{"id":94643,"date":"2026-07-31T16:26:38","date_gmt":"2026-07-31T16:26:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=94643"},"modified":"2026-07-31T16:26:39","modified_gmt":"2026-07-31T16:26:39","slug":"la-hoguera-blanca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=94643","title":{"rendered":"La hoguera blanca"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/La-hoguera-blanca.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/La-hoguera-blanca-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-94644\" style=\"width:239px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/La-hoguera-blanca-683x1024.jpg 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/La-hoguera-blanca-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/La-hoguera-blanca-768x1152.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/La-hoguera-blanca.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Las llamas ascienden hacia el cielo helado de la noche. El calor del fuego invita a acercarse mientras los ni\u00f1os corren alrededor del mu\u00f1eco con esa mezcla de temor y entusiasmo que acompa\u00f1a siempre a los primeros descubrimientos. Para muchos es la primera quema de San Juan.<\/p>\n\n\n\n<p>En el barrio dicen que la costumbre lleg\u00f3 antes que las primeras casas. Los m\u00e1s viejos aseguran que ya la celebraban sus bisabuelos y que ellos la hab\u00edan aprendido de los suyos. El significado original se perdi\u00f3 hace mucho; qued\u00f3 solamente el gesto. Cada junio vuelven a reunirse en el mismo bald\u00edo para levantar un mu\u00f1eco con tablas viejas, ramas secas y todo aquello que el tiempo fue dejando de lado. Cuando el fuego termina de consumirlo, el invierno parece empezar de verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces alguien se pregunta qu\u00e9 ocurrir\u00e1 el d\u00eda en que construyan una casa en ese terreno. La respuesta siempre es la misma: se buscar\u00e1 otro lugar. Lo importante nunca fue el bald\u00edo. Lo importante es que los chicos sigan viendo arder el mu\u00f1eco como antes lo vieron sus padres y sus abuelos.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre quienes rodean la fogata hay hombres y mujeres que comenzaron a participar siendo ni\u00f1os y hoy peinan canas. Algo, imposible de nombrar, ha ido enlazando a las generaciones alrededor de ese fuego. Como si el ritual conservara una memoria propia.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> Evoco, de ni\u00f1o, las horas frente al hogar. Las formas nac\u00edan y desaparec\u00edan entre las llamas con una fugacidad que no permit\u00eda retenerlas. Una rama se convert\u00eda por un instante en un animal, una ciudad sitiada o un ej\u00e9rcito avanzando entre las sombras. El fuego me abr\u00eda una rendija y me dejaba mirar algo que estaba all\u00ed desde antes.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Durante el a\u00f1o previo a su muerte, mi padre llev\u00f3 una vida sorprendentemente cercana a la normalidad. Los tratamientos contra la enfermedad parec\u00edan haber encontrado, por fin, un punto de equilibrio. Despu\u00e9s de casi tres a\u00f1os de retrocesos, los estudios comenzaron a ofrecer resultados alentadores y en la familia aprendimos otra vez el ejercicio peligroso de la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es una droga nueva. Todav\u00eda la estamos probando \u2014nos dijo el m\u00e9dico una tarde, cuando salimos de la cl\u00ednica.<\/p>\n\n\n\n<p>Al regresar a casa, mi padre fue recuperando antiguas costumbres. Ya sin las obligaciones del trabajo, pasaba las horas entre libros, caminatas y proyectos que nadie se atrev\u00eda a llamar futuros. Comenz\u00f3 a frecuentar nuevamente a Poe, A Virgina Woolf y a Katherine Mansfield, en un ingl\u00e9s que le\u00eda sorprendentemente bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Al principio procur\u00e1bamos que nunca estuviera solo. M\u00e1s tarde, por sugerencia del psic\u00f3logo, comenzamos a dejarlo salir sin compa\u00f1\u00eda. Nunca entend\u00ed del todo esa necesidad que tienen algunas personas de custodiar a quien sabe que va a morir, como si la cercan\u00eda pudiera alterar el desenlace.<\/p>\n\n\n\n<p>Una tarde volvi\u00f3 del parque con una expresi\u00f3n que no le hab\u00eda visto desde antes de la enfermedad. No era exactamente alegr\u00eda. Tampoco excitaci\u00f3n. Parec\u00eda la concentraci\u00f3n de alguien que acaba de descubrir algo y todav\u00eda no encuentra las palabras para contarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>No habl\u00f3 de inmediato. Reci\u00e9n d\u00edas despu\u00e9s, cuando quedamos solos, me confi\u00f3 lo ocurrido.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras caminaba bajo los \u00e1rboles hab\u00eda o\u00eddo un sonido seco, el choque de dos tablas de madera. El ritmo se desplazaba entre las ramas. Se deten\u00eda. Volv\u00eda a empezar. Poco a poco dej\u00f3 de parecer un ruido y adquiri\u00f3 la cadencia de un instrumento de percusi\u00f3n, un xilof\u00f3n rudimentario perdido en el follaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces vio al ave.<\/p>\n\n\n\n<p>No supo decirme cu\u00e1l era. Solo recordaba que abr\u00eda y cerraba el pico.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde ese d\u00eda volvi\u00f3 varias veces al parque. Quer\u00eda descubrir de qu\u00e9 especie se trataba.<\/p>\n\n\n\n<p>Muri\u00f3 tres meses despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Hay, en alg\u00fan lugar, Un mundo diferente, silencioso y agreste. Matorrales y grupos de \u00e1rboles se recortan en la lejan\u00eda de ese mundo anterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Del silencio surge un sonido seco, \u00e1spero, como dos maderos golpeando entre s\u00ed. En la inmensidad de aquel lugar intacto, el sonido queda suspendido, sin un origen visible. Una vez. Dos. Tres. Luego, el silencio vuelve.<\/p>\n\n\n\n<p>Instintivamente busco el origen de aquello que quebr\u00f3 la quietud del paisaje. Miro entre los \u00e1rboles, hacia un lugar donde percibo un movimiento, un temblor de hojas que en la la quietud del paisaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Me cuesta entender lo que veo. Un ave, de un blanco que parece enceguecer, irrumpe como un acento sobre el verde del sotobosque. Abre y cierra el pico. Es de madera.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando despierto a\u00fan escucho el sonido acompasado y violento.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo se est\u00e1 quemando a m\u00ed alrededor.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces ocurre.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre el resplandor de la fogata distingo algo. Frente a otra hoguera hay un hombre de pie.<\/p>\n\n\n\n<p>Las llamas son blancas. Nunca hab\u00eda visto un fuego de ese color. Pienso, sin saber por qu\u00e9, en aquellas hogueras verdes, naranjas y p\u00farpuras del T\u00e1mesis congelado que describe Virginia Woolf.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante unos segundos nos observamos. No hay saludo, ni sorpresa, ni miedo. Comprendo entonces que \u00e9l tambi\u00e9n me est\u00e1 viendo. Quiz\u00e1, desde donde est\u00e1, sea mi fuego el que parece imposible.<\/p>\n\n\n\n<p>Permanecemos inm\u00f3viles frente al mismo rito de la hoguera de San Juan. No naci\u00f3 en este barrio. No naci\u00f3 en ning\u00fan lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos miramos entre las llamas mientras el golpeteo de un pico vuelve a escucharse.<\/p>\n\n\n\n<p>Las risas de los ni\u00f1os me devuelven al presente.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 31 de julio de 2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano Las llamas ascienden hacia el cielo helado de la noche. 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