{"id":89907,"date":"2026-05-08T15:34:08","date_gmt":"2026-05-08T15:34:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=89907"},"modified":"2026-05-08T15:34:08","modified_gmt":"2026-05-08T15:34:08","slug":"la-falla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=89907","title":{"rendered":"La falla"},"content":{"rendered":"\n<p><br><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/La-falla.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"576\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/La-falla-576x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-89908\" style=\"width:336px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/La-falla-576x1024.jpg 576w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/La-falla-169x300.jpg 169w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/La-falla-768x1365.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/La-falla-864x1536.jpg 864w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/La-falla.jpg 941w\" sizes=\"(max-width: 576px) 100vw, 576px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> No sabe si es una voz en el sue\u00f1o o la alarma lo que termina despert\u00e1ndolo. Desde hace a\u00f1os, la ma\u00f1ana resulta dif\u00edcil de reconocer en aquellas habitaciones artificialmente oscurecidas, dise\u00f1adas para conservar la ilusi\u00f3n de una noche que el mundo exterior ya casi no ofrece. La voz irrumpe a trav\u00e9s del comunicador con una premura inhabitual, aunque no alarmada; m\u00e1s bien cargada de esa tensi\u00f3n contenida que acompa\u00f1a a los acontecimientos demasiado importantes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La operaci\u00f3n Laocoonte acaba de entrar en fase de recepci\u00f3n. Necesitamos que veng\u00e1s cuanto antes. Quieren que supervises el proceso personalmente.<\/p>\n\n\n\n<p>Permanece unos segundos en silencio, todav\u00eda atrapado entre el sue\u00f1o y la vigilia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfYa comenz\u00f3 la transferencia?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hace unos minutos. El ensamblaje deber\u00eda completarse antes del mediod\u00eda\u2026 si todo sale bien.<\/p>\n\n\n\n<p>La comunicaci\u00f3n se interrumpe.<\/p>\n\n\n\n<p>Se queda inm\u00f3vil, boca arriba, escuchando sus propios latidos. Mira \u2014como cada ma\u00f1ana\u2014 el cuadro adherido a la placa de la puerta: cuerpos alargados, sumidos en una iluminaci\u00f3n acuosa, como si la escena transcurriera bajo el agua, en el mar ancestral del que surgi\u00f3 la vida hace millones de a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre barbado del cuadro se retuerce en el suelo, aferrando con todas sus fuerzas la cabeza de la serpiente que intenta rodearlo y matarlo, comprimi\u00e9ndolo con los anillos de su cuerpo, movidos no solo por la fuerza f\u00edsica sino tambi\u00e9n por el oscuro designio de los dioses, empe\u00f1ados en acallar al adivino. A sus lados, los hijos luchan en posturas apenas inveros\u00edmiles, como si adoptaran poses de danza para enfrentarse a la serpiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Detr\u00e1s, una ciudad fortificada contin\u00faa su vida como si nada ocurriera en el primer plano del cuadro. Es robusta, protegida por muros rojizos de los que emergen torres y templos como hongos tras la lluvia. Padece cierta irrealidad: para quien sabe qu\u00e9 escena se representa, esa ciudad no es la bien amurallada Ili\u00f3n \u2014piensa, soportando el mal aliento del despertar\u2014, sino m\u00e1s bien Toledo en la \u00e9poca del artista.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Laocoonte\u2026 \u00bfte han traicionado los dioses nuevamente?<\/p>\n\n\n\n<p>Se viste con premura sin dejar de mirar el cuadro del Greco.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad donde vive tambi\u00e9n creci\u00f3 entre restos de otras ciudades. Hoy es un d\u00e9dalo vertical \u2014si cabe el t\u00e9rmino\u2014 de torres cicl\u00f3peas que se enredan en pasadizos a\u00e9reos, uniendo estructuras tan vastas que funcionan como barrios enteros. Por fuera, todo es silencio: una masa de hierro, cemento y vidrio que se recalienta bajo un est\u00edo prolongado, consecuencia de dos siglos de alteraciones atmosf\u00e9ricas.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy hay una recepci\u00f3n prevista desde hace meses. Resulta casi absurdo que, en un mundo donde el tiempo se ha comprimido y las distancias se han vuelto irrelevantes, persistan demoras dictadas por la burocracia y la seguridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Atraviesa el conducto que conecta su residencia con la torre de arribos. Piensa, sin detenerse, en la paradoja: los hombres no viajan; el arte s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace tiempo que nadie transporta una pintura. No hay lienzo, ni marco, ni peso. Solo una secuencia: el espinograma, la disposici\u00f3n exacta de cada part\u00edcula, reconstruida en destino con una fidelidad superior a cualquier copia anterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerda los primeros ensayos \u2014escarabajos egipcios, anillos, camafeos\u2014 y el entusiasmo ingenuo que provocaron. Despu\u00e9s llegaron las grandes piezas. La Gioconda, reproducida con sus mismas grietas. Id\u00e9ntica. Y, sin embargo, no.<\/p>\n\n\n\n<p>La original \u2014si es que la palabra a\u00fan significa algo\u2014 qued\u00f3 asociada a un lugar m\u00e1s conceptual que real: el Louvre, cerrado desde hace d\u00e9cadas.<\/p>\n\n\n\n<p>El espinograma del Laocoonte nunca fue p\u00fablico. Los derechos contin\u00faan en manos del Vaticano, que ya no exhibe la obra, aunque comercializa reproducciones sensoriales cada vez m\u00e1s precisas.<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa en ello mientras desciende.<\/p>\n\n\n\n<p>Y vuelve, inevitablemente, a la misma imagen: los cuerpos tensos, la advertencia ignorada, la serpiente.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>El Laocoonte fue desenterrado en Roma en tiempos de Miguel \u00c1ngel. Durante siglos se crey\u00f3 \u2014Plinio lo aseguraba\u2014 que hab\u00eda sido tallado en un \u00fanico bloque de m\u00e1rmol, como si la unidad material garantizara tambi\u00e9n una verdad. Despu\u00e9s se supo que no. Piensa en eso mientras avanza: en la necesidad persistente de creer en lo indivisible.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera copia la hizo Baccio Bandinelli, un ac\u00e9rrimo competidor de Miguel \u00c1ngel, tildado durante siglos de mediocre, injustamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Laocoonte, el adivino que hab\u00eda advertido a los troyanos que no introdujeran el caballo dentro de los muros de la ciudad, permanece fijado en ese gesto de agon\u00eda que exagera cada m\u00fasculo, cada torsi\u00f3n del cuerpo. A su lado, sus hijos Ant\u00edfante y Timbreo repiten la agon\u00eda del padre con rostros desesperados.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie escuch\u00f3 la advertencia. Cuando las serpientes emergieron del mar para matarlo junto a sus hijos, los troyanos interpretaron el castigo como una se\u00f1al divina. Poco despu\u00e9s, el artero caballo entr\u00f3 en la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>El comprador es un multimillonario de otro sistema. Ha adquirido la r\u00e9plica del Laocoonte en un intercambio que se comenta desde hace semanas. A cambio, ha cedido el espinograma de una escultura de su propio mundo: un \u00eddolo anterior a la supresi\u00f3n de los cultos, una de las pocas piezas que sobrevivieron a la iconoclasia de su planeta.<\/p>\n\n\n\n<p>La operaci\u00f3n se realiz\u00f3 bajo protocolos extremos. Los espinogramas \u2014utilizables una sola vez\u2014 fueron verificados, certificados, sellados. Hay cl\u00e1usulas para casi todo: fallas de reconstrucci\u00f3n, interferencias, incluso la necesidad de repetir el proceso en condiciones controladas. Improbable, pero no imposible.<\/p>\n\n\n\n<p>Por cuestiones protocolares, ambos espinogramas se transmiten simult\u00e1neamente. En este tipo de operaciones, sin embargo, la simultaneidad resulta menos exacta de lo que el lenguaje supone en un universo donde las distancias hace tiempo dejaron de comportarse de manera intuitiva.<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa en el informe preliminar. Ninguna variaci\u00f3n. Ninguna irregularidad.<\/p>\n\n\n\n<p>La transferencia deber\u00eda completarse sin inconvenientes. El sistema de comunicaci\u00f3n cu\u00e1ntica alcanza desde hace d\u00e9cadas una precisi\u00f3n dif\u00edcil de discutir. Si aparece una falla, casi siempre se origina en los ensambladores moleculares encargados de reconstruir la obra en destino.<\/p>\n\n\n\n<p>Ellos reciben un Laocoonte. Nosotros, el \u00eddolo.<\/p>\n\n\n\n<p>La sala de recepci\u00f3n es un espacio amplio, pr\u00e1cticamente vac\u00edo, de paredes claras. La luz natural atraviesa filtros dispuestos en las ventanas y se derrama sobre el suelo con una cualidad extra\u00f1a, como si el aire mismo ofreciera una leve resistencia. Hay algo acu\u00e1tico en esa iluminaci\u00f3n, una irrealidad dif\u00edcil de justificar, que transforma los contornos y vuelve incierta la profundidad de las cosas. Le resulta contradictorio: conservar la luz del mundo y, al mismo tiempo, forzarla a comportarse de un modo ajeno, casi on\u00edrico.<\/p>\n\n\n\n<p>El centro de la estancia queda a varios metros de la entrada, y es all\u00ed donde se encuentra el \u00eddolo. No es \u00fanicamente su tama\u00f1o lo que lo vuelve imponente, sino una forma m\u00e1s difusa de presencia, como si la materia que lo compone respondiera a otra l\u00f3gica. Oscuro, compacto, de l\u00edneas que no terminan de fijarse en una geometr\u00eda reconocible, se impone en el espacio con una quietud que incomoda, como si esa misma inmovilidad fuera el resultado de una tensi\u00f3n contenida.<\/p>\n\n\n\n<p>Le informan que el proceso se ha completado con \u00e9xito y que lo que tiene delante es una reconstrucci\u00f3n perfecta, lo m\u00e1s cercana posible a la escultura original. Asiente sin responder.<\/p>\n\n\n\n<p>La obra es la misma que fue vista en hologramas con lujo de detalles antes de cerrar el trato. Hab\u00eda podido recorrerla desde todos los \u00e1ngulos, incluso por debajo, en modo flotante. No hay pr\u00e1cticamente diferencias. Pero algo se percibe.<\/p>\n\n\n\n<p>No encuentra nada que se\u00f1alar. Ninguna falla, ninguna irregularidad que pueda sostenerse como tal. Y, sin embargo, la incomodidad persiste, como si la obra se resolviera demasiado bien ante la mirada, sin dejar resto, sin admitir variaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Gira en torno a la cabeza monumental sin poder refrenar una frase hecha, casi obligada: <em>un dios desconocido<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante un instante \u2014que despu\u00e9s no sabr\u00e1 precisar\u2014 la idea se le impone con una claridad inc\u00f3moda: las copias han dejado de ser copias. Ya no existe reproducci\u00f3n ni traslado, sino reiteraci\u00f3n exacta de la materia. El Laocoonte estar\u00e1 ahora en otro sistema con la misma fractura en el brazo, la misma aspereza en la piedra, la misma historia adherida a cada superficie. Y, sin embargo, algo se resiste.<\/p>\n\n\n\n<p>La diferencia ya no parece residir en la obra, sino en la autorizaci\u00f3n para repetirla. Durante siglos el arte dependi\u00f3 de una imposibilidad material: que una misma cosa no pudiera existir plenamente en m\u00e1s de un lugar. Ahora todo eso ha quedado reducido a permisos, protocolos, derechos de reproducci\u00f3n. La materia ya no garantiza nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerda entonces el Laocoonte del Greco que observa cada ma\u00f1ana. Tambi\u00e9n ese cuadro naci\u00f3 de un acceso, de una interpretaci\u00f3n autorizada del original. Piensa en Bandinelli. En las copias romanas. En los restauradores que a\u00f1adieron brazos inexistentes durante siglos. Tal vez toda obra haya sido siempre una secuencia de variaciones apenas perceptibles.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerda las lecturas de sus a\u00f1os de universidad. Kant. Schopenhauer. Fil\u00f3sofos que imaginaron una realidad oculta detr\u00e1s de las apariencias visibles. Por un instante tiene la impresi\u00f3n de que aquellos hombres alcanzaron a intuir algo de este mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>En toda copia existe una desviaci\u00f3n m\u00ednima, imposible de registrar. Una alteraci\u00f3n microsc\u00f3pica en la posici\u00f3n de un \u00e1tomo. Una degradaci\u00f3n imperceptible en la secuencia original. Algo demasiado peque\u00f1o para ser medido y, sin embargo, suficiente para impedir la coincidencia absoluta.<\/p>\n\n\n\n<p>La obra de arte es un Caballo de Troya que esconde esa asimetr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no hay Laocoontes para advertirnos.<\/p>\n\n\n\n<p>El pensamiento le produce v\u00e9rtigo.<\/p>\n\n\n\n<p>En alg\u00fan otro lugar del espacio existe ahora un Laocoonte apenas distinto de este. Una variaci\u00f3n m\u00ednima \u2014invisible, inevitable\u2014 atraviesa la galaxia bajo la forma de mercanc\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00eddolo permanece inm\u00f3vil en el centro de la sala mirando hacia ninguna parte.<\/p>\n\n\n\n<p>O quiz\u00e1 hacia algo que todav\u00eda no somos capaces de comprender.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 8 de mayo de 2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano No sabe si es una voz en el sue\u00f1o o la alarma [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[43],"tags":[],"class_list":["post-89907","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/89907","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=89907"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/89907\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":89909,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/89907\/revisions\/89909"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=89907"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=89907"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=89907"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}