Hace una pausa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y los protagonistas son dos.<\/p>\n\n\n\n<p>El silencio se espesa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Uno se llama Taianos \u2014contin\u00faa\u2014. Y el otro\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Yekaterina lo comprende antes de que termine la frase.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u2026Yekaterina Sime\u00f3novna Volkova \u2014concluye la mujer sintiendo un hormigueo frio en la espalda.<\/p>\n\n\n\n<p>Se da cuenta de que el saludo de Taianos no fue solo cortes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>El sol comienza a ocultarse detr\u00e1s de los edificios cicl\u00f3peos de la Ciudad, construcciones monumentales inconcebibles para la mente humana de siglos anteriores. Hoy en d\u00eda, las urbes forman un entramado continuo de estructuras interconectadas que se extiende por kil\u00f3metros. Algunas empresas tur\u00edsticas incluso ofrecen excursiones para conocer un \u00e1rbol.<\/p>\n\n\n\n<p>Yekaterina y Taianos terminan de debatir el problema que los ocupa. Han pasado horas frente a la terminal hologr\u00e1fica, leyendo, analizando datos y revisando antecedentes. Son, quiz\u00e1s, dos de los mejores profesionales del instituto.<\/p>\n\n\n\n<p>Yekaterina mira el techo de la espaciosa oficina \u2014privilegio reservado a los m\u00e1s destacados\u2014 y reflexiona en voz alta:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014En la antig\u00fcedad, los egipcios y, m\u00e1s tarde, los gn\u00f3sticos conceb\u00edan el ciclo del mundo mediante un s\u00edmbolo: el ur\u00f3boro. Una serpiente que se muerde la cola formando un c\u00edrculo cerrado. Representa la unidad de la vida y la muerte, del pasado y el futuro. Todo est\u00e1 contenido en ese ciclo continuo. Incluso los opuestos coexisten dentro de la misma forma. Para los gn\u00f3sticos, tambi\u00e9n simbolizaba la continuidad entre lo creado y lo divino. A veces pienso que los antiguos comprend\u00edan mejor que nosotros c\u00f3mo funciona todo esto.<\/p>\n\n\n\n<p>Taianos escucha en silencio. Conoce la idea, pero asiente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfLo hacemos? \u2014pregunta finalmente.<\/p>\n\n\n\n<p>Yekaterina lo observa un instante.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed. Pero a la manera antigua.<\/p>\n\n\n\n<p>Taianos activa el sistema y ordena la recreaci\u00f3n de un teclado f\u00edsico, modelo siglo XXI. En segundos, se materializa sobre el escritorio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yekaterina, \u00bfquieres darte el gusto?<\/p>\n\n\n\n<p>Ella se acerca, coloca los dedos sobre las teclas y, con un gesto deliberado, selecciona el archivo. Luego presiona \u201cdelete\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ambos suspiran.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer se sumerge en un silencio profundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche salen a cenar a un restaurante italiano que presume de preparar aut\u00e9nticos espaguetis seg\u00fan una receta ancestral.<\/p>\n\n\n\n<p>El recuerdo de esa noche ser\u00e1, \u00fanicamente, esa cena.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<br>Paran\u00e1, Argentina, 5 de abril de 2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano Se levanta de la cama de un salto. Los retazos de conciencia [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[43],"tags":[],"class_list":["post-88409","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/88409","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=88409"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/88409\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":88411,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/88409\/revisions\/88411"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=88409"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=88409"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=88409"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}