{"id":96818,"date":"2026-09-25T12:31:02","date_gmt":"2026-09-25T12:31:02","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=96818"},"modified":"2026-09-25T12:31:09","modified_gmt":"2026-09-25T12:31:09","slug":"la-barbacana-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=96818","title":{"rendered":"La barbacana de Dios"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><br><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-barbacana-de-Dios.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"687\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-barbacana-de-Dios-687x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-96819\" style=\"width:209px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-barbacana-de-Dios-687x1024.jpg 687w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-barbacana-de-Dios-201x300.jpg 201w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-barbacana-de-Dios-768x1145.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/La-barbacana-de-Dios.jpg 1027w\" sizes=\"(max-width: 687px) 100vw, 687px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez la descripci\u00f3n de la ciudad no sea del todo convincente o adolezca de detalles, pero el asunto es que muy poca gente cree que alguna vez visit\u00e9 aquel lugar y, cuando intento describirlo, muchos terminan relacion\u00e1ndolo con mi universo on\u00edrico o con alg\u00fan problema de cansancio mental. Parece dif\u00edcil darle entidad a un lugar de caracter\u00edsticas singulares cuando nadie, adem\u00e1s de uno mismo, puede confirmar que existe, y m\u00e1s dif\u00edcil todav\u00eda cuando los recuerdos que uno conserva de \u00e9l tienen una nitidez que no se corresponde con ninguna experiencia que los dem\u00e1s puedan reconocer.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> No es imposible que exista. Recuerdo sus veredas bien arboladas, los edificios soberbios y cuidadosamente conservados, y aquella curiosa plaza triangular situada en pleno centro comercial. Tambi\u00e9n vienen a mi memoria algunos negocios, determinadas esquinas y hasta la forma en que la luz de la tarde ca\u00eda sobre las fachadas, aunque cuanto m\u00e1s intento reconstruir esos detalles, m\u00e1s consciente soy de que ninguno de ellos alcanza para demostrar que estuve all\u00ed. He frecuentado las casas de amigos que han dedicado a\u00f1os al placer de viajar y tambi\u00e9n las de quienes han recorrido buena parte del mundo por razones laborales; algunos conocen lugares que yo apenas podr\u00eda ubicar en un mapa y son capaces de reconocer una calle despu\u00e9s de d\u00e9cadas, pero ninguno estuvo all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad es m\u00eda. Qu\u00e9 suerte perra.<\/p>\n\n\n\n<p>Me ha tocado adue\u00f1arme de un recuerdo que no puedo compartir con nadie, como si hubiese recibido en herencia un lugar que solo existe dentro de mi cabeza y del que no puedo mostrar escrituras, fotograf\u00edas ni siquiera una direcci\u00f3n. Durante mucho tiempo pens\u00e9 que ese era el destino de ciertos recuerdos: permanecer encerrados en quien los hab\u00eda vivido, sin posibilidad alguna de ser contrastados con la experiencia de los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace unos d\u00edas sucedi\u00f3 algo inesperado y, desde entonces, creo fervientemente en la existencia de la Ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Caminaba por mi ciudad, esta de existencia indudable, con sus calles pavimentadas, sus veredas desparejas y esa suciedad cotidiana que, por alguna raz\u00f3n, siempre me ha parecido una de las mejores pruebas de que un lugar es real, cuando descubr\u00ed una librer\u00eda de usados. Entr\u00e9 sin buscar nada en particular, m\u00e1s por curiosidad que por otra raz\u00f3n, y termin\u00e9 recorriendo unos estantes donde se acumulaban libros antiguos de historia, geograf\u00eda y viajes. Fue all\u00ed donde encontr\u00e9 un viejo volumen de mapas, de tapas gastadas y p\u00e1ginas amarillentas, cuyo aspecto hac\u00eda pensar que llevaba muchos a\u00f1os sin que nadie lo consultara.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo abr\u00ed casi al azar. Y entonces vi la plaza triangular en el centro del cuadriculado&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de comprar el mapa tuve la certeza de que deb\u00eda comenzar a buscarla. A partir de ese momento dejaron de importarme las reacciones de mis semejantes, a quienes nunca hab\u00eda conseguido convencer de que aquella ciudad formaba parte de mis recuerdos por haber estado realmente en ella. La pregunta era ahora mucho m\u00e1s concreta: \u00bfd\u00f3nde hab\u00eda que buscar?<\/p>\n\n\n\n<p>Algo me indujo a creer en una posibilidad que hasta entonces nunca hab\u00eda considerado. El problema era que la ciudad no parec\u00eda tener una existencia f\u00edsica que pudiera ser comprobada por los dem\u00e1s. Ninguno de mis amigos ten\u00eda siquiera un indicio de que el lugar existiera, y eso me desconcertaba, sobre todo porque yo hab\u00eda estado all\u00ed contemplando la belleza de los edificios antiguos, escuchando el sonido particular de sus calles y de su gente. Pod\u00eda evocar el calor del sol cayendo a pleno sobre la gigantesca plaza triangular que presid\u00eda, de alguna manera, los destinos de sus habitantes.<\/p>\n\n\n\n<p>El mapa mostraba la ciudad tal como deb\u00eda haber sido muchos a\u00f1os atr\u00e1s. No pod\u00eda saber si hab\u00eda pertenecido a alg\u00fan libro o si simplemente alguien lo hab\u00eda impreso con la intenci\u00f3n de utilizarlo para visitar el lugar. En el reverso no hab\u00eda texto, sello ni marca alguna que indicara que hubiese estado sujeto a un volumen, y tampoco aparec\u00eda ninguna anotaci\u00f3n, referencia geogr\u00e1fica o siquiera el nombre de la ciudad. Aquello resultaba extra\u00f1o en una pieza cartogr\u00e1fica de semejante calidad, pero era precisamente esa ausencia de informaci\u00f3n la que me hac\u00eda conservarla con mayor cuidado. Parec\u00eda que alguien hubiese querido mostrar la ciudad sin dejar ninguna indicaci\u00f3n acerca de d\u00f3nde encontrarla.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de entonces la busqu\u00e9 con una insistencia que probablemente habr\u00eda parecido absurda. Pas\u00e9 meses comparando mapas antiguos, procurando encontrar patrones que se repitieran entre las ciudades conocidas y la m\u00eda, examinando la disposici\u00f3n de las calles, la ubicaci\u00f3n de las plazas, los cursos de agua y hasta la forma en que se distribu\u00edan los edificios alrededor del centro urbano. No encontr\u00e9 absolutamente nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Ninguna se parec\u00eda a la m\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Al principio aquello me produjo una cierta decepci\u00f3n. Despu\u00e9s, lentamente, empez\u00f3 a producirme algo mucho peor: la sospecha de que quiz\u00e1 estaba buscando en el lugar equivocado.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelvo de la biblioteca p\u00fablica, donde estuve buscando mapas hasta la hora del cierre. El invierno, que reci\u00e9n comienza, le da una oscuridad casi m\u00edstica y hace que las pocas personas que todav\u00eda circulan parezcan apresuradas por llegar a sus casas. Camino sin demasiado apuro, pensando en los mapas que he revisado durante las \u00faltimas semanas y en la absoluta inutilidad de mi b\u00fasqueda, cuando, a pocas cuadras de casa, me enfrento a la enorme barbacana.<\/p>\n\n\n\n<p>Se levanta ante m\u00ed como si todav\u00eda cumpliera la funci\u00f3n para la que fue construida: ser el \u00faltimo obst\u00e1culo antes de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie me impide atravesar el gran arco. Cruzo y entro en la calle principal, que asciende suavemente hacia la plaza triangular.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente he llegado a la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de tantos meses de buscarla en mapas, archivos y libros antiguos, estoy frente a aquello que cre\u00eda imposible encontrar.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad es exactamente como la recuerdo. Los mismos edificios, las mismas fachadas antiguas y el mismo color de los tejados, que lucen dignos en su vetustez. La enorme barbacana se levanta delante de m\u00ed como si hubiese estado esper\u00e1ndome durante todos estos a\u00f1os y, por un instante, tengo la sensaci\u00f3n absurda de que no soy yo quien ha encontrado la ciudad, sino la ciudad la que finalmente ha decidido dejarse encontrar.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay gente.<\/p>\n\n\n\n<p>La ausencia de habitantes no resulta inmediatamente inquietante porque la ciudad conserva todos los signos de haber sido habitada: puertas, ventanas, comercios, bancos de piedra, faroles y edificios que parecen conservar todav\u00eda el calor de quienes los ocuparon. Sin embargo, no hay voces, pasos ni carruajes, ni siquiera ese rumor indefinible que produce una ciudad cuando muchas personas viven dentro de ella. Solo escucho el silbido del viento entre los frutos de fresno que penden de las ramas.<\/p>\n\n\n\n<p>Parecen peque\u00f1os seres de un sue\u00f1o. Camino despacio bajo los \u00e1rboles y reconozco aquel sonido que cre\u00eda haber olvidado.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar a la plaza descubro que la ciudad no est\u00e1 completamente vac\u00eda. En una de las casas que se encuentran sobre las recovas laterales, una luz amarilla le da vida al lugar. Salvo los frutos de los fresnos, que cuelgan de las ramas y se mueven con el viento, todo parece inm\u00f3vil. La casa iluminada, en cambio, parece respirar.<\/p>\n\n\n\n<p>Me acerco a la ventana para observar desde abajo, como un intruso en una historia casi teatral, de cuento antiguo. Estoy haciendo algo que no se debe: birlarle la intimidad a una pareja de enamorados. Se miran y se acarician el uno al otro, embelesados. La idea me incomoda y, al mismo tiempo, me produce cierto temor.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces la situaci\u00f3n cambia.<\/p>\n\n\n\n<p>El amante se incorpora y, con una voz severa, cargada de resentimiento, contradice a su amada. Ella intenta justificarse con una voz infantil, con algo de la picard\u00eda de quien est\u00e1 mintiendo para salvar una situaci\u00f3n inc\u00f3moda. No alcanzo a comprender lo que dicen, pero advierto que la discusi\u00f3n viene de antes y que ambos conocen perfectamente aquello que los ha llevado hasta ese momento. El hombre se viste mientras contin\u00faa discutiendo en forma \u00e1spera y finalmente abandona la habitaci\u00f3n a paso r\u00e1pido. Me oculto bajo la escalera y lo veo partir por las calles desiertas, hasta que su figura desaparece entre las sombras de los edificios.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer ahora llora. El arrepentimiento parece haberla apresado y da la impresi\u00f3n de sentir que ha mentido injustamente. Cruza los brazos sobre el pecho y se arregla un poco la ropa de noche. Desde donde estoy no puede verme, y eso me produce cierta excitaci\u00f3n al saberme omnipresente y omnisciente por decisi\u00f3n de la fortuna, due\u00f1o durante unos instantes de una escena que nadie m\u00e1s contempla.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s se inclina hacia un costado y levanta la almohada parsimoniosamente, como si debajo estuviera escondida la raz\u00f3n misma de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Me acerco peligrosamente a la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que descubre es un mapa.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante unos segundos no puedo moverme.<\/p>\n\n\n\n<p>Es el mapa.<\/p>\n\n\n\n<p>El mismo que compr\u00e9 en la librer\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer levanta la vista del papel, que acaricia con fruici\u00f3n, como si fuera un tesoro. Me ve y no se asusta.<\/p>\n\n\n\n<p>Me estaba esperando.<\/p>\n\n\n\n<p>Entro en p\u00e1nico al comprender que un habitante de la ciudad puede retenerme en sus pensamientos. Ya no soy un simple viajero casual que logr\u00f3 introducirse en este lugar por arbitrio de un demiurgo o de alg\u00fan ser sobrenatural. Ahora existo entre estos muros. Ahora soy parte de ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Corro.<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy asustado a m\u00e1s no poder; la desesperaci\u00f3n me atrapa y no me deja pensar. Mis pasos se escuchan claramente sobre el pavimento. Corro sin saber hacia d\u00f3nde, como si la velocidad pudiera devolverme al lugar del que vine, hasta que, al doblar una esquina, recibo un golpe seco y caigo sobre el pavimento.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s, nada.<\/p>\n\n\n\n<p>El hospital est\u00e1 frente a la plaza triangular.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora estoy en una sala, a la espera de que alguien me atienda y eval\u00fae mis heridas. He sangrado; parte de mi cuerpo ha quedado sobre las calles de este lugar. S\u00e9 que no podr\u00e9 escapar f\u00e1cilmente.<\/p>\n\n\n\n<p>Una puerta se abre y sale una persona. Desde mi posici\u00f3n supina lo observo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es el hombre que discuti\u00f3 horas antes con la mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene el rostro adusto y conserva en su expresi\u00f3n algo del resentimiento. Me mira durante unos segundos, aunque no alcanzo a saber si me reconoce. Luego, alguien a quien no puedo ver me introduce en la habitaci\u00f3n de la que acaba de salir.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie habla.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay una ventana desde donde se ve la calle. Sobre una de las paredes cuelga un mapa.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo miro desde la camilla y, durante unos segundos, no comprendo lo que estoy viendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es el mapa de mi ciudad natal.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad desde la que part\u00ed para llegar hasta aqu\u00ed, la que dej\u00e9 atr\u00e1s al atravesar la barbacana. De un caj\u00f3n, el hombre extrae una jeringa de aspecto antiguo. No puedo precisar en qu\u00e9 \u00e9poca estoy. Tampoco identifico las ropas por alguna moda en particular ni por pertenecer a una naci\u00f3n concreta. No puedo moverme, a pesar de no estar sujeto; la inmovilidad se ha apoderado de m\u00ed y solo puedo mirar y escuchar algunos sonidos.<\/p>\n\n\n\n<p>La jeringa contiene un l\u00edquido incoloro. Entiendo que esa droga, o lo que sea que contenga, est\u00e1 destinada a m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Por primera vez comprendo que voy a morir aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Escucho pasos que provienen de detr\u00e1s de m\u00ed, desde la puerta de la habitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Entra arreglada, bella, y busca al hombre con quien hab\u00eda peleado momentos antes. Lo mira fijamente y despu\u00e9s dirige la mirada hacia m\u00ed. Durante unos segundos observa mi rostro con una expresi\u00f3n que no alcanzo a comprender.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego abre el mapa y me lo muestra.<\/p>\n\n\n\n<p>La plaza triangular, el trazado rectil\u00edneo en damero. La severa barbacana.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mantiene abierto frente a m\u00ed durante unos instantes, como si quisiera asegurarse de que lo reconozco. Despu\u00e9s pliega cuidadosamente el mapa y lo guarda en su abrigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Se acerca al hombre y lo besa en la boca.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego toma la jeringa, se aproxima a mi cuerpo y busca una vena en mi brazo izquierdo. A trav\u00e9s de la ventana veo los frutos de los fresnos moverse lentamente con el viento.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora s\u00e9 que ya soy un Ciudadano.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 25 de septiembre de 2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano Tal vez la descripci\u00f3n de la ciudad no sea del todo convincente [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[43],"tags":[],"class_list":["post-96818","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/96818","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=96818"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/96818\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":96820,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/96818\/revisions\/96820"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=96818"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=96818"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=96818"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}