{"id":92391,"date":"2026-06-19T16:36:49","date_gmt":"2026-06-19T16:36:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=92391"},"modified":"2026-06-19T16:36:50","modified_gmt":"2026-06-19T16:36:50","slug":"el-hombre-que-no-sufria-la-depresion-del-pajaro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=92391","title":{"rendered":"El hombre que no sufr\u00eda la depresi\u00f3n del p\u00e1jaro"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/El-hombre-que-no-sufria-la-depresion-del-pajaro.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/El-hombre-que-no-sufria-la-depresion-del-pajaro-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-92392\" style=\"width:279px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/El-hombre-que-no-sufria-la-depresion-del-pajaro-683x1024.jpg 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/El-hombre-que-no-sufria-la-depresion-del-pajaro-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/El-hombre-que-no-sufria-la-depresion-del-pajaro-768x1152.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/El-hombre-que-no-sufria-la-depresion-del-pajaro.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Espera en el recept\u00e1culo el descenso del sistema que lo transporta hacia el nivel m\u00e1s bajo de la ciudad. La luz violeta de la ma\u00f1ana se cuela entre los paneles de vidrio, tan perfectos que parecen no estar all\u00ed. Durante las \u00faltimas d\u00e9cadas los materiales fueron modificados para generar la ilusi\u00f3n de que uno flota en el espacio abierto. Todav\u00eda hay personas que sienten v\u00e9rtigo al descender cientos de metros, suspendidas en la nada, rodeadas \u00fanicamente por el vac\u00edo y la inmensidad del planeta que gira bajo sus pies.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 acostumbrado a ese viaje que realiza casi a diario. Para mantener una frecuencia temporal compatible con las costumbres humanas se adopt\u00f3 una jornada semejante a la terrestre, aunque el per\u00edodo de rotaci\u00f3n del planeta es diferente y tarda casi diez horas m\u00e1s en completar un giro. La necesidad de conservar v\u00ednculos culturales con el planeta madre llev\u00f3 a establecer ese tipo de convenciones. Por m\u00e1s que ya han transcurrido siglos desde el comienzo de la colonizaci\u00f3n, todos contin\u00faan sinti\u00e9ndose, de una manera u otra, terr\u00e1queos.<\/p>\n\n\n\n<p>El ser humano siempre ha tenido dificultades para cortar sus cordones umbilicales: primero la madre, luego la ciudad natal, finalmente el mundo que lo vio nacer. Independizarse nunca ha sido sencillo.<\/p>\n\n\n\n<p>La oficina que ocupa en los niveles inferiores de la estructura orbital es austera. Apenas una mesa, una silla y una pantalla flotante que proyecta datos en el aire. All\u00ed, donde se encuentran algunos de los sistemas que mantienen estable la gigantesca ciudad suspendida sobre el planeta, pasa la mayor parte de sus d\u00edas. Sobre la mesa descansa una agenda gastada por el uso y los a\u00f1os, una especie de diario improvisado que ha sobrevivido a mudanzas, estaciones orbitales y cambios de destino. Entre sus p\u00e1ginas alguien anot\u00f3 una frase de May Sarton:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abEn gran medida, la calidad de vida est\u00e1 relacionada con los placeres y las preocupaciones. Sin un poco de ansiedad, poco podr\u00edamos saborear la vida.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Desde la base de la estructura parten los ascensores atmosf\u00e9ricos que conectan la \u00f3rbita con la superficie. Cada vez menos habitantes sienten inter\u00e9s por descender hasta abajo. Resulta curioso si se considera que, siglos atr\u00e1s, aquel mundo hab\u00eda sido uno de los cuerpos celestes m\u00e1s codiciados de todo el sistema.<\/p>\n\n\n\n<p>Su atm\u00f3sfera hab\u00eda sido transformada lentamente mediante complejos procesos biol\u00f3gicos. Algas y microorganismos modificados alteraron la composici\u00f3n qu\u00edmica del aire hasta volverlo respirable. Despu\u00e9s de generaciones enteras de trabajo se logr\u00f3 alcanzar un equilibrio aceptable. La mayor\u00eda de los colonos pod\u00eda caminar por la superficie sin protecci\u00f3n respiratoria. Solo una minor\u00eda sufr\u00eda dificultades de adaptaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, cuando comenzaron las inevitables comparaciones con la Tierra apareci\u00f3 un fen\u00f3meno inesperado. Los psic\u00f3logos lo llamaron la <em>depresi\u00f3n del p\u00e1jaro<\/em>. Los habitantes nacidos en ese planeta extra\u00f1aban algo que jam\u00e1s hab\u00edan conocido personalmente: el canto de las aves.<\/p>\n\n\n\n<p>Los registros hist\u00f3ricos demostraban que durante millones de a\u00f1os la evoluci\u00f3n humana hab\u00eda ocurrido acompa\u00f1ada por esos sonidos. El silencio de los nuevos paisajes produc\u00eda una sensaci\u00f3n de ausencia dif\u00edcil de explicar. Numerosos estudios concluyeron que la presencia de aves formaba parte de una arquitectura emocional profundamente arraigada en la mente humana. Muchos de aquellos colonos jam\u00e1s hab\u00edan escuchado un p\u00e1jaro real y, sin embargo, a\u00f1oraban su presencia. Sin ellas, algo parec\u00eda faltar.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca entendi\u00f3 del todo aquella teor\u00eda. Jam\u00e1s sinti\u00f3 inter\u00e9s por los p\u00e1jaros ni por las nostalgias biol\u00f3gicas de los colonos. Su trabajo consist\u00eda en otras cosas. Dirig\u00eda parte de las operaciones dedicadas a la extracci\u00f3n de minerales raros, materiales indispensables para la econom\u00eda de decenas de mundos habitados. Era una labor compleja y bien remunerada que exig\u00eda largas jornadas de supervisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso est\u00e1 all\u00ed<\/p>\n\n\n\n<p>La c\u00e1psula que lo transporta a la superficie es una peque\u00f1a esfera casi completamente transparente. Apenas algunos nervios estructurales interrumpen la visi\u00f3n. Desde el interior, el paisaje se abre en todas direcciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Desciende describiendo una curva lenta alrededor de los gigantescos oct\u00f3podos mineros que realizan el trabajo pesado. Despu\u00e9s de m\u00e1s de tres siglos de explotaci\u00f3n, el planeta se ha convertido en una inmensa cantera. Desde la \u00f3rbita la superficie aparece cubierta por excavaciones geom\u00e9tricas que recuerdan las celdas de un panal. La comparaci\u00f3n siempre le resulta inevitable.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez visit\u00f3 a una novia agr\u00f3noma, a la que ve\u00eda cada vez menos, en uno de los m\u00f3dulos agr\u00edcolas de la estaci\u00f3n orbital, donde cultivaban flores y produc\u00edan miel para abastecer a las colonias humanas. Desde entonces no ha podido dejar de ver aquella semejanza.<\/p>\n\n\n\n<p>El aire es perfectamente respirable. Est\u00e1 acostumbrado a la atm\u00f3sfera creada por algas, bacterias y organismos aut\u00f3trofos modificados gen\u00e9ticamente. Fue necesario alterar aspectos fundamentales de la fotos\u00edntesis para adaptarla a la radiaci\u00f3n de la estrella local. Los nuevos organismos capturan la luz de manera ligeramente diferente a las plantas terrestres, pero su eficiencia es extraordinaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, la actividad minera ha deteriorado ciertas regiones. En algunos sectores la concentraci\u00f3n de contaminantes vuelve peligroso desplazarse sin protecci\u00f3n especial. Es una contradicci\u00f3n que siempre le ha resultado fascinante: la humanidad cre\u00f3 una atm\u00f3sfera respirable para luego comenzar a contaminarla. Una de las paradojas m\u00e1s persistentes de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La c\u00e1psula se aproxima a uno de los oct\u00f3podos. La vista desde la carlinga resulta sobrecogedora.<\/p>\n\n\n\n<p>La m\u00e1quina mide m\u00e1s de doscientos metros de di\u00e1metro. Ocho patas articuladas se aferran al terreno mientras enormes sistemas hidr\u00e1ulicos transmiten fuerza hacia una pala monumental que arranca toneladas de roca con cada movimiento. No parece un animal. Parece una catedral mec\u00e1nica dedicada a la extracci\u00f3n minera. Un templo de la ambici\u00f3n desmedida.<\/p>\n\n\n\n<p>Viaja solo, aunque la nave est\u00e1 dise\u00f1ada para dos tripulantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Padece una arrogancia incurable. No conf\u00eda en nadie y realiza personalmente todas las inspecciones. Es uno de los t\u00e9cnicos m\u00e1s prestigiosos del planeta y sus resultados hablan por \u00e9l. La producci\u00f3n mineral ha aumentado de manera constante en todas las zonas bajo su supervisi\u00f3n. Sabe que es bueno. Sabe que muy pocos pueden igualarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>No se ha casado. Vive solo.<\/p>\n\n\n\n<p>La c\u00e1psula se acerca al punto exacto donde la pala est\u00e1 arrancando material del subsuelo.<\/p>\n\n\n\n<p>El pozo es un abismo del que brota una luz inquietante, como si algo sepultado en las profundidades intentara regresar a la superficie. Le resulta imposible no pensar en una imagen que de joven vio en un libro de la biblioteca de la universidad. Se trataba de uno de los cantos de la Comedia, donde el poeta encuentra a uno de los hombres que contribuyeron a las desgracias de Florencia. El alma condenada surge de una tumba y la sombra de su cuerpo se proyecta sobre la tapa abierta del sepulcro. La expresi\u00f3n del muerto es dram\u00e1tica. Se apoya sobre la piedra con una mezcla de orgullo y resignaci\u00f3n mientras narra su historia a Dante. Aquella figura parec\u00eda debatirse entre la necesidad de hablar y la imposibilidad de abandonar por completo el reino de los muertos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, contemplando la gigantesca excavaci\u00f3n iluminada desde las entra\u00f1as del planeta, siente una impresi\u00f3n semejante. Como si algo estuviera intentando levantarse desde abajo. Como si la herida abierta por la miner\u00eda permitiera asomarse a una conciencia enterrada desde hac\u00eda millones de a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>La comparaci\u00f3n le produce una incomodidad dif\u00edcil de explicar, como si estuviera observando una violaci\u00f3n lenta e interminable de la carne de un ser vivo. Una nube de polvo mineral envuelve la zona. Activa la protecci\u00f3n respiratoria. A esa distancia no existe organismo capaz de soportar semejante agresi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El estruendo de los mecanismos es constante. Los motores, las cadenas de transmisi\u00f3n y los sistemas hidr\u00e1ulicos producen una m\u00fasica repetitiva que lleva d\u00e9cadas sonando sin interrupci\u00f3n. Una melod\u00eda industrial que acompa\u00f1a el crecimiento econ\u00f3mico de medio sistema estelar.<\/p>\n\n\n\n<p>La anomal\u00eda aparece primero en los sistemas de vigilancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Una figura humana camina sola entre antiguas instalaciones mineras abandonadas, a cientos de kil\u00f3metros de cualquier asentamiento habitado.<\/p>\n\n\n\n<p>Los algoritmos de reconocimiento no pueden identificarla. Tampoco encuentran registros de ninguna nave cercana. El hombre est\u00e1 tocado con un sombrero de ala ancha que le cubre la mitad de la cara, con una inclinaci\u00f3n insolente que es, curiosamente, seductora. Ha visto una figura as\u00ed alguna vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Siente un escalofr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre del sombrero sonr\u00ede. A decir verdad, es una sonrisa imponente que surge debajo del ala como si la boca fuera apenas un veh\u00edculo. No parece la sonrisa de un hombre sino su idea utilizando un rostro para manifestarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aunque aquello carece de toda l\u00f3gica, aunque la distancia temporal sea de siglos y la sola idea resulte absurda, tiene la extra\u00f1a impresi\u00f3n de estar contemplando el rostro de ese hombre caminando tranquilamente sobre un planeta cuya existencia jam\u00e1s se sospech\u00f3 en la \u00e9poca en que vivi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora est\u00e1 a pocos pasos del m\u00f3dulo y con una voz penetrante dice sin saludar:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfY\u2026 ese pescado no se vende pibe? \u00bfPara cu\u00e1ndo los confites?<\/p>\n\n\n\n<p>Y r\u00ede a carcajadas, una catarata que reverbera en el \u00e1rido paisaje del planeta violado. Canta:<\/p>\n\n\n\n<p><em>El d\u00eda del casorio<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>dijo el tipo e&#8217;la sotana<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>el coso debe siempre<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>mantener a su fulana<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfQu\u00e9 pasa? Ten\u00e9s miedo que la mina te quite la libertad. Yo estuve con las mil y una minas y siempre fui libre, pibe. Te est\u00e1s equivocando.<\/p>\n\n\n\n<p>El ingeniero permanece inm\u00f3vil. La pantalla no registra ninguna forma de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo la figura sigue all\u00ed, apoyada despreocupadamente contra una roca como si hubiera estado esperando toda la ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No puede ser \u2014murmura.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Claro que no puede ser \u2014responde el hombre del sombrero\u2014. Las mejores cosas nunca pueden ser.<\/p>\n\n\n\n<p>La sonrisa le ilumina el rostro.<\/p>\n\n\n\n<p>Por un instante el ingeniero piensa en discutir, en exigir una explicaci\u00f3n racional, en solicitar apoyo desde la estaci\u00f3n orbital. Pero algo dentro de \u00e9l se ha rendido. Tal vez porque lleva demasiados a\u00f1os rodeado de m\u00e1quinas. Tal vez porque hace mucho tiempo que nadie le habla con aquella familiaridad insolente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n es usted?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Uno que capot\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelve a sonre\u00edr.<\/p>\n\n\n\n<p>El viento arrastra polvo rojizo entre ambos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSab\u00e9s una cosa, pibe? \u2014contin\u00faa el visitante\u2014. Ustedes son b\u00e1rbaros para hacer cosas. Levantan ciudades en el espacio, fabrican atm\u00f3sferas, transforman planetas enteros. Pero siguen sin entender algunas pavadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Guarda silencio, todav\u00eda sin saber en qu\u00e9 parte de la fantas\u00eda o la realidad est\u00e1 parado. Tal vez a medio camino.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Segu\u00eds creyendo que vivir es una cuesti\u00f3n de eficiencia, pibe. La vida no es eficiencia, la vida es cometer errores. El m\u00edo fue subirme a ese avi\u00f3n. Y te aseguro que cuando el avi\u00f3n se prende fuego, uno descubre bastante r\u00e1pido cu\u00e1les son las cosas importantes.<\/p>\n\n\n\n<p>A lo lejos el oct\u00f3podo hunde nuevamente la pala en el subsuelo y una columna luminosa emerge desde las profundidades de la excavaci\u00f3n. Durante un segundo le parece escuchar un viejo tango mezclarse con el rugido de las m\u00e1quinas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando vuelve a mirar, el hombre ya no est\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay huellas. El sistema no registra anomal\u00edas. Solo la inmensa cantera extendi\u00e9ndose hasta el horizonte.<\/p>\n\n\n\n<p>Permanece varios minutos observando el lugar vac\u00edo. Mientras recuerda la frase de May Sarton que alguien anot\u00f3 en su bit\u00e1cora y se da cuenta de qui\u00e9n puede haber sido.<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa en ella. Su imagen se le anida en la mente y ya no puede sac\u00e1rsela: la agr\u00f3noma de la estaci\u00f3n orbital, la de las flores, la que cuida las abejas como si fueran sus ni\u00f1os, la que lleva d\u00e9cadas sonri\u00e9ndole cuando la visita por algunas horas, siempre ocupado.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras la c\u00e1psula inicia el ascenso hacia la ciudad suspendida, el planeta contin\u00faa girando lentamente bajo sus pies.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces, en medio de la soledad, cree escuchar el canto de un p\u00e1jaro.<\/p>\n\n\n\n<p>No sabe que es un zorzal.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 19 de junio de 2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano Espera en el recept\u00e1culo el descenso del sistema que lo transporta hacia [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[43],"tags":[],"class_list":["post-92391","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/92391","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=92391"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/92391\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":92393,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/92391\/revisions\/92393"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=92391"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=92391"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=92391"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}