{"id":89366,"date":"2026-04-26T15:15:29","date_gmt":"2026-04-26T15:15:29","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=89366"},"modified":"2026-04-26T15:15:30","modified_gmt":"2026-04-26T15:15:30","slug":"tres-en-la-tormenta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=89366","title":{"rendered":"Tres en la tormenta"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Tres-en-la-tormenta.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"819\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Tres-en-la-tormenta-1024x819.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-89367\" style=\"width:348px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Tres-en-la-tormenta-1024x819.jpg 1024w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Tres-en-la-tormenta-300x240.jpg 300w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Tres-en-la-tormenta-768x615.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Tres-en-la-tormenta.jpg 1402w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Supongamos que est\u00e1 todo bien. Nada ha pasado: estamos como antes, y mejor que nunca. El gobierno no se equivoca y vivimos en el mejor de los mundos posibles. No hay conflicto; habitamos un verdadero lugar de encuentros y puntos comunes, donde la sonrisa es el denominador compartido y cada ma\u00f1ana supera a la tarde pasada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfLes gusta, no?<\/p>\n\n\n\n<p>Bien: es todo al rev\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad est\u00e1 viva. Y no lo digo como una met\u00e1fora sobre el \u201cpulso de las calles\u201d reflejado en la personalidad de sus habitantes. No. La ciudad est\u00e1 viva de verdad, de manera biol\u00f3gica y consciente.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se dieron cuenta de que era imposible colonizar la superficie del planeta \u2014donde est\u00e1n los minerales que realmente interesan a las corporaciones\u2014, se busc\u00f3 una alternativa desesperada. No era viable trasladar personal para realizar el trabajo; de hecho, la mano de obra ya no es humana, sino un sistema masivo de dispositivos automatizados que resuelven problemas de forma aut\u00f3noma.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, la jerarqu\u00eda debe residir en alguna parte. Ya cometimos el error de dejarlo todo en manos de las computadoras hace siglos, y termin\u00f3 en un fracaso absoluto. Las guerras y los conflictos l\u00f3gicos entre las inteligencias artificiales resultaron mucho m\u00e1s devastadores que cualquier guerra humana. En particular porque lo sab\u00edan todo. Todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy estamos reunidos los tres, como en los viejos tiempos. Somos algo as\u00ed como las tres brujas de la obra de Shakespeare, la del rey perdido en la tormenta.<\/p>\n\n\n\n<p>Miremos el paisaje nuboso, amigos, desde esta terraza de la ciudad: una pintura bell\u00edsima de colores cambiantes y en pleno movimiento \u2014violetas, naranjas rojos, rosas p\u00e1lidos\u2014, una escenograf\u00eda ideal para sentarse a hablar de recuerdos, de historias vividas.<\/p>\n\n\n\n<p>El pasado es lo mejor que tenemos: nos da una idea de lo que ha sido la existencia con nosotros, pero tambi\u00e9n es lo \u00fanico concreto, junto con la promesa de la muerte. Vivir el presente es generar pasado, y, visto de esta manera, hay buenos y malos generadores de pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad flota en la atm\u00f3sfera del planeta, una conjunci\u00f3n de gases densos que sustenta la vida de miles de personas que habitan la urbe. La estructura es una masa de fibras y tejidos vegetales que se adaptaron a trav\u00e9s de la mano humana durante a\u00f1os de experimentaci\u00f3n. Las primeras construcciones fueron un juego de prueba y error, con v\u00edctimas intoxicadas por gases inapropiados para la respiraci\u00f3n humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Pensar que cuando fuimos j\u00f3venes la salvamos de su decadencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCreen que los nuevos ingenieros pueden resolver algo? Para ellos, la sinapsis es apenas una met\u00e1fora.<\/p>\n\n\n\n<p>R\u00eden entre dientes. Si algo siempre le ha cautivado de \u00e9l es su extra\u00f1o sentido del humor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSe acuerdan de cuando la ciudad subi\u00f3? \u00bfCu\u00e1nto hace ya? \u00c9ramos muy j\u00f3venes.<\/p>\n\n\n\n<p>La atm\u00f3sfera baja se hab\u00eda enrarecido hasta volverse inhabitable. Empezaron a aparecer enfermedades inesperadas y el miedo se fue instalando entre los habitantes. En aquellos a\u00f1os yo era apenas un joven, con algunos sue\u00f1os y ning\u00fan futuro en el horizonte.<br>La ciudad comenz\u00f3 a ascender, buscando algo m\u00e1s respirable, si es que se puede decir as\u00ed. Estos planetas nunca debieron ser colonizados. Jam\u00e1s nos acostumbramos a sus atm\u00f3sferas densas. Pero, al menos, logramos salir un poco del lodazal en que se hab\u00eda transformado la Tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Los otros asienten, mirando la sinfon\u00eda de colores del atardecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Una veta de violeta se hunde en un lienzo rosado, creando un contraste dif\u00edcil de describir para quienes solo conocen los cielos terrestres. El planeta \u2014un cuerpo rocoso envuelto en una atm\u00f3sfera espesa\u2014 sostiene ciudades flotantes cuyas estructuras est\u00e1n reforzadas por redes de vegetales nativos, adaptados durante a\u00f1os de experimentaci\u00f3n. Cuando hay variaciones en la composici\u00f3n atmosf\u00e9rica, la ciudad responde: asciende o desciende en busca de una concentraci\u00f3n de gases m\u00e1s adecuada para la vida humana. Una idea inspirada \u2014seg\u00fan dicen\u2014 en las chinampas de Tenochtitl\u00e1n. A veces conviene recordar las partes \u00fatiles de la historia terrestre.<\/p>\n\n\n\n<p>Los mira, inquisitivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Claro que me acuerdo. Fue cuando la ciudad tuvo que ascender para encontrar aire. Yo tambi\u00e9n lo necesitaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de ellos sonr\u00ede apenas. El otro sigue absorto en los colores.<\/p>\n\n\n\n<p>La habitaci\u00f3n, con su gran ventanal, les permite contemplar el espect\u00e1culo en toda su magnitud.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue entonces cuando empezaron los problemas en los sectores de depuraci\u00f3n atmosf\u00e9rica. Nunca hab\u00edamos tenido tanta necesidad de ascender para equilibrar la concentraci\u00f3n en una ventana apta. Era todo un desaf\u00edo: por una parte, el temor de provocar muertes entre la poblaci\u00f3n y meternos en un problema sin precedentes; por otra, el descubrimiento de sabernos \u00fatiles.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9ramos la generaci\u00f3n siguiente a la implementaci\u00f3n del m\u00e9todo de depuraci\u00f3n, as\u00ed que ofici\u00e1bamos como los profesionales j\u00f3venes que est\u00e1bamos en la vanguardia. Nos sent\u00edamos \u2014por qu\u00e9 no decirlo\u2014 la generaci\u00f3n mimada y admirada por todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Me contrataron nuevamente \u2014yo ya estaba en otra cosa\u2014 y tuve que volver a mi primer trabajo como depurador. No hab\u00eda antecedentes sobre c\u00f3mo resolver el problema de la forma m\u00e1s econ\u00f3mica posible. Despu\u00e9s de varias reuniones, decidieron que era necesario recurrir a gente con experiencia en situaciones similares.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde? De un planeta relativamente cercano, en una estrella del grupo local.<\/p>\n\n\n\n<p>En realidad, no trajeron a nadie: el viaje m\u00e1s corto demandaba unos veinte a\u00f1os y, para entonces, estar\u00edamos todos muertos. Lo que hicieron fue buscar a un int\u00e9rprete. Enti\u00e9ndase bien: un habitante de aquel planeta, nacido aqu\u00ed pero con la gen\u00e9tica pura de su especie. Ellos han desarrollado la comunicaci\u00f3n a distancia desde hace milenios; una de las pocas \u00e1reas en las que nos han superado. Por lo dem\u00e1s, son tan poca cosa como los terrestres.<\/p>\n\n\n\n<p>Bien: la idea era usar a uno de ellos \u2014residente aqu\u00ed\u2014 como m\u00e9dium, y recibir las directivas de los ingenieros de all\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada del otro mundo&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>O, mejor dicho, algo completamente de otro mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>R\u00eden.<\/p>\n\n\n\n<p>La sala comienza a te\u00f1irse de un violeta profundo. Los tres guardan un silencio hipn\u00f3tico, como encontr\u00e1ndose a s\u00ed mismos a partir de ese color que ahora domina la estancia. Los rostros, cubiertos por un manto p\u00farpura, cambian sus rasgos, transform\u00e1ndose en figuras hier\u00e1ticas que parecen ver m\u00e1s all\u00e1 de sus propios ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pensar que este color fue el color de los emperadores. Era un privilegio de unos pocos hombres de la antigua Roma poder vestirse con el manto te\u00f1ido de p\u00farpura. \u201cNacido en la p\u00farpura\u201d, se dec\u00eda de esos capitostes que, muchas veces sin ning\u00fan inter\u00e9s en detentar el poder, eran obligados a hacerse cargo de gobiernos corrompidos por el oro y las riquezas tra\u00eddas de m\u00e1s all\u00e1 de los muros de la ciudad eterna.<\/p>\n\n\n\n<p>La digresi\u00f3n parece incomodar un instante a los otros dos, que se acomodan en los mullidos asientos en un silencio absoluto.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos reunieron a todos los t\u00e9cnicos en una sala de un ministerio: un d\u00e9dalo de pasillos y de personajes extra\u00f1os, de los que nunca se sab\u00eda con certeza qu\u00e9 funci\u00f3n cumpl\u00edan. La burocracia, en cualquier mundo, es universal. Puede haber sistemas capaces de resolverlo todo en una fracci\u00f3n de segundo, pero siempre hay alguien que necesita interponerse entre el problema y su soluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Dijeron que nuestro trabajo era, significativamente, el m\u00e1s importante de los \u00faltimos cien a\u00f1os. Usaron esa palabra \u2014significativamente\u2014 marcando cada s\u00edlaba, recorriendo con la mirada el semic\u00edrculo de ingenieros que escuch\u00e1bamos en silencio. Deb\u00edamos ser estrictamente respetuosos de los protocolos.<\/p>\n\n\n\n<p>Trabajar con una m\u00e9dium de ese planeta era algo delicado. A veces \u2014nos advirtieron\u2014 se introduc\u00edan demasiado en la mente de los operadores, sin intenci\u00f3n\u2026 o al menos esa era la versi\u00f3n oficial.<\/p>\n\n\n\n<p>La m\u00e9dium que trabajar\u00eda con nosotros ten\u00eda un nombre impronunciable. Para fines operativos, pod\u00edamos asignarle uno.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien propuso un c\u00f3digo.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo, no s\u00e9 bien por qu\u00e9, pens\u00e9 en otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Elote.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca lo dije en voz alta.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 por qu\u00e9 se me ocurri\u00f3 ese nombre para alguien que no hab\u00eda visto jam\u00e1s. Tal vez por las chinampas que inspiraron nuestra ciudad flotante. Tal vez por una imagen vaga, casi infantil, de algo vivo y ordenado creciendo en hileras.<\/p>\n\n\n\n<p>Sonre\u00ed para m\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces la verdadera riqueza de nuestras vidas reside en estas ocurrencias que \u2014sin motivo alguno\u2014 nos apartan, aunque sea por un instante, de todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron algunos d\u00edas mientras trabaj\u00e1bamos concentrados en el plan de movimiento de la ciudad. Elevar una estructura flotante en una atm\u00f3sfera densa es una tarea ardua, con cientos de par\u00e1metros que controlar y una cantidad a\u00fan mayor de contingencias que prever.<\/p>\n\n\n\n<p>Convengamos que quienes dise\u00f1aron y desarrollaron la chinampa \u2014ya hab\u00edamos empezado a llamarla as\u00ed\u2014 tuvieron en cuenta la mayor\u00eda de estos problemas. Pero una cosa es prever la posibilidad de que algo ocurra y otra muy distinta es que ocurra.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez que acordamos los lineamientos b\u00e1sicos de la operaci\u00f3n de reubicaci\u00f3n, me avisaron que la m\u00e9dium estaba lista.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tendr\u00e1s que acostumbrarte a \u201chablar\u201d de otra forma \u2014me dijeron\u2014. Ten\u00e9 en cuenta que con quien te vas a comunicar es con un ingeniero del otro mundo. No caigas en el error de creer que est\u00e1s \u201chablando\u201d con ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Hicieron una pausa breve, como si evaluaran hasta d\u00f3nde conven\u00eda explicar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La llamamos \u201cella\u201d porque cumple una funci\u00f3n an\u00e1loga a la de un cigoto en su forma de reproducci\u00f3n\u2026 pero cualquier comparaci\u00f3n con nuestra sexualidad es, en el mejor de los casos, enga\u00f1osa.<\/p>\n\n\n\n<p>Asent\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que nos aventuramos a las estrellas hab\u00edamos tenido que acostumbrarnos a formas de vida que desment\u00edan, una y otra vez, nuestras certezas. Con cu\u00e1nta arrogancia cre\u00edmos durante a\u00f1os que sab\u00edamos algo de biolog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Por una cuesti\u00f3n de \u00e9tica entre especies \u2014continuaron\u2014, solo leer\u00e1 aquello que est\u00e9 directamente vinculado al proyecto.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra pausa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No te preocupes por pensamientos marginales\u2026 pero procur\u00e1 ser respetuoso.<\/p>\n\n\n\n<p>No hac\u00eda falta que agregaran nada m\u00e1s. Era evidente que no hab\u00eda manera de impedirlo del todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Organizaron todo para trabajar en un sector semi oculto de la ciudad, cerca de la base. Cuestiones de comunicaci\u00f3n, dijeron.<\/p>\n\n\n\n<p>Un ayudante me acompa\u00f1\u00f3 durante un trayecto extenso por un t\u00fanel. En algunos tramos, las paredes dejaban ver la trama viva de la estructura: fibras vegetales, rizomas que asomaban entre los paneles, como si la ciudad respirara por dentro.<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen era, aun as\u00ed, inquietante.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 por qu\u00e9 podemos convivir con una idea extra\u00f1a durante toda una vida sin sobresaltos, pero cuando esa idea se presenta en su forma material algo en nosotros se resiste. Como si hubiera una diferencia esencial entre comprender y ver.<\/p>\n\n\n\n<p>Supongo que a ciertas personas les ocurre algo parecido cuando se enfrentan, por primera vez, a un cad\u00e1ver. Luego de recorrer en un veh\u00edculo utilitario una serie de pasillos de material sint\u00e9tico llegamos a una habitaci\u00f3n donde estaba esperando. Solamente una mesa y dos sillas, una adaptada al cuerpo de la m\u00e9dium.<\/p>\n\n\n\n<p>Sab\u00eda algo de la anatom\u00eda de Elote, pero enfrentarme a ella fue una experiencia de una intensidad inusitada. Largos ap\u00e9ndices planos, similares a alas de lib\u00e9lula surg\u00edan de las sienes. Dedos de falanges largu\u00edsimas, que parec\u00edan insectos. Manojos pilosos, de cierto brillo extra\u00f1o, luc\u00edan palpitantes a la luz violeta del cielo. No puedo decir que era hermosa. No puedo decir nada acerca de lo que no es humano. Estamos malacostumbrados a asumir que la belleza y los patrones est\u00e9ticos son los de nuestra especie. Ella era atractiva de otra manera. <em>Elote<\/em> pens\u00e9 para m\u00ed y solo me sent\u00e9 sin saber c\u00f3mo saludarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Trabajamos varios d\u00edas. Escuchaba las indicaciones de mi colega del otro planeta a trav\u00e9s de Elote. A ver si me entienden: ella solo estaba sentada. A veces mov\u00eda los ojos hacia arriba, como si buscara algo. En otras ocasiones parec\u00eda volver a la realidad de la mesa de trabajo y esbozaba algo parecido a una sonrisa. Era dif\u00edcil saber cu\u00e1ndo era ella y cu\u00e1ndo el m\u00e9dium tomaba el control.<\/p>\n\n\n\n<p>No escuchaba voces ni sent\u00eda nada. Simplemente se hab\u00eda formado un tr\u00edo en el que \u2014de un modo que a\u00fan me resulta imposible de explicar\u2014 surg\u00edan ecuaciones y correg\u00edamos medidas. Despu\u00e9s de cada jornada dorm\u00eda con un cansancio extra\u00f1o, casi agradable, donde el mundo on\u00edrico se fund\u00eda con la realidad. En los d\u00edas de trabajo m\u00e1s arduos con Elote y el ingeniero, no pod\u00eda discernir entre la vigilia, el sue\u00f1o y las sesiones de trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los primeros d\u00edas fueron vertiginosos, intensos. Pero a medida que avanz\u00e1bamos comenc\u00e9 a so\u00f1ar con ella. En uno de esos sue\u00f1os, la alien\u00edgena me abrazaba de una forma tierna y parsimoniosa. Sent\u00eda sus manos acarici\u00e1ndome los brazos, como un insecto recorriendo mi piel en una tarde estival en la Tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Me despert\u00e9 con la \u00faltima ola de excitaci\u00f3n, mojado, diciendo <em>mam\u00e1<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente se pudo reubicar a la ciudad y todo termin\u00f3 bien. Se comprob\u00f3 que el nivel de enrarecimiento de la atmosfera se deb\u00eda a las emanaciones de las empresas mineras que trabajaban en la superficie del planeta.<\/p>\n\n\n\n<p>Hubo felicitaciones y los medios nos reconocieron como lo m\u00e1s granado de la generaci\u00f3n joven de profesionales de la ingenier\u00eda. Nunca est\u00e1 de m\u00e1s que acaricien nuestro ego. A partir de ese momento, solo se deb\u00eda vigilar en forma permanente la din\u00e1mica de los gases y estar preparados para aplicar los protocolos que hab\u00edan surgido del estudio y del trabajo de reubicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de los brindis cada uno volvi\u00f3 a sus respectivas ocupaciones. No voy a negar que me hab\u00eda acostumbrado a estar con Elote. Nunca imagin\u00e9 que sufrir\u00eda un conflicto de separaci\u00f3n con la alien\u00edgena. Cuando todo termin\u00f3, volvi\u00f3 a un planeta cercano del sistema. Nunca supe a qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Es dif\u00edcil describir la sensaci\u00f3n de haber pasado un tiempo con alguien que no comparte tu idioma, tus costumbres y, sobre todo, tu anatom\u00eda. Elote era una presencia f\u00edsica muy fuerte, cuyo comportamiento e idiosincrasia eran dif\u00edciles de separar de su funci\u00f3n de m\u00e9dium.<\/p>\n\n\n\n<p>Es algo as\u00ed como estar con alguien que no est\u00e1, y que tiene muy poco que ver con uno. Sin embargo, a lo largo de nuestro trabajo me fui acostumbrando a su manera de no estar. S\u00ed, suena extra\u00f1o: la ausencia puede ser una forma muy intensa de presencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Me pareci\u00f3 correcto \u2014no s\u00e9 si esa es la palabra\u2014 despedirme de Elote de la manera m\u00e1s formal posible. Si bien ella no estaba presente en las sesiones en un sentido convencional, s\u00ed lo estaba de cuerpo: compart\u00eda con nosotros esa condici\u00f3n m\u00ednima de toda cosa real \u2014espacio, tiempo, causalidad\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces me pongo filos\u00f3fico.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda que agradecerle de alguna manera su colaboraci\u00f3n. Fue ah\u00ed cuando empez\u00f3 todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Me acerqu\u00e9 a ella con las manos unidas delante, en un gesto torpe de humildad. Baj\u00e9 la cabeza e hice lo \u00fanico que pod\u00eda hacer: agradecerle en mi propio lenguaje. Supuse \u2014sin demasiada convicci\u00f3n\u2014 que alguien con sus capacidades podr\u00eda entenderme.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ha sido un placer compartir un espacio de trabajo \u2014balbuce\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Las estructuras membranosas de su cabeza \u2014esas falsas alas de lib\u00e9lula\u2014 vibraron apenas, como si una corriente imperceptible las atravesara.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces ocurri\u00f3. No escuch\u00e9 nada. Pero sent\u00ed formarse en mi mente una palabra, con una claridad absoluta, desprovista de todo sonido:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Elote.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Me qued\u00e9 inm\u00f3vil. No era una traducci\u00f3n. No era una aproximaci\u00f3n. Era exactamente esa palabra. La que nunca hab\u00eda pronunciado, la que, hasta ese momento, hab\u00eda sido solo m\u00eda y era ella quien la estaba repitiendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sent\u00ed un escalofr\u00edo \u2014no en la piel, sino m\u00e1s adentro, en un lugar dif\u00edcil de ubicar\u2014, como si algo hubiera encontrado una forma de entrar sin atravesar nada.<\/p>\n\n\n\n<p>No dije nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca me hab\u00eda sentido tan expuesto.<\/p>\n\n\n\n<p>La estancia se hunde en un claroscuro denso. Los violetas se rinden ante un gris de ceniza que apenas deja traslucir los contornos de las ciudades hermanas, flotando en el horizonte como boyas olvidadas en un oc\u00e9ano de gas. Afuera, la tormenta se arremolina en capas lentas, como si pensara.<\/p>\n\n\n\n<p>Los tres permanecen en silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>La luz cambiante les recorta los rostros por momentos: uno inclina apenas la cabeza, el otro sostiene la mirada hacia el fondo, como si buscara algo que no termina de aparecer. El tercero \u2014el que ha hablado\u2014 los observa sin moverse, atrapado en esa pausa que ya no les pertenece del todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es una tarde m\u00e1s que cae sobre este mundo extra\u00f1o; uno de esos instantes ef\u00edmeros en los que el sentido de la realidad se diluye en el pensamiento. Y ah\u00ed, en medio de la tormenta, compartiendo el mismo aire espeso, comprenden \u2014cada uno a su manera\u2014 que la verdad de un hombre es algo que solo le pertenece a \u00e9l, y que muere con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSaben qu\u00e9 hice? \u2014continu\u00f3, y su voz ahora parec\u00eda venir de un lugar mucho m\u00e1s lejano\u2014. Solo repet\u00ed el nombre mentalmente una vez m\u00e1s, como una oraci\u00f3n de una religi\u00f3n olvidada. <em>Elote<\/em>. Ella era un ser de una proporci\u00f3n diferente a la nuestra. Esa es la palabra justa: proporci\u00f3n. No puedo hablar de cultura o de biolog\u00eda, sino de esa grieta insalvable entre las cosas que nos importan y lo que el universo realmente es. Nuestra relaci\u00f3n fue desproporcionada, y solo pudimos encontrarnos en un punto com\u00fan a trav\u00e9s de un silencio que no nos pertenec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La dej\u00e9 ir, por supuesto. Ignoro su anatom\u00eda, ignoro c\u00f3mo su especie entiende el placer o el dolor. Pero a trav\u00e9s de esa palabra, de ese nombre que ella me arrebat\u00f3 de la mente, s\u00e9 que alguna vez, en ese ajeno universo interior, fui visto. Y ser visto por lo desconocido es una forma de condena.<\/p>\n\n\n\n<p>La quietud se quiebra por la voz de uno de los amigos, una pregunta que flota en el aire como una advertencia:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfTe gustaba?<\/p>\n\n\n\n<p>El silencio que sigue es s\u00f3lido, como un bloque de m\u00e1rmol con una inscripci\u00f3n que el tiempo ya ha borrado. El hombre sonr\u00ede, pero su gesto queda sepultado por la penumbra absoluta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es imposible saberlo \u2014dice finalmente\u2014. Hay historias que no est\u00e1n hechas de amor, sino de una extra\u00f1a clase de reconocimiento. Dej\u00e9moslo ah\u00ed. Al final, somos como esta ciudad: flotamos sobre lo que no comprendemos, fingiendo que tenemos el control.<\/p>\n\n\n\n<p>Se hace un silencio definitivo. Los tres se sirven el t\u00e9, con movimientos lentos y ceremoniales, mientras miran las luces distantes de la urbe vecina titilando en la espesura, como estrellas atrapadas en el fondo de un pozo.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 26 de abril de 2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano Supongamos que est\u00e1 todo bien. 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