{"id":98073,"date":"2026-10-23T15:12:08","date_gmt":"2026-10-23T15:12:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=98073"},"modified":"2026-10-23T15:12:09","modified_gmt":"2026-10-23T15:12:09","slug":"un-profundo-olor-a-oscuridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/?p=98073","title":{"rendered":"Un profundo olor a oscuridad"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Florencio Cruz Nicolau Eymann<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><a href=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Un-profundo-olor-a-oscuridad.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"687\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Un-profundo-olor-a-oscuridad.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-98074\" style=\"width:239px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Un-profundo-olor-a-oscuridad.jpg 687w, https:\/\/www.ecoitaliano.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/Un-profundo-olor-a-oscuridad-201x300.jpg 201w\" sizes=\"(max-width: 687px) 100vw, 687px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Especial para Eco Italiano<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy en los alrededores. Percibo la humedad del ambiente, esa sensaci\u00f3n caracter\u00edstica que me insufla una nueva forma de sentir la vida. \u00bfDe olerla, m\u00e1s bien? En nuestra lengua, sentir es lo mismo que oler. As\u00ed hemos aprendido a reconocer el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al fin, tras a\u00f1os de desencuentros, de sufrir la guerra y de comprobar que la fragilidad de los tratados solo pon\u00eda de manifiesto nuestras mutuas ambiciones, hemos decidido hacer la paz. Mi ascendencia sobre el resto de mi gente y mi curiosidad por conocer otras formas de vida han hecho que me eligieran como delegada. Estoy algo preocupada: nunca he estado con una de ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Somos muy pocas las que hemos podido compartir alguna experiencia con la otra especie. La \u00fanica forma de coexistir en el mundo siempre ha sido mantenernos lo m\u00e1s separadas posible. Las crisis de los \u00faltimos tiempos y la escasez de alimentos nos han obligado a buscar el sustento en territorios cada vez m\u00e1s alejados de nuestras aldeas. Hemos tenido que volver a las largas caminatas que hac\u00eda siglos hab\u00edamos abandonado. Siempre fuimos sedentarias, reticentes a cualquier desplazamiento innecesario.<\/p>\n\n\n\n<p>No tardaron en aparecer los problemas de convivencia. Empezamos a advertir que en territorios que consider\u00e1bamos nuestros escaseaban los frutos y los animales que busc\u00e1bamos. Descubrimos que ellas cazaban y recolectaban en nuestro espacio. \u00bfNuestro? \u00bfQu\u00e9 es la superficie del planeta? \u00bfUn bien com\u00fan? Creo que estamos empezando a despertar a nuevas cosas que nunca hab\u00edamos olido.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, no puedo negar que percibo, por primera vez en mucho tiempo, una intenci\u00f3n real de detener todo esto. Aunque siempre existe la posibilidad de que algo huela mal.<\/p>\n\n\n\n<p>He llegado al bosque sagrado. Distingo el olor del polen de los \u00e1rboles que los dioses pusieron sobre el mundo cuando lo crearon. Los dioses no tienen sexo. Son entidades que no podemos comprender, porque est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 del sentido del olfato. Incluso concebir su existencia escapa a nuestro entendimiento. No tienen olor.<\/p>\n\n\n\n<p>Este lugar es sagrado para ambas especies. Ellas dicen que su pueblo surgi\u00f3 en el centro mismo del bosque. Para nosotras, fue el aroma de la m\u00edtara primordial que crec\u00eda all\u00ed, emanado de la primera flor de la primavera primigenia, el que se sublim\u00f3 hasta dar forma a nuestros cuerpos.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces pienso que ambas tenemos raz\u00f3n. O que ninguna la tiene y que los dioses no existen m\u00e1s que en los oscuros rincones de nuestra mente. Pero no tengo vocaci\u00f3n de hereje, as\u00ed que he callado estas dudas ante mi gente.<\/p>\n\n\n\n<p>El lugar est\u00e1 en calma. Solo percibo los aromas suaves de las patas de las abejas y el h\u00famedo y silencioso aroma de las cortezas. Me gusta: parece propicio para iniciar un di\u00e1logo de paz y convenir algunas reglas de convivencia.<\/p>\n\n\n\n<p>En la matriz de aromas percibo una anomal\u00eda. Es un olor acre y denso, propio de alguien expectante que no consigue dominar sus nervios. Es ella, no hay dudas.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace un tiempo las de su pueblo subieron a un promontorio y soplaron durante toda una noche sus instrumentos rituales: largas ca\u00f1as ahuecadas que resonaron hasta el amanecer para llamar nuestra atenci\u00f3n. Interpretamos correctamente su intenci\u00f3n. Quer\u00edan reunirse con nosotras.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora percibo con claridad los contornos de un aroma complejo que se despliega delante de m\u00ed. Estamos cara a cara. Intercambiamos los saludos de rigor.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Que tu d\u00eda y tu familia tengan el olor de una m\u00edtara sagrada.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<em>Que la luz ba\u00f1e tu alma como ba\u00f1a la m\u00eda.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Ellas conciben el mundo a trav\u00e9s de la luz. Poseen algo llamado ojos, que les permite interpretar la realidad como una variaci\u00f3n de cosas que insisten en llamar colores. Se burlan de nosotras porque somos incapaces de comprender ese concepto. Por su parte, ellas tampoco pueden entender el olor de las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>No alcanzo a imaginar c\u00f3mo una especie puede orientarse en un mundo donde los \u00e1rboles, el agua y las flores solo pueden reconocerse por las se\u00f1ales que perciben sus ojos. Para nosotras, en cambio, son los indicios que recoge la nariz los que nos permiten encontrar el camino. Por alg\u00fan designio de las deidades, compartimos la capacidad de emitir sonidos, que se transmiten con facilidad en la atm\u00f3sfera h\u00fameda del planeta. De no existir ese lugar com\u00fan, jam\u00e1s habr\u00edamos llegado siquiera a propiciar este encuentro. Pero entendernos mediante sonidos exige un esfuerzo constante y nunca alcanza para expresar todo lo que queremos decir.<\/p>\n\n\n\n<p>Muy cerca de nosotras, una petunia dialoga con una m\u00edtara en un lenguaje que parece advertirles de nuestra presencia. Ambas son flores ladinas, cada una a su manera.<\/p>\n\n\n\n<p>Escucho la voz de mi interlocutora, un sonido sibilino, cauto en sus inflexiones. Comienza con una serie de gru\u00f1idos que interpreto como una expresi\u00f3n de su deseo de alcanzar un entendimiento entre nuestros pueblos. Pero \u00bfqu\u00e9 significa, en realidad, entendernos? Que compartamos uno de nuestros sentidos no significa necesariamente que comprendamos cabalmente lo que queremos decir. Hemos evolucionado en territorios diferentes y apenas hemos conseguido reconocer algunas palabras de nuestras respectivas lenguas.<\/p>\n\n\n\n<p>En las zonas fronterizas, donde el contacto se volvi\u00f3 inevitable, desarrollamos una serie de gru\u00f1idos y gritos a los que ambas especies atribuimos un significado semejante. Nos basta para advertir una amenaza, reclamar un territorio o expresar el deseo de poner fin a las hostilidades. Pero \u00bfrealmente sabemos algo las unas de las otras?<\/p>\n\n\n\n<p>El lenguaje com\u00fan es una ilusi\u00f3n de entendimiento. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda yo manifestar mediante gru\u00f1idos el penetrante olor de las heces de los animales que cazamos, o el aroma suave de las m\u00edtaras en la primavera temprana, despu\u00e9s de un invierno inclemente? \u00bfQu\u00e9 podr\u00eda decirme ella para hacerme comprender la luz que ba\u00f1a su mundo, o esos colores que tanto parecen importarle y que para m\u00ed no significan absolutamente nada?<\/p>\n\n\n\n<p>La condena de los seres de la creaci\u00f3n es permanecer parcialmente incomunicados.<\/p>\n\n\n\n<p>Al cabo de un momento, logramos entendernos mediante algunas palabras comunes. Hay una clara intenci\u00f3n de llegar a un acuerdo. Me parece bien; es lo que ambas queremos.<\/p>\n\n\n\n<p>Me dice que no es necesario estar en guerra, que la guerra nos llena de <em>oscuridad.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfOscuridad? \u00bfQu\u00e9 es eso? \u2014le pregunto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La ausencia de luz. La ausencia de la vida misma.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso que he vivido en la oscuridad toda mi vida, como vivieron mi madre y mi abuela antes que yo. Me tiemblan las piernas. Me pregunto qu\u00e9 concepto tendr\u00e1n ellas de la ausencia de olfato. \u00bfExiste una oscuridad de los aromas?<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la lejan\u00eda se dejan o\u00edr los primeros soplidos de las ca\u00f1as. Desde otro monte llega una respuesta. Est\u00e1n comunicando que el encuentro se ha producido.<\/p>\n\n\n\n<p>Me llama la atenci\u00f3n el sonido que surge de una ca\u00f1a, tan abundantes como son en los paisajes ribere\u00f1os del planeta. Me sorprende que un vegetal que endulza el aire con su olor caracter\u00edstico tambi\u00e9n pueda producir un sonido, si bien no bello, al menos intrigante. A veces nos reducimos a oler las cosas desde una sola nariz.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se aquietan los sonidos rituales, me dices, en nombre de tu gente, que nunca fue su intenci\u00f3n cazar ni recolectar en nuestras tierras. La necesidad a veces <em>pinta de negro<\/em> las cosas, explicas, y sobrevivir obliga a encontrar alguna manera de hacerlo. Se comprometen a retribuirnos el valor de lo que extrajeron.<\/p>\n\n\n\n<p>Te digo que no entiendo eso de que las cosas se <em>pinten de negro<\/em>, pero s\u00ed percibo que muestran buenas intenciones para encontrar la paz. Siento en ella el aroma de la sinceridad, con esas aristas dulzonas que tienen los escarabajos cuando abren los \u00e9litros antes de echar a volar.<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta dif\u00edcil entendernos a la primera. Tenemos que repetir varias veces los sonidos y detenernos a pensar c\u00f3mo traducirlos a un lenguaje acorde con nuestros sentidos. Expresiones como <em>hallar la paz en com\u00fan<\/em> o <em>sellar un pacto de hermandad<\/em> exigen establecer equivalencias entre conceptos y complejas asociaciones arom\u00e1ticas, aproximar una experiencia a la otra sin llegar nunca a traducirla por completo.<\/p>\n\n\n\n<p>Repentinamente, el silencio se establece entre nosotras. Las voces dejan de o\u00edrse y quedamos solas en el universo, cada una encerrada en su mundo de sentidos diferentes. Percibo los contornos de su transpiraci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 lo que t\u00fa percibes de m\u00ed? \u00bfDe qu\u00e9 color ser\u00e9 para tus \u00f3rganos, esos que captan eso que llaman luz?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Eres bella, nariz.<\/p>\n\n\n\n<p>La sentencia me toma por sorpresa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfBella? \u00bfCu\u00e1l es el significado de esta palabra en el mundo de la luz que me est\u00e1 vedado? Puedo asociarla a la ma\u00f1ana temprana, a la suavidad de los girasoles que impregnan el aire en una org\u00eda indescriptible. Puedo pensar, tal vez, en el roce de una gota de roc\u00edo que resbala por una hoja de los pastizales y desprende ese olor tan caracter\u00edstico que asociamos con la maternidad. Pero la concepci\u00f3n que ellas tienen de la belleza me resulta demasiado compleja para saber si debo guardar silencio o agradecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Retoma su discurso con un sonido m\u00e1s suave que el anterior.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tal vez no lo sepas, pero tu ausencia de ojos no te afea en nada. Al contrario, vuelve tu rostro delicado, como ausente. Nunca hab\u00eda pensado antes en ustedes de esta manera.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay algo que se despierta en m\u00ed y que no logro refrenar. Creo que siento algo extra\u00f1o por mi interlocutora, como si todas las mandarinas del planeta hubieran madurado en un solo instante, en una explosi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> El olor de su cuerpo comienza a rodearme. S\u00ed, es casi un efecto m\u00e1gico, como si todas sus mol\u00e9culas arom\u00e1ticas se desplegaran a mi alrededor para abrazarme.<\/p>\n\n\n\n<p>Abrazarme.<\/p>\n\n\n\n<p>Es esa la sensaci\u00f3n que percibo: su cuerpo rodea el m\u00edo, sus brazos me tocan la cintura y sus dedos se deslizan lentamente por la piel que separa mis dos pechos.<\/p>\n\n\n\n<p>La sensaci\u00f3n no es imaginaria. Ella me est\u00e1 abrazando.<\/p>\n\n\n\n<p>Repentinamente brota en m\u00ed un sentimiento de reciprocidad y comienzo a devolverle las mismas caricias. Mis manos ascienden lentamente por su cuello hasta alcanzar lo que debe ser su cara. All\u00ed percibo dos ap\u00e9ndices globulares, cubiertos por una membrana que se levanta y baja mientras los acaricio. Deben ser lo que ellas llaman ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>Las caricias se vuelven cada vez m\u00e1s necesarias; por momentos, una cierta brusquedad se abre paso entre nuestros movimientos acompasados.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 en qu\u00e9 momento dejo de estar en m\u00ed. No estoy en ninguna parte; no puedo definir en qu\u00e9 rinc\u00f3n del universo se ha transportado mi cuerpo. Ella comienza a besarme, a mover su lengua dentro de mi boca, y percibo los olores que surgen de la suya, en una intrincada red que me resulta imposible dividir en sus componentes. Somos un todo; cada una es la otra por un instante.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces sucede.<\/p>\n\n\n\n<p>Veo.<\/p>\n\n\n\n<p>Veo lo que ellas llaman rojo, verde, azul. Durante una mil\u00e9sima de segundo, un infinit\u00e9simo de mi existencia, comprendo que es real todo lo que me han contado acerca de su percepci\u00f3n del mundo. Los colores sobrevuelan mi cuerpo y percibo mis brazos, mis piernas, mis pechos. Veo que mi cuerpo es amarillento, que mis u\u00f1as son claras y que la piel se transparenta por debajo de ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Un mundo nuevo ha abierto sus puertas ante m\u00ed y me entrego a \u00e9l, libre al fin, con el deseo desesperado de retener cada detalle, por temor a perder para siempre esta experiencia que qui\u00e9n sabe qu\u00e9 dios me ha concedido.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego acaba todo.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>El tratado de paz ha sido sellado. Ellas nos compensar\u00e1n por los recursos que extrajeron de nuestras tierras y, a partir de ahora, mantendremos relaciones de amistad y cooperaci\u00f3n. Las ca\u00f1as vuelven a sonar, esta vez con un canto de alegr\u00eda y bienaventuranza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hueles a mandarinas \u2014me dice.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tienes el alma azul \u2014le contesto.<\/p>\n\n\n\n<p>Y nos vamos, d\u00e1ndonos la espalda, cada una hacia su mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Florencio Cruz Nicolau<\/p>\n\n\n\n<p>Paran\u00e1, Argentina, 23 de octubre de 2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Florencio Cruz Nicolau Eymann Especial para Eco Italiano Estoy en los alrededores. 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