{"id":97213,"date":"2026-10-02T15:53:48","date_gmt":"2026-10-02T15:53:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=97213"},"modified":"2026-10-02T15:53:49","modified_gmt":"2026-10-02T15:53:49","slug":"la-sombra-de-los-martires","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=97213","title":{"rendered":"La sombra de los m\u00e1rtires"},"content":{"rendered":"\n<p><br><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/La-sombra-de-los-martires.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"572\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/La-sombra-de-los-martires-572x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-97214\" style=\"width:186px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/La-sombra-de-los-martires-572x1024.jpg 572w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/La-sombra-de-los-martires-167x300.jpg 167w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/La-sombra-de-los-martires.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 572px) 100vw, 572px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Llegu\u00e9 ayer a la ciudad para ver la plaza.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 lejos del hotel en que me aloj\u00e9, por lo que debo tomar una combinaci\u00f3n de transportes para llegar lo m\u00e1s cerca posible. Aun as\u00ed, las \u00faltimas cuadras tengo que hacerlas a pie porque no justifico tomar un colectivo. Adem\u00e1s, me gusta caminar y me sirve para ir cre\u00e1ndome cierta expectativa respecto a lo que me voy a encontrar.<\/p>\n\n\n\n<p>Conozco la plaza a la perfecci\u00f3n: sus dimensiones, su forma, los \u00e1rboles que tiene alrededor, los arriates con flores de estaci\u00f3n. La vi mil y una veces en la red y memoric\u00e9 cada uno de sus aspectos. Me gusta conocer con profundidad el sujeto que elijo para cada visita. Y digo sujeto porque considero que el universo no es inanimado.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, cr\u00e9anme que pienso as\u00ed desde hace ya muchos a\u00f1os, cuando descubr\u00ed que todo tiene alma. Una cafetera vista al despertar, en la hora somnolienta del desayuno, tiene una personalidad completamente distinta de cuando la volvemos a ver a la tarde, al regreso del trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las baldosas de la vereda van cambiando de actitud con el paso de los a\u00f1os. \u00bfSab\u00edan? Me ha pasado de barrer mi vereda durante a\u00f1os y observar c\u00f3mo cada una de esas baldosas va mutando: primero de un gris sereno, para luego ir adquiriendo diferentes colores y texturas que indican que est\u00e1 viva.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 que es posible que alguno de ustedes no me entienda. Pero no me preocupo.<\/p>\n\n\n\n<p>La plaza est\u00e1 en una zona lim\u00edtrofe de la ciudad con la localidad contigua. Caminando unas pocas cuadras se encuentra la gran avenida que marca el cambio jurisdiccional. De un lado de la calle, una polic\u00eda, una administraci\u00f3n, una justicia. Del otro lado, todo cambia.<\/p>\n\n\n\n<p>Una fe, un bautismo, una verdadera religi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Religi\u00f3n. Eso es lo que se me ocurre cuando veo todo esto.<\/p>\n\n\n\n<p>De muchacho me divierto estudiando las historias de las ciudades, sus lugares \u00edntimos, sus misterios. He caminado por decenas de lugares buscando detalles que a veces escapan inclusive a los estudiosos m\u00e1s dedicados. En varias oportunidades he colaborado con investigadores profesionales, indic\u00e1ndoles detalles que hab\u00edan pasado por alto.<\/p>\n\n\n\n<p>No busco renombre ni fama. Tampoco t\u00edtulos. Solamente siento placer por encontrar el detalle: la grieta en el piso de un edificio p\u00fablico que habla de su historia, el verd\u00edn de un bronce c\u00e9lebre. Creo que el universo est\u00e1 en estas menudencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo tiempo para hacer estas visitas sin descuidar el trabajo que me lleva la comida a la boca. Estoy solo. Hace ya a\u00f1os que no dependo de las opiniones de los dem\u00e1s, ni de las cr\u00edticas de una esposa o el rega\u00f1o de los ni\u00f1os que piden juguetes y paseos dominicales. De hecho, nunca los tuve. No sirvo para eso. No podr\u00eda acostumbrarme a cosas que cambian r\u00e1pidamente. Los ni\u00f1os son as\u00ed: nacen, crecen, lloran, se mueven, hacen ruido y reclaman diversiones. Creo que fue una decisi\u00f3n no tenerlos.<\/p>\n\n\n\n<p>La verdadera maravilla de todo lo que existe es su car\u00e1cter c\u00edclico y mutable: la ca\u00edda de las hojas de los \u00e1rboles, que primero comienzan a tomar un color verde p\u00e1lido para pasar lentamente a un amarillo y luego a un marr\u00f3n cori\u00e1ceo antes de caer haciendo volutas sobre el suelo. Las estrellas que van cambiando de posici\u00f3n en la b\u00f3veda a lo largo de los d\u00edas. Necesitamos tiempo para darnos cuenta de que un astro que ve\u00edamos en el cenit ahora est\u00e1 ya cerca del horizonte, a punto de ocultarse para dar lugar a los nuevos que aparecen por el horizonte contrario.<\/p>\n\n\n\n<p>La plaza tiene una estatua de m\u00e1rmol, obra de un artista que vino de otro lugar, buscando refugio en el pa\u00eds. Las guerras y las hambrunas de su lugar de origen no eran propicias para el desarrollo de su arte. Vaya contradicci\u00f3n: toda su obra est\u00e1 inspirada en los horrores de su pa\u00eds, en donde no pudo vivir y crecer como artista. Parece que el artista busca la belleza cuando est\u00e1 rodeado de sinsabores y desgracias.<\/p>\n\n\n\n<p>El arte es la sublimaci\u00f3n del dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando te dije eso, me contestaste que me pod\u00eda ir a la mierda. Que era un energ\u00fameno consentido por mis padres, encerrado en una biblioteca, preocupado por la arquitectura, el urbanismo y las obras de arte. Me tildaste de in\u00fatil, de asqueroso. Dijiste que nunca hab\u00eda aprendido a hacer el amor bien.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfAmor? \u00bfPor qu\u00e9 usamos tan hermosa palabra para definir el simple acto de la fornicaci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>La escultura representa el dolor de la guerra civil del pa\u00eds del artista. Un soldado cae herido en el campo de batalla. Un compa\u00f1ero lo sujeta, acompa\u00f1\u00e1ndolo en su agon\u00eda, mientras el soldado ca\u00eddo, apenas con fuerzas, sostiene en alto la bandera de su naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El camarada que lo acompa\u00f1a no sabe que la bala certera que ya ha sido disparada atravesar\u00e1 su cr\u00e1neo y destrozar\u00e1 el tejido cerebral que, un instante despu\u00e9s, manchar\u00e1 la camisa caqui.<\/p>\n\n\n\n<p>El episodio ha sido contado por escritores y poetas. Los m\u00e1rtires forman parte de la nacionalidad de ese lejano pa\u00eds. La obra es de un dramatismo impactante: la boca entreabierta del moribundo y sus ojos elevados, mirando hacia la bandera y, tal vez, hacia Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>He estudiado la obra en todos sus detalles. He fotocopiado libros, buscado fotos en la red. Le\u00ed ensayos, an\u00e1lisis de la obra en revistas especializadas. He indagado en la historia del pa\u00eds y en la biograf\u00eda del autor.<\/p>\n\n\n\n<p>Me he apropiado de la obra.<\/p>\n\n\n\n<p>Me dices que no s\u00e9 vivir por m\u00ed mismo. Que todo lo que hago es funci\u00f3n de la vida de otros. No tengo vida para ti. Soy apenas un buscador de an\u00e9cdotas que suplantan mi falta de historia, de experiencia. Me gritas, me insultas, arrojas los platos en el fregadero y sentencias que soy apenas la sombra de cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>No logro entender de d\u00f3nde has sacado tanta creatividad en tu discurso, t\u00fa, que solo has sido una persona silenciosa durante todos estos a\u00f1os, sin ning\u00fan inter\u00e9s por la lectura o por cultivarte.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez la furia es fuente de creatividad.<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy a pocas cuadras de la plaza. La ciudad se mueve en un bullicio que no llega a ser molesto, pero que me produce cierta inquietud. El verdor de los \u00e1rboles que comienza a dibujarse como una acuarela indica que estoy llegando.<\/p>\n\n\n\n<p>Es una de mis metas poder observar al detalle la escultura que ha ocupado parte de mis d\u00edas y de mis noches durante los \u00faltimos dos a\u00f1os. Por fin podr\u00e9 tocar la textura del m\u00e1rmol, devorar con los ojos las formas concebidas por el escultor que dej\u00f3 un momento de muerte y patriotismo en un bloque de piedra. El \u00faltimo instante de vida de dos patriotas aprisionados en el alma de la tierra, en la piedra que, aunque no lo veamos, va cambiando su estructura con el paso de los a\u00f1os, de los siglos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cruzo la calle y llego a la plaza. Con paso lento, saboreando previamente el encuentro, me dirijo al centro de la manzana arbolada.<\/p>\n\n\n\n<p>En el centro de la plaza no hay escultura.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay solamente un plinto, destinado a sostener dos soldados que no existen. No entiendo qu\u00e9 ha pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>Unos ni\u00f1os juegan a la pelota. Una mujer de mediana edad camina enfundada en un jogging de estrepitoso color magenta. Una chica repasa unos apuntes de la facultad.<\/p>\n\n\n\n<p>De los m\u00e1rtires no hay ni se\u00f1ales.<\/p>\n\n\n\n<p>Me quedo embobado mirando el plinto, como contemplando algo que veo en mi imaginaci\u00f3n pero que no est\u00e1 en la realidad. \u00bfQu\u00e9 es la realidad?<\/p>\n\n\n\n<p>Aparece un octogenario con un bigote anacr\u00f3nico, un hombre tranquilo que se pasea bajo los \u00e1rboles, tomando el fresco de la ma\u00f1ana de primavera. Se acerca y mira hacia la nada junto a m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin saludar, pero respetuosamente, lamenta la historia de la estatua: el escultor falleci\u00f3 de un aneurisma poco despu\u00e9s de aceptar el encargo, que nunca se concret\u00f3. La comunidad art\u00edstica recibi\u00f3 con pesar la muerte del artista, que era un buen hombre, que hab\u00eda sufrido los avatares del conflicto b\u00e9lico que lo proyect\u00f3 hasta esta ciudad en un exilio involuntario.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> La obra, me comenta, era sobre un episodio de la guerra civil y representaba a dos soldados abrazados en el momento de la muerte en batalla, mientras uno de ellos sosten\u00eda con escasas fuerzas la bandera ondeante de la naci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Una l\u00e1stima, \u00bfsabe? Yo era chico cuando vi a los alba\u00f1iles hacer los cimientos y construir la base que qued\u00f3 vac\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Al principio no s\u00e9 qu\u00e9 decir. Siento que el vac\u00edo no es el del plinto, sino el m\u00edo, que se apodera de mi alma y me quita la raz\u00f3n de ser.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre se va. Los ni\u00f1os contin\u00faan gritando.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 en qu\u00e9 momento siento que el silencio se apodera de la plaza. Ahora no hay ruidos, ni cantos de p\u00e1jaros ni gritos de infantes desaforados.<\/p>\n\n\n\n<p>Me doy cuenta de que algo no est\u00e1 funcionando bien en ese lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre la vereda de baldosas que rodea el frustrado homenaje a los ca\u00eddos en combate veo una sombra. No es la sombra proyectada por el plinto solamente, sino que puedo ver, sin ninguna duda, la sombra de una escultura que deber\u00eda estar emplazada en ese lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Me acerco, agachado sobre el piso, y compruebo que una hormiga solitaria pasa de una baldosa soleada a otra en donde est\u00e1 la sombra de los soldados. Observando detenidamente y con un poco de imaginaci\u00f3n, puedo reconstruir la forma de la escultura que proyecta esa sombra oscura, fresca y real.<\/p>\n\n\n\n<p>Levanto la vista y sigo viendo el vac\u00edo donde deber\u00eda estar la estatua.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que voy a enloquecer.<\/p>\n\n\n\n<p>En un instante entiendo todo. La escultura y yo somos la misma entidad, el mismo objeto en el universo. No sujeto. Objeto.<\/p>\n\n\n\n<p>Soy la sombra de algo que no existe.<\/p>\n\n\n\n<p>Me quedo inm\u00f3vil. La sombra de los dos soldados permanece sobre las baldosas, n\u00edtida, perfectamente delineada. Puedo distinguir el brazo del hombre que sostiene a su compa\u00f1ero, la cabeza inclinada del moribundo y, m\u00e1s arriba, la bandera que parece todav\u00eda ondear aunque no haya viento.<\/p>\n\n\n\n<p>Miro mis manos. Tambi\u00e9n son una sombra.<\/p>\n\n\n\n<p>Intento moverlas, pero ya no s\u00e9 d\u00f3nde terminan mis dedos ni d\u00f3nde comienza el suelo. El sol avanza lentamente sobre la plaza y la sombra se desplaza con \u00e9l. Por primera vez en mi vida no puedo hacer nada para detener un cambio.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ni\u00f1os siguen jugando. La mujer del jogging magenta cruza la plaza. La chica de los apuntes levanta la cabeza y mira hacia el plinto durante unos segundos.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s contin\u00faa caminando.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo permanezco all\u00ed, no s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 2 de octubre de 2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano Llegu\u00e9 ayer a la ciudad para ver la plaza. 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