{"id":95195,"date":"2026-08-14T16:04:32","date_gmt":"2026-08-14T16:04:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=95195"},"modified":"2026-08-14T16:23:49","modified_gmt":"2026-08-14T16:23:49","slug":"candelaria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=95195","title":{"rendered":"Candelaria"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image is-style-default\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Candelaria.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"687\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Candelaria.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-95196\" style=\"width:335px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Candelaria.jpg 687w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Candelaria-201x300.jpg 201w\" sizes=\"(max-width: 687px) 100vw, 687px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>No hay m\u00e1s forma de divisar el horizonte que buscando dentro de uno mismo. Los colores se funden en un continuo que no permite entender d\u00f3nde est\u00e1 el arriba y d\u00f3nde est\u00e1 el abajo, la noche y el d\u00eda, la vida y la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>El barco se mueve sobre la superficie del mar con una serenidad que presagia alguna cosa ominosa, un altercado con las leyes de la naturaleza que habr\u00e1 de presentarnos algo inesperado.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser marino es eso: afrontar lo inesperado como si fuera algo de todos los d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>No eleg\u00ed este camino. La pobreza y la falta de padres me llevaron primero a tomar las armas, con poco \u00e9xito, ya que perdimos nuestra primera batalla. Luego de una ins\u00edpida y odiosa temporada en prisi\u00f3n, decid\u00ed, al salir, venir al mar.<\/p>\n\n\n\n<p>El mar.<\/p>\n\n\n\n<p>El mar que todo lo ve.<\/p>\n\n\n\n<p>Que todo lo sabe.<\/p>\n\n\n\n<p>El que recoge todas las l\u00e1grimas de las personas que se ha llevado.<\/p>\n\n\n\n<p>Soy joven a\u00fan. Solo he pasado de la treintena, pero, de alguna manera, ya soy viejo. El mar envejece. No s\u00e9 si es el sol, la sal o los recuerdos que se acumulan cada noche en la cabeza sin que uno pueda sac\u00e1rselos.<\/p>\n\n\n\n<p>No soy hombre de pensamientos ni de libros. Apenas puedo expresar lo que se forma en mi cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy es 2 de febrero de 1732, el d\u00eda de la Candelaria. La vida y las velas me han tra\u00eddo hasta aqu\u00ed, a los mares del sur. Es un lugar lleno de inc\u00f3gnitas y de respuestas a preguntas que a\u00fan no han sido formuladas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los sabios y hombres de ciencia han tejido intrigas en torno a las curiosidades que se pueden encontrar en estas latitudes. Aqu\u00ed es verano. En mi lejana casa, seguramente la nieve atormenta los miembros de los campesinos, que apenas pueden sostenerse con sus est\u00f3magos vac\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos dirigimos a Santa Mar\u00eda de los Buenos Aires, un lodazal coronado de casas bajas y algunas iglesias que es, sin embargo, el puerto m\u00e1s importante de estas latitudes. Es una tierra de comerciantes \u00e1vidos de dinero y riquezas, al precio que sea. Detr\u00e1s de ingentes caballadas y vacunos que se pierden en el horizonte plano se esconde otra riqueza: los esclavos.<\/p>\n\n\n\n<p>Las arboladuras de los buques comienzan a verse desde la lejan\u00eda. Pareciera que es m\u00e1s importante el bosque de m\u00e1stiles que el caser\u00edo que se oculta detr\u00e1s, sec\u00e1ndose al sol del t\u00f3rrido verano de estas latitudes. La ciudad est\u00e1 limitada por un riacho que impone un l\u00edmite dr\u00e1stico entre dos mundos diferentes: el de la pretendida civilidad y el mundo salvaje que se mete, hacia el sur, en lo m\u00e1s profundo del continente.<\/p>\n\n\n\n<p>El calor es sofocante. Un ambiente h\u00famedo que parece meterse en todo el barco marca una presencia maligna. Es como si un demonio de agua pervirtiera las mentes de los marinos que padecen en la noche el insomnio poblado de las im\u00e1genes de sus familiares en una ciudad surcada por canales.<\/p>\n\n\n\n<p>No he dejado a nadie en \u00c1msterdam, solo malos recuerdos. El comercio da dignidad, pero lo nuestro, el contrabando, da experiencias que no se pueden cotizar en ning\u00fan mercado.<\/p>\n\n\n\n<p>Faltan un par de horas para medianoche. Permanecemos fondeados frente al estuario, lo bastante cerca de la ciudad como para que sepan qui\u00e9nes somos y a qu\u00e9 nos dedicamos. Y, sin embargo, esperan que hagamos nuestro trabajo. Quiz\u00e1 eso sea lo peor del comercio: saber qu\u00e9 se esconde detr\u00e1s del oro y, aun as\u00ed, mirar hacia otro lado cuando llega a nuestras manos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los contrabandistas somos, de alguna manera, los motores que ponen en movimiento cosas que nadie quiere ver. Mercanc\u00edas que cambian de manos, hombres que desaparecen de un puerto y aparecen en otro, riquezas que encuentran caminos que no figuran en ning\u00fan mapa.<\/p>\n\n\n\n<p>No somos nosotros quienes inventamos esas cosas. Solo sabemos c\u00f3mo moverlas.<\/p>\n\n\n\n<p>Es lo \u00fanico que s\u00e9 hacer bien. Soy lo que soy. No pretendo ser nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 muchas cosas. Nunca me preocup\u00e9 demasiado por saberlas. Hay hombres que necesitan respuestas para seguir viviendo. Yo siempre tuve bastante con seguir vivo. Pero a veces pienso que me gustar\u00eda tener, al menos una vez, una certeza.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de la can\u00edcula estival logro conciliar el sue\u00f1o. Figuras extra\u00f1as aparecen entre los pliegues de la duermevela; seres deformados que corretean por el campo, animales fabulosos, paisajes nunca vistos. Pareciera que el mundo del sue\u00f1o se fuera transformando en una realidad cada vez m\u00e1s tangible, una tierra de nadie entre lo imaginado y lo real.<\/p>\n\n\n\n<p>Debe ser cosa de los calores de estos mares del sur.<\/p>\n\n\n\n<p>Una m\u00fasica delicada me despierta.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis compa\u00f1eros permanecen tumbados sobre la cubierta, profundamente dormidos. El sonido proviene del entrepuente.<\/p>\n\n\n\n<p>Bajo. Al principio no veo m\u00e1s que una sombra. Poco a poco, mis ojos consiguen darle forma.<\/p>\n\n\n\n<p>Es una ni\u00f1a de una palidez extra\u00f1a que, sin embargo, no trasluce enfermedad. Al contrario, posee una expresi\u00f3n inc\u00f3lume de felicidad, con las mejillas rebosantes de un rubor que le da algo de vida. Sus manos se mueven con una belleza extra\u00f1a y delicada sobre las teclas negras y blancas del instrumento.<\/p>\n\n\n\n<p>La melod\u00eda es pegadiza, una canci\u00f3n sencilla, infantil.<\/p>\n\n\n\n<p>He visto uno de esos teclados en algunas casas de mi ciudad, entretenimiento vanidoso de hijas de comerciantes apoltronadas en sus sillones, jugueteando con sus gatos y haciendo encajer\u00eda. Pero esta ni\u00f1a es otra cosa. Es perfecta.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los pliegues del vestido adornado con flores asoma una placa surcada por extra\u00f1os caminos met\u00e1licos. Parece el plano de una de nuestras ciudades, con sus canales de navegaci\u00f3n y riego, como las que he visto en Recife o las que me han contado que han hecho los cu\u00e1queros en Filadelfia.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay algo de aquellas ciudades en aquella peque\u00f1a superficie: caminos que se cruzan, se separan y vuelven a encontrarse, formando barrios diminutos alrededor de peque\u00f1as piezas oscuras, unas cuadradas y otras alargadas, semejantes a casas levantadas en medio de una ciudad imposible.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> Hay tambi\u00e9n peque\u00f1os puntos brillantes, unidos por hilos de metal que parecen demasiado delgados para existir. Sobre algunas de aquellas peque\u00f1as mansiones hay curiosas letras. No s\u00e9 leerlas. Tampoco he visto jam\u00e1s esos s\u00edmbolos. Sin embargo, algunos me recuerdan a la extra\u00f1a escritura de Catay o Cipango.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que m\u00e1s me desconcierta es que todo parece dispuesto con un orden perfecto. No hay un espacio desperdiciado, ni una pieza fuera de lugar. Es como si alguien hubiera construido una ciudad para habitantes demasiado peque\u00f1os para que un hombre pudiera conocerlos.<\/p>\n\n\n\n<p>Repentinamente deja de tocar.<\/p>\n\n\n\n<p>El sonido de la cuerda persiste un instante, apenas una fracci\u00f3n de segundo, una vibraci\u00f3n sutil que le da otro aspecto a la penumbra del entrepuente.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin que nada lo anuncie, mueve la cabeza con poca naturalidad, como si el cuello estuviera colocado sobre un eje vertical que se introduce en el cuerpo de la ni\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Me mira inexpresiva. Sin embargo, hay una dulzura en su rostro que no puedo explicar.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco se parece a las mujeres que he conocido en Olinda o Salvador. Mujeres de \u00e9bano que lucen antiguas marcas de grilletes en los tobillos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esperamos un instante mientras entre nuestros ojos se forma algo indefinido.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Te amo, neerland\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Es lo \u00fanico que dice. Luego queda est\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>Muerta.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 qu\u00e9 hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>Jam\u00e1s pens\u00e9 que alguien como ella pudiera decirme que me amaba. Si pudiera revivirla, lo har\u00eda a cualquier precio. S\u00e9 que no puedo, sin embargo.<\/p>\n\n\n\n<p>Toco las placas que afloran por su espalda y su brazo. Son objetos min\u00fasculos, brillosos, s\u00f3lidos. No s\u00e9 c\u00f3mo funcionan ni qui\u00e9n pudo crear semejante maravilla.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez en el interior de esas peque\u00f1as mansiones existan seres que operen los movimientos de la m\u00fasica. Pero ignoro siquiera c\u00f3mo podr\u00eda empezar a reparar aquel ingenio.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso es la vida: encontrar lo deseado durante a\u00f1os y no entenderlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca me hab\u00eda sucedido. Qui\u00e9n o qu\u00e9 hizo aquello, no puedo saberlo. En un sinn\u00famero de traves\u00edas jam\u00e1s vi una creaci\u00f3n de este tipo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez su aparici\u00f3n en este barco sea solo el producto de la imaginaci\u00f3n de una mente enferma.<\/p>\n\n\n\n<p>O de alg\u00fan ser que ya no est\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>O que todav\u00eda no ha nacido.<\/p>\n\n\n\n<p>O quiz\u00e1 sea el producto colectivo de todos los hombres y mujeres que sue\u00f1an en Buenos Aires en la sofocante noche de Candelaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelvo a despertar y no hay nada. Ni m\u00fasica. Ni mu\u00f1eca. Solo calor.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso en las palabras de la ni\u00f1a y sonr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 que fui feliz un d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 14 de agosto de 2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano No hay m\u00e1s forma de divisar el horizonte que buscando dentro de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[43],"tags":[],"class_list":["post-95195","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/95195","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=95195"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/95195\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":95198,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/95195\/revisions\/95198"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=95195"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=95195"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=95195"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}