{"id":90247,"date":"2026-05-15T16:37:21","date_gmt":"2026-05-15T16:37:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=90247"},"modified":"2026-05-15T16:37:21","modified_gmt":"2026-05-15T16:37:21","slug":"sonata-pastoral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=90247","title":{"rendered":"Sonata Pastoral"},"content":{"rendered":"\n<p><br><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Sonata-Pastoral.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"576\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Sonata-Pastoral-576x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-90248\" style=\"width:266px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Sonata-Pastoral-576x1024.jpg 576w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Sonata-Pastoral-169x300.jpg 169w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Sonata-Pastoral-768x1365.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Sonata-Pastoral-864x1536.jpg 864w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Sonata-Pastoral.jpg 941w\" sizes=\"(max-width: 576px) 100vw, 576px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de apoyar los dedos sobre las teclas existe siempre un instante extra\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Un intervalo m\u00ednimo en el que la m\u00fasica todav\u00eda no ha comenzado y, sin embargo, parece estar ya presente en alg\u00fan lugar de la habitaci\u00f3n. Como si aguardara. Como si hubiese existido desde antes y ella solamente fuera a abrirle el camino hacia el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa a veces que el tiempo funciona de esa manera.<\/p>\n\n\n\n<p>No como una l\u00ednea recta, sino como una superposici\u00f3n de cosas que permanecen ocultas unas dentro de otras, esperando el momento de manifestarse. La infancia dentro de la anciana. El recuerdo dentro del amor. La muerte dentro de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 tambi\u00e9n el sonido exista antes de ser escuchado.<\/p>\n\n\n\n<p>Le gusta imaginarlo descendiendo lentamente desde alg\u00fan sitio imposible: un alfiler, una gota de agua atravesando el aire en una ca\u00edda interminable. Y luego el silencio que acompa\u00f1a ese descenso; un silencio tan profundo que ya no parece ausencia de sonido sino otra cosa, algo anterior incluso a la m\u00fasica.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces comienza a tocar.<\/p>\n\n\n\n<p>La melod\u00eda surge suavemente, como una nana escondida en los espacios invisibles de la materia.<\/p>\n\n\n\n<p>En la sala, el piso de madera brilla bajo la luz de la ma\u00f1ana de oto\u00f1o, esa claridad que bendice los muebles con un color que solo esta \u00e9poca del a\u00f1o sabe usar para pintar las cosas. Los dedos se mueven con una suavidad inentendible, como si no fueran dedos humanos sino el aleteo lento de alg\u00fan p\u00e1jaro suspendido en el aire.<\/p>\n\n\n\n<p>El tema va llenando de calor el ambiente. Es un tejido suave que completa la armon\u00eda de la estancia, poblada de muebles antiguos, tal vez fuera de moda, aunque inseparables de la casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Los arpegios abrazan como dos amantes que se reencuentran despu\u00e9s de una pelea fingida, una de esas peque\u00f1as rencillas de los primeros tiempos del noviazgo que no son verdaderos desencuentros, sino apenas una excusa para volver al amor.<\/p>\n\n\n\n<p>A lo largo de su vida, sus manos se han transformado: de la suavidad casi angelical de la juventud a la piel manchada de la anciana que es ahora. Piensa entonces en todo lo que sabe de esa composici\u00f3n, compa\u00f1era de tantos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Beethoven compuso aquello en 1801. La sordera ya comenzaba a hacer estragos en su salud y en su temperamento y, sin embargo, la sonata conserva en el comienzo una tranquilidad asombrosa. El bajo es un latido suave pero profundo, como si all\u00ed pudiera escucharse el coraz\u00f3n mismo que sostiene la pieza.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabe, adem\u00e1s, que no fue Beethoven quien la llam\u00f3 Pastoral, sino alguno de sus editores. A veces son los dem\u00e1s quienes terminan decidiendo el verdadero nombre de las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Mira la superficie del planeta. Una pintura de una belleza dif\u00edcil de describir, con cicatrices minerales y pliegues tect\u00f3nicos que recuerdan a un cuadro imaginado por un pintor surrealista. \u00bfCu\u00e1nto tiempo hace que contempla esa imagen todas las ma\u00f1anas? La vida en \u00f3rbita cambia la personalidad, dicen. Las veces que se ha reunido con gente de Tierra firme ha notado diferencias, no solo f\u00edsicas sino tambi\u00e9n psicol\u00f3gicas. Hay cierta desesperaci\u00f3n en quienes pasan apenas unos d\u00edas en la estaci\u00f3n. Aunque la gravedad artificial hab\u00eda solucionado casi todos los problemas f\u00edsicos, todav\u00eda existen dificultades para adaptarse a aquella quietud suspendida, a la distancia, a la conciencia constante de estar separados del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella tambi\u00e9n fue una <em>tierrafirme<\/em>, como dicen all\u00ed arriba. Naci\u00f3 en un lugar de la Tierra que ahora le parece remoto no solo en el espacio, sino tambi\u00e9n en el tiempo y en la memoria. Las promesas de una vida mejor y de cierta paz interior la llevaron hasta all\u00ed, a un lugar alejado del Sol y de casi todo lo que alguna vez conoci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El dolor de dejar a los suyos nunca desapareci\u00f3. Aprendi\u00f3 a convivir con esa sensaci\u00f3n de p\u00e9rdida definitiva, con la certeza silenciosa de que probablemente jam\u00e1s volver\u00eda a verlos. A pesar de las comunicaciones instant\u00e1neas de la tecnolog\u00eda de espines, el desplazamiento f\u00edsico segu\u00eda siendo irreversible. Uno se marchaba hacia las estrellas y, sencillamente, no regresaba.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces pensaba que los primeros viajes humanos hab\u00edan sido parecidos. Hab\u00eda le\u00eddo alguna vez que, durante milenios, viajar no significaba desplazarse de un punto a otro, sino abandonar un mundo entero para entrar en otro. Migrar era una forma de existencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordaba una clase de su infancia. Le hab\u00edan mostrado un mapa de las migraciones humanas por el continente americano. Sobre la superficie aparec\u00edan l\u00edneas y flechas que atravesaban monta\u00f1as, r\u00edos y desiertos. La maestra explic\u00f3 que aquellos signos representaban movimientos que hab\u00edan tardado miles de a\u00f1os en concretarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Miles de a\u00f1os resumidos en una flecha.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea todav\u00eda le parec\u00eda extra\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 por eso las flechas poseen algo inquietante. No representan solamente una direcci\u00f3n: representan una voluntad. Una tensi\u00f3n. El impulso de algo que abandona un sitio y busca otro. La flecha une la vida y la muerte: la mano que lanza y el cuerpo que cae.<\/p>\n\n\n\n<p>Una flecha siempre est\u00e1 dejando algo atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026Y vuelve a mirar el libro. El volumen est\u00e1 descosido y desgastado de tanto haber sido tocado. Los bordes de las p\u00e1ginas se encuentran gastados, algunos incluso rotos, y manchas antiguas \u2014vino, tinta, tal vez caf\u00e9\u2014 cubren sectores del papel amarillento. Sonr\u00ede apenas. Hay algo conmovedor en ese deterioro: como si los a\u00f1os hubieran dejado una segunda escritura sobre las partituras.<\/p>\n\n\n\n<p>Es una ma\u00f1ana de verano. Ha dejado la ventana abierta y el viento c\u00e1lido juega con una de las cortinas, creando un movimiento de luces y sombras agradable, casi hipn\u00f3tico. La tela parece una bailarina et\u00e9rea que intenta seguir el comp\u00e1s de una m\u00fasica todav\u00eda suspendida en el aire.<\/p>\n\n\n\n<p>La m\u00fasica.<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa que, antes de existir all\u00ed, impresa sobre esas p\u00e1ginas envejecidas, aquella melod\u00eda fue solamente una idea atrapada dentro de una mente humana. Algo invisible. Una criatura buscando la forma de entrar al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasa lentamente los dedos sobre el t\u00edtulo de la sonata.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto esfuerzo, piensa, para terminar convertido en manchas negras sobre papel destinado a amarillear con los a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Se dirige al piano y apoya las manos sobre las teclas. Imagina entonces al compositor frente a un instrumento semejante, en alguna ma\u00f1ana sofocante del verano vien\u00e9s. El cuerpo agotado despu\u00e9s de la cerveza de la noche anterior, la respiraci\u00f3n agitada, el coraz\u00f3n golpeando demasiado r\u00e1pido dentro del pecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez el comienzo de la sonata naci\u00f3 as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>La mano izquierda insistiendo sobre una nota grave, suave pero obstinada, como alguien intentando ordenar el ritmo desbocado de su propia sangre.<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa que quiz\u00e1 toda m\u00fasica sea eso: un ser humano intentando dialogar con algo que ocurre dentro de s\u00ed antes de que desaparezca.<\/p>\n\n\n\n<p>Y siente de pronto una cercan\u00eda extra\u00f1a con aquel hombre muerto hace siglos. No con el genio ni con la figura monumental, sino con el ser cansado y febril que alguna vez busc\u00f3 consuelo en unas pocas notas repetidas en la penumbra de una ma\u00f1ana de verano. Soport\u00f3 la soledad y atraves\u00f3 humillaciones terribles, peleas absurdas, d\u00edas enteros de furia y abandono. Descuid\u00f3 su cuerpo. Descuid\u00f3 el mundo. Hubo \u00e9pocas en que apenas pod\u00eda convivir con los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>No he llegado a eso, piensa. Por suerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la soledad adopta formas distintas.<\/p>\n\n\n\n<p>La de ella no es una habitaci\u00f3n desordenada ni el hedor agrio de un cuerpo olvidado, sino algo m\u00e1s dif\u00edcil de nombrar: una separaci\u00f3n tan vasta que ya no consigue asignarle una causa concreta. No puede se\u00f1alar el instante exacto en que comenz\u00f3 a quedarse sola. Tampoco el motivo verdadero.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez marcharse era inevitable. Las flechas de Cupido no fueron hechas para las distancias relativistas.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>El movimiento imperceptible de la estaci\u00f3n solo se evidencia por el lento pasaje del planeta bajo la ventana. Es una sensaci\u00f3n de quietud en movimiento. Parece contradictorio. Sin embargo, aquel desplazamiento silencioso le transmite una paz dif\u00edcil de explicar, como una danza ejecutada por el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Le gusta pensar en la galaxia entera como una obra de arte donde danza, pintura y m\u00fasica se entretejen en los racimos estelares.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras contempla la imagen, evoca mentalmente una melod\u00eda acorde al paisaje: un latido suave sosteniendo un tema c\u00e1lido, primaveral, optimista.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre que compuso la Pastoral jam\u00e1s habr\u00eda imaginado los cambios que experimentar\u00edan el mundo y la humanidad. \u00bfCu\u00e1ntos siglos hab\u00edan pasado desde entonces? \u00bfDiez? Nunca pareci\u00f3 preocuparse demasiado por las fechas ni por el paso del tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Pod\u00eda explicar con precisi\u00f3n la historia y el contexto de cada obra que interpretaba. \u00bfSeguir\u00e1s tocando? \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1n ahora tus manos?<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre ejecutabas la Sonata Pastoral por la ma\u00f1ana. No recuerda una sola vez en que la hubieses estudiado de tarde. Hab\u00edas convertido aquella sonata en una ceremonia del amanecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Dec\u00edas que la ma\u00f1ana era la \u00fanica hora correcta para tocarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese sol persistente en el bajo marcaba \u2014dec\u00edas\u2014 el ritmo de la Tierra despertando despu\u00e9s del descanso nocturno. Como si el planeta entero hubiese permanecido dormido y la m\u00fasica acompa\u00f1ara lentamente el regreso de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces comprend\u00ed algo que tard\u00e9 a\u00f1os en aceptar: la vida en \u00f3rbita junto a m\u00ed nunca hab\u00eda sido compatible contigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo entend\u00ed demasiado tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>T\u00fa no quer\u00edas abandonar la Tierra. Necesitabas sus ma\u00f1anas, la humedad del aire, el olor de los \u00e1rboles despu\u00e9s de la lluvia, esa luz oblicua atravesando las ventanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Necesitabas el mundo f\u00edsico, tangible, cercano.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> Nunca entendiste c\u00f3mo yo pod\u00eda pasar semanas enteras sin abrir una ventana. Dec\u00edas que las habitaciones cerradas terminaban pareci\u00e9ndose demasiado a una tumba o a una nave espacial. Yo me re\u00eda entonces. Todav\u00eda no sab\u00eda que ambas cosas pod\u00edan ser lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y quiz\u00e1 tambi\u00e9n necesitabas permanecer all\u00ed para comprender lo que aquel hombre sordo y hura\u00f1o hab\u00eda querido decir a trav\u00e9s de las notas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No te voy a acompa\u00f1ar.<\/p>\n\n\n\n<p>La frase contin\u00faa resonando dentro de ella despu\u00e9s de tantos a\u00f1os y tantos millones de kil\u00f3metros.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora cree entenderlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella buscaba el universo dentro de s\u00ed misma, sin necesidad de atravesar galaxias.<\/p>\n\n\n\n<p>Comprendi\u00f3 antes que nadie que viajar no siempre implica desplazarse. Que tambi\u00e9n existen viajes inm\u00f3viles.<\/p>\n\n\n\n<p>Y que un piano puede ser una nave mucho m\u00e1s vasta que cualquier estaci\u00f3n orbital.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Hace ya un tiempo que sue\u00f1a con ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Se despierta en mitad de la noche con una agitaci\u00f3n extra\u00f1a, como si hubiese estado corriendo a trav\u00e9s de un lugar inmenso. Los sue\u00f1os regresan cada vez con formas distintas y, sin embargo, conservan siempre la misma imagen: ella, joven todav\u00eda, tal como era cuando se conocieron antes de la partida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo ser\u00e1s ahora?<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa en las distorsiones del tiempo, en los calendarios alterados por la velocidad y las distancias entre sistemas estelares. Tal vez la otra contin\u00fae siendo joven en alg\u00fan corredor orbital perdido entre las colonias exteriores. Tal vez no. Ella, en cambio, se ha convertido en una mujer cansada. La Tierra deja marcas distintas sobre el cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace mucho que las noticias dejaron de llegar. Ya ni siquiera recuerda cu\u00e1l fue la \u00faltima cosa que se dijeron.<\/p>\n\n\n\n<p>Mira el dormitorio. El espacio conserva una est\u00e9tica de siglos anteriores, de acuerdo con aquella moda que hab\u00eda vuelto elegante la nostalgia. Los muebles de madera y el piso de tablas claras le producen una alegr\u00eda dif\u00edcil de explicar, hecha de asociaciones peque\u00f1as: las primeras clases de piano, el olor del barniz, las partituras impresas en papel \u2014a la antigua\u2014 de las que nunca quiso desprenderse.<\/p>\n\n\n\n<p>Para recuperar el sue\u00f1o perdido durante la noche ha dormido parte del d\u00eda y ahora la tarde empieza a inclinarse sobre la sala del piano, iluminando los objetos con colores distintos. Dentro de poco llegar\u00e1 la noche de ese oto\u00f1o ya avanzado que tanto le gusta.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante a\u00f1os crey\u00f3 que la Pastoral pertenec\u00eda \u00fanicamente a las ma\u00f1anas.<\/p>\n\n\n\n<p>Acaricia la silla. Luego la madera gastada del piano.<\/p>\n\n\n\n<p>El pensamiento surge lentamente, como si hubiese permanecido oculto durante d\u00e9cadas en alg\u00fan rinc\u00f3n silencioso del cuerpo. Finalmente asciende hasta los labios convertido apenas en un murmullo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Te quiero.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s se sienta frente al piano y toca la Sonata Pastoral por primera vez en su vida en un horario que no es la ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 15 de mayo de 2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano Antes de apoyar los dedos sobre las teclas existe siempre un instante [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[43],"tags":[],"class_list":["post-90247","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/90247","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=90247"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/90247\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":90249,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/90247\/revisions\/90249"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=90247"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=90247"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=90247"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}