{"id":89029,"date":"2026-04-19T15:00:35","date_gmt":"2026-04-19T15:00:35","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=89029"},"modified":"2026-04-19T15:00:36","modified_gmt":"2026-04-19T15:00:36","slug":"el-retono","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=89029","title":{"rendered":"El reto\u00f1o"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/El-retono.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/El-retono-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-89030\" style=\"width:247px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/El-retono-683x1024.jpg 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/El-retono-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/El-retono-768x1152.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/El-retono.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan era un ni\u00f1o cuando se prohibieron los entierros orbitales. La medida, en su momento, pareci\u00f3 sensata: el espacio estaba lleno de chatarra incluso antes de que la pr\u00e1ctica se consolidara.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca entend\u00ed del todo qu\u00e9 llev\u00f3 a nuestra gente a adoptar esa costumbre. Si uno revisa la historia, encuentra rituales de todo tipo en torno a la muerte, y sin embargo seguimos sin saber qu\u00e9 es morir.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no es algo que vaya a discutir ahora.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay un contraste evidente entre la muerte y su ceremonia. No siempre lo que el fallecido hubiera querido coincide con lo que hacen sus familiares. A veces, el entierro es apenas una forma elegante de faltar el respeto.<\/p>\n\n\n\n<p>El muerto es otra cosa: materia en descomposici\u00f3n, prote\u00ednas que se degradan hasta convertirse en gases y olvido. Suena duro. Lo es.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante siglos, heredamos de romanos y etruscos una idea fija: la muerte anclada a un territorio, a una piedra, a un nombre. Eso desapareci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El territorio dej\u00f3 de importar. El espacio \u2014ese no-lugar\u2014 empez\u00f3 a reclamar a nuestros muertos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al principio fue algo casi po\u00e9tico. Mor\u00eda tu padre y lo enviabas a orbitar el planeta, a girar durante siglos hasta que alguna alteraci\u00f3n lo expulsara hacia la nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s vino el negocio.<\/p>\n\n\n\n<p>En pocos a\u00f1os, la \u00f3rbita se llen\u00f3 de c\u00e1psulas, ata\u00fades y panteones enteros. La saturaci\u00f3n se volvi\u00f3 insostenible. Hubo accidentes. Interferencias. Reclamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces los gobiernos intervinieron y los entierros orbitales fueron prohibidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora los cuerpos se recuperan. Se los hace caer en zonas deshabitadas o se los devuelve \u2014a cambio de dinero\u2014 a sus descendientes para que hagan un entierro convencional.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros hacemos eso, rescatamos tumbas flotantes. En la jerga lo llamamos \u201cla pesca\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Soy, en s\u00edntesis, un pescador de f\u00e9retros.<\/p>\n\n\n\n<p>Un cliente ha pagado una fortuna por recuperar una c\u00e1psula. Revis\u00e9 los datos m\u00e1s veces de las necesarias: nombre, linaje, procedencia. Es un encargo que me resulta dif\u00edcil de digerir.<\/p>\n\n\n\n<p>Es mi trabajo. Lo acept\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy en \u00f3rbita con el pesquero: una nave equipada con dos pinzas que sujetan al pante\u00f3n y permiten mantenerlo estable durante la maniobra. Desde all\u00ed se procede a la inspecci\u00f3n, apertura y traslado. La estructura, una vez procesada, se recicla o se env\u00eda como material a colonias mineras en sistemas m\u00e1s lejanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo los datos cargados en el sistema: trayectoria, modelo, identificador \u00fanico. Es la \u00fanica forma de distinguir una c\u00e1psula entre miles. Hubo \u00e9pocas en que ciertos modelos se pusieron de moda y ahora son casi indistinguibles entre s\u00ed. El identificador es lo \u00fanico que nos garantiza que estamos pescando al muerto correcto.<\/p>\n\n\n\n<p>La c\u00e1psula aparece ante mi vista, navegando en silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>El aviso suena limpio. Irreal. Tiene algo de dom\u00e9stico: el timbre de las casas antiguas anunciando visitas, como si alguien estuviera por abrir la puerta desde adentro.<\/p>\n\n\n\n<p>Corroboro la trayectoria y la identidad del pescado. Todo coincide: velocidad, firma, identificaci\u00f3n. Un millonario de la primera ola. Trescientos a\u00f1os, aproximadamente. A\u00f1os terrestres.<\/p>\n\n\n\n<p>Reduzco la velocidad del pesquero y ajusto el vector de aproximaci\u00f3n. A esta distancia, cualquier correcci\u00f3n brusca puede convertir un rescate en una nube de restos y no quiero quejas de los familiares del pescado. Hace a\u00f1os perd\u00ed a un compa\u00f1ero que se entusiasm\u00f3 demasiado con un acercamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>La veo aproximarse lentamente a trav\u00e9s de la escotilla.<\/p>\n\n\n\n<p>Es m\u00e1s grande de lo habitual. No una c\u00e1psula simple, sino un dise\u00f1o oblongo, cuya superficie est\u00e1 cubierta de ornamentos f\u00fanebres: relieves, molduras y superficies pulidas que imitan m\u00e1rmol, conjugados en un peque\u00f1o templo espacial.<\/p>\n\n\n\n<p>Un \u00e1ngel abraza la escotilla con sus alas, solitario, ominoso.<\/p>\n\n\n\n<p>Me acerco con cuidado. Alineo las pinzas con puntos reforzados del pante\u00f3n y cierro con presi\u00f3n gradual. La estructura responde bien y queda estabilizado respecto del casco.<\/p>\n\n\n\n<p>Extiendo el tubo de abordaje y lo fijo a la superficie. El sellado es inmediato.<\/p>\n\n\n\n<p>El sistema emite un golpe met\u00e1lico artificial, un \u201cclanc\u201d que no existe pero que seguimos necesitando para creer que algo ha quedado bien cerrado.<\/p>\n\n\n\n<p>El resto del trabajo requiere otra cosa. Presencia de \u00e1nimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Abro la puerta. El silencio es absoluto. Ni siquiera el leve zumbido de los sistemas atraviesa el traje.<\/p>\n\n\n\n<p>Entro.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer compartimento es estrecho, m\u00e1s decorativo que funcional. Superficies lisas, detalles sin utilidad t\u00e9cnica. Hay una intenci\u00f3n est\u00e9tica demasiado evidente, casi inc\u00f3moda. Como si alguien hubiera querido imponer una idea de belleza en un lugar donde ya no tiene sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>Avanzo con cuidado. El espacio obliga a moverse con torpeza. No es una c\u00e1psula dise\u00f1ada para el trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al fondo, una escotilla m\u00e1s elaborada marca el acceso a la c\u00e1mara principal. Tiene relieves, formas que recuerdan vagamente a s\u00edmbolos antiguos. No los reconozco.<\/p>\n\n\n\n<p>Me detengo un instante.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay algo en el ambiente. No sabr\u00eda decir qu\u00e9. No es la primera vez que entro en una tumba orbital, pero esta no est\u00e1 del todo vac\u00eda. Como si alguien hubiera estado all\u00ed antes.<\/p>\n\n\n\n<p>Abro.<\/p>\n\n\n\n<p>La c\u00e1mara principal es apenas m\u00e1s amplia. En el centro, el f\u00e9retro.<\/p>\n\n\n\n<p>Y alguien m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 inclinado sobre el ata\u00fad, inm\u00f3vil, esper\u00e1ndome. La escafandra que lleva tiene un dise\u00f1o extra\u00f1o, ajeno a cualquier modelo que conozca.<\/p>\n\n\n\n<p>Percibo un movimiento m\u00ednimo, preciso. Una de sus manos descansa sobre la tapa abierta. Hay en el gesto una precisi\u00f3n que incomoda.<\/p>\n\n\n\n<p>En un momento aflora a mi mente una idea com\u00fan al g\u00e9nero humano: fantasmas. Pero la presencia del intruso en su traje gravita como una verdad insoslayable.<\/p>\n\n\n\n<p>Detr\u00e1s de la escafandra opaca percibo unos ojos que me atraviesan. Hay en esa mirada algo inc\u00f3modo: una mezcla de exposici\u00f3n y de deseo, como si quisiera ser descubierta y, al mismo tiempo, necesitara contar algo que lleva demasiado tiempo contenido.<\/p>\n\n\n\n<p>He o\u00eddo hablar de los profanadores. Durante a\u00f1os los tom\u00e9 por una superstici\u00f3n profesional, una de esas historias que circulan entre pescadores para justificar errores o p\u00e9rdidas. Pero con el tiempo, ciertos relatos se repiten con demasiada precisi\u00f3n. Y ahora estoy frente a uno de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez por arrogancia \u2014o por simple desinter\u00e9s en ocultarse\u2014 desactiva la opacidad de la escafandra.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ojos son grises. Precisos. Dos instrumentos dise\u00f1ados para hurgar. La piel, excesivamente blanca, refuerza la impresi\u00f3n de que, en este oficio, todos estamos muertos de alguna manera. Cada uno a su modo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es una mujer de mediana edad. Su rostro, casi inexpresivo, aten\u00faa una belleza que se adivina sin esfuerzo. Me siento extra\u00f1amente cercano a ella. Desde siempre, los bur\u00f3cratas de la muerte \u2014y quienes orbitamos en su periferia\u2014 compartimos un temperamento dif\u00edcil de traducir.<\/p>\n\n\n\n<p>Habla. El comunicador enlaza autom\u00e1ticamente con mi receptor.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> \u2014No voy a molestarte, pescador. Dejame terminar y podr\u00e1s hacer tu trabajo sin problemas. El universo es lo bastante grande para ambos.<\/p>\n\n\n\n<p>Asiento. No estamos en condiciones de discutir. En los m\u00e1rgenes de los sistemas, la ley es una idea tenue, casi decorativa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Voy a dejar todo como estaba \u2014agrega, y sonr\u00ede apenas\u2014. No busco nada material.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa sonrisa se vuelve inquietante: la emoci\u00f3n parece un gesto aprendido, una concesi\u00f3n tard\u00eda al rostro. Duda un instante, como evaluando cu\u00e1nto decir.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Busco otra cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Su mano se apoya sobre el interior del f\u00e9retro abierto. Est\u00e1 tocando el cuerpo, algo que jam\u00e1s he hecho en mi vida. Hay en ese gesto una ausencia total de concesiones, como si las formas y los prejuicios no existieran para ella.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Residuos \u2014dice\u2014. No del cuerpo. De la mente.<\/p>\n\n\n\n<p>No respondo. No hace falta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Quedan rastros \u2014contin\u00faa\u2014. No en el cerebro, eso se degrada demasiado r\u00e1pido. Pero a veces\u2026 en los objetos, en las superficies cerradas, en los sistemas que acompa\u00f1aron el viaje. Fragmentos. Ecos. Patrones de pensamiento atrapados como est\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>La miro. No s\u00e9 si creerle. Pero tampoco tengo motivos para no hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Los ricos de la primera ola \u2014a\u00f1ade\u2014 eran especialmente obsesivos con la memoria. Pensaban m\u00e1s de lo que cre\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>Desliza un peque\u00f1o dispositivo sobre el borde interno del ata\u00fad. No emite luz ni sonido.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No robo \u2014dice\u2014. Recupero lo que ya no le pertenece a nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>Me ignora por completo y contin\u00faa pasando el dispositivo sobre el cuerpo que yace en el recept\u00e1culo abierto. Es monacal en su actitud, antiguo, como si en ella confluyeran todos los enterradores, embalsamadores y sacerdotes de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>La frase queda flotando entre nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces entiendo.<\/p>\n\n\n\n<p>No est\u00e1 profanando el cuerpo. Est\u00e1 leyendo lo que queda de la memoria del muerto cuando ya no le pertenece.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelve a mirarme, esta vez con un leve rastro de resentimiento en el rostro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Muri\u00f3 hace doscientos a\u00f1os terrestres \u2014dice, se\u00f1alando hacia abajo con el \u00edndice, en direcci\u00f3n al cad\u00e1ver\u2014. A trav\u00e9s de la memoria de otros muertos llegu\u00e9 a la conclusi\u00f3n de que sedujo a una de mis ancestros.<\/p>\n\n\n\n<p>Utiliza el pronombre como si quisiera despojarlo de toda individualidad, reducirlo a un simple soporte de informaci\u00f3n. La actitud es extra\u00f1a, pero refuerza una idea inquietante: que los humanos \u2014y aun sus recuerdos\u2014 son, en el fondo, materia de intercambio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Busco esa historia. Los fragmentos de mi pasado. El lugar de donde provengo. La consecuencia de un encuentro accidental entre un \u00f3vulo y un espermatozoide, que no tiene la culpa de nada y, sin embargo, forma parte de una conciencia m\u00e1s amplia.<\/p>\n\n\n\n<p>Suspira.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfHas visto una alfombra persa, amigo?<\/p>\n\n\n\n<p>El trato repentino me desconcierta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No quiero ser una hilacha. Un pedazo de lana apenas prendido a la compleja matriz de un dise\u00f1o que otros admiran. Quiero saber d\u00f3nde pude haber pertenecido\u2026 y por qu\u00e9 no lleg\u00f3 a ocurrir. Tal vez no sea m\u00e1s que eso: una hebra relegada, al margen del dibujo principal. Alguien que intenta, tarde, volver a crecer desde un hilo que no le corresponde.<\/p>\n\n\n\n<p>Guarda silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>La sinceridad me desconcierta. Hay en su forma de hablar una sensibilidad que no esperaba encontrar aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>La observo.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo en todo esto empieza a ordenarse. Las revisiones. La insistencia. La incomodidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Sab\u00eda que algo iba a suceder cuando tom\u00e9 el encargo.<\/p>\n\n\n\n<p>Evito entrar en detalles y me limito a decirle que el muerto tambi\u00e9n es pariente m\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Me mira sin sorpresa, como si confirmara algo que ya sab\u00eda. No parece interesarse demasiado en mi declaraci\u00f3n y contin\u00faa escaneando el cuerpo, deslizando el dispositivo con una precisi\u00f3n casi mec\u00e1nica.<\/p>\n\n\n\n<p>Levanta la vista y examina mi rostro, como si buscara alg\u00fan rasgo que justifique una semejanza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSab\u00e9s una cosa? \u2014dice al fin, sin dejar de trabajar\u2014. No busco recuerdos valiosos. Busco lo que qued\u00f3 mal guardado: lo que este hombre haya pensado sobre el futuro, lo que esperaba para los que vinieron despu\u00e9s. Pero no s\u00e9 si eso existe realmente. A veces es apenas la cosecha de un rastrojo, fragmentos sueltos, im\u00e1genes incompletas&#8230; cosas que una termina cerrando sola, hasta que ya no sabe qu\u00e9 parte era de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace una pausa breve, sin apartar la mano del f\u00e9retro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No digas que me has visto aqu\u00ed \u2014a\u00f1ade\u2014. Nadie lo va a notar \u2014dice, indicando al muerto\u2014. Hac\u00e9 tu trabajo y olvidate de m\u00ed. No nos debemos nada. No nos merecemos el uno al otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces sonr\u00ede con dulzura; por un instante, su rostro p\u00e1lido parece iluminarse. Luego concluye:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Somos despojos en vida, pariente.<\/p>\n\n\n\n<p>Espero en silencio mientras termina. No intervengo. No hay nada que decir.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi una hora despu\u00e9s mis sensores detectan la presencia de su veh\u00edculo, sostenido en la misma \u00f3rbita que el pante\u00f3n. Lo aborda sin saludarme.<\/p>\n\n\n\n<p>Su se\u00f1al permanece unos minutos. Despu\u00e9s se desvanece.<\/p>\n\n\n\n<p>.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 19 de abril de 2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano A\u00fan era un ni\u00f1o cuando se prohibieron los entierros orbitales. 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