{"id":93705,"date":"2026-07-17T16:03:12","date_gmt":"2026-07-17T16:03:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=93705"},"modified":"2026-07-17T16:03:12","modified_gmt":"2026-07-17T16:03:12","slug":"un-punado-de-arena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=93705","title":{"rendered":"Un pu\u00f1ado de arena"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Un-punado-de-arena.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Un-punado-de-arena-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-93706\" style=\"width:203px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Un-punado-de-arena-683x1024.jpg 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Un-punado-de-arena-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Un-punado-de-arena-768x1152.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Un-punado-de-arena.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Les voy a decir algo: el tiempo parece deslizarse entre los dedos como arena fina.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo s\u00e9. Es una met\u00e1fora vieja. Demasiada vieja. Todo escritor principiante cree descubrirla alguna vez y se siente obligado a utilizarla.<\/p>\n\n\n\n<p>No perdamos el tiempo con esas im\u00e1genes. Bastante met\u00e1fora es la que nos toca vivir. Habitamos una extra\u00f1a inseguridad del espacio y del tiempo que nos promete estar, al mismo tiempo, en todas partes y en ninguna.<\/p>\n\n\n\n<p>Al final, todo se reduce a la capacidad de asombro ante lo cotidiano. Si mantenemos un poco de pasi\u00f3n al contemplar lo que el universo nos revela, la vida se vuelve un poco m\u00e1s interesante, no tan anodina. Leer las noticias a diario es un aburrimiento sin l\u00edmites; la mayor\u00eda est\u00e1n fabricadas. Ya hace a\u00f1os que nadie le hace caso a la verdad, as\u00ed que el periodismo ha incursionado directamente en la mentira m\u00e1s escandalosa, pero m\u00e1s est\u00e9ticamente bella y deslumbrante. Es la \u00fanica forma de captar la atenci\u00f3n de los lectores.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno se levanta y mira la computadora: un pa\u00eds completo fue devastado por una nube i\u00f3nica que los servicios de prevenci\u00f3n no vieron. Se calculan cerca de tres millones de muertos y desaparecidos; hay detalles escalofriantes de la tragedia. Entend\u00e1monos: no pas\u00f3 nada, pero hay que cautivar al menos diez minutos la atenci\u00f3n del lector. En ese tiempo se pueden vender muchas cosas. Cuando ya nos dimos cuenta de que no pas\u00f3 nada, ya compramos de todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los lectores no quieren informarse; quieren que algo ominoso est\u00e9 pasando all\u00e1 afuera y que a ellos no les suceda nada. Es la historia de siempre. Ver desgracias ajenas es uno de los principales entretenimientos de la humanidad desde tiempos inmemoriales. Una cosa es padecer un terremoto; otra muy diferente es disfrutar viendo las escenas de un informe period\u00edstico bien hecho que muestra la terrible desgracia ocurriendo en el preciso momento, con im\u00e1genes realistas. Las posibilidades de recorrer virtualmente los escenarios de guerra o de tsunamis vuelven m\u00e1s emocionante el proceso; la experiencia es compartida. Es como esos sue\u00f1os que uno sabe que son el producto de nuestra mente y que, al despertar, todo vuelve a la normalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Las empresas de propaganda han inventado al menos cincuenta terremotos en los \u00faltimos dos meses, casi uno por d\u00eda. Ninguno real, enti\u00e9ndase, pero las ventas se han incrementado en forma alarmante. Las computadoras envejecen con la misma rapidez con que mejoran las cat\u00e1strofes. Una de las ideas geniales es la de venderte el nuevo producto mientras est\u00e1 aconteciendo la desgracia. Observas que las im\u00e1genes no tienen la calidad que esperabas, y el servicio te muestra una pantalla dividida con las im\u00e1genes adaptadas a los nuevos programas. Haces clic sobre la imagen que te gusta y ya la compraste. No hay que hablar con nadie. Minutos despu\u00e9s, todo termina.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie ha muerto.<\/p>\n\n\n\n<p>T\u00fa has comprado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 sucede cuando la noticia es real? Muy simple: generalmente, las desgracias aut\u00e9nticas son mucho menos realistas y vistosas que las creadas por los algoritmos. Hace ya mucho tiempo que las cat\u00e1strofes naturales dejaron de ser espectaculares.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo lograr que el lector est\u00e9 cautivo al menos unos segundos en un mundo donde se sabe que las noticias son falsas? Se podr\u00eda pensar que esta arquitectura de la mentira es endeble, que est\u00e1 destinada a caerse de inmediato y que nadie creer\u00e1 jam\u00e1s en nada. Y, sin embargo, a diario hay millones de personas entusiasmadas buscando nuevas noticias espectaculares en las redes. La m\u00ednima posibilidad de que solo una \u2014apenas una\u2014 de esas noticias sea cierta es lo que mueve a la gente a seguir creyendo en el sistema. Como si hallar alguna vez un terremoto real fuera un verdadero tesoro, una joya que debe ser atesorada por los miles de lectores.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 es una cat\u00e1strofe sino una transformaci\u00f3n radical de nuestra existencia, un instante en el que todo aquello que cre\u00edamos valioso adquiere un significado completamente distinto? Las grandes tradiciones religiosas comprendieron muy pronto ese poder y recurrieron a la imagen del castigo divino para representar los momentos en que la historia cambia de rumbo de manera irreversible. Soles que se detienen en el cielo para inclinar el resultado de una batalla, diluvios que cubren la Tierra y permiten sobrevivir \u00fanicamente a unos pocos, ciudades consumidas por el fuego o mares que se abren para se\u00f1alar el destino de un pueblo. M\u00e1s all\u00e1 del car\u00e1cter sobrenatural de estos relatos, todos expresan una misma idea: la irrupci\u00f3n de un acontecimiento inesperado que altera para siempre nuestra condici\u00f3n y nos obliga a buscar un nuevo sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 por eso las cat\u00e1strofes ocupan un lugar privilegiado en nuestra imaginaci\u00f3n. Nos recuerdan, de la forma m\u00e1s brutal, que el mundo no est\u00e1 obligado a respetar nuestros planes. Basta un instante para que todo cambie.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta ma\u00f1ana aparece una noticia m\u00e1s en la pantalla de mi computadora. Informan que un objeto procedente del espacio impacta sobre una extensa regi\u00f3n continental. Seg\u00fan los primeros informes, varias ciudades desaparecen en cuesti\u00f3n de segundos y los sat\u00e9lites intentan evaluar la magnitud de los da\u00f1os. Se habla de millones de muertos y desaparecidos.<\/p>\n\n\n\n<p>No le presto demasiada atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Espero el anuncio publicitario que inevitablemente acompa\u00f1a a todas las grandes tragedias. Pienso que, en unos segundos, aparecer\u00e1 la oferta de una computadora m\u00e1s potente para apreciar con mayor realismo las im\u00e1genes del desastre. Pero no aparece ning\u00fan anuncio.<\/p>\n\n\n\n<p>La pantalla permanece inm\u00f3vil.<\/p>\n\n\n\n<p>Un instante despu\u00e9s, se apaga.<\/p>\n\n\n\n<p>Las luces de la estancia comienzan a perder intensidad hasta extinguirse por completo. Entonces llega un silencio que jam\u00e1s experimento. No es el silencio habitual de una casa sin electricidad; es un silencio absoluto, denso, como si el propio mundo contuviera la respiraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Caigo en la cuenta de que aquella noticia no es una simulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En el edificio de enfrente, una mujer permanece inm\u00f3vil junto a la ventana. Nos miramos. Nunca nos hemos saludado; ignoro su nombre, su oficio, incluso si vive sola. Sin embargo, por primera vez, dejamos de ser dos extra\u00f1os separados por una calle. El mismo silencio nos habita.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella no aparta la vista.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo tampoco.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s el suelo vuelve a vibrar.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde alg\u00fan lugar llegan sirenas que se apagan antes de terminar su recorrido.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie sabe qu\u00e9 est\u00e1 ocurriendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie puede pregunt\u00e1rselo a una pantalla.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguna fuerza llegada del exterior impone un nuevo orden \u2014o quiz\u00e1 un nuevo desorden\u2014 sobre el mundo. Las primeras vibraciones recorren el suelo apenas unos segundos despu\u00e9s del apag\u00f3n. Las ventanas comienzan a temblar. En alg\u00fan lugar se oye el derrumbe de una estructura enorme. Ya no hay periodistas que nos expliquen lo sucedido. Quedamos solos frente al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por primera vez en mucho tiempo, el mundo deja de necesitar im\u00e1genes para volverse aterrador.<\/p>\n\n\n\n<p>La verdadera cat\u00e1strofe no llega desde el cielo. Descubro que siempre estuvo debajo de nuestros pies.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante d\u00e9cadas construimos una existencia sostenida por sistemas invisibles: electricidad, comunicaciones, vigilancia, bancos de datos, algoritmos capaces de decidir por nosotros qu\u00e9 debemos mirar, qu\u00e9 debemos comprar e incluso qu\u00e9 debemos temer. Basta un instante para descubrir que todo aquello es una arquitectura de cristal.<\/p>\n\n\n\n<p>Las jerarqu\u00edas desaparecen con la misma facilidad que la corriente el\u00e9ctrica. Los t\u00edtulos, las ideolog\u00edas, las fronteras, las monedas, las disputas pol\u00edticas y las ambiciones personales pierden repentinamente toda importancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo queda en suspenso.<\/p>\n\n\n\n<p>El miedo deja de llegar a trav\u00e9s de una pantalla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo se afronta la realidad cuando ya no existe una mentira en la que refugiarse?<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no necesita intermediarios.<\/p>\n\n\n\n<p>Entra por las ventanas rotas.<\/p>\n\n\n\n<p>Se mezcla con el polvo.<\/p>\n\n\n\n<p>Se sienta a la mesa y bebe de nuestro vaso. Y por la noche ocupa el lugar vac\u00edo de la cama.<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando abrimos los ojos por la ma\u00f1ana descubrimos que nunca se hab\u00eda ido.<\/p>\n\n\n\n<p>En medio de las ruinas, la humanidad ya no se define por lo que ha construido ni por lo que aspira a conquistar. Solo importa la capacidad de reconocer al otro, de sostener una mano en la oscuridad o de compartir el \u00faltimo trago de agua.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> Esa es la \u00fanica verdad que permanece en pie. Todo lo dem\u00e1s es publicidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Tomo la birome y comienzo a escribir:<\/p>\n\n\n\n<p><em>El tiempo parece deslizarse entre los dedos como arena fina.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina 17 de julio de 2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano Les voy a decir algo: el tiempo parece deslizarse entre los dedos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[43],"tags":[],"class_list":["post-93705","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/93705","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=93705"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/93705\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":93707,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/93705\/revisions\/93707"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=93705"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=93705"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=93705"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}