{"id":97524,"date":"2026-10-09T15:07:49","date_gmt":"2026-10-09T15:07:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=97524"},"modified":"2026-10-09T15:07:49","modified_gmt":"2026-10-09T15:07:49","slug":"celestino-del-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=97524","title":{"rendered":"Celestino del tiempo"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Celestino-del-tiempo.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Celestino-del-tiempo-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-97525\" style=\"width:237px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Celestino-del-tiempo-683x1024.jpg 683w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Celestino-del-tiempo-200x300.jpg 200w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Celestino-del-tiempo-768x1151.jpg 768w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Celestino-del-tiempo.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 si era necesario hablar contigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Me parece que hab\u00edamos terminado. \u00bfNo te acuerdas? Ya no s\u00e9 cu\u00e1ndo fue, ni d\u00f3nde.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy en d\u00eda es dif\u00edcil asociar los recuerdos a tiempos y lugares. A veces me resulta extra\u00f1o pensar en aquellas \u00e9pocas en las que, para cualquier cosa, era necesario fijar un punto de encuentro y un momento determinado.<\/p>\n\n\n\n<p>Supongo que las personas viv\u00edan esclavizadas por todos esos referentes que, cualquiera sabe, no sirven para nada. Fuimos muy inocentes como especie durante miles de a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>No sab\u00edamos que se pod\u00eda estar con alguien sin estar en ning\u00fan lugar. Que se pod\u00eda terminar una relaci\u00f3n sin que existiera un \u00faltimo d\u00eda. Que una despedida pod\u00eda ocurrir muchas veces, en distintos momentos, hasta que finalmente dejara de ocurrir.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s por eso no s\u00e9 si era necesario hablar contigo. Quiz\u00e1s ya hab\u00edamos terminado.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s todav\u00eda no.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay cosas que me confunden un poco. En primer lugar, quiero decirte que te am\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>No fueron falsos mis sentimientos. No. Fui sincero. Busqu\u00e9 que lo nuestro perdurara en el tiempo&#8230;La mierda. Son\u00f3 raro esto.<\/p>\n\n\n\n<p>A decir verdad, cuando nos separamos empezaron los problemas.<\/p>\n\n\n\n<p>Te pido que me perdones. Que sigamos como amigos, al menos. No s\u00e9 si podemos volver a lo de antes, pero quiz\u00e1 podamos encontrar otra forma de estar juntos.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces me dices que todav\u00eda no me conoc\u00e9s. Al principio pienso que no entend\u00ed bien.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo que no me has conocido?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no respond\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Y empiezo a comprender que quiz\u00e1 el problema no es que te hayas olvidado de lo que pas\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos conocimos en el allanador temporal: cada uno en su tiempo. Te ve\u00edas muy graciosa con esa escafandra met\u00e1lica, pesada y llena de tornillos, que hab\u00edas tra\u00eddo de un viaje al pasado. Me contaste, entusiasmada, todo lo que hab\u00edas aprendido sobre ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Era una protecci\u00f3n que nuestra especie utilizaba para explorar las profundidades oce\u00e1nicas. En aquel mundo, las personas necesitaban esos aparatos para permanecer mucho tiempo bajo el agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Te mir\u00e9 asombrado mientras hablabas con esa verborragia de enamorada. Me re\u00ed cuando te colocaste la escafandra.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora pienso que lo nuestro fue precisamente eso: un buceo entre dos tiempos. Un sue\u00f1o imposible, una relaci\u00f3n que avanzaba por una cuerda floja tendida sobre un discontinuo irresoluble.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada uno con su tiempo. Cada uno respirando en un lugar distinto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo?<\/p>\n\n\n\n<p>Hablamos con el experto. El primer pliegue temporal se gener\u00f3 sin cargo, como una cortes\u00eda de la firma para que pudi\u00e9ramos reunirnos.<\/p>\n\n\n\n<p>Era una persona de sonrisa siniestra, satisfecha de tener el poder de asignar el tiempo. La cronoingenier\u00eda hab\u00eda producido una raza de personas pagadas de s\u00ed mismas, orgullosas de moverse por el tiempo como peces en el agua. Ten\u00eda una mirada extra\u00f1a, con un ojo de un color diferente al otro, como si uno de ellos se hubiera deste\u00f1ido.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos dijo que lo nuestro era posible. Tambi\u00e9n nos confirm\u00f3 algo que, al mismo tiempo, nos quit\u00f3 la sensaci\u00f3n de ser \u00fanicos: la mayor\u00eda de sus clientes llegaban por lo mismo. Parejas que se hab\u00edan conocido por cuestiones laborales mientras se desplazaban a trav\u00e9s del allanador temporal. Gente que pertenec\u00eda a tiempos diferentes y que, por alguna raz\u00f3n, hab\u00eda decidido continuar junta.<\/p>\n\n\n\n<p>La situaci\u00f3n era bien conocida y ten\u00eda soluci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se crea un pliegue entre los dos tiempos \u2014nos explic\u00f3\u2014. Cada uno puede seguir viviendo en el suyo y, durante determinados per\u00edodos, compartir un lugar com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo dijo como si estuviera hablando de alquilar una habitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pod\u00edamos encontrarnos all\u00ed. Comer juntos. Dormir. Conversar. Hacer el amor. Lo que quisi\u00e9ramos.<\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00eda secuelas. Todo estaba estudiado. Era perfectamente factible. La cronotecnolog\u00eda moderna permit\u00eda casi cualquier cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Hizo una pausa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Casi.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Podemos hacer coincidir dos tiempos \u2014continu\u00f3\u2014. Crear un presente com\u00fan para dos personas que provienen de momentos diferentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos mir\u00f3 con aquellos ojos extra\u00f1os, como si pudiera contemplar el pasado y el futuro al mismo tiempo. Siempre pens\u00e9 que esa era una caracter\u00edstica de los cronoingenieros: la mirada de quien ya sabe lo que uno todav\u00eda no ha vivido.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lo que todav\u00eda no podemos hacer es eliminar ciertos inconvenientes.<\/p>\n\n\n\n<p>Hizo otra pausa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Por ejemplo, el hecho de que para uno algo haya ocurrido y para el otro todav\u00eda no. A veces puede resultar muy traum\u00e1tico. Se denomina <em>asimetr\u00eda de la experiencia<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>No supe qu\u00e9 decir. Creo que fue entonces cuando empez\u00f3 a gestarse mi trauma.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Supongamos que ustedes pasan una semana juntos en el pliegue. Para usted, esa semana ya forma parte de su pasado. Para ella, que vive en el futuro, la situaci\u00f3n es\u2026 \u00bfc\u00f3mo decirlo? Diferente. Pueden compartir el presente com\u00fan del pliegue, pero, si se separan, no necesariamente compartir\u00e1n el recuerdo de haberlo vivido.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY entonces?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Para ella, esa experiencia forma parte de un <em>metapasado<\/em>: algo que ha vivido, pero que todav\u00eda no pertenece a su pasado en la cronolog\u00eda de origen.<\/p>\n\n\n\n<p>Se acomod\u00f3 en su silla y sonri\u00f3 con malicia, como si ya se hubiera adue\u00f1ado de nuestra historia de amor. Lo odi\u00e9 por eso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hay formas de solucionar parcialmente ese problema. Podemos implantar una sensaci\u00f3n de pasado com\u00fan. Una especie de memoria de acontecimientos que todav\u00eda no han ocurrido para uno de los dos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfUn recuerdo falso?<\/p>\n\n\n\n<p>Sonri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No exactamente. Un recuerdo de algo que ocurri\u00f3 en un tiempo que no corresponde a uno de ustedes. Me mir\u00f3 fijamente.<\/p>\n\n\n\n<p>No entend\u00ed la diferencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l pareci\u00f3 advertirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014En cualquier caso, tiene un costo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 costo?<\/p>\n\n\n\n<p>Volvi\u00f3 a sonre\u00edr.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Podr\u00e1n pagarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Pagamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Una fortuna. Cosas de enamorados.<\/p>\n\n\n\n<p>Los c\u00e1lculos del cronoingeniero fueron perfectos. La llave cu\u00e1ntica de acceso al pliegue funcion\u00f3 a la perfecci\u00f3n. No tuvimos ning\u00fan problema para construir una vida com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9ramos felices.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfO ser\u00e9 feliz alg\u00fan d\u00eda?<\/p>\n\n\n\n<p>La primera noche que estuvimos juntos en el mismo tiempo me hablaste de tu infancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Me contaste la historia de la tormenta que hab\u00eda destruido la casa de campo. Tu abuela, desesperada, te hab\u00eda arropado junto a tus hermanas mientras afuera el viento hac\u00eda temblar las ventanas. El perro hab\u00eda desaparecido aquella noche y nunca hab\u00edan vuelto a encontrarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablabas con dolor, con l\u00e1grimas. Era uno de los recuerdos m\u00e1s duros de tu vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Te abrac\u00e9, te bes\u00e9. Quise compartir tu tristeza, aunque sab\u00eda que aquello que te hab\u00eda marcado tanto todav\u00eda no hab\u00eda sucedido para m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Te escuchaba fascinado. La mujer que ser\u00eda tu abuela a\u00fan no hab\u00eda nacido. La casa de campo segu\u00eda en pie. En alg\u00fan lugar, el perro todav\u00eda ladraba, ajeno a la tormenta que habr\u00eda de llev\u00e1rselo.<\/p>\n\n\n\n<p>Para vos, todo aquello hab\u00eda ocurrido hac\u00eda much\u00edsimo tiempo. Eran recuerdos. Para m\u00ed, todav\u00eda era el futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Sue\u00f1o con una noche tormentosa. Las nubes se han ido juntando durante toda la tarde sobre un paisaje rural, deshabitado, hasta cubrir por completo el cielo. Solo una casa rodeada de \u00e1rboles aparece en alg\u00fan lugar de la imagen, aunque el sue\u00f1o vuelve imprecisa su ubicaci\u00f3n y desvirt\u00faa sus bordes, como si no pudiera decidir todav\u00eda d\u00f3nde termina el campo y d\u00f3nde comienza la construcci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La lluvia cae sobre el suelo reseco y oscurece la tierra, que pronto se convierte en barro. Los surcos se llenan de agua mientras la tormenta arrecia. Tengo la extra\u00f1a sensaci\u00f3n de que no va a detenerse nunca, como si hubiera comenzado mucho antes de que yo llegara y fuera a continuar despu\u00e9s de que me haya ido.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la llegada de la noche, el viento comienza a sacudir la casa. Las r\u00e1fagas golpean las ventanas y las ramas de los \u00e1rboles se doblan hasta casi tocar el suelo. De pronto, las luces se apagan y la construcci\u00f3n desaparece tras la cortina de agua, convertida en una masa oscura apenas distinguible.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces alcanzo a distinguir un peque\u00f1o animal junto a una de las ventanas. No puedo verlo con claridad, pero s\u00e9 que es un perro porque escucho sus ladridos, desesperados y persistentes, dirigidos hacia el interior de la casa. Ladra una y otra vez, como si quisiera advertir a alguien de un peligro inminente.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero acercarme, pero no puedo moverme. El viento arrecia y arrastra cuanto encuentra a su paso. El perro intenta afirmarse sobre la tierra mojada, sin dejar de ladrar hacia la ventana, hasta que una r\u00e1faga particularmente violenta lo levanta del suelo y lo arrastra hacia la oscuridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo veo desaparecer entre la lluvia.<\/p>\n\n\n\n<p>La tormenta ha terminado. La casa ha sobrevivido de milagro, aunque los destrozos son evidentes: hay tejas esparcidas por el suelo, vidrios rotos y marcos de ventanas desvencijados que se abren y se cierran con un siniestro vaiv\u00e9n, impulsados por las \u00faltimas r\u00e1fagas de viento.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 si estoy so\u00f1ando o si he entrado accidentalmente en un mundo real. Me acerco a la casa con temor. El sol de la ma\u00f1ana, radiante despu\u00e9s de la tormenta, se refleja en los charcos que rodean la finca. Dudo antes de seguir adelante, pero finalmente me asomo por una de las ventanas abiertas.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> La estancia est\u00e1 desordenada, aunque no parece haber sufrido da\u00f1os estructurales. El viento ha derribado cuadros y roto algunos objetos, cuyos restos se mezclan con los fragmentos de vidrio entre los muebles desplazados. Sobre un viejo piano vertical descubro un portarretratos con una fotograf\u00eda antigua, una de esas im\u00e1genes sepia en las que el tiempo parece haberse detenido mucho antes de que uno llegara al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>La fotograf\u00eda muestra un muelle de madera. Dos figuras est\u00e1n de pie sobre las tablas, mirando hacia la c\u00e1mara. Una es la de un hombre de unos cuarenta a\u00f1os, vestido con un antiguo traje de buceo, uno de esos pesados equipos met\u00e1licos que parecen m\u00e1s apropiados para una m\u00e1quina que para un cuerpo humano. Sonr\u00ede con expresi\u00f3n satisfecha, como si acabara de regresar de una haza\u00f1a extraordinaria. A su lado, una ni\u00f1a de unos doce a\u00f1os sonr\u00ede tambi\u00e9n, con esa plenitud despreocupada que solo parece posible a esa edad, mientras sostiene entre las manos la escafandra del buzo.<\/p>\n\n\n\n<p>Me quedo mirando la fotograf\u00eda. Hay algo en ella que me resulta familiar, aunque no consigo determinar qu\u00e9 es. Quiz\u00e1s sea la escafandra, con su estructura met\u00e1lica y sus tornillos, o la forma en que la ni\u00f1a la sostiene, como si aquel objeto desmesurado fuera un juguete que alguien le hubiera confiado por un momento. O quiz\u00e1 sean los ojos del buzo: uno de un color diferente al otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces escucho los ladridos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al principio creo que vienen del exterior, de alg\u00fan lugar detr\u00e1s de la casa. Pero, cuando guardo silencio, solo oigo el agua que cae de los aleros y el crujido ocasional de los marcos al golpear contra las paredes.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ladridos vuelven a escucharse. Esta vez parecen venir del interior de la casa, y un eco los prolonga por las habitaciones vac\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Me aparto de la ventana y miro hacia el campo.<\/p>\n\n\n\n<p>No veo al perro. Sin embargo, tengo la certeza de que est\u00e1 cerca.<\/p>\n\n\n\n<p>Comprendo que tu tiempo no es el m\u00edo y que el pliegue solo sirvi\u00f3 para profundizar nuestra asimetr\u00eda. Tu amor pertenece a otra persona, a otro mundo. La renuncia a nuestro tiempo com\u00fan fue, quiz\u00e1, lo m\u00e1s saludable que pod\u00edamos haber hecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, te extra\u00f1ar\u00e9 para siempre. Te imaginar\u00e9 todav\u00eda por nacer, ajena a tu propia infancia, sin haber conocido a\u00fan a tu perro ni recibido la visita de ese perverso hombre de mirada extra\u00f1a que, bajo la apariencia de un celestino, supo encontrar su propio lugar en tu futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Perdona por haberte buscado una vez m\u00e1s. Me voy.<\/p>\n\n\n\n<p>No quiero quitarles m\u00e1s tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 9 de octubre de 2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano No s\u00e9 si era necesario hablar contigo. Me parece que hab\u00edamos terminado. 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